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Material y noticias de SEMlac del 19 al 25 de junio de 2006
Cuba: Hogares al borde de un ataque de nervios Por Dixie Edith
La Habana, junio.- La sociedad cubana avanza hacia la matricentralidad (la madre como centro) de la familia, según la doctora Patricia Arés Muzio, jefa del grupo de familia de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.
“Vivo con mi hijo y mi nuera porque no me queda más remedio, pero con gusto me iría a otra parte. No soporto verlo atender a los niños o permitir que ella haga y deshaga con las decisiones de la casa”, contó a SEMlac Abelardo Ramos, jubilado de 82 años.
Según Arés Muzio, últimamente las cubanas han asumido nuevas tareas directamente relacionadas con el control del hogar: mantienen el liderazgo emocional, median en los conflictos familiares, pero también se ocupan de la educación de los hijos y siguen teniendo a su cargo la mayor cantidad de actividades domésticas.
Y, por si fuera poco, se están ocupando de la distribución del presupuesto familiar, aunque muchas veces suelen dejarle al hombre las decisiones de las grandes inversiones.
“Yo siento que hay un proceso de reordenamiento en la familia hacia la jefatura femenina y una reestructuración de las relaciones de poder”, asevera la experta.
Mientras el siglo XX ratificó las tradiciones patriarcales, el nuevo milenio ha atrapado al mundo debatiéndose entre muchas confusiones.
La familia, transmisora de la lengua, los valores, las costumbres, las creencias, los conocimientos, las habilidades y nociones de género, ya no se parece a la de hace apenas un siglo.
Fuentes de las Naciones Unidas aseveran que hoy la llamada célula fundamental de la sociedad está marcada por la reducción de su tamaño, el aumento de las uniones consensuales y las rupturas conyugales.
Otras investigaciones empiezan a referir como tendencia, cada vez más, una resistencia hacia el compromiso y la convivencia familiar estable en edades tempranas.
El momento de tener hijos cada vez se corre más hacia edades tardías en las mujeres y los descendientes de padres divorciados, con pobres referentes hogareños, se niegan, muchas veces, a reproducir el desarraigo familiar en el que se criaron.
La isla no escapa a esas tendencias. Investigaciones del Centro de Estudios Demográficos, también de la Universidad de La Habana, asocian el cambio a las transformaciones ocurridas en Cuba durante la segunda mitad del siglo XX.
La integración de la mujer al trabajo, su entrada al espacio público, el fortalecimiento de su independencia económica y su libertad para elegir el divorcio y el número de hijos, junto a la alfabetización y la atención médica gratuita, completaron una transformación de patrones sociales.
En estos momentos, las mujeres suman más del 45 por ciento de la fuerza laboral en el sector estatal y dos tercios de la fuerza técnica y profesional del país. Son alrededor del 60 por ciento de los graduados universitarios y poco más de la tercera parte de los dirigentes y de los diputados.
Estos cambios sacudieron los patrones del patriarcado y modifican, poco a poco, las relaciones de poder al interior de la familia.
“Aunque el discurso mantiene un modelo patriarcal, en el fondo los hombres están sintiendo un proceso de desvalorización, se les está desdibujando el modelo cultural”, explica Arés Muzio.
Ante esa situación hay varias reacciones: un tránsito a favor del progreso, que produce un reequilibrio del poder en la familia, donde el hombre participa más y asume la paternidad de una manera más responsable.
También puede suceder que la figura masculina entre en crisis cuando siente amenazado el poder patriarcal, y que eso refuerce su machismo.
La otra salida puede ser hacia un acomodamiento. Aparentemente hay un discurso de cambio, pero en el fondo ocurre la llamada victimización secundaria de la mujer.
“Ella se cree liberada, con las riendas en la mano, pero en realidad está altamente exigida, agobiada, exhausta, al portar todas las cargas físicas y mentales de la familia”, completa la especialista.
Una ponencia presentada en mayo último por periodistas de la quincenal revista Bohemia, durante el VII Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación, mostró resultados de dinámicas de grupo hechas en zonas urbanas y rurales de la isla, que confirman el parecer de la experta.
