Reportajes y noticias de SEMlac

Del 20 al 26 de octubre de 2008

 

 

Comunicación: Reclamos de un periodismo menos machista

Por Lidia Vilalta y Mirta Rodríguez Calderón

 

Barcelona, España, octubre.- Ejecutivos de casi todos los medios periodísticos de Cataluña aceptaron el desafío de intercambiar con periodistas; y tuvieron la honradez de reconocer —mal que bien— que el periodismo que realizan excluye el protagonismo de una parte de la sociedad, representado por grupos poblacionales femeninos y otros desfavorecidos.

 

El encuentro de periodistas jefes con reporteras de la cotidianidad fue la actividad conclusiva del Curso de Género y Comunicación, organizado por la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.

 

En el evento participaron como profesoras, colegas del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe (SEMlac); Comunicación de Información de la Mujer, (CIMAC), de México; AMECO PRESS, de España, y representantes de redes regionales con la coordinación de la Asociación de Mujeres Periodistas Catalanas. El curso se impartió en las regiones de Tarragona, Lérida, Barcelona y Girona, en la segunda semana de octubre.

 

En la cita, sin precedentes en España ni en otros países donde actúa la Red Internacional, se habló de las omisiones, la discriminación y los errores en que se incurre cuando se enfocan o ignoran los protagonismos de las mujeres.

 

Argumentos ya superados por la práctica política —como "que las cosas son así porque así es la sociedad"— y de lo cual no parece haberse enterado la gran mayoría de quienes deciden en la prensa, la televisión y la radio o sitios online formales, fueron rebatidos por periodistas que están en contacto con una realidad cambiante.

 

Las justificaciones de los medios se desplazaron desde introducciones que trataban de explicar actitudes, pero también de reflexionar sobre estos asuntos en los que no suelen pensar; hasta juicios atrasados como la ya superada polémica sobre si la noticia tiene sexo.

 

Finalmente, aceptaron que sí lo tiene, que su tratamiento posee género, que la omisión discrimina, que lo que no se nombra no existe; y que éste es ya el tiempo de asumir una sociedad que cambia, en buena medida, porque se han transformado los protagonismos de las mujeres.

 

¿Por qué los medios continúan reproduciendo modelos patriarcales? fue el epígrafe para las dos mesas redondas entre periodistas y comunicadoras de gabinetes y ONG con las subdirecciones de prensa, radio y televisión de Cataluña.

 

"Las mujeres estamos contribuyendo al desarrollo del mundo, pero también sufrimos sus desgracias y, por tanto, se debe informar de lo que le pasa a ese 52 por ciento de la humanidad", señaló la profesora Sara Lovera, corresponsal de SEMlac en México, al abrir la primera mesa, moderada por la presidenta de la Red de Mujeres Periodistas Catalanas, Montserrat Minobis.

 

Lovera resumió lo ocurrido en el curso en una única demanda: "eliminar los contenidos sexistas y discriminatorios en la información, que es lo que fomenta lo que más miedo nos da: la violencia".

 

No sólo leyes y decretos, sino un cambio de paradigmas

Marta Selva, presidenta del Instituto Catalán de las Mujeres, entidad que coauspició el encuentro, insistió en que los cambios no deben hacerse sólo por la vía de leyes y decretos, sino que hay que pensar y actuar hacia un cambio de paradigma para conseguir una vida sostenible entre hombres y mujeres.

 

Por consiguiente, tenemos que dar paso a esos "cambios con nuevos instrumentos para gestionar la necesaria transformación, porque nos llevará a una sociedad más rica y completa", subrayó.

 

Elisa Omedes, coordinadora del proyecto de Libro de Estilo de Catalunya Ràdio, reconoció que "los medios reproducimos los modelos patriarcales de la misma manera que lo hacen las escuelas y la sociedad". Omedes expresó que no se plantean temas de género en las redacciones, porque todavía cae mal el feminismo.

 

El foro lo abrió el periodista Enric Frigola, en representación del decano del Colegio de Periodistas. Gonzalo Mazcuñan, presidente ejecutivo de Regió7, un diario que refleja la vida de las comarcas, intentó armar una polémica, sin lograrlo, debido a la endeblez de sus argumentos.

 

Más incisivo fue el director adjunto del diario Avui, Toni Cruanyes, quien se refirió al cambio generacional en las redacciones, con mayor presencia femenina en secciones poco comunes hasta ahora, como Economía, Política y Deportes, pero alertó sobre la misoginia que continúa existiendo en las reuniones de redacción, donde se deciden los contenidos y en las que no participan mujeres.

