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Argentina: Adversidades y desafíos

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, marzo (SEMlac).- Los logros del feminismo han sido muchos: el acceso de las mujeres al poder, las leyes de cuotas y la cada vez más cercana naturalización de la mujer como sujeto de derecho son sólo algunas muestras. Sin embargo, este movimiento es aún perfectible.

 

A pesar de los avances, todavía persisten los paradigmas hegemónicos no sólo en el patriarcado, sino que muchas veces esas marcas patriarcales se manifiestan dentro del propio feminismo.

 

SEMlac interrogó sobre estos aspectos a Mónica Tarducci, antropóloga y miembro del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, y a Ruth Zurbrigen, docente e integrante de la colectiva Las Revueltas de la provincia sureña de Neuquén.

 

Respecto a las deudas que el feminismo tiene con las mujeres argentinas, Tarducci subraya que hablar de débitos no sería justo para el feminismo y por eso prefiere decir situaciones: "hay situaciones a las que nos falta llegar porque somos pocas —las feministas— y hay mucho por hacer".

 

"Una de las situaciones difíciles de revertir es la explotación y subordinación de las argentinas. Argentina es tan amplia y profunda que hay mucho por hacer. Es preocupante, por ejemplo, la situación de las mujeres en las cárceles". Luego, la académica se interroga algo más cotidiano: "¿de qué vale que haya una ley de salud reproductiva si no se tienen las monedas necesarias para ir hasta el centro de salud?

 

En tanto, Zurbrigen tampoco cree que existan deudas en el sentido pleno de la palabra. Sin embargo, se lanza hacia el análisis introspectivo cuando dice que, quizás, una de las deudas es que muchas feministas aún no han logrado "evitar ciertos etnocentrismos y/o nuevos colonialismos sobre aquellas que no se sienten feministas".

 

"Aún así, creo que el feminismo en todas sus manifestaciones ha aportado mucho a las posibilidades de que muchas se sientan "un poco diferentes" o que vivan ciertas libertades impensadas hasta hace pocas décadas", asegura.

 

A pesar de estas posturas, el andar cotidiano en el interior del movimiento feminista muestra que una de las tareas pendientes del feminismo quizás sea la integración total de las nuevas generaciones. Las jóvenes feministas muchas veces han exteriorizado la sensación de que la militancia en este movimiento es un espacio reservado para pocas.

 

A veces se plantea un cuadro en el que las jerarquías son demasiadas pesadas, que terminan alejando a la diversidad, muchas veces representadas por las nuevas generaciones.

 

"Para evitar esto -continúa Zurbrigen- hay que ponerlo en foco, problematizarlo y hacernos cargo; inmoralizar eso de alguna manera para buscar cambiarlo. Hay prácticas feministas que conservan ciertas gerontocracias, que se instalan en el lugar del saber y el poder que obstruyen. Los personalismos suelen imponerse sobre lo colectivo y parece que hay que rendir pleitesías".

 

En esto, Tarducci tiene una mirada más optimista y remarca la existencia de un problema generacional. "El movimiento feminista es una corriente a la que nos vamos incorporando: entramos y salimos en distintas etapas de nuestras vidas. Creo que las jóvenes forman parte de ese movimiento".

 

"Ellas —las más jóvenes— tienen sus agrupaciones, sus ideas, muchas veces diferentes a las nuestras, y es lógico que así sea. Confrontan, pero suman sus voces a un feminismo vital y diverso. La universidad es un semillero de feministas jóvenes; en lo personal, como profesora, puedo hablar del orgullo que siento cuando lo visto en las clases es el envión para un compromiso de lucha por las mujeres".

 

Nobleza obliga a Ruth a tomar una postura reivindicativa. Y en ese plan recurre al concepto de "plusvalía militante". Manifiesta que "da la sensación que a las feministas se les pide todo y más. Se acusa a ciertas generaciones de "antiguas" militantes feministas, de no dar participación, pero a la vez se condenan los procesos de esas "antiguas". Y esas "antiguas" han hecho posibles espacios, lugares, pensamientos que nos sirven para las luchas y resistencias actuales, aclara.

 

"Hay feminismos separatistas, hay feminismos que intentan articulaciones puntuales y hay feminismos que trabajan por las integraciones. Las prácticas no van todas en el mismo sentido, aunque a veces nos encontremos todas en la calle exigiendo aborto legal y el fin de los feminicidios".

 

Los nuevos desafíos

Interrogar por los desafíos de este movimiento a dos feministas, es como preguntar a una revolución cuánta pasión necesita para cambiar el sistema imperante. Es que las feministas hacen de los desafíos no sólo el norte de lucha pública, sino también que la vida privada debe ser una revolución.

 

Uno de los desafíos que propone Zurbrigen es la redefinición y articulación de algunas situaciones que golpean a las mujeres del planeta.

 

"Debemos observar cómo la existencia de mujeres, dispuestas a transgredir los "toques de queda" patriarcales, vuelven a la masculinidad más violenta al punto de desatar furias como los feminicidios en Argentina 2008, o en la ciudad Juárez, o las consecuencias de la guerra en Colombia".

 

Entonces, debemos redefinir algunas agendas globales críticas que nos sugieran formas de articulaciones eficaces contra lo que hemos dado en llamar la "revancha de los machos", concluye.

 

Tarducci sostiene que los desafíos del feminismo son seguir en la lucha por los derechos que costaron mucho conseguir y que se han perdido, por ejemplo, los derechos laborales.

 

"Existe una derecha religiosa y letal que no duda en extremos de violencia cuando sus ideas no son compartidas, entonces debemos responder con nuestras propuestas feministas a un mundo globalizado y excluyente", precisa.

 

"Todo es más complejo que 40 años atrás -continúa-, cuando nuestras hermanas mayores salieron a la calle. Hace falta mucha creatividad para poder incidir en lo público", concluye la académica.

 

Por su parte, Zurbrigen subraya que otro de los desafíos es la creación de articulaciones flexibles con otros movimientos. "Creo que los feminismos que tienen futuro son aquellos que articulan con otros sectores y movimientos sociales. Y no por considerar que apoyamos a esos movimientos en sus luchas, sino porque estamos inmersas en esas luchas.

 

"Estamos desafiadas a que el feminismo, o mejor, la cuestión "de las mujeres" deje de ser allí una práctica subsidiaria, no estamos en esos movimientos para ser el cotillón de lo políticamente correcto", señala.

 

"Debemos generar intercambios discursivos y críticos, que se propongan re-visitar algunas conceptualizaciones, renovar los lenguajes y los debates que tienen lugar en la esfera pública, para contribuir a estirar los límites pensables. Continuemos irracionalizando e inmoralizando todo lo inhumano que hay en este mundo", concluye Zurbrigen.