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Cuba: Agricultura, la ley del campo

Por Dixie Edith

 

Agricultores cubanos se muestran satisfechos con las nuevas maneras de organizar el trabajo agrícola.

La Habana, noviembre (Especial de SEMlac).- Las nuevas maneras de organizar el trabajo agrícola que se abren paso en Cuba han animado a Alioni Ascencio, de 33 años. Este campesino no había soñado con obtener los rendimientos logrados este año en su finca "La Milagrosa", ubicada en la provincia de Granma, a unos 750 kilómetros de La Habana.

 

Su alegría la comparten otros trabajadores. "Cuando comenzamos, hace 10 años, éramos dos finqueros para atender 0,35 caballerías (4,7 hectáreas) de tierra. Con el ritmo de producción, hemos podido ampliarnos a cinco trabajadores y al doble del área", comenta el agricultor a SEMlac.

 

La finca cosechó el año pasado 32,2 toneladas de plátano, cebolla, yuca, tomate y otras viandas y hortalizas. De acuerdo con sus cálculos, Ascencio, jefe de "La Milagrosa", espera duplicar esa producción al cierre de 2009. "En media hectárea hemos sacado más de 220 quintales (10,1 toneladas) de boniato (camote)", dice como prueba el campesino.

 

Al mencionar las causas del incremento productivo, enumera factores técnicos: la mejor preparación de la tierra, la selección de la semilla y las atenciones culturales, entre otros. Luego remata: "Aquí uno lo hace todo, pero también decide qué hacer y cómo, lo que se va a cultivar y cuándo. Yo siembro en menguante (de acuerdo a la Luna), que es el momento óptimo. Esa es la ley de los campesinos".

 

La parcela de Ascencio es también una de las 10 fincas de la Granja Estatal Frank País García, vinculadas al Proyecto de Fortalecimiento a la Estrategia Nacional de Cultivos Varios, financiado por la Agencia Canadiense para el Desarrollo.

 

Desarrollar esta estructura productiva dentro de la empresa agrícola estatal, y multiplicar así la eficiencia, el sentido de pertenencia y el arraigo a la tierra, son objetivos que comparten el Ministerio cubano de Agricultura y esta experiencia de cooperación, gestionada por CARE Canadá y la Asociación Cubana de Técnicos Agropecuarios y Forestales (ACTAF).

 

"El finquero está a tiempo completo cerca de la tierra, traza sus propias estrategias productivas, rota los cultivos según su decisión y gana de acuerdo con lo que sea capaz de producir", resume Leydis Barrios Verdecia, coordinadora del proyecto.

 

Ascencio agrega que antes, como obrero agrícola, tenía un salario fijo poco estimulante, pero "ahora he podido mejorar mis ingresos, al darme la oportunidad de constituir una finca en tierras de la empresa, para quedarme con el 80 por ciento de las ganancias que dejan estas producciones".

 

Como ventaja, el campesino aclara: "y mantengo mis derechos desde el punto de vista de la seguridad social." En su caso, el aporte de instrumentos de trabajo, medios de fumigación, sistemas de riego y, sobre todo, mucha capacitación, han sido beneficios sumados por la citada iniciativa de colaboración.

 

Junto a un hombre... una mujer

Aunque no se puede hablar aún de una clara incorporación de objetivos encaminados a la equidad de género y ninguna de las fincas del proyecto está dirigida oficialmente por una mujer, la capacitación y el acceso a experiencias productivas diferentes han traído algunas señales de cambio al interior de las familias.

 

Para Yamilé Alfonso, de 36 años y esposa de Ascencio, representa su incorporación como obrera directa de la finca, lo que le garantizará acumulado de años trabajados y, por tanto, una pensión de la seguridad social cuando alcance la edad de jubilación.

 

"Hago lo que sea, aunque no voy al campo. Trabajo tanto como ellos garantizando los almuerzos, las comidas, seleccionando cosechas y hasta en el surco cuando ha hecho falta", detalla Alfonso.

 

"Al final ella está trabajando, es de las que más trabaja", reconoce el esposo, que hasta ahora "no había pensado mucho en eso", según confiesa, cuando suma las muchas tareas domésticas que asume su mujer en la casa.