 

Para Cruanyes, deben solicitarse mejores salarios para ellas. Entre otros aspectos, señaló que las lesbianas están más discriminadas que los homosexuales varones y que deberían eliminarse los anuncios de prostitución.

 

Miquel Molina, subdirector de La Vanguardia, se mostró pesimista al indicar que las mujeres llegan al poder a cuenta gotas y acaban "contaminadas" por el entorno al que ellas se incorporan, porque su llegada provoca "posiciones de autodefensa" de los privilegios adquiridos.

 

Subrayó una verdad de España y otros países: los medios fueron los primeros en plantearse cómo debían enfrentar el tratamiento de la violencia de género.

 

El subdirector y responsable del Libro de estilo de El Periódico de Catalunya, Joan Busquet, se refirió a que la utilización de dobles palabras atenta contra la economía lingüística. El sexismo es cosa de los humanos y no del lenguaje, sostuvo. Pero sus afirmaciones no generaron consensos en la sala.

 

Ferrán Espada, director Adjunto de la edición barcelonesa de El Punt, destacó que "la sola presencia de mujeres no es suficiente para garantizar un cambio de modelo".

 

Cerró esa ronda Esther Fernández, responsable de Análisis de público e incidencia social de TV3, quien expresó que "los modelos patriarcales los reproducimos porque existen y las capas que aún quedan son las más profundas y resistentes", dijo.

 

Ejemplificó con el relato masculinizado que hacen los medios de la actual crisis económica, al no tomar en cuenta las vivencias de las mujeres y cómo las afecta en España, donde ellas son las mayores portadoras de hipotecas.

 

Los antídotos, sin embargo, son hacer periodismo de buena calidad y eso lo podemos hacer en los informativos. Pero no en los programas de "tele-basura", sostuvo.

 

El debate cara a cara

Para la periodista caribeña Mirta Rodríguez Calderón, promover la equidad de géneros es una necesidad de la democracia. Así lo planteó en los debates: "Las noticias tienen sexo y género. Cuando hay omisiones, hay discriminación", insistió.

 

La colombiana Ángela Castellanos, corresponsal de SEMlac en Bogotá, resaltó la invisibilidad de las mujeres en los medios de comunicación del mundo, tal como ha demostrado el estudio Monitoreo Mundial realizado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), cuyo informe concluye que las mujeres rara vez son protagonistas de las noticias, salvo en temas de violencia y farándula.

 

Castellanos afirmó que no basta con que las mujeres lleguen a cargos de responsabilidad en los medios, sino que se precisa de conciencia de género en quienes ocupen esos puestos.

 

La mexicana Sara Lovera recalcó que reclamar perspectiva de género a los medios no quiere decir que se hable de las mujeres. "Nosotras hemos entrado en el espacio público, pero los hombres no lo han hecho en el doméstico".

 

La también mexicana Soledad Jarquín reivindicó que las mujeres queremos estar en el espacio público; se regocijó porque se estaba evidenciando el papel fundamental que tienen los medios de comunicación y la necesidad de cambiar las cosas. Insistió en que el lenguaje es una parte fundamental para conseguir esos cambios.

 

Cristina Fraga, representante de Ameco, la única Agencia de Género del Estado español, agradeció lo asertiva que fue la mesa, pero afirmó que para conseguir la igualdad hay que llegar primero a los puestos de decisión.

 

Habló de las "condicionantes insoportables" que sufren las mujeres si tienen puestos de poder y expuso como ejemplo el número de hijos que tenían los hombres ministros (25 en total) y las mujeres ministras (apenas cinco), en el primer gobierno paritario del Estado Español.

 

La periodista Carme Freixa resaltó que algunas expertas ni siquiera son invitadas a los programas, "por miedo a lo que podrían decir". En tanto, Maricel Chavarría, de La Vanguardia, consideró que el masculino genérico no es economía del lenguaje, sino una práctica discriminatoria. "No sé si hay cinismo, pero no hay reflexión", añadió. Y acabó indicando que "estamos en un momento bisagra que debemos aprovechar para no volver atrás".

 

El blog de los talleres impartidos en Cataluña es: http://tgenereicomunicacio.blogspot.com

 

 

Cuba: Tradición y estereotipos en el camino de la violencia

Por Sara Más

 

La Habana, octubre.- La fuerza de la tradición, historias familiares mezcladas con maltrato y los estereotipos sexistas parecen estar detrás de no pocas conductas de los hombres que actúan violentamente contra las mujeres, según indican varios estudios parciales y la práctica cotidiana en esta nación caribeña.

