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Cuba: Cuando el VIH irrumpe en la infanciaPor Raquel Sierra
La Habana, noviembre (Especial de SEMlac)- Escogen las canciones que acompañarán su documental, seleccionan las mejores imágenes y ríen cuando recuerdan el momento en que hicieron las entrevistas. Alguien propone que al final aparezcan en pantalla todos los participantes, una idea acogida por unanimidad.
Se trata de un grupo de 10 niños, niñas y adolescentes, entre nueve y 16
años, de la barriada del Cerro, en la capital cubana, que participan
en un proyecto de audiovisuales, organizado por el Centro Nacional
de Prevención de las ITS/VIH-sida (CNP), cuya labor cuenta con el
acompañamiento del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), recipiente principal de los proyectos financiados
en Cuba por el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la
tuberculosis y la malaria.
Dentro del heterogéneo colectivo, algunos tienen familiares cercanos
aquejados por el Virus de Inmunodeficiencia Humano (VIH), causante
del sida.
“La iniciativa tiene como antecedente el proyecto Génesis, de 1998, que
reunió a estudiantes de una secundaria básica de La Habana, quienes
aprendieron a realizar materiales audiovisuales. Un año atrás surgió
la posibilidad de retomarla, esta vez con niños afectados por la
epidemia”, comenta Norberto Fonseca, de la Línea de apoyo a personas
con VIH, del CNP.
En Cuba viven 25 menores seropositivos al VIH y 128 niños, niñas y
adolescentes huérfanos de uno u ambos padres. Un total de 1.010 se
incluyen entre los afectados, aquellos cuyos padres o hermanos
portan el virus.
“El trabajo con niños infectados y afectados es una parte de la gran
línea de apoyo a personas con VIH. Surgió en 2000, para dar apoyo a
personas con la enfermedad y analizó la necesidad de trabajar con
sus hijos como una forma de mejorar su calidad de vida”, explica
Norberto Fonseca.
Cuando comenzaron las investigaciones, se identificaron situaciones de
discriminación y estigma, sobre todo en el barrio. Aunque no era muy
alta, los especialistas detectaron algunas manifestaciones en varias
escuelas.
Sin embargo, algo llamó la atención de los iniciadores. Si bien el
estudio arrojó agresividad y que los muchachos y muchachas evitaban
reunirse con sus semejantes, a la vez mostraba que tenían buenos
rendimientos docentes.
Después de este levantamiento, el equipo armó un plan estratégico para
trabajar con esa población infantil mediante acciones sociales,
culturales y deportivas. La idea era vincularlos con pares de sus
edades, para que se sintieran parte de algo y evitarles el
aislamiento, que es parte de la discriminación.
Fonseca aclara que algunos desconocen el diagnóstico de sus padres o
familiares cercanos.
“Aquí han aprendido a manejar luces, cámaras y micrófonos; a escribir sus
propios guiones y salir a la calle a filmar y entrevistar a las
personas. Además, con técnicas de juego, les enseñamos también de
prevención y comportamientos responsables”, dice.
Aprender y crecer
Para llegar a proyectos como este, el de audiovisuales, que cuenta con
colaboración del Instituto Cubano de Arte e Industria
Cinematográficos (ICAIC) y la sociedad Cuba-Luxemburgo, fue preciso
seleccionar a personas sensibilizadas en el trabajo con la población
infantil.
Se escogieron y capacitaron trabajadores sociales, psicólogos,
especialistas de las Casas de Atención a la Mujer y la Familia, y de
centros de menores. Con insistencia y convencimiento, obtuvieron la
aprobación de muchos padres, quienes temían que sus hijos se
enteraran de su condición como seropositivos al VIH/sida.
“La línea, con 14 equipos en todo el país y uno nacional, estudia las
familias, las ayuda socialmente si tienen problemas económicos,
orientándoles sobre trabajo u opciones de estudio; ha trabajado con
profesores y directores de centros escolares para la aceptación y
que se involucre a los muchachos en actividades extracurriculares”,
refiere Norberto.
Según Orlando Chaviano, al frente de la línea en La Habana, después de
mejorar condiciones de vida, de conjunto con los trabajadores
sociales y el gobierno, comenzaron a realizar actividades
socioculturales, en las que participan también los y las pequeñas
del barrio así como los hijos del personal que trabaja en los
centros de prevención.
“Se programan actividades con payasos, artistas de la radio, aficionados
y el apoyo de instituciones. Este año, en la ciudad se organizó una
actividad gigante por el Día de la Infancia, de la mañana a la
tarde, con cerca de 300 niños”, cuenta.
Un día se decidió darles un valor agregado: conocimientos, proyectos y
sueños. “El año pasado se realizó un taller de locución radial.
Ahora se desarrolla el de audiovisuales, con perspectiva de
extenderlo hacia otra barriada”, dice Orlando.
La experiencia es edificante. Gabriela, una de las pequeñas
entrevistadoras del documental con tema escogido por ellos
—adolescencia y homosexualidad—, relató que, al lanzar la
convocatoria en una secundaria “todos querían participar, les
preguntamos sobre qué harían si tuvieran un homosexual en su
familia, cómo lo tratarían. Nos divertimos trabajando juntos”,
asegura.
Con apenas 14 años, dice que el proyecto la ha ayudado “a desarrollar mis
conocimientos, a crecer como persona y mejorar la comunicación entre
nosotros. Quiero que cuando presentemos el documental, le guste a
todos”.
