spacer.png, 0 kB
Con el apoyo del:



y el auspicio de:

spacer.png, 0 kB
Salud: Parto vertical, derecho de las mujeres PDF E-mail
Usar puntuación: / 0
MaloBueno 
Escrito por Zoraida Portillo y Julia Vicuña Yacarine   

Lima, enero.- Rosa Charhuaya estaba asustada: era su primer embarazo, su esposo salía muy temprano a trabajar en el campo y ella se quedaba sola todo el día. No tenía mamá y su suegra y cuñadas vivían muy lejos. ¿Y si los dolores de parto le sobrevenían cuando nadie la podía ayudar?

"La promotora me visitó y me dijo que no debía preocuparme, que ella me iba a revisar y cuando fuera tiempo me llevaría a la casa de espera. Yo no quería ir, no me quería separar de mis animalitos...", recuerda.

Su verdadera razón era quedar igualmente sola, sin su esposo al lado, y para peor en un lugar extraño, nos confesó. Para las mujeres indígenas, el apoyo familiar, y especialmente del esposo, es fundamental al momento del parto.

"A pesar de que la promotora me aseguró que mi esposo estaría allí al momento del nacimiento del bebe, yo no le creí porque ¿que gobierno se va a preocupar de esos detalles en lugares tan lejanos como el nuestro?, ¿quién se va a preocupar de ponernos una casa de espera para el nacimiento?, me decía".

Pese a sus reparos, Rosa no tuvo más remedio que aceptar porque el parto venía complicado, le advirtió la promotora. Ella vive en un anexo de la comunidad de Huaros, en Huancavelica, donde el establecimiento de salud más cercano está casi a seis horas por una trocha intransitable en época de lluvia.

Huancavelica está ubicado en los Andes centrales y es uno de los departamentos más pobres del Perú.

"No me arrepiento y se la recomiendo a todas las señoras de la comunidad porque en la casa de espera todos fueron muy buenos conmigo y a la hora de parir respetaron mi voluntad de hacerlo en cuclillas y no echada sobre una cama. Además, tuve a mi esposo al lado ayudándome, pudieron atender al bebe que venía en una posición difícil y cuando nos fuimos el bebe salió con todas sus vacunas", manifiesta con una amplia sonrisa de satisfacción.

Historias como esta son ahora comunes en las altiplanicies andinas, por encima de los tres mil metros de altura, y también en algunas comunidades amazónicas asentadas selva adentro. En esos poblados la atención obstétrica ha aumentado hasta en 80 por ciento.

En la década del noventa, poco menos de 20 por ciento de las mujeres indígenas de la sierra y la selva tenían acceso a estos servicios, pero además tenían mucha resistencia a hacerlo porque se sentían discriminadas, maltratadas e irrespetadas en sus derechos.

"Yo siempre les digo que así como parir es un acto exclusivo de las mujeres, también debe serlo respetar nuestro derecho a hacerlo como una quiere: parada, de rodillas, echada o bajo el agua, ese es un derecho nuestro que ningún médico puede cuestionar", dice con apabullante lógica Eufemia Cauqui, promotora de salud de Vischongos, en Ayacucho, también en los Andes.

Para Ariela Luna, directora General de Promoción de la Salud del Ministerio de Salud (MINSA), la incorporación del parto vertical como parte de la estrategia de adecuación intercultural a nivel nacional, es uno de los logros más significativos de esa entidad.

Organismos internacionales, como UNICEF, están de acuerdo en que su implementación ha sido uno de los factores que ha posibilitado reducir la mortalidad materna en el Perú, una de las más altas de la región hasta hace poco más de una década.

Actualmente, ocurren 410 muertes maternas por cada 10.000 nacidos vivos, y la meta de las autoridades es bajar esa cifra a la mitad porque el porcentaje actual implica que cada cuatro horas una mujer muere en el Perú por causas relacionadas con la maternidad. Además, como todo promedio es engañoso pues esconde las muertes no registradas en los parajes remotos.

Cambio de paradigmas

Pero desde que el Ministerio de Salud —con el apoyo de una gama de organismos no gubernamentales, cooperantes internacionales y la propia población— puso en marcha el programa de parto vertical y adecuación a las prácticas culturales de los pueblos de los Andes y la Amazonía hasta hoy, muchos cambios de actitudes y comportamientos han tenido que ocurrir.

La adecuación cultural es una estrategia que considera la diversidad cultural en el diseño, ejecución e implementación de los servicios de salud a partir del conocimiento de las costumbres y del imaginario de la población.

