Reportajes y noticias de SEMlac

Del 8 al 14 de septiembre de 2008

 

 

Bolivia: Adolescentes no usan condón

Por Liliana Aguirre F.

 

La Paz, septiembre.- La mayoría de los adolescentes conocen la existencia del condón y sus funciones para evitar embarazos no deseados y protegerse de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y el VIH-sida; sin embargo, se muestran reacios a usarlo durante las relaciones sexuales, por una serie de mitos y tabúes.

 

"Si se usa condón, la pareja piensa que uno es infiel" o "El condón hace que pierda la confianza en la intimidad", son algunos de los mitos por los cuales se guían los adolescentes para rechazar el uso del preservativo.

 

Esta información fue debatida en un encuentro entre los miembros del Consejo Municipal de la Juventud de la ciudad boliviana de La Paz, con el apoyo del Fondo de la Población de las Naciones Unidas.

 

El objetivo del evento fue abordar la temática de embarazo no planificado entre adolescentes y se concluyó de que 90 por ciento de éstos conocen de la existencia del condón y sus funciones de protección, además de otros métodos anticonceptivos, pero no lo utilizan, lo que da por resultado embarazos no deseados y transmisión de ITS y VIH-sida.

 

La encuesta nacional de demografía y salud revela que una de cada cinco embarazadas en Bolivia tiene entre 15 y 19 años de edad. Además, del total, 70 por ciento experimenta una gestación no deseada.

 

Tabúes y riesgos

SEMlac quiso conocer las opiniones de un grupo de adolescentes con respecto a esta problemática:

 

"Cuando comencé a tener relaciones con mis parejas, no nos cuidábamos, porque yo opino que no se siente igual y hay menos placer", comenta Olivia, de 19 años y madre desde los 15 años. No obstante, consultada sobre ITS y el VIH-sida, asegura que sí sabe de su existencia, pero no las toma en cuenta.

 

Por otro lado, Roberta, de 14 años, explica que ella aún no ha sostenido relaciones sexuales, pero cuando lo haga sabe muy bien que el condón es fundamental, aunque no descarta la tentación de no utilizarlo.

 

"Me gustaría tener mi primera experiencia sexual sin usar condones, aunque sé que puedo enfermarme y hasta morir, pero me queda la idea de que, si mi primera vez es con alguien indicado, creo que no me cuidaría", dice.

 

Carlos tiene un año más que Roberta. Cuenta que ya ha despertado su sexualidad y ahora tiene una novia con quien comparte su intimidad. "Tengo relaciones sexuales hace un año y unos meses y no usamos protección porque sabemos que, si estamos juntos sin nadie más, no pasa nada", dice este joven, para quien "el condón le quita intimidad y arruina los romances".

 

Sin embargo, la seguridad de muchas adolescentes de no contraer ITS o VIH-sida se basa en el uso del preservativo, tal como recomienda la pedagoga Lucía López, quien ha trabajado en la enseñanza de métodos anticonceptivos y prevención de enfermedades sexuales en escuelas secundarias.

 

"Los jóvenes han disminuido su percepción de riesgo frente al VIH-sida, aunque se mantiene el del embarazo; de todas formas, la percepción de riesgo es reducida. Únicamente utilizan el condón en relaciones esporádicas, pero existe la idea general de que es un freno a la espontaneidad y conlleva la ausencia de placer", explica López.

 

Además, añade que normalmente los jóvenes sienten vergüenza a la hora de buscarlos (ya sean comprados o facilitados en algún centro). "Entre la vergüenza y las percepciones de freno a la espontaneidad, muchas relaciones esporádicas se llevan a cabo sin preservativo y el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual o tener un embarazo no deseado, persiste".

 

Género y condones

María, de 17 años, expone a SEMlac sus criterios acerca del preservativo y explica que, usualmente, quien decide su uso es el chico y no la chica.

 

"Cuando se tienen relaciones, los hombres son quienes llevan las riendas del uso del condón, las chicas no tanto porque el que compra de (EN) la farmacia o los tiene en la billetera es él", comenta. Según ella, una muchacha no los puede portar libremente porque la gente la tacharía de fácil o, peor aún, de mujerzuela.

 

"Las chicas buscamos las formas de no embarazarnos, pero es más complicado porque yo no me atrevo a comprar o llevar condones por temor a que me llamen mujerzuela", reafirma.

 

Al respecto, Lucía López indica a SEMlac que el tema de género es fundamental, ya que la percepción del condón entre los jóvenes es diversa y va más allá de su uso como herramienta de prevención.

 

"Entre los chicos, puede ser un símbolo de hombría llevar condones en la cartera y, sin embargo, con las chicas existe el miedo de que las vean como fáciles, o demasiado preparadas para las relaciones sexuales. Si pudiéramos hacer una prueba a chicas y chicos acerca de cómo se utiliza el preservativo, probablemente muchas no sabrían colocarlo bien, lo que implica que ellas dejan en manos masculinas esa responsabilidad".

 

No obstante, si la sociedad y las familias no rompen tabúes y aclaran la situación a los y las adolescentes, la vulnerabilidad de éstos se acrecienta cada vez más, ya que el VIH-sida y las ETS no discriminan. Cualquier humano puede ser infectado.

