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Guatemala. Violencia intrafamiliar y armas de fuegoPor Alba Trejo
Guatemala, noviembre (Especial de SEMlac).- Una mujer despierta de dolor y se reencuentra con que su rostro desapareció porque el marido se lo arrancó de tajo con un cuchillo. Otra corre peor suerte y su misma sangre sirve para que su conviviente escriba en las paredes: "por marera la tuve que matar". Y un hecho aún más horroroso tiene por escenario la calle: los pedazos de un cuerpo femenino son hallados dentro de una bolsa negra.
Estas escenas ilustran lo que significa ser mujer en este país centroamericano y vivir al filo de la muerte día tras día, como consecuencia de la violencia intrafamiliar, las pandillas y el crimen organizado que se ensaña contra las guatemaltecas.
No son historias de terror. Son hechos reales en los cuales los ataques físicos, psicológicos y sexuales tienen como principal protagonista a aquellas que, en su mayoría, recién iniciaron una vida conyugal, o trabajan en maquilas, o se ven obligadas por la pobreza y falta de oportunidades a unirse a las pandillas.
Los autores de estas escenas grotescas, por lo general cargadas de golpes y moretones, resultan ser el cónyuge o ex cónyuge, o los miembros de las propias pandillas.
Al menos así lo detalla el único informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) que se ha hecho sobre el tema de violencia de género y que refleja que los maridos son los principales abusadores. Aunque el estudio data de 2007, esas conclusiones mantienen total vigencia.
Que tal acusación recaiga sobre el género masculino no es fortuito. La fiscal de la Mujer, Yolanda Sandoval, detalla minuciosamente que la gran mayoría de las denuncias inculpan a los maridos, quienes en ocasiones llegan incluso a sacar a sus esposas a la calle para darles muerte y aparentar un acto de delincuencia.
Un hecho así ocurrió con una mujer a quien, con cuchillo en mano, el ahora ex marido le cortó la nariz, las cejas y los labios para borrar de ella su belleza y evitar que pudiera rehacer su vida.
Catalina Soberanis, experta del Programa Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), sostiene que las mujeres son víctimas de personas cercanas a ellas, especialmente de su pareja o cónyuge. Añade que los varones descargan en la esposa mucha de su furia y frustraciones, culpándolas de los problemas que tienen con los hijos o hijas.
Atravesar la mayoría de edad es también para las guatemaltecas, actualmente, el preámbulo a iniciar una vida conyugal, que puede tener como componente golpes, maltratos físicos, verbales e, incluso, violaciones sexuales, hasta llegar a la muerte, según lo reflejan los datos del INE.
De 20 a 40 años de edad, ellas viven al filo de la muerte, destaca el documento que también es respaldado por la Unidad contra el Feminicidio del Ministerio de Seguridad, mientras que Sonia Acabal, integrante de la Red de la No violencia contra la Mujer y representante del Grupo Guatemalteco de Mujeres, recuerda que, desde 2000, el fenómeno se ha incrementado aceleradamente.
Guatemala tiene 21 departamentos y, en todo el país, la violencia intrafamiliar socava la vida de las mujeres al extremo que de 484 muertes hasta el mes de junio, 119 fueron provocadas en el espacio íntimo.
"Dueños o propietarios de las mujeres", así se sienten los cónyuges o ex cónyuges de las guatemaltecas. Hilda Morales, directora de la Coordinadora Nacional para la Prevención de la violencia intrafamiliar y violencia contra la mujer, lo describe así para SEMlac: "Los esposos se consideran dueños de las mujeres y, por lo tanto, con derecho a golpearlas para asegurarse el poder sobre ellas, sobre su cuerpo y su vida de relación".
Eso está asentado en el imaginario social, por eso los hombres dicen "mi mujer" y la legislación los respalda cuando establece que por el hecho del matrimonio la mujer adquiere "el derecho" de agregar a su nombre el apellido del marido, precedido de la preposición "de", que significa e implica pertenencia.
Los despachos de los jueces experimentan más de cerca el problema, al tener que escuchar de boca de ellas el relato de los golpes, amenazas e insultos que reciben. A lo largo de este año se presentaron 38.305 mujeres hasta un magistrado, buscando medidas de seguridad ante el temor de ser violentadas nuevamente o, en el peor de los casos, asesinadas.
El cuerpo y la mente de las mujeres son dañadas por los hombres. Los registros del Organismo Judicial conoce más de los delitos físicos y psicológicos que de la solicitud de pensiones alimenticias o aprobación de divorcios. Incluso, la dinámica de la violencia se está potenciando en las relaciones de noviazgo, no sólo en vínculos de parejas más formales o casadas, lo que aumenta los casos de feminicidio.
