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Reportajes y noticias de SEMlacDel 13 al 19 de agosto de 2007
Cuba: Un camino contra la violencia de géneroPor Dixie Edith
La Habana, agosto.- La documentalista cubana Lizette Vila acaba de presentar en La Habana su documental La deseada justicia, un acercamiento al tema de la violencia de género en la isla.
Promotora del proyecto Palomas y autora de cerca de una treintena de obras, Vila ha abordado con desprejuicio y crudeza las experiencias de personas viviendo con VIH/sida, travestis y religiosas, entre otros muchos temas.
La deseada… es su cuarto audiovisual sobre la violencia de género, asunto de difícil enfrentamiento por la manera en que se manifiesta. Sobre su impacto, la autora conversó con SEMlac.
SEMlac: Habías trabajado el tema de la violencia de género fuera de Cuba. ¿Ayudó esa experiencia a la hora de enfrentar la problemática dentro de la isla? “Desde la década del noventa tuve la oportunidad de trabajar con pequeños grupos de mujeres especialistas, latinas y algunas cubanas, y filmé dos documentales que fueron estrenados por el programa Prismas, de la televisión cubana: Una mujer sin rostro y Contra el silencio, una mujer, que formó parte de una muestra itinerante que se realizó desde Chile para hacer visible este tema”.
“Entrevisté a dos mujeres puertorriqueñas y esos documentales provocaron en ellas una gran credibilidad en medio de su agonía. Las movilizaron, y hoy son grandes promotoras contra la violencia y en la prevención del VIH/sida. Fue muy oportuno tener relación con el tema en otro lugar, en otro espacio, porque eso me comprometió más a averiguar qué había pasado con las mujeres que tenía cerca.”
SEMlac: ¿Y hay diferencias en la manera de manifestarse la violencia de género en Cuba y en otros países? “Absolutamente ninguna. Son las mismas narraciones; otras historias, pero con el mismo ciclo de violencia: la psicológica, la económica, la sexual. Las mujeres se sienten también igualmente desprovistas y desprotegidas, ante este hecho”.
“Hay muchos conceptos que contextualizan, dibujan, denominan el tema de la violencia, que está tan subterráneo. Primero, porque se genera de una manera privada, oculta y pasa por las culpas, por la vergüenza de muchas de esas mujeres que no saben manejar los sentimientos, las conductas que la generan y cómo defenderse. No saben cómo lidiar con eso que les ocurrre”.
“Yo digo, desde hace muchos años, que una de las más grandes pandemias que tiene la humanidad -y la incluyo junto al VIH, la malaria o la tuberculosis-, es la violencia contra la mujer. En todas sus expresiones: desde las sutilezas, hasta la que, sencillamente, mata”.
“Es un ciclo que va creciendo, un cuadro visto como absolutamente privado y que, en el mundo entero, ha sido muy maltratado o se ha invisibilizado. Y cualquiera de las dos cosas son expresiones de una crueldad absoluta”.
“¿Cuántas personas se han preguntado –me han preguntado– cómo en Cuba se va a dar ese fenómeno? Aquí, donde existe la Federación de Mujeres Cubanas, donde la mujer ha tenido acceso a tantos derechos, donde tiene conocimientos para defender esos derechos”.
“Y es que esa liberación de la mujer cubana, que es cierta e indudable, pasa por lo privado, un espacio donde no hay ni sistema, ni ideología, ni libertades, ni derechos. Porque, sencillamente, se construye desde la individualidad y la réplica de herencias y de posturas familiares”.
“En nuestro caso, también pasa por el machismo, una conducta que resulta muy difícil de desmontar desde la teoría.”
SEMlac: ¿Tienen estas mujeres conocimientos o herramientas para enfrentar la violencia? “No lo creo. Y no se trata sólo de las opciones legales. La ley es importante, por supuesto, pero pienso en otros recursos más prácticos, pues en el momento de recibir la violencia no hay cordura ni objetividad para acudir a la ley”.
“Hay que darles recursos a las mujeres, y también a los hombres. Estamos viendo que ellas son unas sobrevivientes, no víctimas, pues víctima es la que sencillamente fue ejecutada por un hecho de violencia. Son sobrevivientes porque tienen un camino para andar, para reconstruirse, para rediseñarse y ayudar. Para comprometerse.”