 

 

Derechos Sexuales y Reproductivos: Indígenas y feministas en diálogo

Por Julia Vicuña Yacarine

 

Lima, septiembre.- Para fortalecer confianzas mutuas, continuar con la reflexión y establecer compromisos en el marco de la Campaña por la Convención Interamericana de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, se reunieron en Lima dirigentes feministas y líderes indígenas de Latinoamérica.

 

El II Diálogo entre representantes de los movimientos indígena y feminista se realizó como parte del proceso Arma tu Convención y se inscribe, esencialmente, en el propósito de ampliar las alianzas hacia otros grupos sociales, afirmó a SEMlac Cecilia Olea, co-coordinadora de la Campaña por la Convención Interamericana de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos.

 

Olea señaló que durante el I Diálogo, que se realizó el año pasado, se estableció un primer contacto en el cual se manifestaron las mutuas percepciones que cada movimiento tenía del otro. "Las hermanas indígenas expusieron los avances y las dificultades para trabajar el tema y acordamos realizar un segundo diálogo", rememoró.

 

Este año, tras una ceremonia de buenas energías, reflexionaron sobre algunas tensiones entre la visión de derechos desde los movimientos feministas y desde los pueblos indígenas.

 

"Siento que es uno de los pocos espacios al cual he sido convocada como mujer indígena y, en especial, para hablar sobre los derechos sexuales y reproductivos, declaró a SEMlac Ramona Elizabeth Pérez Romero, integrante del Consejo del Pueblo Mam de Quetzaltenango, de la región occidente de Guatemala.

 

Aseguró que, durante los tres días que duró el encuentro, descubrió que los problemas que afectan a las mujeres indígenas de Guatemala son similares a los que enfrentan las de otros países.

 

Al referirse a la Convención Interamericana de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, la líder autóctona Mam explicó que introducir ese tema en su comunidad será todo un reto, porque "sigue siendo un tabú en las comunidades, pero tenemos que analizar cómo romper ese silencio y abordarlo sin ninguna limitante".

 

Por su parte, Elvira Guillén, representante del pueblo cuna de Panamá, consideró muy interesante este diálogo con feministas y otras líderes indígenas. "Es un asunto muy delicado, conflictivo o difícil de entender. La filosofía de los pueblos indígenas, su espiritualidad o si hablamos de su simbología, son asexuales. Quizás el manejo es diferente", opinó.

 

Una de las preocupaciones de Guillén es el incremento de las enfermedades de transmisión sexual, especialmente VIH-sida, en las jóvenes de su comarca, por falta de información o su manejo inadecuado.

 

"Nos hace falta reflexionar sobre la importancia de retomar nuestra salud, si queremos hablar de equilibrio de nuestras sociedades", puntualizó.

 

Juana Huaiquilao, del Consejo de Todas las Tierras de Chile, declaró a SEMlac que la Convención interamericana por los derechos sexuales y reproductivos ha sido un tema nuevo para su organización y que es difícil tratarlo en las comunidades.

 

Explicó que las mujeres mapuche no están acostumbradas a hablar de manera abierta de su sexualidad, pese a que tienen bailes y cantos muy eróticos. "Nosotras, las mujeres, somos muy respetuosas, cuidadosas con nuestro cuerpo, es algo muy íntimo y llegar con algo nuevo es chocante. Pero participamos de este diálogo para hacer alianzas, para conversar sobre qué podemos hacer para revertir la situación", dijo.

 

En el caso de la comunidad de Tiahuanaco, de La Paz, Bolivia, María Eugenia Choque Quispe, indígena aymara, advirtió que los derechos sexuales y reproductivos no han estado en la agenda de las mujeres indígenas bolivianas.

 

"Este asunto ha estado manejado por instituciones feministas. Para las organizaciones indígenas, los temas prioritarios, por la coyuntura actual, han sido tierra y territorio, tierras comunitarias, asamblea constituyente. Por esa razón no han sido tratados", afirmó.

 

Mientras, para Margarita Antonio, del pueblo miskito de Nicaragua, el segundo diálogo entre líderes indígenas y feministas fue un espacio de intercambio, para "presentarnos, reconocernos, poner puntos en común alrededor de los derechos sexuales y reproductivos".

 

Por su parte, la feminista Leticia Cuevas, de Equidad de género, ciudadanía, trabajo y familia de México, dijo a SEMlac que su balance del segundo diálogo es muy bueno, porque les ha permitido conocer en qué se está trabajando. "Creo que hay más asuntos de confluencia que divergencias", comentó.

 

"Me ha llamado mucho la atención la similitud que tenemos y eso lo habíamos notado en el trabajo en México. La idea que se tiene de que el movimiento feminista maneja asuntos completamente ajenos a las luchas del movimiento indígena no es del todo cierto. Coincidimos en la lucha por la justicia, en que queremos un bienestar que implica salud, educación, vivienda, trabajo", reveló.

 

La posible divergencia entre los movimientos feminista e indígena, señaló Cuevas, es que "manejamos los derechos sexuales y reproductivos como derechos individuales, la apropiación del cuerpo, y que somos nosotras las mujeres, en lo individual, quienes decidimos cómo, cuándo, dónde y el ejercicio mismo de nuestra sexualidad".

 

Mientras el movimiento indígena tiene el derecho colectivo por encima del individual, "quizás es ahí donde tengamos que dialogar un poco más para ver que, en nombre de los derechos colectivos, no se violenten los derechos individuales, o viceversa, que en nombre de los derechos individuales se vulneren los colectivos. Es todo un tema y nos falta debatir un poco más", explicó.

