| Colombia: Las campesinas reclaman sus derechos |
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| Escrito por Fabiola Calvo Ocampo | |||||||||
![]() Campesinas colombianas tuvieron encuentro en Sumapaz Bogotá, febrero (Especial de SEMlac).- En medio de las dificultades de una zona militarizada, como Sumapaz, y los ecos de enfrentamientos entre la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército, 89 campesinas de siete localidades rurales de Bogotá realizaron su primer encuentro, el 22 y 23 de enero, para aprobar una agenda que incluya sus derechos. "A tres meses del asesinato, aún no esclarecido, de nuestra compañera y amiga la Edilesa, de la localidad de Sumapaz, María Fanny Torres Ramírez, con el corazón apretado por el dolor reclamamos justicia y esperamos verdad, reparación integral y no repetición de estos hechos que enlutan nuestros territorios", dijeron las mujeres en su proclama, al finalizar su reunión. Durante 2009, la agenda se construyó con la participación de campesinas que habitan localidades rurales o con prácticas agrícolas, como son Suba, Usaquén, Santafé, San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme y Sumapaz, esta última con el páramo más grande del mundo, ubicado a escasos 31 kilómetros de Bogotá. La mesa impulsora del proceso contó con la participación de la subsecretaría de Mujer, Género y diversidad Sexual, la Gerencia de Mujer y Géneros de la Alcaldía Mayor de Bogotá y lideresas del Movimiento Nacional de Mujeres Campesinas. "Las campesinas hacen parte de la sociedad bogotana, aportan y tributan en igualdad de condiciones que el resto de la población y comparten con las mujeres urbanas condiciones de inequidad en la redistribución de la riqueza y los beneficios del desarrollo", dice el documento presentado para debate al encuentro y elaborado por la Mesa Impulsora. Subraya el escrito que se requiere "la acción decidida de las instituciones para mejorar las condiciones de vida y enfrentar las brechas de inequidad y desigualdad que se evidencian en el diagnóstico cualitativo realizado en el proceso de construcción de la agenda de las Mujeres Campesinas". Hablan las campesinas Un total de 436 mujeres de varias edades y de todas las localidades de la ruralidad de Bogotá participaron en las discusiones previas al encuentro y recibieron capacitación en política pública de mujer y géneros, ruralidad, pacto de bordes, contexto nacional y tratamiento de la situación del campesinado a la luz de la Ley de parques, y la nueva ruralidad. Las campesinas pusieron sobre la mesa los derechos contemplados en el Plan de Igualdad de Oportunidades para la Equidad de Género, herramienta de la política de Mujer y Género en la capital de Colombia, que incluye los derechos a una vida libre de violencias, participación y representación, un trabajo digno en condiciones de igualdad y dignidad, salud plena, educación con equidad y a una cultura libre de sexismo. Las participantes, algunas con sus sombreros y ruanas (capote o poncho), reivindicaron y agregaron a esta lista el derecho a la paz, toda vez que entre ellas hay mujeres que han vivido siempre en medio del conflicto armado; y el derecho al hábitat, componente fundamental para ellas, por su relación con la tierra y el territorio. El territorio de Sumapas ha sido uno de los más afectados por el conflicto armado que desde hace más de 50 años vive Colombia, debido al asentamiento que por años ha tenido la guerrilla en esa zona. En él conviven una fauna y flora no existente en otro lugar. En cuanto al derecho a una vida libre de violencias, se identificó que los mayores agresores son los esposos y no "los hombres en general". Varias relataron que ellos se vuelven así cuando "consiguen mujer…de novios casi nunca le pegan a una…". También reconocen que los hermanos mayores, los padres, los profesores y profesoras, los presidentes de las Juntas de Acción Comunal y los médicos maltratan a las mujeres y, en algunos casos, las madres. Entre las agravantes de la violencia, identificaron el consumo de licor. "Hay mucho vicio, los hombres aquí, para eso sí tienen plata y toman cada ocho días, llegan borrachos a exigir y obligar a las mujeres a que los atiendan hasta sexualmente; a ellos, cuando están borrachos, se les suben los humos y se creen más que uno...", expuso María Cecilia