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Liliana Aguirre F.
"Al
terminar mi trabajo recojo las botellas y envases de plástico
descartados en el día, y los llevo a casa, donde mis hijos los
acopian para venderlos y buscarse algo para satisfacer sus
diversiones, como ir al parque, comprar golosinas o jugar en cafés
de Internet", cuenta a SEMlac María Jesús, de 44 años, quien trabaja
en cuidados geriátricos en una casa particular. Por otro lado, uno
de sus tres hijos, el más pequeño, Juan Pedro, de 10 años, comenta
que "vender plásticos y también papeles en desuso es muy bueno,
porque además de conseguir algo de dinero, ayuda al planeta a evitar
la contaminación del ambiente". Según estudios científicos, una
bolsa plástica desechada en un terreno fértil tarda en degradarse
alrededor de 1.000 años y, lo que es peor aún, debido a la
impermeabilidad del material, la tierra que tiene contacto con el
plástico se torna infértil y va erosionándose. "Recojo papeles de
periódicos, cuadernos, revistas y libros; también envases y botellas
de plástico y los vendo para comprar la comida diaria de mi
familia", explica a SEMlac Cecilia, una mujer que se dedica por
completo al reciclaje y en esa actividad ha encontrado una fuente de
ingreso para sobrevivir.
(Ver el reportaje completo)
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Zoraida Portillo
Hace 20 años, el proyecto parecía un argumento
para una película de ciencia ficción. Hoy se inserta plenamente en
la realidad de un planeta amenazado por el hambre, las guerras, el
cambio climático y la posibilidad real de perder sus fuentes de
sustento. El pasado 26 de febrero se inauguró, en el ártico de
Noruega, la Bóveda Mundial de Semillas, un ambicioso proyecto de
casi 10 millones de dólares que, hasta el momento, ha recibido 268
000 muestras de semillas de más de un centenar de países. Ideado
para durar mil años, en la práctica su tiempo de vida podría ser más
corto, si se cumplen las predicciones sobre el calentamiento global.
“Se han tomado todas las precauciones para evitar que el
desglaciamiento del Ártico lo afecte. Por ejemplo, el túnel más
profundo está a 120 metros sobre el nivel del mar, de modo que no se
inunde, aun cuando el nivel del mar aumente en las próximas décadas
debido al calentamiento global”, dice a SEMlac María Scurrah,
genetista vegetal peruana y la única mujer latinoamericana invitada
a dar una charla en la ceremonia de inauguración.
(Ver el reportaje completo)
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Mirta Rodríguez Calderón
Mientras en Noruega se inaugura la bóveda
global de semillas, o Bóveda del Fin del Mundo, como ha sido
bautizada por la prensa, en los foros internacionales se multiplican
las palabras sobre los desastres ambientales provocadores del cambio
climático en todos los continentes. En Latinoamérica y el Caribe las
poblaciones padecen sus efectos sin que existan suficientes acciones
ni políticas públicas, tanto para afrontar el problema como para
paliar sus efectos en la naturaleza y en la gente. Durante la
problemática Cumbre de Bali, en diciembre pasado, Estados Unidos fue
compulsado a declarar un compromiso de contención de las emanaciones
de dióxido de carbono (CO2), si bien ese país se negó
rotundamente a fijar entre 25 y 40 por ciento la disminución para
2020, como era la voluntad mayoritaria del cónclave.
(Ver el reportaje completo)
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Alicia Yolanda Reyes
Miguel Ángel, un pequeño de ocho años, jugaba
con otros chicos a la orilla del río Santiago, uno de los más
contaminados de todo México. Entre gritos y empellones, el muchacho
cayó al agua y a los pocos minutos de salir, ayudado por sus amigos,
comenzó a vomitar. A los vómitos se unió luego una diarrea, que a la
madre le fue imposible curarla con suero oral. Trasladado al
Hospital General de Occidente, que depende de la Secretaría de Salud
del estado de Jalisco, el niño empezó a convulsionar y a delirar,
entró en estado de coma y falleció semanas después. Los análisis
clínicos detectaron que en la sangre de Miguel Ángel había grandes
cantidades de metales pesados, además de arsénico, resultado del
alto nivel de contaminación del mencionado afluente, algo que se ha
hecho público, incluso, a nivel internacional. El río Santiago
recibe cada día 10 000 litros de excrementos por segundo de la zona
metropolitana de Guadalajara, además de decenas de líquidos
industriales enriquecidos con plomo, mercurio, arsénico y cadmio.
(Ver el reportaje completo)
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Liliana Aguirre F.
Aquella mañana, Jacqueline, de 44 años, giró el
grifo de agua para llenar una caldera donde prepararía el desayuno
familiar, pero se llevó una sorpresa: ni una sola gota del líquido
se escurrió por el grifo. La misma y desagradable experiencia tuvo
Andrea (25), quien en aquella misma mañana intentaba tomar una ducha
y se topó con que no había agua, ni siquiera un poco para lavarse
las manos y la cara. Estas mujeres, junto a otras 50 000 familias,
experimentaron la escasez del preciado líquido por una semana,
durante la cual lo recibían por un par de horas y en horarios
inesperados (como la medianoche, las dos de la madrugada o
milagrosamente a las 12 del día), para almacenarlo en recipientes y
poder disponer de él. Ante la escasez, que causó un gran agobio en
las personas, muchas familias marcharon exigiendo la restitución del
servicio, juntas de vecinos enviaron cartas de queja a los medios de
comunicación e, inclusive, los afectados acudieron a grutas de agua
natural a recolectar el líquido, lavar ropa y asearse. ¿Qué había
pasado? ¿Qué sucedió? ¿Cuál era la razón de tal escasez, que
generaba tantos problemas?
(Ver el reportaje completo)
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