 

 

Cuba: Serie sobre pubertad en la televisión

Por Dixie Edith

 

La Habana, septiembre.- Pubertad, una serie de dibujos animados que comenzó a transmitir la televisión cubana, tratará de llegar a un amplio sector de la población, ávido de información sobre cuestiones clave de la vida y la sexualidad, en tan importante etapa de la vida.

 

Entre sus propósitos está "dignificar la adolescencia", según Mariela Castro Espín, directora del Centro de Educación Sexual (CENESEX) y una de las guionistas de la entrega audiovisual.

 

Con el capítulo Están pasando cosas raras, comenzó la primera temporada de la serie, realizada en los Estudios de Animación del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC), con el objetivo de ayudar a los púberes a entender con naturalidad los cambios psíquicos, sociales y hormonales que ocurren en esa etapa de sus vidas.

 

Queremos "derrumbar estereotipos como los que definen esa etapa como la edad de la bobería", precisó en conferencia de prensa Castro Espín, autora del libro ¿Qué nos pasa en la pubertad?, que sirvió de base para el guión que la sexóloga comparte con Wilbert Noguel.

 

Descrita por especialistas como la edad de los cambios bruscos y las reacciones difíciles, en la adolescencia comienzan a perfilarse conductas y valores y se establecen las bases para el desarrollo de la personalidad.

 

"Este es un período muy importante, que requiere mucha atención y donde los muchachos y muchachas se hacen preguntas y necesitan que se les responda con la importancia que corresponde", indicó Castro.

 

Justamente el libro ¿Qué nos pasa en la pubertad?, base del guión, tuvo en cuenta las preguntas que hicieron púberes de diferentes provincias del país durante una investigación cualitativa emprendida por el CENESEX en la década del noventa del siglo pasado.

 

Más de una investigación en la isla ha valorado que los medios de comunicación carecen de suficientes espacios dirigidos al público adolescente, que transita por una etapa de la vida donde, además, se inician las relaciones sexuales y se establecen las bases para una sexualidad responsable.

 

Varias novedades distinguen esta propuesta: el formato en dibujos animados y un proceso de realización en el participaron activamente, opinando y proponiendo cambios, púberes de la compañía de teatro infantil "La Colmenita", que luego pusieron sus voces a los personajes animados.

 

Además, la aceptación de la serie será evaluada, posteriormente, con la colaboración del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), con vistas a una campaña educativa dirigida a ese sector poblacional en el mundo, para el cual escasean proyectos educativos.

 

Para la serie de dibujos animados, sin embargo, los realizadores desestimaron una intención didáctica a ultranza.

 

"Cada uno de los capítulos se centra en un personaje protagónico y la relación con su cuerpo, con sus padres y con el grupo, factor determinante en la vida de los púberes", señaló Castro.

 

Pero nos gustaría que cada capítulo se recibiera como una historia y no como una clase, precisó el director de la serie, Ernesto Piña.

 

Los realizadores aspiran a que la serie también lleve un mensaje a los padres y a la sociedad en general, "que tienden a descalificar a los jóvenes de esas edades".

 

"Es un programa para la juventud, pero también para los adultos, con el cual, de manera amena, se pretende informar a los adolescentes sobre los problemas y cambios que se sufren durante la pubertad y desterrar estereotipos establecidos por medios de comunicación", señaló Castro.

 

 

Cuba: Aprender a vivir con VIH

Por Sara Más

 

Cárdenas, agosto.- Más breve o más extenso, el camino que se inicia cuando el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH, causante del sida) llega a la vida de una persona es un arduo pasaje que se transita personalmente, con dolores y vacíos, pero al final un aprendizaje que también es parte de la vida.

 

De la mala noticia a la aceptación va un gran trecho. Sortearlo, enfrentarlo, transitarlo, dominarlo y crecer como ser humano sigue siendo el reto mayor para millones de personas, diariamente, en el mundo.

 

Tomasa Rodríguez es una de ellas. Tiene 46 años, habla de sí y de su familia con tranquilidad y transmite deseos de vivir en cada gesto y palabra, en cada historia que relata.

 

De mediana estatura, complexión robusta y pelo lacio, esta mujer no interpone reparos ni tiempo para conversar, más si el tema le interesa. "Además de que puedo ayudar a otras a pensar, a prevenir", precisa.

 

Ella habla despacio y no muy alto. Es una cubana como otra cualquiera, en la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas, a más de 100 kilómetros de La Habana, y hace 10 años es portadora de VIH-sida.

 

Ahora lo dice sin titubear, con cierto convencimiento, porque ha recorrido su propia historia y, como en todo —cuenta a SEMlac—, lo más duro fue el principio. "El sida llegó a mí por mi esposo", confiesa.

 

Luego de un tiempo de casada y una breve separación, con la reconciliación, entró el VIH a su casa. "Estuvimos separados. En ese tiempo, mi esposo tuvo 'un desliz' y a la vuelta, luego de reanudar la relación, es que supimos del sida. Él ni idea tenía", explica ella.

 

Rodríguez coordina actualmente el proyecto de mujer y sida en Cárdenas y el pasado año fue distinguida en la occidental provincia de Matanzas con el Premio Esperanza, que reconoce a las personas por su aporte a la prevención de esta enfermedad en el país.