 

Una investigación de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) sobre el empleo del tiempo de cubanas y cubanos confirma esa realidad que Ascencio demoró en identificar.

 

Realizada a inicios de esta década en municipios seleccionados de la isla, tanto de zonas urbanas como rurales, determinó que, como norma, las mujeres trabajan más que los hombres cuando se suman las llamadas labores "no remuneradas", fundamentalmente realizadas puertas adentro del hogar. Gran parte de este trabajo no se conoce, se subvalora, asevera el texto.

 

En particular en las zonas rurales, la Encuesta sobre el Uso del Tiempo estimó que por cada 100 horas de trabajo de los hombres, las mujeres dedicaban poco más de 110.

 

De madre a hijo

Dueña original de la tierra que labora, Olivia Rivera, de 63 años, no ha tenido similar historia que Alfonso. Pero tampoco es hoy, al menos en las nóminas, la cabeza de la parcela que ayudó a levantar. "El jefe es mi hijo, pero yo no me he retirado", advierte a SEMlac.

 

"Pasé los papeles a su nombre, pero le sigo dando ideas, consejos. Y si me pasa algo a mí, se queda él, que es una gente joven", explica.

 

¿Usted continúa tomando las decisiones?, pregunta SEMLAC. "Si, él es un muchacho noble", responde.

 

Las relaciones que, al interior de la familia, produce la finca "Los Cocos", en la provincia de Granma, no son una novedad dentro de los hogares en Cuba. La doctora en Psicología Patricia Arés, de la Universidad de La Habana, ha descrito muchas veces los afanes sobreprotectores que suelen caracterizar a los progenitores en el país, sobre todo a las madres.

 

Antes de hacerse cargo de la tierra familiar, Mariano Guillot, el hijo de Rivera, trabajaba en una granja cafetalera en las montañas del municipio del Tercer Frente, en la provincia de Santiago de Cuba, a 860 kilómetros de la capital cubana.

 

"Fui a verlo varias veces allá arriba y, cuando veía lo intrincado del lugar, me decía: 'qué va, a este muchacho hay que sacarlo de aquí'. Hasta que lo logré", relata esta madre.

 

"Yo tenía que haber venido mucho antes", reconoce Guillot, quien cumple en enero de 2010 cinco años de trabajo en su parcela.

 

Con una extensión de cinco hectáreas, "Los Cocos" le ha dejado en tan corto tiempo sinsabores, una cicatriz por golpe de bueyes en una mejilla, y algún motor extraviado en el fondo de un pozo, pero también muchas satisfacciones con los rendimientos del boniato, el maíz, la yuca, el tomate y otros cultivos.

 

"Los golpes enseñan", reflexiona Olivia Rivera. "Poco a poco ha ido aprendiendo y ahora no hay quién le haga un cuento". El entusiasmo de madre e hijo gira actualmente en torno a una hectárea de cebolla. "Nos debe dar 170 quintales (7,8 toneladas)", prevé Guillot.

 

Misael Fonseca Fonseca, jefe de la Granja Frank País, donde se encuentra "Los Cocos", informa que hay lugares donde la producción ha aumentado hasta tres veces desde que introdujeron la estructura de finca "porque se le da una mayor participación al trabajador a la hora de decidir. Eso lo compromete y lo hace más creativo al buscar soluciones".

 

El jefe de la finca, en tanto, achaca los buenos resultados a la estabilidad lograda en la rotación de los cultivos y a otros conocimientos adquiridos en las acciones de capacitación propiciadas por la colaboración canadiense. Pero "no producimos más porque es una agricultura de secano", precisa.

 

Las esperanzas de ambos están depositadas ahora en el sistema de riego semiestacionario por aspersión, con que el proyecto gestionado por CARE y la ACTAF ha beneficiado a un grupo de parcelas, incluido "Los Cocos".

 

"Ahora sí vamos a ver cosechas grandes", asegura Guillot, mientras analiza con la madre la mejor rotación y ubicación de los tubos.

 

¿Quién trabaja más aquí?, pregunta SEMlac. "Si te descuidas, ella", sostiene Guillot.

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