SEMlac: ¿Cuáles eran las principales preocupaciones e inquietudes de tus entrevistadas? “Ellas estuvieron muy desprotegidas, cada una en su contexto. No sabían a dónde acudir hasta que llegaron a los talleres de transformación de los barrios, a esos proyectos de ‘aprendiendo a vivir sin violencia’ que desempeñan centros como el Martin Luther King o el Centro de Reflexión y Diálogo de Cárdenas, que están haciendo una labor extraordinaria en la propia dinámica de los barrios”.
“No podemos seguir hablando de una misma cultura, de una misma identidad. Hay una singularidad en cada localidad que hay que atender. El tema de la violencia es tan cruel, tan dramático, que yo no creo que todavía en el mundo –aunque hay dinámicas de grupo y terapias de parejas– existan herramientas concretas para enfrentarlo sólo desde la academia”.
“Está demostrado que, cuando se vincula ese pensamiento orgánico, práctico, objetivo, ese que se genera desde la academia, con las emociones y los sentimientos, se crea una atmósfera de estremecer, de remover desde adentro, que no la detiene nadie. Esa es la capacidad de las expresiones artísticas. Y, en primer lugar, en la vanguardia, están los audiovisuales y las obras radiofónicas.”
SEMlac: ¿Es muy difícil construir un audiovisual sobre estos temas? “No me costó ningún trabajo poner a hablar a esas mujeres maltratadas. La gente desea hablar cuando está condenada. Tiene derecho y necesidad de expresarse, sobre todo cuando empieza a tomar conciencia, a vincular todo con la honestidad y a comprender la función que puede tener su testimonio en favor de una causa tan solidaria, tan sensible, que puede ayudar, a la vez, a otras mujeres”.
“Yo no me siento una mujer censurada. Porque no quiero. Porque tengo metido en mi corazón que yo, en esta nación que adoro, donde están mi vida, mis raíces, mi familia y el proyecto social que escogí con mucho orgullo, no me puedo sentir censurada. Aunque hay expresiones de censura, que son también expresiones de violencia, como el hecho de que la obra de las mujeres no tenga el mismo espacio o la misma difusión que la de un creador hombre”.
“Con algunas excepciones, a muchas de las mujeres las conocí el mismo día que las entrevisté. Sabía de sus historias, sus experiencias, pero para el documental tuve una primera y única conversación, porque también me parecía una crueldad remover más de la cuenta el pasado de ellas, que ya estaban andando otra vida”.
“Todas coinciden en muchos aspectos: una familia disfuncional, la pérdida del padre o la madre, un familiar abusador, carencia de valores. Ahí te das cuenta de cómo la violencia se va incrustando, de que existen esos huecos negros donde se va asentando.”
SEMlac: ¿Le debes un documental a los hombres maltratados? “Por supuesto. Ya hice el de los hombres infectados por el VIH y esa también es una manifestación de violencia. En ese material quise mostrar cómo esos hombres cambiaron y se convirtieron en promotores. Cómo ellos, que hoy son mis amigos, se empinaron”.
“Si seguimos dividiéndonos entre hombres y mujeres no vamos a lograr un equilibrio, una equidad. No somos iguales, pero sí lo somos a la hora de defendernos, de librar determinadas luchas, de tener las mismas oportunidades”.
“Y este es el momento. A mí no me gusta mirar para atrás. Ahora es el momento para hablar de estos temas con responsabilidad, con experiencia. El momento de unirnos, de discutir las diferencias, de dialogar y de transitar hacia un desarrollo humano sustentable, sostenible”.
“Muchas veces digo que hay una campaña mundial a favor del medio ambiente, por el cambio climático y las especies que se extinguen, pero tenemos que enfrentar la violencia ejercida desde los humanos y las humanas. Porque de ella surge todo lo demás. A mí me interesa más el desarrollo humano sustentable en este momento de guerra, de conflictos. Y el audiovisual, en ese camino, es un elemento de convocatoria, de movilidad social.”
