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Chile: La rebelde Gabriela
Por Tamara Vidaurrázaga
Santiago, octubre (SEMlac).- Por generaciones nos narraron a la
célebre premio nobel Gabriela Mistral como madre universal y
abnegada, más cercana a una virgen asexuada que a la mujer de carne
y hueso, apasionada e intensa que revelan sus cartas de amor
lésbico, publicadas recientemente en el libro Niña Errante.
Los escritos forman parte de una donación de más de 40.000
documentos, entregados a Chile por la sobrina de Doris Dana,
estadounidense hasta ahora conocida como amiga y albacea de
Gabriela, pero que las epístolas revelan como el último gran amor de
la Nobel.
Así, Lucila Godoy, convertida en Gabriela por propia voluntad,
termina de despojarse de las capas que la cubrían para hacerla
material de fácil comprensión en textos escolares, donde aparece
reproduciendo los cánones tradicionales de lo que debe ser una
"buena mujer".
La feminista y especialista en literatura de la Universidad de
Chile, Gilda Luongo, dijo a SEMlac que "la sorpresa actual de muchos
frente a un epistolario apasionado de amor lésbico de la Premio
Nobel, es un modo de soslayar la cuestión candente y álgida de la
pasión lésbica de esta mujer, que fue leída durante mucho tiempo
como la gran madre de Chile-no madre. ¿Quién osa pensar en este país
en una madre-lésbica? ¿Quién osa pensar en una madre apasionada que
indaga y busca el placer a partir de sus deseos múltiples?".
¿Pero es acaso esta la primera vez que Gabriela se muestra rebelde?
¿O más bien sus constantes subversiones han sido sistemáticamente
invisibilizadas, con el fin de simplificarla y aceptar su éxito,
siempre reconocido tardíamente en Chile; país donde se le entregó el
Premio Nacional de Literatura seis años más tarde del Premio Nobel
de 1945?
"Haber leído a Gabriela Mistral como una poeta carente de pasión ha
sido una estrategia que anhelaba limpiarla, higienizarla de su
complejidad femenina en su descalce normativo, estrategia inútil por
demás, dado que su escritura toda no es sino su multiforme y
prolífica pasión vital", reflexiona Luongo.
La estudiosa añade que "esto ha ocurrido constantemente con las
mujeres que escriben, porque la escritura ha sido para ellas, en
definitiva, una zona, una territorialidad creativa ligada a la
subjetividad en la que queda de manifiesto el trabajo con el
lenguaje de modo más libre y evidencia, de manera insospechada,
aquello que constriñe o aprisiona a las sujetos femeninos en
diversos contextos y épocas".
El amor lésbico y la pasión expresada en las cartas no ha sido la
única muestra de la subversión de la poeta, quien vivió en México,
Brasil, Suiza, Francia, España, Italia, Portugal y Estados Unidos.
Escribió sobre la importancia de educar a las mujeres y, en su
juventud, trabajó alfabetizando a muchas de ellas y también a
obreros. Fue expulsada de Italia, opinó en contra del fascismo y
donó las ganancias de su libro Tala a niños y niñas de la guerra
civil. Crió al hijo de un hermano como madre soltera, junto a su
amiga y asistente de toda la vida, la mexicana Palma Guillén, y
sufrió con el suicidio de este hijo, a los 18 años.
Fumaba sin parar. Lideró la reforma educacional en México y en 1945
fue la primera mujer en Hispanoamérica galardonada con el Premio
Nóbel de Literatura, cuando el voto femenino no existía en Chile.
Y, medio siglo después de su muerte, podemos leer su pasión lésbica
por Doris en una carta escrita cuando Gabriela tenía 60 años: "Tú no
me conoces todavía bien, mi amor. Tú ignoras lo profundo de mi
vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo para hacerte un poco feliz.
Tenme paciencia, espera a ver y a oír lo que tú eres para mí, y
¡cómo yo te necesito! Hasta un punto de vida o muerte. Espera a
vivir sola conmigo para juzgarme con pleno conocimiento. Esta es la
carta que escribo con más tristeza. Nunca supieron los seres que yo
quise que los quería entrañablemente. Pero es necesario que tú lo
sepas. Esto me urge; es preciso que sepas, que comprendas ¡y que
quieras vivir para mí! Por amor o por caridad, sábelo." |
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