 

Especialistas y expertos sostienen que todo acto de violencia implica una relación de dominio y subordinación, basada en un desequilibrio de poder. La que se ejerce contra las mujeres, también llamada violencia de género, "está ligada al poder masculino a escala social, en virtud del patriarcado como sistema de dominación", asegura Clotilde Proveyer, profesora de la Universidad de La Habana.

 

"La cultura patriarcal, como construcción social del patriarcado, continúa marcando de manera desigual e inequitativa las relaciones entre los géneros, lo que determina, en esencia, que perviva la dominación masculina a escala social", asegura Proveyer en su artículo "Nombrar lo innombrable: la violencia sutil en la relaciones de pareja".

 

Aunque no hay estadísticas precisas en el país sobre este problema, que tiende a ocultarse y es difícil de reconocer, algunas investigaciones apuntan a la existencia de todas las formas de violencia, con predominio de la psicológica y emocional, ejercida fundamentalmente contra las mujeres y las niñas.

 

No obstante, los actos más crudos y sus consecuencias pueden llegar a ser fatales. Un estudio que analizó todos los casos ingresados al Instituto de Medicina Legal entre 1990 y 1995, con muerte de etiología homicida del sexo femenino, comprobó que, del total de fallecidas en Ciudad de La Habana, la capital del país, 45 por ciento murió a manos de su pareja y 52 por ciento de esos homicidios ocurrió en el hogar de la víctima.

 

Datos sistematizados por el Grupo Nacional para la Prevención y Atención de la Violencia Familiar, que coordina la Federación de Mujeres Cubanas desde su creación, en 1997, indican una diferencia notable entre mujeres y hombres, en perjuicio de las primeras.

 

Ellas son la cuarta parte de las víctimas y sólo la novena parte de los agresores. Proporcionalmente, por cada hombre ultimado violentamente por su pareja, tres mujeres sufren la misma muerte.

 

Aunque todavía el de los maltratadores sigue siendo un tema pendiente, que requiere de atención, estudios y programas específicos, en los últimos años ha crecido el interés académico por acercarse y profundizar en sus conductas violentas.

 

Entre otros rasgos, esas indagaciones han comprobado que los victimarios estudiados no se distinguen esencialmente del resto de los varones, ni presentan alguna patología o perfil particular que los haga proclives al ejercicio del maltrato, aunque en todos se manifiestan características comunes a la hora de ejercer la violencia contra la mujer.

 

La mayoría creció y se formó en medios familiares violentos, en los cuales fueron agredidos o testigos de la violencia ejercidas sobre sus madres. Además, se educaron bajo patrones y pautas sexistas vigentes en la familia, la escuela y los grupos de amistades.

 

Según las investigaciones, la construcción de su identidad estuvo marcada por la aprehensión de significados culturales que exaltan la violencia como medio eficaz para dirimir los conflictos.

 

Romper esos modelos sigue siendo, para algunas personas y especialistas, una clave que podría abrir nuevos horizontes para prevenir la violencia, pero el cambio todavía parece estar en fase de tránsito.

 

"Es difícil, porque una es la idea que yo tengo y otra diferente la que impera en la casa y en la calle, sobre todo entre los propios varones", comenta a SEMlac Judith Almaguer, de 36 años, residente en la capital cubana.

 

Divorciada y madre de un varón de cuatro años de edad, Almaguer ha regresado, ahora con su pequeño, a vivir al hogar de sus padres. "Me la paso disgustada con mi papá, porque quiere educar a mi hijo a la vieja usanza", se queja.

 

Al final, ella termina siempre acusada por su padre y sus hermanos, que la culpan de que su hijo "va a terminar 'mariquita' (homosexual)".

 

Las acusaciones provienen de que Judith le enseña al niño a amar la naturaleza, a ser galante con las niñas y a expresar sus sentimientos. También a no jugar de manos con sus amigos. "Le explico que no le haga a los demás lo que a él tampoco le gusta; que aprenda a respetar para que lo respeten, sencillamente", relata a SEMlac.

