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Cuba: Adolescentes frente al abuso sexual

Por Dixie Edith

 

Santi Spíritus, Cuba, enero.- ¿Cómo ayudar psicológicamente a adolescentes que han sido víctimas de abuso sexual? Esa pregunta fue hilo conductor de una investigación desarrollada entre 2005 y 2006, en Sancti Spíritus, al centro de Cuba, a la cual tuvo acceso SEMlac.

 

Las sicólogas Nailé Wert y Noemí Coello, ambas con maestrías en sexualidad, y el también psicólogo Félix Rafael Wert Téllez, emprendieron un estudio con 15 adolescentes de entre 10 y 14 años, en busca de claves para diseñar un proyecto de intervención psicológica para víctimas de abuso sexual en esas edades.

 

"Hemos constatado, en nuestra provincia, un mayor reporte de estos casos en los años recientes y nos propusimos diseñar herramientas para poder darles atención", precisó a SEMlac Coello, quien también dirige la Comisión Provincial de Educación Sexual de Sancti Spíritus.

 

Este equipo de investigadores definió el abuso sexual como "cualquier actividad realizada contra un menor por una o más personas de cualquier edad, con el propósito de sentir o imponer placer sexual".

 

El acto puede incluir o no contacto físico, penetración o violencia, emplear la fuerza o cualquier forma de coerción, o aprovecharse de las condiciones de edad, indefensión, desigualdad y poder.

 

Las conductas de abuso implican tanto maltrato físico como psicológico, o ambos, y pueden repercutir en el desarrollo psíquico posterior de la persona menor, afectando su estabilidad emocional y hasta sus relaciones afectivas y sociales, precisa el texto.

 

Datos aportados por la investigación Perfil actual del abuso sexual contra menores de 16 años, publicada en la revista Sexología y Sociedad, en 2004, reflejan que estos delitos sexuales ocurren predominantemente contra menores del sexo femenino.

 

Sin embargo, la mayoría de los expertos en el tema coinciden en que aún es este un fenómeno poco estudiado, del que no se tienen cifras concluyentes, entre otras cosas, porque no siempre es denunciado.

 

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en América Latina solo uno de cada tres casos de abuso sexual es denunciado, y el 80 por ciento de dichas denuncias corresponden a niñas y adolescentes.

 

"El abuso sexual constituye un problema que solo recientemente ha comenzado a ser estudiado, no porque estuviera ausente sino oculto debido a prejuicios y creencias erróneas presentes en nuestra sociedad y perpetuadas por la falta de conocimiento existente al respecto", confirma el estudio del equipo espirituano.

 

Las adolescentes que aceptaron participar en la investigación de Sancti Spíritus acudieron al Centro Provincial de Orientación para Jóvenes, Adolescentes y la Familia (COJAV), previo consentimiento de sus padres o tutores.

 

Todas habían sido objeto de abuso en un período de aproximadamente un año anterior al estudio. El 80 por ciento tenía entre 12 y 14 años, y el 20 por ciento restante, 10 años.

 

Estos resultados coinciden con el ya citado estudio publicado en la revista Sexología y Sociedad, que refiere que las edades de mayor riesgo ante el abuso sexual son las comprendidas entre los 11 y los 15 años.

 

Ahora, la investigación en el centro de la isla también precisó que las adolescentes mayores (entre 12 y 14 años) mostraron mayor resistencia ante el abuso, mientras las más pequeñas, de 10 años, no mostraron resistencia.

 

De las 15 entrevistadas, 12 comunicaron el hecho y tres no hablaron del tema. En dos de estos casos el abuso fue detectado por las madres y en el restante, por un profesional de la salud.

 

Todos lo abusos fueron cometidos por hombres y más de la mitad fueron muy jóvenes, con edades entre los 21 y los 30 años. Cinco de los victimarios utilizaron amenazas (sin violencia física), cuatro se valieron de la confianza y familiaridad, dos emplearon violencia física, dos el engaño y los dos restantes, la sorpresa.