Cuidados al cuerpo y al alma
De acuerdo con Fonseca, niños y niñas infectados, cuyas edades oscilan
entre uno y 16 años, reciben una atención médica especializada.
“Tienen un pediatra y un médico en su provincia de origen y un
seguimiento permanente en el Instituto de Medicina Tropical Pedro
Kourí, en La Habana, donde los atiende la doctora Ida González.
Incluso, cuando tienen más de 16 años ella los sigue atendiendo,
hasta con sus partos”.
En Cuba, las mujeres seropositivas tienen la libre elección de decidir su
embarazo y descendencia. A la vez, se les facilita información y
servicios para que puedan asumir decisiones responsables. Para
evitar la transmisión madre-hijo, “se toman todas las precauciones y
ellas reciben la atención médica necesaria para evitar la
transmisión a su descendencia”, explica Fonseca.
“Se las capacita y orienta en la consulta de planificación familiar sobre
cuál es el momento adecuado para el embarazo —tener una carga viral
no detectable y estar tomando medicamentos, entre otros aspectos—,
para que no se perjudique la salud de la madre ni del bebé”, señala
Claudia Figueroa, psicóloga que trabaja en la línea de atención a
niños y niñas infectados o afectados por la epidemia.
La transmisión de madre a hijo es un riesgo si ella tiene una relación
desprotegida, si tiene contacto sexual sin protección después del
puerperio y amamanta al recién nacido, entre otras circunstancias.
Contar con ellos
Alexander tiene 16 años, es callado y lo mira todo, como analizando. Su
hermano vive con VIH desde hace nueve, pero a Alexander nunca le
dijeron nada. Su deseo, como el de muchos adolescentes de similar
condición, es que no les oculten la verdad, que cuenten con ellos.
“Me hubiera gustado saberlo, para ayudarlo y darle mi apoyo”, dice.
“En un taller nacional, uno de los reclamos de los jóvenes fue
precisamente el deseo de que las familias fueran sinceras, que les
explicaran la verdad. En las casas ven muchas cosas y no se las
explican. Tienen sus sospechas y, en no pocos casos, alguien que no
es de la familia se los confirma”, señala Claudia.
“Entonces dicen sentir una deslealtad de la familia hacia ellos, como que
no les tenían suficiente confianza. Se trata de una situación
difícil para padres, madres y hermanos, pues son personas que están
en su duelo de enfrentamiento a la enfermedad y demoran en
comunicarles a los demás lo que está sucediendo”, agrega la
psicóloga.
“Aunque no estamos trabajando directamente con los padres, siempre que lo
hacemos con un muchacho esto rebota en su familia y, algunas veces,
esa es la mejor forma de incidir en ellos”, explica.
Un año atrás, una evaluación individual del grupo inicial de 18 niños
descubrió que había problemas en el hogar: sus dibujos reflejaban
violencia y muerte. Recientes análisis indican que hoy son capaces
de comunicarse entre sí y buscar consejos entre los adultos que
conforman el colectivo técnico del proyecto.
De acuerdo con la psicóloga, hay que brindarles herramientas que sean
agradables, vinculadas al arte que es una de ellas, magnífica, que
permite espontaneidad, creatividad y ayuda a catalizar los
sentimientos.
“En sus dibujos se ve un cambio en tonalidades, formas y colores, hay
aspectos que se mantienen y otros que han ido desapareciendo; hay
símbolos, rasgos y líneas que indican ahora una actitud más
positiva, debido a un crecimiento interior”, señala la psicóloga.
“Cuando se estrene el documental, estos niños, niñas y adolescentes
ganarán espacios sociales, porque pueden producir algo que pocos
adultos son capaces de lograr, lo que cambia la valoración hacia
ellos. Además, se eleva su autoestima y el reconocimiento por parte
de la familia y la comunidad”, confía.
A su juicio, “las personas seropositivas que conviven con estos menores,
se sentirán más protegidos porque saben que no los van a criticar al
tener conocimiento de su enfermedad y que están dispuestos a
brindarles su hombro”.
Por toda la isla
La atención a los menores infectados y afectados se extiende por todo el
país. En Guantánamo, 910 kilómetros al este de La Habana, al frente
de este trabajo está Damaris Griñán, pedagoga que una década atrás
se decidió por la educación para la salud.
“Tenemos un adolescente portador y 41 menores en cuyo medio vive una
persona seropositiva al VIH. Para darles apoyo emocional, en fechas
que tienen que ver con los niños, como el inicio del curso escolar o
el Día de la Infancia, realizamos actividades socioculturales con la
colaboración de instituciones, organismos y ONGs.
“Más impactante es que en todos los talleres sobre VIH, existe un espacio
para los niños, y contamos con equipo de familiares y amigos bien
fortalecido y una psicopedagoga que les da tratamiento, incluidas
las temáticas de maltrato infantil y derecho de los niños, en
coordinación del Instituto superior pedagógico, cuyos especialistas
les transmiten a los padres cómo pueden ayudarlos en cualquier
situación”, señala Griñán.
“Los hemos preparado para que apoyen a sus familiares y sean portadores
de mensajes como: `papá, te toca la medicina´ o `cómo te la
tomaste´. Hay una niña que dice que, cuando su mamá está lavando, se
le olvidan los medicamentos; entonces ella es la que se encarga de
recordárselo”, refiere esta mujer que cifra en la infancia y la
adolescencia el futuro de la prevención. |
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