Uruguay: Patricia Goller, una mujer con agallasPor Cristina Canoura
Montevideo, agosto.- Una tarde lluviosa de domingo invernal de julio, Patricia Goller llega puntual y empapada a la cita. Viene cargada de bolsos de diferente tamaño. En uno trae ropa mojada que no alcanzó a secar en el fin de semana. En otro, canutos de papel de diario, a partir de los cuales fabrica cestos, objetos utilitarios y adornos diversos con apariencia de mimbre.
Son las 15 horas y, como la Cenicienta de los cuentos de hadas, debe regresar a su casa antes de que acabe el hechizo, pero mucho antes de la medianoche. Su casa no es el hogar con que toda mujer sueña para realizarse y criar sus hijos, sino la Cárcel de Mujeres. Allí está recluida, desde febrero de 2000, por matar a su marido de una puñalada.
"O lo matabas tú o te mataba él. Y si él te mataba qué hubiera sido de nosotros", recuerda, tratando de repetir las palabras que su hija mayor, hoy con 19 años, le dijo un día en que ella le quiso pedir perdón por el "hecho", como ella designa al suceso.
Patricia tiene 47 años y tres hijos —una mujer y dos varones— de 19, 17 y 15 años. Fue secretaria, traductora, habla inglés y alemán, fue educada en la prestigiosa Deutsche Schoole. Su padre fue un connotado cirujano cardiovascular, ya fallecido.
La Justicia la condenó a 15 años de prisión, pero también fue castigada por su familia. Si bien sus dos hermanos dan cierto apoyo a los hijos y atienden sus asuntos de salud y educación, Patricia sabe que, cuando salga de la cárcel, estará a la intemperie, sin casa ni trabajo.
Desde hace un tiempo goza de 48 horas semanales de salidas transitorias, que las ocupa en vender sus artesanías y algunos productos de repostería que cocina en la cárcel. Con lo recaudado, solventa algunos gastos de sus hijos, internados en un colegio adventista.
Cada 15 días pasa con ellos el fin de semana, en una rústica cabaña construida en un balneario de la costa uruguaya, a unos 30 kilómetros de la capital, que le presta una amiga alemana de su padre para que tenga un lugar donde recalar. La hija ya no vive en el país, pues fue becada en una universidad adventista en la Argentina. La extraña mucho.
Uno…muchos golpes"Con mi marido y los niños vivimos siete años en Paraguay, pero en 1996 yo me ausenté un año, porque recibí de él una fuerte paliza, que me destrozó la cara. Tenía la mala costumbre de que, cuando bebía y se drogaba, me atacaba”, rememora.
Patricia partió a Europa, a Gran Canaria. “No me pude llevar a los chicos. Yo les mandaba dinero mensualmente. Mi marido era un poco vago. No le gustaba trabajar. De 365 días del año, de repente trabajaba 100. Yo era el único sostén", dice.
Cuando se le pregunta cómo pudo vivir tantos años con él, ella dice que su enamoramiento era como una obsesión, "como una enfermedad". Lo había conocido a los 17 años y se aferró a él cuando su familia comenzó a resquebrajarse con la separación de sus padres. "Fue mi primer y único amor", asegura.
El 31 de diciembre de 1999, con algún dinero ahorrado en Europa, la familia regresó a Uruguay. Quiso darle al marido una nueva oportunidad. Tras la muerte de su madre, se había iniciado una sucesión y, supuestamente, ella tendría parte de la herencia, cosa que nunca sucedió pues, cuando iba a recibir el dinero, fue apresada.
Era verano y alquilaron una casita en una playa. "Él cada tanto dejaba la droga y se alivianaba un poco con el alcohol, pero el 14 de febrero de 2000, cuando ya tenía todo organizado para iniciar una nueva vida en Montevideo, mientras yo preparaba la cena y él charlaba con los chicos comenzamos a tomar cerveza“, cuenta.
“Ya de madrugada, él entra al baño y yo quise pasar; él se estaba mirando al espejo y no me dejó entrar, me pegó. No sé qué me vino, un ataque, y lo primero que atiné fue a agarrar un cuchillo. Estaba medio desnudo. Estoy segura de que se estaba drogando y no quería que yo lo supiera. Cegada, le dije: 'esto no va más' y le clavé el cuchillo. Estaba mareada, pero consciente de lo que hacía”, dice.