 

Trabajadora en un laboratorio y especializada en pruebas, ella tuvo cierta sospecha ante los análisis que, por supuesta hepatitis, le hacían a su esposo.

 

"Le pedí a mis compañeros que no me engañaran y me dijeran la verdad sobre lo que estaba pasando. Pensé que mi trabajo me preparaba un poco para eso, pero no es así; el impacto es tremendo.

 

"Me puse muy nerviosa y estuve un tiempo sin poder trabajar. Lo único que hacía era llorar. Mi familia me preguntaba qué me pasaba, pero nada podía decirles hasta tener un veredicto final", relata. "Delante de mi madre no podía ni llorar. Yo estaba sufriendo sola, con él, lo que nos estaba sucediendo".

 

Cuando el diagnóstico se confirmó, Rodríguez se lo comunicó a un hermano y, con su apoyo, le habló a la familia. "Fue muy doloroso, sobre todo enfrentar a mis hijos, explicarles…fue muy duro. Mi hija casi pierde su último año de carrera, su nota de Química bajó mucho, y yo ni pude ir a su graduación.

 

"En aquel momento no me explicaron lo que era el sanatorio, sólo me dijeron que tenía que ir para allá. No sabía si iba a volver a ver a mis hijos o qué iba a pasar conmigo. Viví tres años en el sanatorio, junto a mi esposo".

 

La separación estuvo, alguna vez, entre las decisiones que Rodríguez valoró. Pero comprendió que "ya no tenía remedio ni era el momento de buscar un culpable, porque mi esposo nunca quiso el sida para él, ni para mí. Los médicos nos ayudaron a entender muchas cosas", asegura a SEMlac.

 

En ese tiempo, el respaldo mayor lo recibieron de los círculos más cercanos. "Entonces no había el conocimiento que hay ahora, la gente temía al sida, existía un rechazo más evidente a tratar a las personas con esa enfermedad. Pero entre mis amistades, vecinos y familiares encontré mucho apoyo, hasta la actualidad".

 

Sin embargo, Tomasa Rodríguez se vio precisada a cambiar de empleo. "Por el bien de mi propia salud, no podía seguir en el puesto del laboratorio que era de bacterología, pues estaba expuesta a muchos gérmenes que podían dañarme. Eso lo fui aprendiendo con los años", dice.

 

Rodríguez prosiguió su vida laboral como recepcionista en el Centro Comunitario de Salud Mental, otro gran apoyo en su camino. "Tuve la suerte de encontrarme un colectivo magnífico y que me sirvió también para seguirme formando como promotora, para ayudar a otras a que no les suceda lo mismo que a mí, por ingenuidad y confianza".

 

Como parte de su trabajo contribuye a la formación de las promotoras, participa en cine debates, charlas, talleres y en la atención a hijos y familiares de las mujeres seropositivas. En estas iniciativas cuenta con la colaboración de la Federación de Mujeres Cubanas en la localidad.

 

"Formamos lo mismo amas de casa que trabajadoras o estudiantes. Muchas amas de casa se encierran demasiado en su mundo, pero no saben el mundo exterior cómo está… y es lo peor que nos pasa a las mujeres, que nos confiamos mucho".

 

En la ciudad de Cárdenas se reportan seis seropositivas desde que irrumpió el sida en el país, en la década del ochenta; una ya fallecida, informa Rodríguez a SEMlac. "La cifra es baja en el municipio, ha ido disminuyendo respecto a años anteriores, en parte por el trabajo que hacemos. Pero tampoco hay que confiarse", alerta.

 

La consejería de las promotoras, cada jueves, de 5:00 a 8:00 de la noche, abre un espacio para despejar dudas, preocupaciones, intereses. Es el momento también para facilitar información de acuerdo con las necesidades e inquietudes de las mujeres.

 

En el grupo de seropositivas hay mujeres de diversas generaciones. "El sida no tiene una edad específica, podemos ser infestadas por los hombres a cualquier edad. Puede ser una jovencita y también una mayor, porque el esposo tuvo una relación desprotegida en la calle", subraya Rodríguez.

 

"Igualmente, las portadoras de VIH deben tener relaciones protegidas, porque el esposo, aunque sea portador, puede tener una bacteria y trasmitirla. A su vez, si alguno toma medicamento puede hacer a la otra invulnerable a ese fármaco. Y está el riesgo de reinfección, que acelera el proceso de la enfermedad".

 

Además de la prevención, Rodríguez ayuda a otras personas con VIH e integra un grupo de autoayuda, que se reúne habitualmente en el Centro de Reflexión y Diálogo de Cárdenas, junto a familiares, trabajadores de esa institución, promotores y personas interesadas. Como parte de otro grupo más pequeño, de personas seropositivas solamente, se dan cita en la iglesia de San Antonio, donde son atendidos por Caritas y las Hermanas de la Caridad.

 

Mientras ella coordina el proyecto de mujeres, su esposo se encarga de la línea de personas viviendo con VIH. "Tenemos un trabajo conjunto; no nos hemos reprochado ni culpabilizado; nos hemos unido mucho mas para trabajar", comenta.

 

"Al principio no pude evitar sentirme sola. Estar en los grupos me ha ayudado mucho a mí misma; estoy con mis semejantes, nos entendemos mejor y nos apoyamos".