"Uno de los primeros problemas a los que tuvimos que hacer frente fue la costumbre ancestral de dar a luz en el hogar y no en un lugar extraño, pues el nacimiento es considerado un acto íntimo, a veces propio solo de mujeres pero, en todo caso, no presenciable por extraños", recordó Rosario, enfermera del distrito de Ashconvincos, en Ayacucho.

"Fue necesario hacerles entender a los especialistas (del MINSA) que para ellas la presencia del esposo no es sólo figurativa, sino que ayuda a sostenerle la cintura al momento de la expulsión y la asiste con hierbas que facilitan el trabajo de parto", subrayó.

"Si ayudan o no al parto, no lo sé, pero que es tranquilizador para la madre, sí, se lo puedo asegurar", señaló por su parte el doctor. Magallanes, del centro de salud de Churcampa, en Huancavelica, uno de los primeros en adecuarse al parto vertical. "Hasta los colores de las sábanas tuvimos que cambiar", añadió.

Para los andinos, el color blanco está asociado con la muerte, es el color del duelo. Por eso ahora es común ver sábanas y paredes de colores vivaces en los establecimientos de salud pertenecientes al programa.

Con las experiencias obtenidas, el MINSA estandarizó el protocolo de atención del parto vertical para todas las regiones del país, a fin de que los especialistas sepan cómo proceder incluso en casos difíciles. También ha habido una capacitación muy intensiva al personal.

En los lugares muy alejados, donde no hay profesionales, se ha capacitado a promotores, parteras y hasta curanderas en atención del parto vertical y medidas profilácticas. El siguiente paso fue abrir un registro nacional de todos estos trabajadores populares.

Casas de espera

Parte importante de este proceso ha sido la implementación de las casas de espera, adonde acuden las futuras madres antes del parto y permanecen rodeadas de atenciones y servicios pertinentes, además de recibir capacitación en nociones básicas de salud sexual y reproductiva y atención al recién nacido.

Estas casas han sido una gran solución para las mujeres que, como Rosa, viven muy lejos de un establecimiento de salud, lo que, en el caso de los poblados andinos puede significar distancias considerables y, en la región amazónica, tener todo un río de por medio.

Las mujeres son admitidas en estas casas a partir de la semana 37 de gestación, si el embarazo no presenta complicaciones, y pueden quedarse hasta una semana después si el parto ha sido normal. El bebe además se irá inmunizado contra la tuberculosis, difteria, tétanos y hepatitis B.

Con este enfoque cultural no sólo se ha logrado una mejor cobertura, sino también más respeto a la población autóctona. Se estima que 40 por ciento de las mujeres indígenas que se atienden en los centros de salud dan a luz de manera vertical.

"Hay un cambio de conducta entre los prestadores de Salud, que han empezado a reconocer al usuario como ciudadano o ciudadana. Es un proceso que demorará años, pero es importante que estemos planteando una construcción participativa de políticas en la que están participando desde el ministro y directores, hasta el personal en su conjunto", señaló a SEMlac la directora General de Promoción de la Salud.

Sin embargo, reconoció que aún hay servidores que muchas veces maltratan a las pacientes porque tienen muchas o porque consideran que la persona que está al frente no es de su mismo nivel.

"Perú es un país racista y eso tenemos que aceptarlo, el no racismo se construye. En las familias se pega a los niños normalmente, en los servicios de salud se maltrata a los usuarios generalmente, somos una sociedad violenta, racista, hay que cambiar", precisó.

Los prejuicios del personal de salud en algunos establecimientos se expresan en el trato discriminatorio y jerárquico hacia las usuarias y la comunidad, lo cual refuerza la desconfianza de la población hacia el personal y los establecimientos de salud.

Desde el lado de las mujeres, uno de los principales pedidos es la implementación de un banco nacional de sangre. Estiman que con ello se podrían prevenir una gran cantidad de muertes maternas. Y no les falta razón: según las propias estimaciones del MINSA, 40 por ciento de las muertes maternas son causadas por hemorragias.

Comentarios
Añadir nuevo Buscar
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Website:
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
 
:angry::0:confused::cheer:B):evil::silly::dry::lol::kiss::D:pinch:
:(:shock::X:side::):P:unsure::woohoo::huh::whistle:;):s
:!::?::idea::arrow:
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.

3.25 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."


 
Author of this article: Zoraida Portillo y Julia Vicuña Yacarine

Show Other Articles Of This Author

spacer.png, 0 kB
spacer.png, 0 kB

Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe - Av. Grau Nº 610 - Of. 302, Lima 4, Perú - E-mail: semlac@redsemlac.net - Telf. (511) 2474982

© 2009 SEMlac. Derechos Reservados. Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este sitio sin autorización

spacer.png, 0 kB