 

En el caso de las adolescentes de entre 12 y 14 años, prevalecieron los casos de coito vaginal. Exhibicionismo y caricias por debajo de la cintura fueron más referidas por niñas de entre 10 y 12 años.

 

En coincidencia con otros resultados de investigación, no solo de Cuba, en el 66 por ciento de los casos se constató que el agresor era una persona cercana a la víctima.

 

En la gran mayoría de los casos, el hecho ocurrió en el entorno cercano a la vivienda de la víctima, sobre todo de las más pequeñas.

 

En busca de un panorama más exacto, que pudiera encaminar el rumbo del buscado proyecto de intervención, el equipo de especialistas entrevistó a las familias y a profesores y maestros de las adolescentes maltratadas.

 

Quizás el resultado más interesante, de la búsqueda en el seno familiar, fue "constatar que existen dificultades en la comunicación entre las adolescentes y sus familias", confirma el texto de la investigación. En la mayoría de los casos se evidencia una mejor comunicación con la figura materna que con la paterna.

 

En general, los familiares refirieron cambios en el comportamiento de las muchachas: tristeza, ansiedad, trastornos del sueño, retraimiento, no solo en la casa sino también en la escuela, y hasta un caso con manifestaciones de ideas suicidas. Estas son consecuencias visibles del abuso.

 

Los padres, además, confesaron que les resultaba muy difícil enfrentar lo sucedido porque se sentían "impotentes", "desorientados", "impactados" y no sabían cómo apoyar a sus hijas.

 

En ese camino, el estudio concluyó que cualquier estrategia de enfrentamiento y tratamiento posterior a menores víctimas de abuso sexual tiene que comenzar por brindarles a los padres información y herramientas para mejorar la comunicación con sus hijas e hijos.

 

En el caso del entorno escolar, las adolescentes refirieron sentirse inferiores, diferentes, con miedo, y preocupadas porque "ahora las demás personas y compañeros no las tratan como antes". Algunas plantearon, incluso, sentirse abiertamente rechazadas.

 

Solo dos de los maestros entrevistados manifestaron prejuicios en torno a lo sucedido con expresiones como "las muchachitas deben cuidarse más" o "en mis tiempos no se usaban las ropas tan corticas"; "a veces tú les dices las cosas por su bien y no te escuchan, es por eso que pasan algunas cosas", lo que demuestra el desconocimiento que poseen en cuanto a las características del abuso y por qué se produce, refiere el estudio.

 

"Es por ello que también consideramos esencial la inclusión del profesor o profesora en la propuesta de intervención psicológica, pues están en capacidad de brindar información sobre la percepción que tienen los padres sobre las víctimas, cómo se relacionan, y también acerca de los cambios de comportamiento en la escuela", detalló Coello.

 

El personal docente entrevistado coincidió en que las adolescentes habían disminuido su rendimiento escolar después del hecho, al igual que la concentración en clases.

 

"Resulta vital el apoyo que reciben las víctimas de sus profesores y profesoras ya que las estudiantes de 10 a 14 años pasan la mayor parte de su tiempo en este ámbito, del cual también deben recibir el apoyo para lograr una intervención y recuperación eficaz", indica el texto.

 

Finalmente, la intervención se diseñó en cuatro etapas: una de determinación de las manifestaciones psicológicas, una educativa y de orientación y una de terapia y evaluación final.

 

La implementación de esa estrategia, en la muestra estudiada, "propició cambios positivos en las manifestaciones psicológicas presentadas por las adolescentes lográndose modificaciones más marcadas en el caso de la baja autoestima, los sentimientos de culpa y el bajo rendimiento escolar", precisó la investigación.

 

"A la par, tras la investigación se sistematizó en nuestro centro un servicio de atención psicológica a los casos de abuso sexual, desde un enfoque preventivo y educativo, ayudando a dotar de conocimientos y habilidades, de forma inmediata, a la adolescente, la familia y la escuela, para conseguir una pronta recuperación", agregó Coello.