La de Guatemala es una población joven, en la cual cuatro de cada 10 personas son menores de 15 años y seis no alcanzan todavía a cumplir los 20 años.
En el caso de las pandillas, los muchachos enrolan a las jovencitas, las enamoran y luego las utilizan para sus fines, como extorsiones y asaltos; cuando ya han colaborado mucho, las asesinan.
Hasta agosto de 2009 se registraron 546 asesinatos y por lo menos 81 se trataba de niñas que aparecieron, en su mayoría, tiradas en las calles. Sin embargo, al menos 350 mujeres de esas 546 que menciona el Ministerio de Seguridad perdieron la vida con arma de fuego, un instrumento letal que sigue siendo el más utilizado en estos casos.
La cabeza, el tórax y el abdomen son señales inequívocas para la Fiscalía de delitos contra la vida del Ministerio Público de que el crimen organizado interviene en estos hechos. Miriam Monroy, directora del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, destacó a SEMlac que 99 por ciento de los cadáveres ingresados de mujeres recibieron un tiro en el cráneo.
En su estudio "Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano", el PNUD señala que la espiral de violencia en Guatemala se debe al narcotráfico, al crimen organizado, a las escasas oportunidades de escolaridad pero, sobre todo, a la gran cantidad de armas circulantes.
Guatemala es un país de 14 millones de habitantes y cuenta con un millón, 35.000 armas de fuego en manos de la población. Cinco de cada 10 homicidios se producen con arma de fuego. Lo más grave es que 800.000 armas son usadas en forma ilegal y las ventas de pistolas tienen más demanda. En 2008 se vendieron 55.000 de ellas.
A la fiscal Blanca Lily Cojulún le sobran argumentos para culpar a las pandillas, que son sospechosas de llevar a las mujeres a la violencia extrema. Por amor o por necesidad económica, dice, ellas acceden y las envían a cobrar las extorsiones, asaltar buses y hasta quitarle la vida a alguien.
Lo que más prolifera en Guatemala son las pandillas. Hay al menos cinco grupos identificados, entre ellos los Salvatrucha, la MS13, Whitenface 13, que agrupan a por lo menos 10.000 miembros. Las jóvenes, además de ser violadas y golpeadas para poder integrarlas, tienen que sostener una relación sentimental con el jefe. La que se opone, fácilmente pierde la vida.
Los datos revelan que 112 mujeres que formaban parte de las pandillas aparecieron sin vida en la calle, mientras que 46 que se opusieron a pagar extorsiones fueron ajusticiadas.
En el mundo indígenaTambién en el ámbito indígena la prevalencia de violencia intrafamiliar es de 33 por ciento, según el INE, que reportó un total de 8.231 casos, en los cuales 86 por ciento de las víctimas son mujeres.
Ana Gladys Ollas, defensora de los derechos de la mujer de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), responde porqué en este país, con 60 por ciento de su población autóctona, no se percibe totalmente la violencia de la cual son víctimas las indígenas.
No aparecen en las estadísticas porque las boletas de denuncia de violencia contra la mujer, generalmente, no incluyen esos datos. Recién este año, la PDH incorporó este aspecto a sus análisis.
Otro elemento es que la mujer indígena, por lo general, no formula la denuncia, pues permanece en casa mientras los convivientes o esposos salen a la calle a comercializar. Al no tener comunicación fuera del hogar, no tiene la posibilidad de hablar con otras mujeres, o de que alguna organización la asesore, agrega Ollas.
Más detallado es el argumento de Hilda Morales, quien señala que cuando las jóvenes indígenas se casan, los maridos les retienen la cédula de vecindad. Generalmente, éstas son llevadas a convivir con la familia del esposo y eso las mantiene sometidas al control y a los mandatos de ese grupo familiar, precisó a SEMlac.
No obstante, las autoridades reconocen avances. Esta nación, junto a México y España, cuenta con la ley contra el feminicidio y otras formas de violencia contra la mujer, aprobada en 2008, lo que ha visibilizado la necesidad de castigar los cuatro delitos de que son víctimas las mujeres: el psicológico, físico, patrimonial y sexual.
Para Ollas, sin embargo, hay una gran resistencia de los jueces y, en general, de los operadores de Justicia para que la norma se aplique como debe ser. El Organismo Judicial evidencia que, a un año de aprobada la ley, solamente un caso ha sido condenado por feminicidio.
Es por ello que Soberanis, la experta del PNUD, considera que aún se requiere de un mayor nivel de compromiso de los operadores del sistema de justicia, especialmente al interpretar la ley. |
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