“Me di vuelta y me tiré en un sillón. A la media hora, él se levanta y se va acercando al dormitorio, lastimado. No sé de dónde saqué fuerzas y le dije. 'acá no dormís más', levanté la cama y la di vuelta. Él hizo un último intento de volver al baño y allí se desplomó. Según el médico forense, le reventé la arteria pulmonar. La herida tenía 15 centímetros de profundidad. Me tipificaron homicidio especialmente agravado, con premeditación y alevosía".
Los chicos estaban acostumbrados a las escenas de violencia familiar y fue su hija mayor la que descubrió que el padre estaba muerto y alertó a los vecinos; mientras, Patricia había salido a buscar ayuda médica.
"Cuando regresé, ya estaba la ambulancia y la policía. Me quedó grabado en la retina el momento en que la policía se llevaba a los varones, que dormían, envueltos en una manta. ¡Me dio una cosa tan fea! En ese momento me di cuenta de que ya me estaba separando de ellos", cuenta Patricia con la voz entrecortada.
Los años pasanPatricia pasó los primeros 30 meses en una cárcel del interior del país. Al comienzo, su padre la visitaba regularmente; después iba cada vez menos. A sus hijos casi no los veía. Luego fue trasladada a Montevideo, a la cárcel de mujeres de Cabildo.
Allí están alojadas en tres sectores que varían, según los grados de seguridad requeridos, unas 300 mujeres culpables de diferentes delitos. Patricia está en el sector de media seguridad. Una vez recluidas, a la hora del descanso, se cierra hasta el día siguiente la puerta de la habitación colectiva donde duermen en literas unas 20 reclusas.
Como ella pudo probar la golpiza recibida en Paraguay, mediante gestiones ante el Ministerio de Salud de ese país, la pena inicial de 24 años de penitenciaría descendió a 15.
Este mes, Patricia se arriesgará a pedir la libertad anticipada, al cumplir la mitad de la pena. Tiene a favor la buena conducta en la cárcel donde, desde hace cinco años, trabaja en forma remunerada en la cocina. Sus manos están curtidas de lavar los trastos y pelar verduras. Por cada dos días trabajados, tiene uno menos de pena, pero el juez recién autorizó a que se le acreditaran los cómputos a partir de 2005.
Con mucha ansiedad por el futuro en libertad que se le acerca, Patricia está recibiendo ayuda psicológica con una especialista del Instituto "Mujer y Sociedad", una organización no gubernamental que trabaja también en el asesoramiento legal a mujeres con diferentes problemáticas.
Todos los días, después que culmina su trabajo en la cocina de la cárcel, sale a la calle con su bolso a cuestas, sus cestos de mimbre y bandejitas con alfajores caseros, en busca de nuevos clientes.
En las últimas semanas, incorporó a su equipaje un nuevo bulto: un sobre con fotocopias de su currículo en inglés y en español, con la idea de buscar un trabajo calificado para el cual tiene aptitudes.
"Vivo por mis tres hijos, a quienes adoro. Vivo con un gran sentimiento de culpa, por ellos, por haberlos dejado prácticamente solos. Los perdí en una edad en la que más se necesita a la madre”, dice.
“Hace años que no me compro nada para mí. Todo lo que gano va para ellos. Pero hasta que no salga de la cárcel no hago planes. Tengo mucho miedo. Aunque suene raro, para mí la cárcel es un segundo hogar. Tengo un techo, agua caliente, comida. Saber que salís y que no tenés ni un techo, asusta”, comenta.
Su sueño es volver a Europa, a España, donde nacieron sus niños antes de irse a Paraguay. "Allí yo fui soltera, era joven y salía a divertirme; allí crié a mis hijos. Acá, en Uruguay, a pesar de que aún soy una mujer joven, por dentro estoy como desecha".
Perú: Peligrosa publicidadPor Julia Vicuña Y.
Lima, agosto.- El uso de niñas como objetos sexuales en la publicidad las convierte en posibles víctimas de violencia sexual, en sus múltiples formas: violación, paidofilia, pornografía y trata.
Al intervenir en el seminario Mujer y Publicidad en el Perú. Impacto y Perspectivas desde un Enfoque de Género, Jennie Dador, de la organización feminista Movimiento Manuela Ramos, dijo que últimamente la publicidad y la moda muestran a niñas erotizadas, como un objeto que se va a consumir.