Los hombres participantes aceptaron, más o menos abiertamente, que la mujer goza hoy día de mayor poder en el hogar y la familia.
Según las conclusiones de esas conversaciones, la educación y la cultura son elementos efectivos del cambio de comportamiento, al igual que los espacios ganados por la mujer en el entorno social durante las últimas décadas.
Pero prevaleció la constatación de que, en muchas ocasiones, los hombres aceptan el mandato femenino por comodidad. A los más jóvenes, sobre todo, les da igual que la mujer mande, mientras ellos no tengan que hacer nada.
Los propios entrevistados aseguraron que llevar las cargas domésticas les otorga “moral” a las mujeres para sostener las riendas de la familia. En general, unos y otras tienen bien definido cómo debe ser la dinámica familiar: equitativa, con respeto, cargas y responsabilidades compartidas.
También se apreció un reconocimiento de la ayuda masculina a la mujer como algo natural, aunque sigue quedándose en el plano de “ayuda”.
El mayor peso de las cargas domésticas continúa recayendo sobre las espaldas femeninas, como confirmó una encuesta sobre el uso del tiempo realizada por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).
Según ese estudio, los hombres dedican más horas que las mujeres al trabajo remunerado, pues ellos son mayoría en el espacio laboral.
Sin embargo, cuando se añaden las labores domésticas no pagadas, es visible que las mujeres trabajan más que los hombres y tienen, por tanto, menos tiempo para su uso y satisfacción personal. Así, por cada 100 horas que labora un hombre en Cuba, una mujer suma más de 120, de acuerdo con ese sondeo.
La investigación de Bohemia también reveló que en un espacio como el de las relaciones sexuales se tiende a decisiones compartidas. “Cuando la mujer no quiere, no hay quien la obligue”, concluyeron varios hombres participantes en el debate.
La ponencia también refiere una mayor preocupación y participación masculina en la educación de hijos e hijas y un diferencial por edad. Suele suceder que, en hogares extendidos, son las adultas mayores quienes, en la práctica, llevan las riendas de la familia.
En general, el cambio en el discurso es menos evidente para las zonas rurales y los más jóvenes, curiosamente, suelen exponer la posición más anquilosada en materia de roles de género.
A juicio de especialistas del Centro de Investigaciones Sociológicas y Psicológicas, adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, durante la última década del siglo XX se estancó, de alguna manera, el proceso de democratización por el que venía transitando la familia cubana.
Pero, al igual que en la economía, pasados los peores años, la situación en familia no volvió exactamente al punto de referencia de los ochenta, sino que continuó evolucionando por otros caminos.
Si en el escenario económico anterior a la crisis una mujer podía llegar a una paridad de ingresos con su pareja, hoy algunas alternativas laborales han posibilitado la existencia de hogares donde ellas se han convertido, por amplio margen, en el principal sostén financiero.
“El problema en la casa es que mi nuera es quien trae los pesos convertibles, pues trabaja en una empresa mixta”, explica Abelardo Ramos.
Estadísticas recientes muestran una tendencia hacia la jefatura femenina en los hogares cubanos. Si en 1953 las mujeres eran 14 por ciento de los jefes de hogar; en el Censo de Población de 1981 esta cifra se elevó a 28 por ciento y en 2002 ya alcanzaba 40,6.
En el mundo, los números viajan por el mismo camino. Sin embargo, a juicio de Juan Carlos Alfonso Fraga, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la ONE, Cuba enseña una peculiaridad: de ese casi 41 por ciento, el 34,6 tiene un esposo que está reconociendo esa jefatura.
Todas las investigaciones sobre familia en la isla coinciden: en aquellos hogares donde la mujer ocupa puestos de dirección en diferentes ámbitos de la sociedad, la distribución de tareas domésticas en su hogar es más equitativa.
