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Santo Domingo: La masculinidad es como roca porosa

Por Mirta Rodríguez Calderón

 

Larry Madrigal

Santo Domingo, noviembre (Especial de SEMlac).- El joven miró la hoja en blanco intensamente. Se decidió y comenzó a dibujar. Debía representar cómo es un hombre. De soslayo, miraba a la derecha, donde tenía a otro varón: o a la izquierda, donde se había sentado una mujer académica, también joven.

 

El grupo todo avanzaba en su "creación". El ejercicio se realizaba en uno de los grupos de trabajo que formaron parte del Seminario Masculinidad y Violencia de Género, en la universidad INTEC de la capital dominicana, donde existe un Centro de Estudios de Género que se está convirtiendo en paradigmático.

 

El experto salvadoreño Larry Madrigal conducía la práctica, que ha realizado antes en varios países de todo el continente, lo que le ha permitido coleccionar cientos de dibujos.

 

El propósito es colocar a los varones en la situación de aceptarse o darse cuenta de que él, en particular, no es ese hombre que ha dibujado, con frecuencia desnudo, con voluminosos bíceps, una cabeza robusta, un pene grande, fumador, bebedor y mujeriego, que presume de guerrero, de castigador, pero también de respetable y soberano, entre otras cosas.

 

Por ese camino, "cuando quien dibuja reconoce que ese no es él, que no responde a ese modelo que la sociedad le inculca, tenemos un candidato al cambio suyo y, tal vez, a acompañar el de otros", explicó a SEMlac Madrigal, quien llegó desde El Salvador a Santo Domingo para conducir parte del seminario.

 

Madrigal es autor de varios libros, psicoterapeuta e investigador, facilitador internacional del Programa de Masculinidades de la Escuela Equinoccio.

 

En varios salones del encuentro, más de un centenar de hombres y mujeres trabajó para identificar los mitos y estereotipos de esa masculinidad construida desde la sociedad y la cultura, y que se refleja en múltiples singularidades, casi todas urgidas de cambio, en los espacios de la educación, la salud, la justicia y la sociedad civil, entre otras.

 

Las intervenciones magistrales de Madrigal, y del también doctor dominicano Ángel Pichardo, llenaron el seminario de saberes, revelaciones, razonamientos… y de una suerte de descubrimiento colectivo de que este asunto de las masculinidades necesita mucho más estudio —no importa cuánto se sepa ya—, como lo remarcó la académica Lourdes Contreras, directora del centro, en sus palabras inaugurales.

 

"Tenemos que trascender las limitaciones, leer y estudiar sobre esto. Se hace difícil que se entienda el problema como problema social y más difícil que los actores retardatarios en el proceso entiendan cómo actuar. Para comenzar, tienen que aceptar que la violencia no corre por las venas de nadie, pero hay que castigar a quienes la ejercen. Por dificultades en el país, muchas víctimas desisten por lo complicado de los estancos por los que tienen que transitar para las denuncias", aseveró.

 

No todos los varones son el panfleto

 

¿Cuánto nos falta a las mujeres para poder vivir en equidad después de milenios de desigualdad e injusticias?, le objetó SEMlac a Larry Madrigal.

"Seguramente nos va a tomar mucho. Pero no se puede ver ni pensar esta realidad en la medida de los años que ella ha tenido para formarse, sino de la voluntad que existe ya para cambiarlo. Es indiscutible que nos va a tomar más de lo que puedo imaginarme", respondió reflexivo.

 

"Yo no lo voy a ver, pero quisiera que mis hijos, hijas y nietos sí. Ya llevamos tiempo tratando de conformar una voluntad por la equidad. Y espero que la siguiente generación, en correspondencia con sus sueños y sus esperanzas, pueda ver parte de lo que queremos alcanzar. Nos esperan muchos años para trabajar por apuntalar la posibilidad de cambios".

 

¿Cuántos varones han escuchado sus charlas en los 10 años de su trabajo con ellos? ¿Cuántos rompieron con la masculinidad hegemónica?

"Muchos, muchos… Cientos han comprendido que ellos, individualmente, no responden al modelo que se les ha impuesto. Y también muchos, muchos, inician un camino hacia el cambio".

 

¿Cuánto sufren los hombres que creen en lo que usted explica?

"Los varones que creen y razonan sobre lo que yo predico suelen no ser el panfleto de lo que se dice de ellos".

 

"No reconocer la diversidad de hombres que somos es una trampa política que nos impide avanzar. En el mundo de la diversidad de hombres, entendiendo el sufrimiento como resultante de un mandato social en el que sienten que no encajan, puede ser una magnífica oportunidad para propiciar el cambio".

 

¿Y los que no van a sus conferencias o a encuentros como este?

"Los que vienen a mis conferencias son una rascadita. Entre ellos están los que sufren mucho, los que no sufren nada y otros tantos que no se dan cuenta del sufrimiento que les toca. En esa diversidad de hombres hay muchísimos que creen que ganan mucho y que no están interesados en cambiar".

 

"No se puede generalizar. Los hombres tienen mecanismos para cambiar. Por ahora tenemos que enfrentar sufrimientos más cotidianos y cosas que los hombres se están perdiendo: la crianza, la emoción, la vivencia del sentimiento, la solución de los conflictos de este tiempo, la participación política en equidad…"

 

¿Qué se puede hacer desde la comunicación para contribuir a desmontar esa masculinidad hegemónica?

"Se puede hacer mucho. Un primer aspecto es abonar sistemáticamente, en los espacios donde es posible, la idea de que no porque sea complejo debemos renunciar a transitar el camino hacia ella. Los hombres somos partes del problema, pero también de la solución".

 

"Es importante abrir la mayor cantidad de espacios a diferentes voces, hombres y mujeres, para que cuenten cómo están viendo el asunto: hombres y mujeres que ya tienen un compromiso".

 

"Otro asunto es colocar el tema de género en la construcción de la opinión pública, en particular con juicios de gente importante, como ya lo están haciendo".

 

¿Qué se consigue con el ejercicio de las láminas donde dibujan cómo se ven?

"Se trata de trazar la silueta humana de un varón según el imaginario social del contexto en el que está y escribir cuáles son las características físicas y emocionales que la sociedad quiere de un varón. Cuando ya lo han hecho, se les pide que se coloquen frente a él y se pregunten si caben en ese modelo. Así se puede visibilizar a aquellos que, no cabiendo, son candidatos para mostrar cambios".

 

"Tengo cientos de siluetas de toda América, desde México hasta la Argentina, cruzando por Centroamérica y Brasil con la diversidad de etnias y culturas. Tristemente, el modelo construido e impuesto está ahí y se verifica en todas partes".

 

"Pero en este proceso, la firmeza de las masculinidades es como las rocas de un acantilado: porosa, y cada ola que la ataca arranca fragmentos".

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