“No faltará algún varón desorientado y desubicado que podría preguntarse: ‘si la veo ahí, expuesta, lista para el consumo, ¿por qué no puedo tocarla?’ Este es un ejemplo, un tanto irónico, que nos muestra la incoherencia de la política del Estado peruano”, señaló.
Recordó que en junio último se desató un gran debate nacional porque el Congreso de la República aprobó una ley que despenaliza las relaciones sexuales consentidas de la población adolescente mayor de 14 años.
Para Dador, es un contrasentido que, por un lado, se quiera controlar la sexualidad de la juventud y dar cadena perpetua a quien ose tocar y, por el otro, se permita que, en la publicidad, aparezcan niñas vestidas como adultas, presentadas como objetos de consumo deseables.
En el seminario sobre publicidad y género –organizado por el Colectivo FEMtv- Campaña contra la publicidad sexista–, participaron publicistas, directivos empresariales, estudiantes de comunicación, abogados, anunciantes y feministas.
Los estereotipos que se muestran en la publicidad actualmente tienen graves consecuencias en niñas que, desde los cinco años, tienen problemas de anorexia y bulimia. “Las pequeñas no quieren comer porque se ven gordas”, dijo a SEMlac, Miriam Larco, secretaria técnica del Consejo Consultivo de Radio y Televisión (CONCORTV).
“Hay niñas que, para sus quince años, quieren como regalo que les quiten la costilla. La publicidad va validando una forma de verse, un patrón cultural, un símbolo. Ellas adoptan esa identidad y no la cuestionan porque la niñez no tiene una división entre lo real y lo imaginario, lo cual es peligrosísimo”, sostiene.
Mariela Jara, en representación de las organizadoras del seminario, explicó que, a lo largo de 11 años, vienen sensibilizando a publicistas y anunciantes para que los anuncios emitidos por la televisión sean creativos y no atenten contra los derechos humanos, en particular los de las mujeres.
“Somos una iniciativa pionera, desde la sociedad civil, en la promoción de valores éticos en todo el proceso de creación, difusión y consumo de la publicidad televisiva. Buscamos que la publicidad no afecte nuestros derechos de igualdad, dignidad y a una vida libre de violencia”, dijo.
Sus esfuerzos de sensibilización están rindiendo frutos. El 21 de junio último, la empresa Backus y Johnston, ganadora por tres años consecutivos del antipremio Sapo–TV por emitir anuncios sexistas, presentó su Código de Autorregulación de Comunicación Comercial e invitó al colectivo a velar por el cumplimiento del Código.
El Colectivo FEMtv lo integran a Asociación de Comunicadores Sociales Calandria, el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, Demus, Milenio Radio y el Movimiento Manuela Ramos.
En Perú, las Normas de la Publicidad en Defensa del Consumidor señalan que ningún anuncio debe favorecer o estimular cualquier ofensa o discriminación racial, sexual, social, política o religiosa.
Asimismo, por ser un país signatario de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, tiene el compromiso de modificar patrones socioculturales de conductas de hombres y mujeres.
México: Los medios estratégicos, una experiencia libertariaPor Sara Lovera
México, agosto.- El primero de agosto de 2006, una turba inmensa de mujeres se hizo del control y la transmisión de la radio y el canal de la televisión estatal del estado mexicano de Oaxaca. “Rompimos con el mito de la tecnología y abrimos los micrófonos a toda la gente”, recuerda la maestra Fidelia Rodríguez.
“Nuestra voz rompió todos los cercos y se escuchó en todo el mundo”, explica la profesora. Ahora ella y miles de mujeres se dicen dispuestas a no volver al silencio.
Durante 21 días, aquellas que jamás se habían interrogado sobre cómo funciona la transmisión, ni cómo operan las ondas sonoras, ni cómo se logran las imágenes, fueron directoras, productoras, locutoras, programadoras y redactoras.
Programaron mesas redondas, transmitieron documentales proscritos, abrieron un canal de comunicación popular, hicieron noticieros, dieron avisos, anunciaron peligros y así –dicen quienes analizan el hecho– dieron, en tiempos de la comunicación global, un golpe certero que contribuyó a consolidar la lucha emprendida por el pueblo oaxaqueño.