Los roles tradicionales de hombres y mujeres se desdibujan y algunos, incluso, quedan relegados apenas al discurso. Pero en Cuba, muchos hogares, al estilo de Almodóvar, están viviendo al borde de un ataque de nervios.
Ciudad de México: Menos machismo Por Sara Lovera
México, junio.- En el Distrito Federal, el 42,2 por ciento de las mujeres ha sufrido violencia de pareja y una de cada tres ha vivido violencia inflingida por un hombre alguna vez en su vida. El DF es la segunda ciudad más grande del mundo y centro político y social de México.
El desarrollo socioeconómico, que ubica a esta capital como una de las más adelantadas y progresistas del país, se contradice con las cifras anteriores, que las expertas explican por la persistencia del machismo, a pesar de que las mujeres han cambiado y no se reconocen como oprimidas y discriminadas.
Los resultados de una encuesta realizada por el Centro de Estudios de la Mujer de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México entre 2004 y 2005, aún no publicada, revelan que las capitalinas viven un período de transición entre el modelo tradicional machista, en crisis, y otro por construir.
El sondeo se dirigió a más de 3.000 personas, en su mayoría mujeres, y el 51,5 por ciento entre los 28 y 47 años, en plena madurez, muchas casadas, con hijos, jefas de familia y trabajadoras, a quienes se les aplicaron 15 preguntas para detectar los principales estereotipos que difunden los medios de comunicación y que se afirman indiscriminadamente.
Los resultados denotan que avanza un proceso de transición en las identidades, aunque todavía se manifiestan algunas contradicciones.
Ante la frase “Las mujeres no sirven para nada”, 79,1 por ciento se manifiesta ‘totalmente en desacuerdo’, y simplemente en ‘desacuerdo’, 17,8 por ciento del total. La opinión en contra de esta frase es, por tanto, 96,9 por ciento.
“Quien manda en la casa es el hombre”. Ante tal formulación, 56 por ciento estuvo en desacuerdo total y 26,4 por ciento en desacuerdo simple. Sólo cinco por ciento se manifestó a favor. Una aseveración tan fundamental en la vida familiar mexicana es rechazada globalmente, pero debe considerarse que en la encuesta participaron principalmente mujeres.
Cerca del 40 por ciento dice no concordar con la idea de que “El matrimonio es para siempre”, mientras un porcentaje significativo (24,6 por ciento) no define su postura, 16,7 manifiesta estar de acuerdo y 8,7 totalmente de acuerdo. Esto significa que una cuarta parte de los encuestados estuvo a favor de la frase.
Sólo un grupo mínimo (3,9 por ciento) aceptó que “Las mujeres tienen que hacer lo que los hombres quieran”, con lo cual se observa nuevamente una tendencia a la modificación del sistema de creencias.
Ante una frase como “Las mujeres que son golpeadas se lo han buscado” hay una tendencia al rechazo, ya que 25,5 por ciento opina que está en desacuerdo y 68,2 por ciento está totalmente en desacuerdo. Sólo el 2,2 por ciento confirmó concordar con esa idea.
Sin embargo, de manera indirecta se culpa a la mujer por las situaciones de violencia de las que llega a ser objeto cuando 53,8 por ciento dice estar de acuerdo parcial o totalmente con el hecho de que “El hombre llega hasta donde la mujer quiere”.
Otras respuestas demuestran cómo se ha modificado la creencia de que las mujeres se quedan solas por no ser buenas esposas. También se mantiene la creencia de que la maternidad es muy importante y, por tanto, las mujeres deben aguantar todo, sacrificándose por sus hijos (50,9 por ciento tiene esta opinión).
En cuanto a la violencia, 68,5 por ciento cree que los hombres “no pueden controlarse”. En relación con la frase “Las mujeres dejan que los hombres les peguen”, el rechazo alcanzó 50 por ciento, mientras que 24,4 estuvo de acuerdo. Se observa, igualmente, que las mujeres tienden a ocultar, cuando la viven, la violencia intrafamiliar (70 por ciento de las respuestas fueron dadas en este sentido).
