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México: Obesidad, un problema de salud públicaPor Alicia Yolanda Reyes
Guadalajara, México, septiembre (Especial de SEMlac).- Isabel tiene 48 años, mide 1,60 y pesa 90 kilos. Desde niña sufrió de obesidad, causada básicamente por la ingesta excesiva de golosinas y productos fritos, conocidos como alimentos chatarra (calorías vacías que no nutren y contribuyen al sobrepeso y la obesidad).
El caso de Isabel es cada vez más común entre la población mexicana, señaló el subsecretario de Salud Mauricio Hernández, durante la inauguración de la Expo Cumbre Mundial de Diabetes, Obesidad y Problemas Cardiovasculares.
El funcionario reconoció que en la última década, la población mexicana mostró un incremento de 78 por ciento de personas que sufren de sobrepeso y de 159 en las que padecen obesidad, todo lo cual se ha traducido en un 25 por ciento de aumento en el desarrollo de la diabetes.
Explicó que el cambio de la alimentación, aunado a la inactividad física y el sedentarismo, han contribuido a que la obesidad sea ya un problema de salud pública.
Por su parte, Gisela Ayala Téllez, de la Federación Mexicana de Diabetes, señaló que este país ocupa el segundo lugar a nivel mundial en obesidad, sólo superado por Estados Unidos, cuando hace 10 años se encontraba en el sexto lugar.
Recordó que en Estados Unidos 65,4 por ciento del total de la población sufre sobrepeso, mientras que en México llega ya a un 62,3, seguido del Reino Unido con 61.
En Jalisco, Manuel Cervantes Ocampo, titular de la Jefatura de Prestaciones Médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), aseveró que el 37 por ciento de los escolares; el 31 por ciento de los adolescentes; el 50 por ciento de las mujeres y el 60 por ciento de los varones sufren de sobrepeso u obesidad.
Esta patología es causa frecuente de otras enfermedades, como la diabetes mellitus tipo 2, que impacta negativamente sobre la calidad de vida de las personas y se presenta cada vez a edades más tempranas.
De acuerdo con el IMSS, de cada 10 personas que han desarrollado diabetes, ocho tienen antecedentes de sobrepeso u obesidad.
Por otro lado, explicó que de cada 100 individuos con diabetes, 10 sufren de daño renal, 10 tienen neuropatía periférica, cinco presentan ceguera y 10 padecen de pie diabético. De estos últimos, uno de cada tres termina en amputación de, por lo menos, un miembro inferior.
El sobrepeso es reversible con modificación de hábitos alimenticios y ejercicio físico; sin embargo, el porcentaje de mexicanos que realizan este tipo de actividad de manera cotidiana aún es bajo.
La obesidad es más difícil de curar y, en ocasiones, se requiere llegar a la cirugía para disminuir el tamaño del estómago o el intestino y que las personas se sientan saciedas con menos alimentos.
La cirugía bariátrica, que actualmente se está ofreciendo en los servicios públicos de salud, está indicada en personas cuyo índice de masa corporal está por arriba de 40 y que, pese a haberse sometido a diversas dietas, no han revertido su situación.
Anteriormente se creía que la gordura en niños y adultos era sinónimo de buena salud, pero en la actualidad se sabe que es una patología que, de no atenderse a tiempo, puede causar severos problemas que llegan incluso a ocasionar una muerte prematura.
Los adolescentes -señala el IMSS- son el grupo más vulnerable debido a que no acuden a las unidades de medicina familiar a someterse a chequeos médicos que incluyan medición de talla y peso.
Las mujeres en edad reproductiva también representan un grupo de riesgo, pues tienden a subir de peso durante los embarazos y, al final de la lactancia quedan con tres o cinco kilos extras, que se van sumando a los de los siguientes embarazos.
Por otro lado, médicos del IMSS aseveran que para ellos es difícil llevar un verdadero control médico de los pacientes debido a que, por las restricciones presupuestales, deben justificar cada procedimiento que se realice.