En esos días “aprendimos todo el sistema; con miedo, sin duda, adquirimos habilidades comunicativas y pudimos explicar al pueblo todo lo que ocultaban los medios comerciales sobre el movimiento de los pueblos de Oaxaca”, rememora Patricia Jiménez.
Y Judith Méndez señala que la gente cuidó el canal. Mientras, en muchas calles y lugares de la capital oaxaqueña había enfrentamientos y apresamientos, “podíamos estar adentro, informando, cuidadas por la gente, los estudiantes, las amas de casa, los hombres y mujeres de colonias urbanas y poblaciones”.
La toma del canal 9 de televisión en Oaxaca, situada a unos 600 kilómetros al sur de la capital de la República, donde vive el 10 por ciento de la población indígena y se reportan altos índices de desnutrición, muerte materna y abandono institucional, se festejó con una tanda de mesas redondas y una marcha callejera, entre el 30 de julio y el primero de agosto.
En la capital oaxaqueña, el pueblo está en rebeldía desde junio de 2006 y son innumerables los asesinatos, las aprehensiones ilegales, los actos de tortura y la persecución. Muchas de las trabajaron allí tienen órdenes de aprehensión, en los festejos contaron sus experiencias, sus dificultades, la angustia que les produjo tomar la decisión de participar en el movimiento, las culpas de dejar familia, compañeros, hijos e hijas.
Según Patricia, la experiencia cruzó todos los campos del aprendizaje y la decisión de decir al mundo lo que sucedía, a la elaboración de comisiones, grupos de protección, charlas íntimas entre nosotras y la toma de conciencia del significado de los medios de comunicación, como instrumentos de la democracia.
Nancy Mota Figueroa, la más joven, recuerda que esos 21 días fueron tensos. “Durante las noches oímos ráfagas de armas largas, y en una, cuando cayó el primer muerto del movimiento (un hombre que funcionaba como vigía de la televisión), tuvimos que atender ahí, en las instalaciones, a los responsables del crimen y contenernos, curarlos, darles de comer y luego entregarlos con vida”.
Ella, que aprendió a ser locutora y a hilar cada frase y palabra, considera que esta experiencia fue la más trascendente en su corta vida. Había que elegir entre ser como ellos, los que nos reprimen y persiguen, y respetar la vida de los criminales.
La especializaciónA los 21 días, cuando las transmisiones se fueron acortando y la radio y la televisión tuvieron cortes, restricciones y las autoridades las sacaron del aire, las mujeres salieron armadas y decididas a no cortar la información. A partir del 21 de agosto tomaron otras 13 estaciones de radio comerciales y continuaron informando por algunos días a la gente de los Valles Centrales de Oaxaca.
En el Canal 9 y la radio oficial, desde el primero de agosto, y luego en las radios comerciales, la gente aprendió a llevar sus mensajes para darlos a conocer y pedir la localización de sus familiares. Se recibieron día a día quejas y peticiones y mensajes de denuncia.
Se hacían cortes informativos sobre los movimientos de la policía, que iba poco a poco tomando las calles y derribando las barricadas que alzaron los maestros y el pueblo, que formó la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).
En el camino han quedado, a lo largo de más de un año, al menos 20 muertos, decenas de encarcelados, desaparecidos, violaciones sexuales a algunas mujeres, cateos ilegales, órdenes de aprehensión y juicios sin debido proceso.
La organizaciónLa toma de los medios se hizo luego de una marcha de mujeres, con sartenes y cacerolas en la mano. A la radio le llamaron Radio Cacerola y blandieron con las herramientas femeninas por la justicia y el cese de los enfrentamientos.
Ese primero de agosto, las mujeres de la APPO habían decidido trascender las acciones de ayudantía, dejar la cocina, el mandil, y participar más activamente. “Esperábamos a unas 1.000 o 2.000 mujeres en la marcha. Llegaron 20.000. Los hombres habían intentado tomar la televisión, pero no lo lograron, y esa noche, como éramos tantas, nos decidimos”, recuerda Guadalupe Vásquez.