Sobre la idea de que las mujeres dependen económicamente de los hombres, el rechazo fue de 68 por ciento contra 13 que dijo estar de acuerdo.
Una mayoría opina que los hombres desconfían de las mujeres que trabajan; 39 por ciento de las personas consultadas están de acuerdo con esa idea, y 22, totalmente de acuerdo. Un porcentaje importante (20,9) dice no tener opinión al respecto.
En el Distrito Federal hay más de 100 grupos civiles femeninos y es la ciudad del país donde se han desarrollado políticas gubernamentales y sociales a favor del avance de las mujeres. Pero la transición aún espera.
Por Ilse Bulit
La Habana, junio.- Aquel anciano lo predijo. Al escuchar los nombres de un grupo de estudiantes de primaria que esperaban su revisión dental en una policlínica del municipio de La Lisa, en la capital cubana, exclamaba: “Si uno de estos chiquitos se hace pelotero, ¡pobre de Eddy Martin!”.
Quince años después, su predicción se cumplía. El narrador deportivo Eddy Martin confesaba la dificultad de explicar una jugada beisbolera con la velocidad requerida. El tiempo se le iba mientras pronunciaba los impronunciables apelativos de los jugadores.
Odrisamen, Yoandy, Yadier, Vichiyoandri, Yadel y Yulieski están en el terreno y también son médicos, maestros. Están en toda Cuba, clamando por errores en los cheques, las tarjetas magnéticas, los certificados de divorcio, todo esto provocado por la escritura diferente a la establecida por sus padres a la hora de inscribirlos.
La ley 51 de 1985 regula la puesta de nombres en el Registro Civil cubano y especifica, en su artículo 43, que ninguna persona podrá ser inscrita con más de dos nombres y que los padres o las personas interesadas los escogerán libremente, pero, en todo caso, deben estar en correspondencia con el desarrollo educacional y cultural del pueblo y sus tradiciones.
Así se trata de proteger a los recién nacidos de la desbordante imaginación de sus progenitores. Pero, como cada uno posee su concepto sobre lo cultural y lo tradicional... ¿quién le pone el cascabel al gato?
Buen ejemplo de este zigzagueo es lo ocurrido al conocido músico cubano Juan Formell, director de la famosa orquesta Los Van Van. Sólo en los niveles del Ministro de Justicia consiguió nombrar Paloma a su pequeña; la registradora del Estado Civil afirmaba que era el nombre de un animal.
Al lado de este extremismo de un bando, encontramos el otro: la insistencia de unos padres de la central provincia de Villa Clara que luchaban por endilgar a su bebé el “chicken” tomado de las letras impresas en las envolturas de pollo canadiense.
Sin duda, el nombre es una dulce imposición ligada al desarrollo de la historia en cada país y Cuba no es ajena a esos vaivenes.
Enfermedades y malos tratos eliminaron rápidamente a nuestros indígenas. Su recuerdo quedó en la toponimia de ríos, montañas y algunos pueblos y ciudades. Los conquistadores españoles continuaron sus costumbres y el hijo mayor heredaba los bienes y el nombre del padre. Las mujeres y los demás se conformaban con el santoral del día.
Así, el nacido el 8 de enero sería un Canuto y la niña del 10 de febrero, Escolástica, seguido de un María, con el fin de ganarles la protección de la Virgen, que bien la necesitaban.
Y esta relegación de la mujer al ámbito hogareño, con el paso de los siglos, les fue entregando cierta primacía en la elección de la marca de fábrica, sobre todo, en el caso del sexo femenino. Eran tiempos en que nadie osaría escoger un apelativo oriundo de la cultura árabe o hebrea.
El siglo XIX, gestor de la nacionalidad y de la independencia primaria, removía la sociedad. Las diferentes actitudes ante estos cambios se reflejaban en la vida diaria.
Una española de alcurnia regalaría a su hija el romántico nombre de una de las protagonistas de los folletines llegados en los barcos o tomados de una ópera escuchada en el teatro Tacón. Nunca la llamaría Regla o Caridad, muy populares entre las pardas y negras libertas.