 

Aunque dice no haber sentido el rechazo social, Rodríguez reconoce que tampoco han faltado episodios desagradables en su vida. "Cierta vez recibí un comentario desagradable y solo viré la espalda y seguí caminando. No me detengo a ver si me están señalando. Dicen que, si te señalan, es porque tienes algo que llama la atención".

 

Ella sabe de historias y personas cercanas a las que alguien les ha negado el saludo o el auxilio, incluso médico, por su condición de seropositivo. Es algo que la ley reprueba, pero hay personas que se escudan en la falta de guantes o de jeringuillas desechables como justificantes para no dar una atención.

 

"Esto se discute mucho en los grupos, en las actividades; es parte del trabajo que tenemos que seguir haciendo, porque no siempre el personal de salud está sensibilizado ni preparado", asegura.

 

"A mí me ha ayudado mucho el centro donde trabajo, porque los doctores me han hecho sentir un ser humano que vivo con un virus que cada vez es menos mortal, y eso me da mucha fuerza de voluntad.

 

"Tengo una familia adorable, una madre que me quiere mucho, un nieto que me llena de vida, ¿qué mas puedo pedir?... Es la suerte de contar con una familia que me admira y me ama, que nunca nos reprochó nada a mí ni a mi esposo.

 

"Yo digo que en mi casa las puertas están abiertas para todo el mundo: lo mismo van personas con VIH, gente que se acerca a pedir información o los que están preparando un trabajo de tesis, una presentación y quieren ayuda.

 

Si de planes se trata, Tomasa Rodríguez es muy directa: "Seguir trabajando. Tengo la dicha de estar rodeada de personas que me aman, y eso es maravilloso".

 

 

Uruguay: Madres filicidas sufren problemas psiquiátricos o violencia doméstica

Por Cristina Canoura

 

Montevideo, septiembre.- La mujer que mata a su hijo recién nacido es considerada, en todo el mundo, un ser despreciable que no merece vivir, pues rompe el mandato social que espera de ella amor sin límite, abnegación y entrega total. Para ella, se exige el peso máximo de la ley por haber cometido el delito de "filicidio".

 

Sin embargo, la gran mayoría de ellas sufre enfermedades mentales severas, entre otras, psicosis puerperal, trastornos de personalidad y otros que están en el límite de la psicosis (considerados estructuras borderline) o retraso mental en diferentes grados.

 

La penuria económica, la violencia doméstica vivida desde la niñez o en la vida adulta y embarazos no deseados y encubiertos son también circunstancias que caracterizan la situación de las madres que llegan al extremo de asesinar a su cría.

 

En Uruguay, en el decenio 1997-2007, se detectaron 14 casos de filicidio cometidos por 12 mujeres (una de ellas fue autora de tres muertes), según consigna el estudio "Mujeres filicidas en Uruguay", al que tuvo acceso SEMlac.

 

Coordinada por la psicóloga Ana Nin, la pesquisa fue abordada por un equipo integrado por sociólogos y psicólogas que se especializan en psicología jurídica en la clínica M y H Garbarino, que dirige el psicoanalista Alejandro Garbarino.

 

Este estudio fue presentado en agosto en las segundas jornadas "Más allá del consultorio", organizadas por la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica y en el V Congreso Nacional de Psicólogos Forenses de Argentina, realizado en Buenos Aires, a mediados de ese mes.

 

"Las madres que dan muerte a sus hijos pequeños son las más estigmatizadas por la sociedad; se les considera frías y despiadadas, no sólo por contrariar la ley natural de reproducir la especie, sino también por la indefensión de la víctima. Se concibe la época del embarazo y alumbramiento como el momento cúlmine de la vida de la mujer, ya que esto la habilita a ejercer la maternidad, es decir, la función suprema impuesta desde la cultura", se sostiene en el trabajo.

 

Con un alto impacto social, en los últimos tiempos se han registrado en Uruguay varios delitos de este tipo, así como un incremento de las denuncias de abuso sexual y maltrato de niños.

 

Según confirmó a SEMlac la psicóloga forense Ana Nin, los casos de filicidio aumentaron de uno a tres por año, a partir de 2002. La crisis económica que detonó ese año y el aumento de los casos de violencia doméstica a los que están vinculados subyacen como causas de ese incremento.

 

La investigación, coordinada por Nin, partió con una minuciosa búsqueda de casos de filicidio en el Archivo del Instituto Técnico Forense. La pesquisa no fue simple ya que, desde 1995, la llamada "Ley de Seguridad Ciudadana" modificó la norma penal y lo que otrora se calificaba de "infanticidio" pasó a ser genéricamente "homicidio", por lo cual se analizó cada uno de los expedientes así caratulados, en los que las víctimas fueran bebés, niños pequeños o aun hijos adultos.

 

Desde el punto de vista judicial, en casos de psicosis, de retraso mental profundo o de una alteración mental significativa, las autoras del delito son declaradas inimputables: recibirán tratamiento psiquiátrico y psicológico en confinamiento, pero no serán procesadas.

 

La edad de las filicidas osciló entre los 18 y los 64 años. Las mujeres que estaban comprendidas en la franja de los 18 a los 25 años fueron responsables de cuatro de las muertes; 75 por ciento de ellas correspondieron a recién nacidos.

 

De las otras cuatro muertes cometidas por mujeres de 26 a 35 años, una es de un recién nacido, dos corresponde a niños menores de un año y otra a uno de dos.