 

"El abuelo y los tíos, en cambio, le dicen que tiene que ser fuerte y no dejarse mangonear por nadie; que aprenda a ser hombre desde chiquito, que los varones no lloran ni se andan con "tanta blandenguería" (flojera); que si alguien le pega, le dé también; que aprenda a defenderse desde chiquito, a hacerse 'hombrecito'…", añade.

 

La masculinidad hegemónica, entendida como la del hombre blanco, heterosexual, fuerte, infalible, experto sexual, rudo, valiente y siempre dispuesto a demostrar su competencia, ha sido identificada también como una condicionante de la violencia y un obstáculo en su prevención.

 

"Como se nos construye socialmente para rivalizar, los hombres se deben cuidar de no tener puntos débiles. Esta rivalidad, que se nos enseña desde que somos niños, forma parte de los estereotipos existentes sobre la masculinidad y es una cualidad indispensable que debe existir entre los "verdaderos machos", sostiene el historiador Julio César González Pagés, coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades.

 

Partidario de que los hombres asuman un papel activo en la lucha por acabar con la violencia basada en el género, González Pagés insiste, en sus conferencias y artículos, en desmontar los mitos de la masculinidad que sostienen y condicionan comportamientos violentos.

 

"Los hombres rivalizamos en diferentes campos y de diferentes formas: en el estudio, en el trabajo, en el vecindario, en los deportes, debatiendo algún tema, con nuestros amigos, familiares y con los integrantes de cualquier grupo social al que pertenezcamos. Siempre estamos a la defensiva. Nunca descansamos", aseguran González Pagés y Carlos Ernesto Rodríguez Etcheverry en el artículo "Si le pegó fue por algo. Estereotipos de violencia masculina".

 

Entre las creencias citadas por los especialistas están aquellas de que la masculinidad es el repudio implacable de lo femenino, los hombres deben llevar las riendas en sus relaciones con las mujeres, que no lloran ni expresan sus emociones, y tienen que demostrar todo el tiempo, a todos y todas, que son hombres.

 

Entonces, por ese camino, "la agresión física o verbal se torna cualidad indispensable de hombría y poder masculino", sostienen.

 

 

Perú: Lesbianas se rebelan contra discriminación

Por Julia Vicuña Yacarine

 

Lima, octubre.- Venciendo el miedo, el dolor y el estigma, lesbianas peruanas exigieron públicamente que se garanticen sus derechos a la dignidad, igualdad, inclusión y no discriminación, con motivo de celebrarse, el 13 de octubre, Día de las Rebeldías Lesbianas Feministas de Latinoamérica y el Caribe.

 

Sus demandas las hicieron llegar directamente, mediante cartas, a las ministras de la Mujer y Desarrollo Humano y a la de Justicia; al presidente del Consejo de Ministros, a la Defensora del Pueblo, al presidente del Congreso de la República, a la presidenta de la Comisión de la Mujer y a la de la Mesa de Mujeres Parlamentarias.

 

Entre los reclamos presentados a las autoridades del Estado peruano por Kolectiva Rebeldías Lésbicas (KRL), red que agrupa a varias organizaciones de lesbianas, está que se garantice el derecho de ellas a vivir en libertad, que supone el libre desarrollo de la personalidad, identidad e integridad física, psicológica y moral.

 

También piden no ser sometidas, sin libre consentimiento, a tratamientos médicos o científicos para modificar la orientación sexual, reconocimiento a las parejas lésbicas para recibir beneficios de la seguridad social y el derecho de las lesbianas y sus parejas a acceder a los programas de vivienda del Estado.

 

Exigen el reconocimiento constitucional y civil de los diferentes tipos de familia y uniones afectivas que existen en la sociedad y se garantice el derecho a expresar afecto públicamente sin coacción ni sanción alguna.

 

Igualmente, demandan que se asegure su derecho a no ser maltratadas física ni psicológicamente, ni a ser expulsadas del sistema educativo por su orientación sexual.

 

Al Ministerio de la Mujer, KRL le reclama la incorporación de campañas públicas contra el estigma, el odio y la discriminación hacia las lesbianas en los Planes de Igualdad de Oportunidades y en la elaboración del nuevo Plan Nacional de Violencia contra las Mujeres, y solicita se convoque a las organizaciones de lesbianas para incidir en el mismo.

 

A las autoridades judiciales, la organización demanda la protección efectiva de las lesbianas y la debida celeridad en el trámite de sus denuncias por el delito de discriminación por orientación sexual. En la carta enviada a la Ministra de Justicia, Rosario Fernández, también piden que se les informe sobre las acciones tomadas por el sector para implementar el Plan Nacional de Derechos Humanos.