Los tabaqueros emigrados en Cayo Hueso por sus ideas libertarias regresaban, al establecerse la República, con hijos sin nombres en inglés y hasta con hijas llamadas Patria. Inclusive, se reporta en 1909 una joven nombrada Habana, ganadora del primer concurso de mecanografía.
Las dos intervenciones de Estados Unidos en Cuba, a principios del XX, y su influencia económica y política en décadas siguientes se reflejaron en algunos diminutivos: Katy para Catalina, Bobby para Roberto, Betty para Beatriz, y las Nancy que cuajaron en la pila de bautismo.
Entre finales del siglo XIX y primera mitad del XX, autores como Carolina Invernizo, Hugo Conway, M. Delly y Corín Tellado intervenían, hasta después de muertos, en la selección. El cine estadounidense proponía su vertiente exótica: Aquel “El Árabe” y su hijo, impulsaron las Zobeidas y las Zoraidas.
La radionovela cubana, fundada por Félix B. Cagnet y repartida por Hispanoamérica, proponía a las futuras madres nombres compuestos como el de Isabel Cristina.
Durante esta etapa hay cierta evolución en los apelativos femeninos, mientras que los masculinos aparecen más amarrados a las costumbres heredadas de España, aunque ya no se cumple de forma tan estricta lo dispuesto en el Santoral mostrado en los almanaques.
La llegada de los barbudos, con Fidel Castro, en enero de 1959, provocaba cambios económicos y sociales. La mujer se liberaría de asfixiantes ataduras, pero, a la vez, se ceñiría de responsabilidades, aparte de las hogareñas.
Así, tomó más partido a la hora de marcar para siempre el nacimiento de la prole. Ya en la década de los 70 era la responsable de inscribir a su hijo en el propio hospital. Si el hombre puesto como padre no estaba de acuerdo, reclamaría legalmente después.
Desde los años 60, se generaliza también la ruptura de lo tradicional respecto al apelativo de los varones. Los nombres de los líderes políticos son tomados: Fidel, Raúl, Camilo, Ernesto. La visita a la isla del primer cosmonauta Yuri Gagarin propaga los Yuri.
Es interesante notar que, a pesar de las amistosas relaciones con los países del otrora mundo socialista, si bien se adquieren los Vladimir, las Yamilka, las Natashas y otros, sólo se incorporan como parte de un extraño proceso en la búsqueda de nuevos nombres.
Tal vez hayan influido en el gusto por la “y” inicial en la larga serie de nombres inventados que proliferarían, sobre todo, a finales de los 70, y de cuya costumbre no se han librado los maestros en las listas de los escolares que se burlan entre sí. La desmesurada furia creativa comenzó por las provincias orientales y, ante la emigración de sus vecinos a la capital, se diseminó como hierba mala.
Dicen los estudiosos de la Numerología que la letra “Y” simboliza compañerismo, solidaridad. En verdad, los cubanos son solidarios, pero esta letrita ha iniciado una línea enloquecida, donde no existe regla y cualquier juego de grafías es posible.
Se ha agregado a esta especie de locura la combinación de las letras iniciales de la madre con las finales del padre o viceversa. O combinaciones de cualquier orden ajeno a la lógica matemática. Se ponen al revés los nombres (Racso, por Oscar), se desmenuzan, se reúnen; en fin, se transforman en una pelea contra lo racional.
En este revoltijo no hay discriminación por género. Los nacidos son afectados sin tener en cuenta su sexo. Inclusive, hay nombres que no indican la pertenencia física a uno u otro.
Así y todo, la popularidad de las telenovelas y otros materiales de la televisión todavía ejercen presión. Las cubanas y cubanos llamados Yaíma y Reinier proceden del gustado serial “En silencio ha tenido que ser” y las Malú, del brasileño “Una mujer llamada Malú”.