 

En la franja de 35 a 45 años se produjeron tres decesos: dos recién nacidos gemelos y un niño menor de un año. En esta franja también hay una mujer contabilizada en la anterior, pues cometió el crimen dos veces, a los 34 y a los 40 años, cuando quedó embarazada de gemelos.

 

En el grupo de 46 a 65 años se dio muerte a tres mayores de edad. De las 14 víctimas fatales, 13 pertenecen al sexo masculino y uno al femenino.

 

Nin explicó que hay una relación directa entre la edad de las filicidas y el estrato social al que pertenecen. Las más jóvenes viven en situaciones de marginalidad. Las que matan a sus hijos cuando ya no son niños pertenecen a un estrato social medio y alto y, en dos de esas situaciones, el motivo declarado fue el que los expertos califican de "altruístico", es decir, aliviar del sufrimiento a un hijo gravemente enfermo o al grupo familiar.

 

Cuando la víctima del filicidio es un recién nacido, este se cometió fue por asfixia, abandono o puñaladas. En menores de dos años, la mayoría de las muertes fueron causadas por golpes (un caso por ahorcamiento). Los mayores murieron por armas de fuego.

 

"Si analizamos la casuística, vemos que muchas de estas mujeres padecen trastornos mentales importantes y severos. Eso habla de la salud mental de la población. Si bien no es un número elevado de casos comparado con otros delitos, pensamos que la violencia es también un gran problema de salud", acotó Nin.

 

Causas subyacentes

La investigación buscó responder las siguientes preguntas: ¿Las filicidas padecen una enfermedad mental que condiciona el acto? ¿Existe una relación directa entre el filicidio y la violencia familiar? ¿Qué motiva a una madre a cometer este delito?

 

"Las mujeres no matan porque sí. Matan porque han vivido situaciones muy traumáticas, han estado sujetas a actos de violencia doméstica. En estos casos, son protagonistas de lo que nosotros llamamos Síndrome de Estocolmo familiar. En situaciones de violencia doméstica, la mujer pasa primero por un proceso en el que primero siente los golpes, percibe el ambiente como no seguro.

 

"Luego, inicia una etapa donde trata de reorientarse, de buscar otros referentes, el marido la confina, la aísla. Pasa así a un tercer momento de enfrentamiento, en el que empieza a incorporar el discurso de su pareja para sentirse segura y termina adaptándose a esta situación, identificándose con el agresor y generalmente vuelca la violencia hacia sus hijos", evaluó Nin.

 

Del mismo modo, el filicidio suele estar vinculado a estados mentales patológicos que llevan a las mujeres a negar, en forma inconsciente, el embarazo; a no reconocer al recién nacido como hijo, a caer en depresiones puerperales.

 

La depresión puerperal es definida por los autores de la investigación como "un estado caracterizado por el rechazo total hacia la criatura, que produce un sentimiento asimilable al terror. La madre permanece ausente, triste, alejada, apática; la sensación dominante es la de haber perdido la propia personalidad y ser una mera esclava del bebé y del ambiente".

 

Los episodios psicóticos posparto pueden estar vinculados con personalidades esquizofrénicas y acompañados por alucinaciones que les ordenan matar al niño.

 

Agregan que, en estas mujeres, predomina "una gran ansiedad de vaciamiento o castración, crisis de angustia, llanto espontáneo por mayor tiempo de lo que suele durar la tristeza posparto, desinterés por el niño, sentimientos de autodesvalorización y autorreproches con características melancólicas. "Se ven inútiles, inservibles, no saben si podrán criar a sus hijos", destacan las autoras de la investigación.

 

Asimismo, hay quienes asesinan a sus hijos en "homicidios sustitutivos": en lugar de matar al cónyuge, matan a los niños por asociación o parecido: Por transferencia, el hijo recuerda el objeto del odio.

 

También, cuando el marido no acepta un embarazo y quiere deshacerse de él, muchas veces son las mujeres las que ejecutan el acto final. Los hombres aseguran que no las embarazaron, niegan ser el padre, las agreden. Además, se trata de mujeres que no trabajan, que dependen de su pareja, viven una situación de asimetría y de abuso de poder y que, en muchos casos, fueron niñas maltratadas por su padre o madre, recordó Nin.

 

Los responsables del estudio tuvieron entrevistas personales con la mayoría de las mujeres filicidas que están presas o internadas, por su patología mental, en el Hospital Vilardebó, un centro público de atención psiquiátrica. Cuando se les preguntaba acerca del parto, eran incapaces de registrar el momento en que nació su bebé, lo cual puede obedecer a la propia enfermedad psiquiátrica como psicosis, esquizofrenia, trastornos bipolares o estructuras borderline, aclaró el psicoanalista Alejandro Garbarino.

 

De acuerdo con Nin, para muchas mujeres que llegaron al extremo del filicidio luego de un tratamiento y seguimiento, lo sucedido aparece como una parte muy separada de ella, recomponen su vida, llegan a casarse con la persona con la que tuvieron esa relación y tienen otros hijos.

 

 

Colombia: Graves fallas en 10 por ciento de los exámenes de cáncer uterino

Por Ángela Castellanos

 

Bogotá, septiembre.- El cáncer de cuello uterino en Colombia podría estar provocando la muerte a muchas mujeres que, pese a haberse practicado el examen de detección de esta enfermedad, han recibido un diagnóstico equivocado.