Como resultado de esa acción comunicativa nació la Coordinadora de Mujeres de Oaxaca (COMO), que este primero de agosto de 2007 entró en una nueva fase y se dispone a discutir su organización a partir de la convicción de que las mujeres “estamos discriminadas y oprimidas”, dijo Patricia Jiménez.
Reconocemos que es tiempo de influir y desarrollar un movimiento fuerte de mujeres y feministas, que trabajan en Oaxaca desde hace 30 años, dijo a SEMlac Margarita Dalton, investigadora y fundadora del grupo de estudios de la mujer “Rosario Castellanos”.
Mientras tanto, se mantienen los ecos de agitación y organización de la población. En julio pasado se reanudaron las protestas que iniciaron los maestros y las maestras, a las que se fueron sumando pobladores y pobladoras de toda la entidad.
Nuevas acciones de represión aparecieron a partir del 16 de julio y están pendientes varios juicios y la liberación de presos. La demanda central, la renuncia del ejecutivo local, Ulises Ruiz Ortiz, también sigue pendiente, como pendientes están las denuncias de organismos de derechos humanos nacionales e internacionales.
Se reconoce que la APPO está en crisis. Sin embargo, las mujeres de la COMO quieren trascender la crisis y las coyunturas. Designaron el primero de agosto como el día de la Mujer Oaxaqueña.
Bolivia: Anillo vaginal: un método anticonceptivo eficaz, pero poco accesiblePor Liliana Aguirre
La Paz, agosto.- El anillo vaginal es uno de los métodos anticonceptivos más novedosos, cómodo y seguro para las mujeres. Sin embargo, no es muy utilizado por su elevado costo económico, que lo restringe únicamente a sectores de economía alta.
Este método se presenta con la forma de una goma delgada, flexible, circular, de látex, muy parecida a las que se utilizan para amarrar el cabello. Usualmente es de color transparente y se introduce en la vagina para evitar la concepción mediante hormonas como el estrógeno y la progesterona.
Silvia tiene 28 años y utiliza el anillo vaginal desde hace tres. Ella asegura a SEMlac que resulta mucho mejor que las pastillas anticonceptivas o la inyección esterilizante, ya que no le provoca reacciones secundarias en el organismo, como otros métodos.
“Con el anillo vaginal no he experimentado las molestias de otros métodos anticonceptivos elaborados con hormonas. Cuando tomaba la píldora, sentía cambios desfavorables en mi cuerpo, como aumento de peso y depresión. El médico me dijo que era una reacción a las hormonas. En cambio, con el anillo me siento estupenda y no me ha causado nada fuera de lo normal”, comenta.
Sin embargo, no todas las mujeres pueden acceder al uso del anillo vaginal por su elevado costo, que oscila, en Latinoamérica, entre 30 y 60 dólares, lo que ha restringido su uso.
Estudios de empresas farmacéuticas, revelan que, de cada 100 mujeres, durante un año de uso del anillo vaginal, existe la probabilidad de que sólo una quede embarazada.
Una vez dentro de la vagina, este método anticonceptivo desprende hormonas que se localizan en el útero y, de esta forma, evitan la concepción.
“Cuando se coloca el anillo vaginal, la mujer debe tenerlo en la vagina por tres semanas y la cuarta quitárselo y descansar”, explica a SEMlac la ginecóloga Elena Rivadeneira, quien atiende una consulta de planificación familiar desde hace cinco años.
Además, añade, “durante la primera semana, cuando es colocado en la vagina, no se pueden sostener relaciones sexuales. A partir de la segunda ya la actividad sexual puede ser normal y continua, sin temor a un embarazo no deseado.”
Otro punto importante es que el aparato sexual femenino debe descansar la cuarta semana, es decir, durante la menstruación y, para ello, hay que retirar el anillo y desecharlo. Sin este dispositivo dentro, el embarazo es probable.
“Cuando el anillo vaginal se mueve y logra salirse de la vagina, es necesario utilizar uno nuevo inmediatamente, ya que se corre el riesgo de un embarazo”, recomienda la ginecóloga.
Los anillos son desechables y duran un mes, tiempo después del cual deben ser reemplazados por uno nuevo, como garantía de poder experimentar una sexualidad plena, sin riesgo de embarazo. |