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Cuba: Educación popular para prevenir la violencia

Por Dixie Edith

 

Talleres de educación popular, útil herramienta contra la violencia.

La Habana, mayo (Especial de SEMlac).- La metodología de la educación popular es atractiva, desinhibidora y permite la construcción colectiva de saberes, por lo que se convierte en una herramienta útil para abordar temas de violencia en las comunidades, fue la evaluación de los participantes en el segundo taller Prevención de la Violencia de Género en las Familias.

 

Organizado por el Grupo de Estudios sobre Familia, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), con el auspicio de Oxfam, esta es la segunda experiencia, de cinco previstas para entrenar a actores sociales, vinculados con la prevención y el enfrentamiento de la violencia de género en familias y comunidades.

 

Tras una semana de aprendizajes, cerca de una veintena de personas, provenientes de talleres de transformación integral de barrios, instituciones de la salud pública, iglesias cristianas y proyectos comunitarios, entre otros espacios, dedicaron la última jornada del taller a evaluar la metodología que luego emplearán en su trabajo cotidiano.

 

"Este método permite la aceptación de las diferencias, el trabajo en equipo, la integración del grupo y propicia un clima de confianza y afectividad", fue la opinión de la mitad del grupo, que se dividió en dos para la realización del ejercicio.

 

"Emplea un lenguaje sencillo, no excluyente, llega a todos y permite la socialización, la construcción colectiva y crítica de conceptos", apuntó la otra mitad.

 

"Con esta metodología logramos que la gente se reconozca a sí misma", precisó una de las participantes del sector de la salud quien agregó que a ella, en particular, el taller le había servido para entender qué es exactamente la violencia de género y cómo se manifiesta.

 

Otra de las participantes, proveniente de una comunidad cristiana, confesó que las sesiones de trabajo la habían ayudado "a reconocer e identificar hasta dónde y cuándo yo misma soy violenta".

 

Especialistas en temas de violencia de género, como la doctora Clotilde Proveyer, socióloga de la Universidad de La Habana, han establecido en sus investigaciones que, muchas veces por desconocimiento, las víctimas de este tipo de maltrato no identifican que están siendo violentadas.

 

Tal situación es muy frecuente en casos de violencia psicológica, la más presente en el contexto cubano pues, al no existir agresión física, es más difícil de identificar y, por tanto, de enfrentar.

 

En este sentido, la metodología de la educación popular aporta una herramienta para el reconocimiento del maltrato, que va desde y hasta lo individual y lo colectivo. Esto garantiza un mejor impacto del trabajo social con las personas, ya sean víctimas o, incluso, victimarias.

 

La sicóloga Yohanka Valdés Jiménez, master en Ciencias y una de las organizadoras del taller, señaló algunas pistas para comprender el valor del instrumento propuesto.

 

"La educación popular rompe esquemas y legitima lo que cada uno piensa desde su experiencia. Con ella se aprende vivenciando, es decir, el saber se incorpora desde nuestras propias experiencias de vida", detalló a SEMlac durante el taller.

 

Escollos

Definida por el educador brasileño Paulo Freire como una actividad teórica que mira a la comprensión de la realidad, a la concientización, y se realiza de manera colectiva, la educación popular propone un proceso educativo que parte de la cultura del pueblo, de la afirmación de su identidad y de los códigos de la expresión popular.

 

"Esta corriente reconoce como punto de partida de todo aprendizaje el saber común que ha nacido de la práctica, pero no se queda en él sino que lo pone a dialogar con otros saberes para enriquecerse mutuamente", definen estudios publicados en la compilación ¿Qué es la educación popular?, de la Editorial Caminos, del Centro Memorial Martin Luther King, en La Habana.

 

"No intenta imponer normas culturales como las mejores; se propone lograr síntesis enriquecedoras entre culturas diferentes", precisan los textos.

 

Pero es muy importante estudiarla, aprenderla bien, "para no banalizarla. Saber hasta dónde llegar en su aplicación", precisó Valdés Jiménez, durante la hora dedicada a evaluar las debilidades del instrumento.

 

La también psicóloga Mareléen Díaz Tenorio, otra de las organizadoras, advirtió que "hay que tener cuidado con el uso de la metodología para no provocar más daño y tener siempre en cuenta que no debemos revictimizar a las personas que han sufrido violencia".

 

Al resto de los participantes les preocupó que, al no ser la metodología una herramienta conocida por todos los actores en la sociedad, su aplicación, al inicio, pueda despertar incertidumbre o temores entre los participantes de otros talleres.

 

Por tal razón, propusieron instrumentar más espacios para su enseñanza y divulgación.

 

Para Valdés Jiménez y Díaz Tenorio, lo más difícil es evaluar la validez de los talleres a partir de indicadores de cambio.

 

En ese sentido, detallaron que, por ejemplo, si se mantienen asistiendo las mismas personas durante varias sesiones, es indicador cuantitativo de que está surtiendo un efecto.

 

Igualmente, puede saberse si funciona cuando las personas refieren que les dolió perderse una de las sesiones o confiesan que los debates les hicieron reflexionar críticamente acerca de sus comportamientos.

 

"Identificar esos indicadores es una habilidad que se adquiere con el tiempo pero que resulta muy importante para saber como va nuestro trabajo", dijo Díaz tenorio.

 

"Sobre todo, debemos estar conscientes de que la metodología propone un cambio a largo plazo", precisaron.