Rodríguez a SEMlac. Así mismo, hicieron referencia a la cultura machista y a la policía, puesto que "también creemos que si las autoridades policiales mostraran que pegarle a las mujeres es un delito grave, ellos cogerían escarmiento; pero como las entidades no hacen nada o nos hacen conciliar, ellos siguen por la misma", agregó Gloria, quien pidió no dar a conocer su apellido. Las jóvenes, en tanto, manifiestan la contradicción que significa aprender en la escuela "sobre la sexualidad, el cuerpo y los derechos" y luego llegar a la casa y encontrar que "allí no comprenden o no están de acuerdo con lo que nosotras decimos. Expresar lo que pensamos nos puede costar una o muchas cachetadas", comentó a SEMlac Paula Gómez, campesina estudiante de bachillerato. No pocas mujeres desarrollan enfermedades mentales a causa del estrés y el temor que las envuelve. Son seres traumatizados que terminan viviendo en depresión permanente. Igualmente, las hay que sienten haber desarrollado una alta desconfianza en sus parejas y mantienen una relación familiar sin amor. "Muchas cumplimos con los deberes conyugales, pero no es porque nos sintamos queridas o queramos a nuestros esposos", afirmó una de las participantes en los talleres preparatorios del encuentro. Un mapeo de las instituciones que conforman la Ruta de Atención a las mujeres víctimas de violencia revela que estas no tienen presencia en la zona rural. Adultas mayores expresaron sentirse presionadas por los hijos e hijas para que repartan la "herencia en vida". Rosalinda Pérez, una abuela de 75 años, aseguró durante el intercambio, al que asistió SEMlac, que "apenas uno le da a cada uno su pedazo, nos sacan de la casa. Nos dejan abandonadas, enfermas, tristes, solas y buscando empleo a nuestros años. Nos hacen sentir arrimadas y también nos quitan todo el subsidio que a veces nos dan en la Alcaldía". El encuentro concluyó que las soluciones pasan, entre otras cuestiones, por un acompañamiento a las mujeres víctimas, la educación y talleres con los hombres, posibilitar redes de protección para ellas con el fin de disminuir el aislamiento y ofrecerles facilidades económicas para que ganen autonomía. Sobre el derecho de las mujeres a la paz, exigirán la desmilitarización de la vida civil, promoverán la organización de las mujeres para que los jóvenes no presten el servicio militar y la aplicación del Derecho Internacional Humanitario. Con un intenso frío y acompañadas de muchas plantas de frailejón (herbacea que crece en los páramos), también hablaron de su salud, pues muchas padecen de reumatismo, enfermedades de las manos, dolores del cuerpo, espalda, malestares relacionados con oficios como el ordeño y la lavandería, que han debido asumir en lavaderos que no están diseñados a la altura adecuada. Así mismo, mencionaron las enfermedades bronquiales, provocadas por cocinar con leña; los dolores de cabeza originados por los cambios bruscos de temperatura de calor a frío y las afecciones oculares para las cuales carecen de gafas y de vías para adquirirlas. Otro mal común es el envejecimiento prematuro, por el fuerte ritmo de trabajo en el campo. Las campesinas se quejaron, igualmente, de que carecen de servicio telefónico para realizar siquiera llamadas en casos de urgencias, en medio de lugares donde se ven obligadas a recorrer largas distancias, lo que les dificulta la atención inmediata. La ambulancia llega solo hasta determinados lugares, por lo que muchas veces los familiares deben ocuparse del traslado de personas enfermas. Las discusiones sobre la educación de las campesinas bogotanas dejaron claro que hay mucho analfabetismo y la comunidad organizada es la que suple esa necesidad. No hay suficientes cupos para los colegios rurales y el transporte dificulta el traslado de los y las estudiantes. Reivindicaron el conocimiento y la sabiduría propios, independientemente del nivel escolar, además de la necesidad de fortalecer la formación para el trabajo, pensando en las necesidades de la localidad. Las campesinas, que tendrán su próxima cita dentro de dos años, instaron al alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas, y al Consejo de la ciudad, para que las reciban en un plazo de 30 días, a fin de entregarles su agenda de derechos y peticiones.
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