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Mujeres en la calle, por sus derechos

Por Sara Lovera, enviada especial de SEMlac a Honduras

 

53 días después del golpe perpetrado contra el gobierno constitucional se mantiene un movimiento de resistencia que incluye al movimiento feminista como su protagonista principal.

Foto: Margaret Thompson

Tegucigalpa, agosto 18, (SEMlac).- Lilian Velázquez es la secretaria general del Sindicato de Empleadas del Hogar que logró su legalidad recientemente, bajo el gobierno de Manuel Zelaya Rosales, el presidente depuesto por el golpe militar del pasado 28 de junio.

 

Lilian lleva en su record 5 marchas y no le ha tocado ninguna represión, algo extraordinario en un contexto donde las mujeres son violentadas de múltiples maneras.

 

Respira profundo cuando habla, carga una manta color verde fosforescente que reza: “Ni golpes de Estado, ni golpes a las mujeres”, y nos dice que es feminista porque sabe que hay que luchar por los derechos humanos de las mujeres.

 

También nos cuenta que el golpe militar afecta a las mujeres porque no pueden transitar libremente, porque no hay trabajo y está en peligro la escuela de sus hijos.

 

Tiene miedo, todos los días cuando amanece, y con frecuencia se dice en sus adentros que se ha terminado la libertad para las mujeres, y para todos, porque el presidente Zelaya aumentó el salario mínimo y quería que ninguna mujer se embarazara por una causa tan terrible como la violación.

 

Y ahora se habla de una reducción en el salario mínimo y se prohibió la píldora del día siguiente.

 

Lilian es una mujer del pueblo, de 45 años, pero representa 60, porque ha lavado y planchado toda su vida. Y todavía no atina a explicarse porque dicen que es malo que les hayan reconocido a las trabajadoras domésticas su sindicato. Por eso marcha, dice, porque Zelaya “debería volver y quitar a los hombres del congreso que actuaron mal”.

 

Ella desde muy joven es trabajadora doméstica y se queja de que los salarios de sus compañeras y de ella no llegan a los cien dólares mensuales, trabajando en las casas de los ricos hasta 12 horas diarias.

 

Y mientras cuenta que vive en el barrio de las Rosas, un barrio humilde de Tegucigalpa, señala que empezó a organizar el sindicato desde 1995, “pero nadie nos hizo caso”.

 

Está orgullosa de portar el banderín que muchas feministas enarbolan en las marchas todos los días, a pesar de que el verde fosforescente se queda como un sello en los ojos, sobre todo en estos días de sol espléndido y fuerte.

 

La marcha que llevará al contingente a la Corte Suprema este día, es una forma, explica, de resistencia pacífica, “nos tienen que hacer caso”, afirma con convicción.

 

Como Lilian hay cientos de mujeres en la carretera que conduce al aeropuerto. Las consignas son continentales y repetidas a lo largo y ancho de América Latina desde hace años.

 

Hoy, como en los años 80, recordará más tarde otra marchista que no quiso dar su nombre, “porque entonces había un movimiento social muy fuerte”. Nuestra anónima entrevistada, teme, pero marcha en nombre de su marido desaparecido en esos años y ha sentido la urgencia de no perderse este tiempo. Confía en que esta vez las cosas serán distintas.

 

En Tegucigalpa al trasladarnos de un barrio a otro, tenemos la sensación de que no pasa nada. Miles de automóviles transitan como si nada. Están abiertos los comercios, y las vallas de policías se mantienen a varios metros del contingente. La Corte Suprema está resguardada por unos cuantos policías, que otros días han reprimido a los marchistas.

 

“Ha habido de todo”, indica Lilian. “Gases lacrimógenos con pimienta; golpes en los glúteos de las mujeres que se llevan a la comisaría y que luego son liberadas tras plantones sucesivos”.

 

También las marchistas se animan, gritan, comen copos de hielo picado y algunas golosinas; y a pesar de la amenaza de los uniformados que circulan por toda la ciudad, no se echan para atrás.

 

En los próximos días habrá nuevas manifestaciones callejeras. No van a dejar a los presos políticos solos. Al contrario, dicen los oradores, estarán en las puertas de ese juzgado que no deja entrar a las manifestantes, ni a los representantes de la prensa.

 

Lo curioso, en este país polarizado, de 7 millones y medio de habitantes, cuya capital industrial es San Pedro Tula, es que el golpe los ha despertado.

 

Escuché a la maestra María Elena Méndez contar con lujo de detalles como es hija de una antigua luchadora social, cómo vivió ya 3 golpes de Estado, en el año 63 cuando tenía 12 años, en el 73 y ahora.

 

No se exilió y estuvo mucho tiempo en su casa. Antes del golpe había pensado que no pasaría nada con los jóvenes universitarios. Ella, del medio intelectual, consideró que no se moverían nunca.

 

También nos contó cómo, en un primer momento, no se dieron cuenta de que en la universidad muchos profesores y funcionarios estaban de acuerdo con el golpe. Sin embargo, cuando el pasado 5 de agosto policías y soldados tomaron las instalaciones, todos, entre ellos muchísimos jóvenes, defendieron la autonomía universitaria.

 

Confesó su asombro. Pero este golpe dijo, ha reciclado al movimiento estudiantil. Ella, a cuyas hermanas calificó de golpistas, explicó cómo es que la sociedad hondureña está polarizada, las familias divididas, los tiempos muy difíciles. Pero, dijo, está esperanzada de que la democracia podrá reaparecer en su país.

 

La marcha continúa. Hay preparativos para realizar algunas caravanas los próximos días. Es así como en Honduras se vive esto, que ha sido calificado por algunos analistas como un centro experimental de la barbarie, de los que en el mundo globalizado y neoliberal, intentan borrar la dignidad y los derechos de los pueblos.

 

Tegucigalpa anochece como un nacimiento de luces de colores. La ciudad está rodeada de pequeñas y anchas montañas llenas de casas y techos color naranja. Muchas y muchos jóvenes están en la resistencia.

 

Nadie quiere armas. La resistencia es pacífica, las únicas armas son una toallita y una botella de agua que se lleva bajo el brazo para ir a marchar. Y como ya se sabe que el vinagre mitiga los efectos de los gases lacrimógenos, algunas mujeres también lo llevan y otras lo reparten.

 

La agenda del día la escuché en una sorprendente radiodifusora que tiene 3 noticiarios diarios, llamada Globo, hermana de Radio Progreso en San Pedro Sula.

 

Pese a todo, no ha sido posible callar a estos medios, que junto con la Internet y los teléfonos celulares, son los medios más recurridos por el ciudadano común para informarse de la verdad en estos tiempos, me contaron en la marcha.

 

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