 

Ello se debe a que el 10 por ciento del total de las citologías o papanicolao, como se conoce al examen de detección del cáncer de cuello uterino, tiene fallas y lleva a resultados errados, informó la semana pasada el Instituto Nacional de Salud (INS), la autoridad científico técnica en salud del orden estatal.

 

Según la más reciente Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2005), el más riguroso estudio sobre el tema y que realiza Profamilia cada quinquenio, entre 1995 y 2000 la proporción de defunciones por cáncer de cuello uterino entre las mujeres de 40 a 69 años de edad aumentó de 54 a 62 por ciento, en tanto que los decesos de colombianas de 20 a 49 años por esta causa se incrementaron de 34 a 37 por ciento.

 

En Colombia anualmente se practican 1,2 millones de citologías, de las cuales 120.000 estarían arrojando resultados equivocados, debido a fallas humanas, ya que es un examen que no cuenta con máquinas, sino que recae totalmente en manos del personal de salud.

 

Los errores se presentan en una o más de las fases del proceso, es decir en la toma de la muestra, el manejo de la misma y la interpretación.

 

La citología vaginal consiste en retirar células del cuello del útero para detectar alteraciones que puedan sugerir la presencia de cáncer en la matriz. Su práctica oportuna puede disminuir hasta en un 60 por ciento la mortalidad temprana por este tipo de enfermedad, que generalmente no presenta síntomas.

 

Según la Organización Panamericana de la Salud, en Colombia mueren al año alrededor de 2.300 mujeres por cáncer de cuello uterino y a unas 5.000 son diagnosticadas con la enfermedad.

 

Luis Eduardo Mejía, director del INS, reveló que esta situación se da en parte porque el 70 por ciento de los 420 laboratorios médicos que existen en Colombia no están acreditados y no cumplen los controles necesarios.

 

Para remediar esta grave situación, el INS en conjunto con el Ministerio de Protección Social (encargado del tema de salud) creó una guía de control de calidad, un protocolo con los procedimientos que debe seguirse en la toma, manejo e interpretación de los papanicolao.

 

Igualmente, se está desarrollando un plan de capacitación para que el personal de salud aprenda a seguir los procedimientos. A la fecha, cerca de 800 especialistas, entre ginecólogos y patólogos, han recibido el entrenamiento. Algunos de ellos reconocieron que desconocían pasos de la adecuada toma y manejo de las muestras, según comentó Martha Díaz, coordinadora de patologías del INS.

 

La ENDS 2005 también reveló que más de cuatro de cada cinco mujeres (85 por ciento) se han practicado la citología vaginal en algún momento de su vida, y casi la mitad (48 por ciento) de ellas se la hacen una vez al año.

 

No obstante, "estamos lejos de lograr una cobertura universal de la citología debido a múltiples razones, desde mala gestión de los prestadores de servicios de salud hasta causas culturales, como es el machismo que lleva a que en algunas parejas sea el hombre quien decide si la mujer se hace la citología", afirmó a SEMlac Elkin Osorio, director del Laboratorio de Salud Pública de la Secretaría de Salud de Bogotá.

 

El grupo de mujeres que registra una mayor incidencia de este tipo de patología es el de las colombianas que han empezado más temprano su vida sexual, por haber estado más tiempo expuestas al virus de Papiloma Humano, el cual está altamente asociado al cáncer de cuello uterino, según explicó Osorio.

 

A nivel económico, agregó, este tipo de cáncer se presenta más entre las mujeres de estratos socioeconómicos bajos, debido a que tienen niveles inmunológicos menores y también a que suelen tener su primera relación coital a más temprana edad que las de mayores ingresos.

 

El INS está capacitando también a personas de las comunidades indígenas para que las mujeres de las etnias colombianas, uno de los grupos vulnerables, acepten practicarse el examen.

 

La citología vaginal forma parte de los exámenes de laboratorio comprendidos en el Plan Obligatorio de Salud, que está cubierto por la seguridad social.

 

 

Ivone Gebara: "Vivimos en una cultura de desastre ambiental"

Por Mirta Rodríguez Calderón

 

Santo Domingo, julio.- Una monja brasileña, feminista y libertaria, Ivone Gebara, vino a la capital dominicana a hablar de género y religión, a esbozar criterios sobre el papel de las feministas en la defensa del planeta y de sus propios cuerpos, preocupada, sin embargo, de no subsumir a las mujeres en la noción de naturaleza: "aunque todo es naturaleza", aclara Gebara, quien pertenece a la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora.

 

Se hizo monja en los años sesenta, cuando terminó su carrera, para liberarse, asegura. Considera que su ruptura con los planes familiares de casarla con alguien de buena posición fue su primera opción de libertad.

 

Luego, cuando conoció a quienes, en Brasil, luchaban contra la dictadura militar, avistó otra cara de ese concepto. A comienzos de la década de los noventa, sus pensamientos escandalizaban. Por eso la mandaron a Bélgica por dos años, al parecer, para silenciarla.

 

Respetuosa del ecofeminismo, ella sostiene que agregar la ecología al feminismo es tornar más ancha la problemática feminista sin grandes discusiones teóricas, sino asumiéndolo sencillamente.

 

No puedo decir que el ecofeminismo es bienvenido en el feminismo, refiere. "Lo que digo es que lo importante ahora no son los conceptos, sino el tipo de práctica que se haga para salvaguardar la vida. Estamos en una cultura de desastre ambiental y la justicia pasa por la justicia ambiental".

