XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe

 

Fin de fiesta: las voces de rebeldía

Por Sara Lovera/Foto: Frida Hartz

 

México, marzo (SEMlac).- La resignificación de la democracia  exige transgredir los límites de los derechos políticos supuestamente conquistados por las mujeres de la  región latinoamericana y caribeña, dijo desde el estrado Axela Romero, una de las mexicanas anfitrionas y organizadoras del XI Encuentro Feminista, efectuado en la capital mexicana del 16 al 20 de marzo.

 

Refirió que, durante los conversatorios y las reuniones centrales, quedó claro que en toda la región prevalece la enorme brecha entre los avances consagrados, las leyes y las instituciones, tanto  internacionales como  nacionales, de cara a la cruda realidad que viven las mujeres.

 

Del fundamentalismo a secas, nada, solamente tres líneas: “Las feministas ya reconocíamos al fundamentalismo religioso, pues hemos venido enfrentando sus expresiones como la principal barrera y el primer obstáculo de confrontación para el avance de los derechos de las mujeres”, especialmente los sexuales y el aborto.

 

Es más claro cuando se mira el contexto opresor para más de la mitad de la población de las latinoamericanas y caribeñas, como el avance de la globalización y sus procesos unificadores, totalizadores y excluyentes, de cara a la  diversidad y a la ciudadanía incompleta.

 

También se evidenció que la palabra fundamentalismo es “útil” para dar imagen a nuevas expresiones de opresión y control sobre el cuerpo de las mujeres. Hay sectores hegemónicos en las sociedades latinoamericanas, tanto de la política como de la economía y los medios de comunicación, las religiones y otras instituciones que están profundizando los efectos de la globalización, donde las mujeres pierden.

 

La relatoría terminó en medio de aplausos. No había conclusiones en el estrado ni una declaración política.

 

En dos años, el XII encuentro feminista se realizará en Colombia, hoy significada por una interesante organización de las mujeres feministas que tienen décadas de vivir en un estado de guerra de baja intensidad.

 

Luego del informe de otra de las organizadoras, María Eugenia Romero, sobre las finanzas, el estrado fue abarrotado por una multitud de declaraciones de los talleres, los conversatorios, las charlas y  los encuentros de las feministas, en esos cuatro días.

 

 No obstante, hubo consenso acerca de la necesidad de revisar en qué medida la falta de recursos propios puede poner o no en riesgo la autonomía del movimiento, examinar su relación con las organizaciones donantes nacionales e internacionales. Y agregó Axela Romero: “En el fondo, necesitamos establecer prácticas de transparencia y rendición de cuentas que alejen la satanización del dinero y las desconfianzas entre nostras”.

 

Enseguida, se sucedieron los pronunciamientos individuales: la Asociación de Mujeres de Argentina, a favor de incluir en la agenda feminista el tema de la trata de mujeres y niñas y el tráfico de órganos; las indígenas pidieron ser incluidas en los debates; las afroamericanas, mayor profundidad en el debate; las lesbianas, el más nutrido de los grupos, explicó que seguirán trabajando contra la exclusión.

 

Sorprendieron al auditorio los aplausos a la declaración de las Feministas Socialistas, que pidieron regresar a los principios del feminismo y  tomar nota de la importancia de su autonomía. También fue entregado un pronunciamiento de las travestis feministas y de las críticas jóvenes feministas.

 

Surgió entonces una algarabía. Catorce grupos individuales, de carácter político, frente a la relatoría de las mesas principales de debate.

 

Las mujeres periodistas reclamaron al XI Encuentro ser consideradas parte del movimiento y su solidaridad para las comunicadoras perseguidas, hostigadas o asesinadas en América Latina, especialmente víctimas de las guerras declaradas y no declaradas, como los casos de Colombia y México.

 

La Confederación Latinoamericana y del Caribe de las Trabajadoras del hogar puso sobre la mesa la terrible discriminación que estas siguen viviendo, en estados donde no se las trata como a otros y otras trabajadoras, y hay barruntos de esclavismo en pleno siglo XXI. También hablaron las artistas y las Mujeres contra la Violencia en Perú.

 

La nutrida explicación de la situación de las mujeres contrastó con el tono sereno que había puesto Axela Romero a su palabra, en una relatoría formal donde la conclusión más interesante fue que hay peligro y retroceso para los derechos conseguidos en el último siglo: los   derechos sexuales y reproductivos.

 

Pero también la creciente despolitización de los ejes fundamentales del feminismo: ese principio de la libertad del cuerpo, de la posibilidad de la libre opción sexual y el aborto, que según la relatoría ha sido torcida por los gobiernos de la región. Porque, además de  incorporar efectivamente los temas de la orientación sexual y la identidad de género, es  crucial  no olvidar que el aborto sigue siendo una asignatura pendiente y urgente en la región.

 

El de la violencia es un tema lacerante. El Observatorio del Feminicidio en México delineó los principales datos. Y quedó claro que es la violencia el recipiente más grave de la desigualdad.

 

Además de la relatoría y el informe de finanzas de María Eugenia y Axela, ambas de apellido Romero, también habló la coordinadora de los temas de cultura y, finalmente, cerró Dafne Cuevas, una de las encargadas de la logística y las inscripciones, quien fue impedida de leer la declaración final, debido a que una de las representantes del feminismo autónomo subió al estrado.

 

Lo que ahí sucedió fue interesante. Ya nadie escuchó a la boliviana y no hubo, en estricto sentido, una clausura tradicional, con palabras. Empezó a silvar el silencio en el ex convento, donde hace años algunas fueron recluidas y hoy —sobre sus losetas, debajo de los arcos, en sus recovecos— las feministas tomaron su sitio, el de su libertad y su rebeldía.

 

Hubo tantas jóvenes menores de 25 años como en ningún otro encuentro, desde que el primero se celebró en 1981, en Colombia. Ahora, 30 años después, será ahí donde se celebre el XII Encuentro.

 

En la tarde, unas 800 mujeres marcharon por una parte pequeña del centro histórico de la Ciudad de México, lanzaron consignas, presididas por un grupo de mujeres con tambores, hasta llegar a la plaza que rodea al Palacio de Bellas Artes.

 

Ni fueron al Zócalo, centro tradicional de protesta de los movimientos sociales, ni lo que se conoce como Hemiciclo a Juárez. Una sensación de silencio sobre la importancia del encuentro quedó en el viento.