En estos instantes hay un niño jugando en la calle, nombrado Creisy, sin estar adscrito a la consulta de un psiquiatra; y otro que responde a Odile, sin saber que representa al cisne negro del famoso ballet. Por las ciudades y pueblos cubanos andan Ironelys, Yusnavys, Estias, Madeinespain, Yelki, Guasimara, Quisnaisi, Yoluli, Maikeljacson.
Una luz de esperanza llega de la registradora de nacimientos del llamado, por tradición, Hospital de Maternidad Obrera de Marianao. En los últimos tiempos, han nacido algunas María Carla, Amanda, Alejandra, Claudia. Los varones cargan todavía con el de sus padres, con “y” incluidas.
Uruguay: Aumentan adopciones ilegales de menores Por Ángela Castellanos
Montevideo, junio.- El presidente del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay, Víctor Giorgi, afirmó que en este país existe "tráfico de niños", que implica en algunos casos ventas de menores, y señaló que el 40 por ciento de los padres interesados en adoptar consiguen bebés por vías no institucionales.
En el año 2005 fueron entregados en adopción 44 pequeños, de los cuales sólo tres eran recién nacidos, según el Departamento de Legitimación Adoptiva y Adopción de ese Instituto. El promedio tradicional estaba entre 15 y 30 recién nacidos dados anualmente.
"Los indicadores son muy claros en que hay tráfico de niños, que tendrá distintas motivaciones, distintos aspectos, no estamos hablando sólo de venta, pero sin duda existe una circulación de niños y una adjudicación de adopciones por fuera del sistema legalmente instituido", dijo Giorgi a la prensa a fines de mayo.
Esa entidad es el organismo gubernamental mediante el cual las personas pueden adoptar menores. Otro programa de adopción avalado por las autoridades es el operado por el Movimiento Familiar Cristiano. Las dos instituciones siguen las disposiciones legales vigentes, hoy cuestionadas por parlamentarios, organizaciones no gubernamentales y hasta por el gobierno.
En efecto, la puesta en marcha de las disposiciones del Código de la Niñez y la Adolescencia, aprobado en diciembre del 2004, ha complicado los procedimientos para las personas interesadas en adoptar un niño o niña, lo cual ha alentado la búsqueda de menores por vías no institucionales, e incluso la compra de infantes.
En síntesis, los pasos incluyen inscripción, carnet de salud, certificado de ingresos, visita de la asistenta social, entrevistas a los futuros adoptantes. Sobre la base de la información acopiada, se estudia cada caso. Si el estudio resulta favorable y la solicitud es aceptada, ésta pasa a lista de espera.
“Cuando una mujer se hace un tratamiento de fertilidad no le piden tanto, no le hacen entrevistas ni visitas de supervisión para convertirse en madre biológica. En cambio, para ser madre adoptiva sí y además hay que esperar a veces más de un año”, reclamó Alejandra, una uruguaya que aspira a ser madre adoptiva.
El Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay argumenta que los infantes son sujetos de derecho y que el Estado debe hacer valer esos derechos. No obstante, a ojos del mismo gobierno, se hace necesaria una revisión del capítulo sobre adopciones del Código de la Niñez y la Infancia, pues es evidente que las estadísticas revelan un problema.
La senadora del oficialista Frente Amplio, Margarita Percovich, está trabajando particularmente en este tema.
El 50 por ciento de los menores que se adoptan por intermedio del gobierno provienen de familias de estratos marginados de la sociedad uruguaya. Por ello, la propuesta de Percovich pone énfasis en evitar que estos procesos legitimen separaciones por razones económicas.
Perú: Más mujeres en poder legislativo Por Julia Vicuña
Lima, junio.- Son abogadas, médicas, agrónomas, ingenieras, empresarias, regidoras, deportistas. En su mayoría provienen del interior del país las 35 congresistas electas que, en los próximos cinco años, tendrán el reto de trabajar por la gobernabilidad, desde una institución de bajísima credibilidad ante la población peruana: el Congreso de la República.
De acuerdo a los resultados presentados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la mayor representación femenina de la historia política del Perú resultó electa en las elecciones generales realizadas el 9 de abril último.