 

¿Cómo se interrelacionan el feminismo y la ecología?

"Personalmente, no represento a un ecofeminismo radical. No pienso que mujer y naturaleza sean semejantes, como algunas ecofeministas brasileñas y estadounidense creen. Pero no me gusta este debate, porque el debate de esencialistas y no esencialistas nos distancia de las luchas concretas.

 

"Para mi —subraya la religiosa— las luchas de hoy, de los hombres y de las mujeres, por la dignidad, tienen que incluir la dignidad del planeta. Esto para mí es la dimensión política radical que tiene que ver con un no a la forma capitalista de explotación de la mano de obra humana y de los recursos naturales de nuestra casa grande".

 

¿Por qué nace el ecofeminismo y no el ecomasculinismo?

"Porque nos hemos dado cuenta de que siempre nosotras somos quienes tenemos que preocuparnos por la comida, la bebida de nuestras familias y de la de los otros".

 

Gebara relató que, el 8 de marzo de 2006, unas campesinas le escribieron. "Habían invadido los laboratorios de una gran transnacional, Aracruz, dedicados a la plantación de pinos y eucaliptos para fabricar celulosa. Esta empresa tomó tierras indígenas y plantó pinos, expulsó a campesinos y sembró eucaliptos. Y aunque hubo reacciones en contra, siguieron haciéndolo".

 

Entonces las mujeres organizaron manifestaciones: "no comemos pinos, comemos arroz, frijoles, maíz…". Y, ese día, 1.500 mujeres invadieron el laboratorio y destruyeron absolutamente todos los pinos, las plantitas germinando… Fue un escándalo nacional", rememora.

 

"Qué locas estas mujeres, dijeron. La TV sólo dio voz a la investigadora, una danesa que lloraba y decía que habían destruido cinco años de trabajo. ¿Qué pasó?: toda la gente acumuló rabia contra ellas, pero poco a poco se fueron dando cuenta de sus razones".

 

La alimentación, de lo que tanto se habla ahora, es una preocupación ecológica de las mujeres.

 

En entrevista con SEMlac, Ivone Gebara evaluó lo que pasa con los gobiernos en relación con el cambio climático y los problemas ambientales: "para ellos es más cómodo abrazar la causa del planeta que el problema de las mujeres. Las ecofeministas dicen que no se pueden ignorar los problemas del ambiente como si esos no fueran problemas del feminismo. Otras sienten que eso es reducirnos a la condición de naturaleza. Yo digo que todos somos naturaleza y cultura: no hay cultura sin naturaleza, no son realidades separadas".

 

"Una mujer como Vandana Shiva —refiere Ivone recordando a la prestigiosa ambientalista hindú— se ha dado cuenta de los problemas ecológicos vividos por mujeres del campo, que perciben esto en su conexión más grande. Quienes no viven en contacto con la tierra, que casi no ven las estaciones porque se las pasan dentro de sus oficinas y de sus universidades, suelen no entender.

 

"Si yo me doy cuenta, como ciudadana de una ciudad, de que tengo que limpiarla, que colocar la basura en un sitio, también tengo que darme cuenta de que debemos despolucionar nuestras ideas y las ideas preconcebidas que tenemos unas de otras".

 

La visita a la capital dominicana la hizo Ivone Gebara en un momento de fuertes discusiones sobre la necesidad de despenalizar, al menos, ciertas formas de interrupción del embarazo, práctica que aquí es sancionada, sin importar causales, tema al que ella hizo sus contribuciones reflexivas.

 

La religiosa también visitó bateyes, asentamientos poblacionales que suelen estar cerca de ingenios azucareros y que acogen, en una gran proporción, a población migrante de Haití.

 

"Allá en los bateyes —contó— pregunté a un Pastor por las ideas religiosas de las gentes y me dijo que allí eran de todo: 'todo lo que hay de bueno eso somos'. Porque la religión es más que los conceptos teóricos que tenemos de ella. La rigidez de las creencias es menos fuerte entre los pobres.

 

"La validez de una teoría y su verdad se muestran en la práctica", insistió. "Hablar de feminismo es verlo en su práctica: cuáles han sido las cosas efectivas que hemos logrado. El mundo patriarcal, en todas las culturas, ha dominado los cuerpos femeninos. Porque los cuerpos femeninos son muy fuertes: producen alimento, sangran y no mueren…

 

"Figuras de mujeres son la primera expresión religiosa de las culturas más antiguas. Desde el punto de vista arqueológico, las primeras estatuas son figuras femeninas en posición de parto.

 

"Para subyugar ese poder —agrega— los hombres y las religiones se apropian y distorsionan esa realidad. Se habla del 'seno de Dios Padre'. Es impropio: somos nosotras las que tenemos seno. Se habla de 'volver a la casa del Padre'. Pero no, es a la casa de la madre a la que se vuelve. La madre es la primera diosa para cualquier niño o niña. Su refugio es el cuerpo de la madre. Aunque el cuerpo de los hombres también ha sido dominado, ellos se han hecho dominadores".

 

Al resumir sus puntos de vista sobre las múltiples realidades de las mujeres y su subordinación, la reconocida activista brasileña puso punto final a la conversación con esta idea: "la liberación es un camino diario", aseguró mirando a los ojos de esta reportera.