 

Otra de las demandas de KRL es la incorporación en el currículo escolar de la enseñanza de los derechos humanos, la no discriminación por orientación sexual e identidad de género, dos aspectos que generan el rechazo de quienes consideran que los infantes no están preparados para diferenciarlos con propiedad.

 

"No se les enseña a los niños que existe diversidad sexual. Sin embargo, les mostramos, sin restricción alguna, fuertes escenas de violencia en la televisión", señaló Gissy Cedamanos, miembro de KRL.

 

Afirmó que hay escuelas donde las jóvenes son expulsadas por su orientación. "En algunos nosocomios tampoco se nos quiere atender, y tenemos casos de mujeres chantajeadas o expulsadas de sus centros laborales por manifestar una elección sexual", agregó.

 

Carlos Landeo, secretario ejecutivo adjunto de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, quien acompañó a las líderes de KRL en la conferencia de prensa donde presentaron sus demandas, resaltó la contradicción que existe entre la igualdad para peruanos y peruanas que proclama la Constitución, y el Plan Nacional de Derechos Humanos.

 

"No existe amplitud de criterio ni amplitud normativa cuando las personas no suscriben paradigmas supuestamente únicos, hay alternativas y formas de vida que no pueden ser dejadas de lado por esta arbitrariedad", dijo Landeo.

 

Luego de la conferencia, las integrantes de KRL se dirigieron a una concurrida zona de la capital peruana donde realizaron un plantón y repartieron volantes para informar a la ciudadanía de sus reclamos.

 

El Día de las Rebeldías Lesbianas Feministas de Latinoamérica y el Caribe se celebra desde el año pasado, por un acuerdo del VII Encuentro Lésbico Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se realizó del 7 al 11 de febrero de 2007 en Chile.

 

 

Argentina: El valor histórico de Juana Azurduy

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, octubre.- La otra historia, aquella que pocos conocen, empieza a golpear las puertas de la memoria para instalarse en la sociedad, gracias a un proyecto de ley impulsado por la diputada Cecilia Merchan. Este intenta que el billete de 100 pesos (el de más valor en la moneda argentina) lleve el rostro de la coronela Juana Azurduy, en lugar de la imagen del militar y político Julio Argentino Roca.

 

"Los símbolos, y principalmente los símbolos históricos, son una guía para nuevas generaciones y una valorización social de sus hechos en vida y como aporte para la construcción de nuestra Nación", manifiesta la ordenanza elevada a los diputados.

 

"Es totalmente usual —sigue la fundamentación— el intercambio de billetes en el día a día de la población, entonces ¿qué mejor ocasión para marcar en este escenario una paridad que venimos buscando las mujeres desde antaño?", se dice en el documento.

 

Tras este objetivo, la legisladora Merchan impulsó una campaña en la ciudadanía para obtener la cantidad de firmas necesarias a fin de elevar un petitorio solicitando que la idea se convierta en ley.

 

Sin embargo, pocos saben quién era Juana, y la mayoría conoce a Julio Argentino Roca. Este hombre es el estereotipo de prócer venerado en las escuelas: desempeñó la presidencia desde 1880 hasta 1886 y se lo recuerda como "el conquistador del desierto" por haber iniciado una cruzada para apropiase de las tierras habitadas por los indígenas.

 

En ese afán, puso en marcha un plan de eliminación y sometimiento de los aborígenes al imperio dominante. Por esta razón, para muchos este hecho de la historia es recordado como un gran genocidio.

 

Juana Azurduy (1780-1862), en cambio, fue una lideresa de origen boliviano-argentina que participó en las luchas por la emancipación latinoamericana, donde alcanzó el título de coronela. Era una mujer ilustrada y acompañó a su marido, Manuel Padilla, en la guerra contra las tropas españolas. Logró que a esa gesta la acompañasen no sólo 6.000 indios, sino también muchas mujeres.

 

Luego de la muerte de Padilla, en 1816, la coronela Azurduy intentó reorganizar las tropas, pero había perdido gran parte del apoyo de parte de las fuerzas anti-realistas.

 

"La sociedad recibió la campaña con aceptación, por eso hemos conseguido las firmas que necesitábamos. Sin embargo, hubo quienes expresaron sus voces en contra de nuestro proyecto, defendiendo a Julio Argentino Roca y el modelo de país que gestó", relata a SEMlac Grisel Tarsia, concejala del partido bonaerense de Esteba Echeverría.

