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México: Virus A (H1N1) hace rememorar la influenza española de 1918Por Alicia Yolanda Reyes
Jalisco, México, mayo (SEMlac).- Para una niña de siete años, la palabra muerte no tenía mucho significado, recuerda doña Josefina al rememorar la influenza española que azotó a México en 1918. Pero sí le preocupaba perder a su madre y a su padre, sobre todo cuando la primera resultó afectada por la enfermedad.
Doña Josefina nació en el Grullo, Jalisco, en junio de 1911, hija de un campesino y una ama de casa que también se dedicaba a la labor agrícola. Recuerda que durante la epidemia de gripe española, como se le conoció en su momento, el gobierno mandaba enterrar vivas a las personas contagiadas.
Familias enteras quedaron sepultadas; sus casas y el resto de sus pertenencias eran quemadas para evitar la propagación del mal. Nadie protestaba, ya que en ese entonces las órdenes del gobierno no se discutían, rememora.
Cuando su madre enfermó, Josefina tenía un gran temor de perderla y también a su padre, pero una prima radicada en Unión de Tula le dijo que con baños de creolina y manteca se erradicaba la enfermedad; su madre fue sometida a ese tratamiento y se curó. La señora vivió hasta los 91 años, ya para entonces vivían en Guadalajara.
Ahora que escucha que la influenza está afectando a muchas personas en México y Estados Unidos, le preocupa que cuatro de sus seis hijos vivan en aquel país, aunque se consuela al escuchar que a las personas bien alimentadas no les va tan mal.
Doña Josefina estudió sólo la primaria; sin embargo, dio clases en un colegio particular en El Grullo y en ese entonces, recuerda, no había maestros normalistas y se podía ejercer el magisterio sin tener título. Su padre falleció cuando ella tenía 17 años y, ante la falta de medios para sobrevivir, decidió irse a Tampico, donde realizó los más diversos trabajos.
Incluso se fue de "mojada" a Estados Unidos, pero el trabajo del campo le resultó pesado, sobre todo porque se laboraban largas jornadas bajo el sol y con herramientas deficientes.
Regresó a Tampico y contrajo matrimonio con un sastre, con quien tuvo seis hijos, pero quedó viuda muy pronto. Entonces consiguió un crédito y puso una tiendita de abarrotes, pero no le iba muy bien.
Su madre decidió radicarse en Guadalajara y Doña Josefina la siguió, e intentó de nuevo con una tiendita, pero los ingresos eran bajos e insuficientes para sacar adelante a sus hijos y comenzó a trabajar de dependienta en diferentes almacenes de la ciudad.
Cuando sus hijos crecieron, "la sacaron de trabajar". Todos "me salieron muy buenos hijos, son muy cariñosos y no dejan de ayudarme", comenta.
Con 18 nietos y 11 bisnietos, Doña Josefina espera el próximo mes en que se juntan todos para festejarla. El año pasado fueron a la playa, pero ahora no sabe si podrán ir, ya que el pasado mes de noviembre sufrió una caída que le provocó la fractura de la cadera, le pusieron una prótesis y está en rehabilitación.
Ya no puede salir como antes con su andadera a hacer las compras, cocinar e ir a misa, ahora depende de que su familia la pueda "arrastrar en la silla de ruedas".
Es una mujer que, pese a su edad, se conserva lúcida, durante la entrevista contesta con seguridad y se dice agradecida de la vida que le tocó vivir y de la hermosa familia que la ama y protege. |