La Organización Mundial de la Salud señala que los adultos a partir de los 18 años deberían realizarse un chequeo médico, mínimo cada dos años. Estos deberían incluir estudios de laboratorio como biometría hemática o hemograma, química sanguínea (pruebas metabólicas que abarcan colesterol y proteínas totales y diversos electrolitos), examen general de orina y estudio de copro (defecaciones).
Este último estudio hace años que dejó de realizarse en el IMSS, y los otros arriba descritos deben justificarse médicamente para que sean autorizados por el jefe de consulta.
Los especialistas en salud pública destacan la contradicción en la que se incurre cuando, por un lado, se habla de medicina preventiva, que debe incluir todos los estudios mencionados; pero, por otro lado, los galenos están atados de pies y manos para poder realizarlos.
Patricia, una médica familiar de una clínica del IMSS, que prefirió el anonimato, contó a SEMlac el caso de una mujer de 60 años, con un buen estado general de salud, que no sufre diabetes, ni hipertensión, pero tiene un ligero sobrepeso.
Ella acudió a una nutrióloga particular, la cual le solicitó hacerse todos los estudios de laboratorio para poder indicarle una dieta. Por el costo que éstos representan y como es afiliada al IMSS, acudió con la médica para que ésta se los ordenara en el laboratorio de la institución.
La profesional de la salud tuvo que poner en el expediente clínico que la mujer padecía una infección urinaria y tenía antecedentes de diabetes, lo cual era falso, para poder justificar los estudios.
Está claro, señala el propio IMSS, que de seguir las tendencias actuales de sobrealimentación y sedentarismo, las consecuencias serán fatales; de hecho, en estos momentos cada día mueren 78 usuarios de esa entidad por patologías relacionadas con el exceso de peso.
Los factores genéticos influyen para el desarrollo del sobrepeso y la obesidad, pero son más importantes los patrones culturales y familiares. Es decir, si en una familia no se acostumbra realizar ejercicio físico, y la ingesta de grasas, azúcares y otros alimentos hipercalóricos son comunes, el problema se hará patente en la mayoría de los miembros de ese grupo.
Esa es la razón por la que se puede observar que en una familia cuyos padres son obesos, la mayoría de sus miembros tienen esa tendencia, mientras que en la que los progenitores poseen un peso dentro de lo normal, en general, los hijos tienen menos problemas en ese sentido.
El cambio de alimentación, señala la Secretaría de Salud, está ligado a la incursión de la mujer en la vida laboral remunerada, ya que por su doble o triple jornada, no tiene tiempo de preparar los alimentos en casa, y es frecuente que camino a la escuela compre golosinas, jugos y leches azucaradas para el refrigerio de media mañana.
A la hora de la comida, es más sencillo abrir una lata de sopa, que contiene harinas, o comprar alimentos preparados que tienen grasa en exceso, lo cual se traduce en una mala alimentación.
Los medios masivos de comunicación, en especial los electrónicos, anuncian una serie de pastelillos, botanas, refrescos y bebidas azucaradas que contribuyen a la ingesta excesiva de calorías vacías.
Mientras menos edad tengan los niños y niñas que padecen sobrepeso u obesidad, mayores son los problemas de salud que presentará la persona en la edad adulta, alerta el cirujano pediatra Francisco González, y explica que si el niño llega a la adolescencia con sobrepeso u obesidad, las posibilidades de que continúe así hasta adulto son de un 80 por ciento.
En cambio, si se logra revertir este problema desde la niñez, solo un cinco por ciento desarrollará sobrepeso en la edad adulta.
Aseveró que en México se está enfrentando una epidemia de proporciones graves que, de no resolverse en el corto plazo, traerá consigo el incremento de patologías anteriormente consideradas propias de adultos de la tercera edad, como la hipertensión, la diabetes, problemas de colesterol y triglicéridos.
En consecuencia, los infartos cerebrales y al corazón se presentarán en jóvenes en la segunda o tercera década de su vida, concluyó. |
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