 

"Creemos que la historia tiene muchas mujeres que sobresalieron y hemos elegido la figura de Juana Azurduy por su gran valor simbólico", puntualizó la concejala. "Hoy más que nunca, los pueblos de Latinoamérica siguen el camino que los dirige a cumplir el sueño de la patria grande", precisó.

 

 

Explotación infantil: Una ruta para declarar región libre de trabajo infantil

Por Alba Trejo

 

Guatemala, octubre.- Guatemala es el país de Centroamérica con la población más grande de niñas y niños ocupados laboralmente, donde se comienza a trabajar desde los cinco años de edad. En tales condiciones, la niñez trabajadora es mal pagada o no tiene salario; pero, sobre todo, recibe malos tratos por parte de sus empleadores.

 

Acabar con el trabajo infantil en Guatemala y el resto de los países de la región, Panamá y República Dominicana, es una de las prioridades de los gobiernos de estas naciones, que se han unido para desarrollar la denominada Ruta para hacer de esta área una zona libre de trabajo infantil.

 

Actualmente hay 2,5 millones de niñas, niños y adolescentes trabajadores en Centroamérica, Panamá y República Dominicana, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La gran mayoría de esos empleos son considerados las peores formas de trabajo infantil.

 

La hoja de ruta marcará el camino para cumplir las metas establecidas en la Agenda Hemisférica de la OIT 2006-2015 para generar Trabajo Decente en las Américas, y así eliminar las peores formas de trabajo infantil para 2015 y el trabajo infantil en su totalidad en 2020.

 

La situación laboral infantil en Guatemala preocupa porque vulnera los derechos de la infancia, expresa Nery Rodenas, de la Oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG).

 

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, aquí se emplea por lo menos a 528.000 niños y niñas entre siete y 14 años, y el número aumenta a un millón 33.000 menores si se suma la población empleada entre los 14 y 18 años.

 

Karina Javier, consultora nacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), indica que, como en el resto del mundo, la actividad que más involucra a esa población infantil guatemalteca en el mercado laboral es la agrícola, que concentra a buena parte de la niñez rural en la cosecha de café, corte de caña, siembra y corte de brócoli, entre otros.

 

Esa misma situación también afecta a la infancia salvadoreña, que tiene a 300.000 niñas y niños trabajando, según el Ministerio de Trabajo y Previsión Social. La gran mayoría está empleada en el corte de caña, recolección de moluscos en los bosques salados, recolectores de basura y pirotecnia.

 

Marvin Rabanales, de la ODHAG, señala que el trabajo agrícola utiliza al menos a 74 por ciento de niñas y niños, y es uno de los que más vulnera su derecho a educarse.

 

La niñez a la que se refiere Rabanales no concluye siquiera el primer grado escolar. Ya en una ocasión la ministra de Educación, Ana de Molina, señaló que del millón de niñas y niños que no acude a una escuela, 31 por ciento lo hace por trabajo.

 

La pobreza, sin embargo, parece ganar el pulso a quienes buscan erradicar el trabajo infantil en Guatemala, ya que de los 14 millones de habitantes que viven en el país, seis millones son pobres y un millón vive en extrema pobreza, destaca la encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2006.

 

Más de la mitad de la niñez trabajadora habita en esos hogares, donde las familias están conformadas por ocho miembros y sólo poseen un dólar al día para comer, vestir y movilizarse.

 

De ahí que el documento "La niñez Guatemalteca en Cifras", de UNICEF, destaque en su última edición que las niñas son contratadas por 50 dólares al mes para trabajar 60 horas a la semana por lavar, planchar, cocinar, limpiar y cuidar niños, cuando el tiempo de laborales de un adulto es de 47 horas semanales.

 

En 2000 la Oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado reportó 93.000 niñas, entre los 10 y 14 años edad, en esa situación.

 

Para la OIT, la explotación laboral infantil viene desde la familia y la comunidad. Se da generacionalmente y existe resistencia socio-cultural para su erradicación, como ocurre en el área rural, donde la niñez debe contribuir al sostenimiento del hogar y tiene que emigrar a los cortes de café.

 

De ahí que para ese organismo internacional, proyectos como "Mi Familia Progresa", propuesto por el gobierno, resulte esperanzador. Este programa se basa en transferencias de 20 y 50 dólares mensuales a las familias, a cambio de enviar a sus hijos a la escuela, lo cual se desarrollará en los sitios más pobres.