La delegación más numerosa la tiene Unión por el Perú (UPP) con 15 mujeres; le sigue el Partido Aprista con 9; Alianza por el Futuro y Unidad Nacional con 5 cada uno; finalmente, el Frente de Centro y Restauración Nacional obtuvieron dos congresistas, respectivamente.
Las dos primeras organizaciones son de corte popular; Alianza para el Futuro está ligada al ex presidente Alberto Fujimori y Unidad Nacional fue la alianza conservadora que postuló a Lourdes Flores a la presidencia de la República.
Si bien estos resultados han sido recibidos como un signo de avance del empoderamiento de las mujeres, feministas y dirigentes de diferentes organizaciones se mostraron escépticas sobre la labor que realizarán en aras de disminuir la desigualdad e injusticia social, erradicar el analfabetismo femenino y promover los derechos sexuales y reproductivos.
También miran con preocupación sus posibles acciones a favor de la identidad y el empleo femenino, para combatir la mortalidad materna, trabajar por el reconocimiento de la diversidad sexual y la despenalización del aborto, entre otros temas que consideran fundamentales en la agenda parlamentaria de los próximos años.
“No creo que la mayor presencia de mujeres en el Congreso garantice que la agenda del movimiento tenga fundamental atención. Hay trabajo que hacer. Tenemos a nuestro favor que las congresistas electas han realizando estudios y actividades que no entran en los estereotipos femeninos y que provienen de las regiones”, sostiene Victoria Villanueva, asesora de dirección del Movimiento Manuela Ramos.
A Villanueva le llama la atención los estudios de ingeniería agrónoma de Juana Huancahuari y Elizabeth León, congresistas electas por Unión por el Perú (UPP) en Ayacucho, departamento ubicado en la sierra centro sur; y que la ingeniera de minas Susana Vilca sea la próxima congresista electa por UPP de Puno, departamento del sur andino, con uno de los índices más altos de analfabetismo femenino.
Esta representación parlamentaria también la integra una de las pocas notarias que laboran en el país, Elsa Canchaya, electa por Unidad Nacional en Junín, departamento de la sierra central del Perú.
Por su parte, Luisa Sanabria, directora de la Unidad de Lesbianas y Bisexuales (ULB) del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) señala que es bueno, pero a la vez inquietante, el no saber las ideas y proyecciones de las electas. Recordó que anteriores representaciones femeninas del Congreso han hecho muy poco por las mujeres.
Gina Cedamanos, encargada de capacitación del Grupo Género y Economía, considera positivo que haya más mujeres en el Congreso, pero al mismo tiempo descarta que recojan las agendas del feminismo peruano.
“Ya hemos tenido ministras y congresistas que han desconocido, e incluso han estado en contra, de las demandas de las mujeres, sobre todo en lo que se refiere a derechos sexuales, la cuestión de género, el estado laico, la equidad”, agrega.
Estas visiones las comparte Betsy Valdivia López, responsable de capacitación del Programa Femenino de Consolidación del Empleo (PROFECE) del Ministerio de Trabajo.
Para Valdivia, la mayor presencia de mujeres en el Congreso expresa el avance de la población femenina en los partidos y movimientos políticos, principalmente aquellas que, desde diferentes trincheras y en algunos casos desde los gobiernos regionales, han trabajado por los Planes de Igualdad de Oportunidades.
Rocío Villanueva, ex Defensora Adjunta para los Derechos de la Mujer de la Defensoría del Pueblo, asegura que la mayor presencia femenina en el Parlamento es una muestra de que hay mayor conciencia en los partidos políticos acerca del derecho de las mujeres a participar.
Villanueva sostiene que la tan cuestionada cuota electoral ha favorecido muchísimo porque, de no existir, probablemente la participación política sería bastante menor a la actual.
La cuota del 25 por ciento se aplicó por primera vez en el país durante las elecciones parlamentarias de 2000 y su primer efecto fue aumentar el porcentaje de candidatas al Congreso de 11 por ciento en 1995 a 26 por ciento en 2000.
El 29 de diciembre de ese año se modificaron varios artículos de la Ley Orgánica de Elecciones y se incrementó la cuota electoral de 25 a 30 por ciento para las elecciones al Congreso de la República.
El próximo 28 de julio juramentará el nuevo Congreso con una composición muy diversa y la responsabilidad de garantizar la gobernabilidad del país en los próximos meses, más aún cuando el presidente electo de la República, Alan García Pérez, no tiene la mayoría parlamentaria.
Europa: La desigualdad tiene un precio Por Mariana Ramírez Corría
La Habana, junio.- La equiparación laboral entre hombres y mujeres tiene ventajas económicas, pero nunca antes se habían analizado con tanta precisión.
Las agencias europeas reportaban esta semana que el ministro para la Igualdad de Suecia Jens Orback declaraba que "la igualdad no es sólo un derecho humano, es también una ventaja económica". Muchos países europeos empiezan a darse cuenta de que las arcas del Estado se resienten mucho, porque la igualdad entre hombre y mujer (más allá de su formulación legal) dista de ser una realidad.
Sólo las economías de las sociedades más igualitarias crecen más. El coste más directo es el que genera la violencia doméstica, según los datos que aportaron los representantes de los 46 países miembros del Consejo de Europa.
La reunión se llevó a cabo en Estocolmo, para estudiar el impacto económico de la desigualdad. En España, como ejemplo, un estudio del Instituto Andaluz de la Mujer cifra en 2.400 millones el costo de la violencia contra las mujeres. Esto supone 58,4 euros per cápita al año. Se contabilizan los gastos hospitalarios, la asistencia psicológica, los costos del sistema judicial y el absentismo laboral, entre otros.
En Finlandia también se publicaron cálculos parecidos. La desigualdad cuesta alrededor de 91 millones (17,4 euros por habitante). Aunque no existe una metodología que unifique los criterios establecidos, en el Reino Unido se estima que a cada ciudadano la desigualdad le cuesta hasta 555 euros al año, teniendo en cuenta tanto los gastos sanitarios como los de servicios sociales.
A los gobiernos de una Europa estancada y con una población menguante les preocupa la repercusión económica que supone la falta de incorporación plena de la mujer al mercado laboral; enorme, a juzgar por las cifras que manejan algunos países.
Las cifras invitan a reflexionar. Si las británicas participaran en el mercado laboral de la misma manera que los hombres, las arcas del Estado se embolsarían entre 22.000 y 34.500 millones de euros al año. Entre el 1,3 y el dos por ciento del PIB del Reino Unido. Estos datos los reportó una comisión gubernamental que miran hacia la esperanza de que la mayoría de los 1,3 millones de empleos que se van a crear el año próximo sean ocupados por mujeres.
Países como Suecia atribuyen su crecimiento económico, en parte, a sus progresos en el campo de la igualdad, que se han traducido en una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Esto ha sido posible gracias a políticas de Estado que ponen el énfasis en el cuidado de la infancia y las personas mayores.
El gobierno sueco defiende la igualdad por sus ventajas competitivas y cree que excluir a la mitad de la población de un rendimiento laboral pleno es muy poco rentable. En ese país, los trabajadores tienen derecho a una jornada reducida en un 25 por ciento, hasta que el hijo menor cumpla los ocho años de edad.
Se calcula que hasta el 40 por ciento de las madres se acogen a esta posibilidad, lo que ha permitido una incorporación masiva de las suecas al mercado del trabajo, desde los años setenta.
"La economía europea está estancada y el modelo social europeo en cuestión. La igualdad es una de las formas de hacer frente a esta pérdida de población activa", sostuvo la viceministra de Finanzas sueca Magdalena Andersson, la semana pasada, durante la VI conferencia interministerial sobre la igualdad entre hombres y mujeres.
Andersson también aclaró que, sin embargo, el modelo sueco tampoco es el ideal y explicó que en su país 40 por ciento de las mujeres trabajan a tiempo parcial, lo que afecta no sólo sus ingresos, sino también su futura pensión. |