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Cuba: HSH y sida, reflexiones ante la pantallaPor Dixie Edith
La Habana, septiembre
(Especial de SEMlac).-
Es noche de jueves en La Habana y en la pantalla de un televisor,
ubicado en el Centro Nacional de Prevención de las ITS/VIH/sida, la
relación homosexual ocurrida en el siglo XVIII, entre un joven negro
y un marinero holandés, acapara la atención de los asistentes.
Se desarrolla otra sesión de video debates para el proyecto de
Hombres que tienen Sexo con otros Hombres (HSH), un colectivo de
promotores que ha confirmado que disfrutar de una buena película
resulta una vía efectiva de promover reflexiones acerca de la
aceptación de la diversidad sexual y las conductas responsables
frente al VIH/sida.
Esta vez, último jueves de septiembre, la propuesta fue Proteus,
coproducción canadiense-sudafricana realizada en 2003, que toma
como hilo conductor una historia real, recogida en un documento
archivado en Ciudad del Cabo con fecha del 18 de agosto de 1735.
El texto, y por supuesto el filme, cuenta los avatares del proceso
penal seguido contra el holandés Rijkhaart Khoi y un negro, Claas
Blank, por “haberse practicado mutuamente sodomía”. Los dos hombres
fueron encarcelados en el penal de Robben Island, cerca de Ciudad
del Cabo.
Pero por las pantallas del Centro Nacional de Prevención han pasado
múltiples películas de diferentes temas y nacionalidades, en los
casi nueve años que ya suma el espacio.
El proyecto de prevención del VIH/sida en HSH se inició en Cuba en
agosto de 2000, como parte de un programa nacional aprobado por el
Ministerio de Salud Pública, que cuenta con el acompañamiento del
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), recipiente
principal de los proyectos financiados en Cuba por el Fondo Mundial
de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria.
Apenas unos meses después, los video-debates llegaron para quedarse,
no solo en la capital de la isla.
“Es la actividad más difundida del proyecto y la más antigua. Empezó
en octubre de 2000 con la cinta estadounidense Amor, valor y
compasión. Desde entonces se ha venido realizando sin fallar los
segundos y cuartos jueves de cada mes”, explica a SEMlac Andrey
Hernández, sociólogo de 25 años y coordinador nacional del proyecto
HSH.
“Poco a poco hemos extendido la experiencia y hoy se realiza en
todos los municipios de Ciudad de La Habana y, además, en las
ciudades cabecera de cada provincia”, agrega.
En cada sesión, los participantes visualizan situaciones específicas
que les pueden proporcionar posibles modelos de conducta a seguir en
la prevención del VIH/sida.
“Abordamos muchos temas relacionados con el virus y las infecciones
de transmisión sexual, pero también acerca de la aceptación de la
diversidad sexual, porque una vez que un HSH se siente comprendido,
reacciona mejor a las acciones de prevención”, precisa Hernández.
Nueve años después, datos del Centro Nacional de Prevención
confirman que la experiencia va teniendo un alcance creciente. Al
cierre de 2008, en todo el país, 6.045 personas habían
participado en este tipo de video-debates. En julio de 2009 la cifra
ya había alcanzado las 8.736 personas.
“No es lo mismo participar de una conferencia donde le explican a
uno las cosas con términos técnicos y
que generalmente aburre, que ver una película y discutirla
luego”, compara Raciel Pino, un estudiante de nivel medio de
informática que asiste regularmente a las noches de video.
Hernández coincide. “Los medios de comunicación tienen su gancho. A
la gente le interesa más entretenerse que aprender y con esta vía
logramos los dos objetivos, pero es vital que haya una valoración
previa de la película entre el colectivo de especialistas para que
realmente sea efectiva”, concluye.
Un grupo vulnerable
La aceptada modalidad de prevención cobra mayor importancia a partir
de los datos de la incidencia del VIH/sida en la isla.
Según cifras de mayo de 2009, más de 11,200 habitantes se han
diagnosticado como seropositivos al VIH desde que comenzó la
epidemia en 1986. Actualmente, 80 por ciento de los infectados son
hombres y, de ellos, cerca de 86 por ciento son hombres que tienen
sexo con otros hombres (HSH), una realidad que tiene sólidos amarres
en una fuerte tradición machista.
Según una Encuesta sobre indicadores de prevención de infección por
el VIH/sida, realizada en 2007 por el Centro de Estudios de
Población y Desarrollo (CEPDE) de la Oficina Nacional de
Estadísticas (ONE), más de la mitad de los HSH, 51,4 por ciento, se
agrupa entre Ciudad de La Habana, las provincias orientales de
Santiago de Cuba y Holguín y Pinar del Río, en el extremo occidental
de la isla.
Este estudio definió como HSH “a todos los hombres que han tenido
relaciones sexuales con otro hombre al menos una vez en la vida”.
Según estimaciones obtenidas por la encuesta “representan el 4,6 por
ciento de los hombres cubanos de
El texto también precisó que los HSH tienen como promedio un alto
nivel de instrucción: 56,5 por ciento cursó enseñanza media superior
o enseñanza superior y, entre ellos, nueve por ciento tiene nivel
universitario.
Estos hombres, a pesar de ir delante en los números de la epidemia y
sumar más de la mitad de los cubanos infectados por el VIH/sida, no
tienen mucha noción del peligro a que están expuestos.
Camino por andar
Aunque todas las actividades del proyecto HSH en el país
incrementaron su alcance de un 34 por ciento a un 39,7 por ciento de
incidencia, entre 2008 y 2009, las propias cifras ilustran el
trabajo que queda aún por hacer.
Más de 50 por ciento de los HSH identificados por la encuesta de la
ONE aún no reciben el impacto del proyecto. A juicio de Hernández,
dos líneas de trabajo se perfilan como imprescindibles para vencer
ese reto: trabajar con sectores laborales específicos y conseguir
una presencia efectiva del tema en los medios nacionales de
comunicación.
“Según los estudios de la ONE, más del 70 por ciento de los HSH en
Cuba trabajan, es decir, están vinculados a algún sector laboral y
promover acciones en instituciones concretas podría ser una buena
forma de llegar a ellos”, explica.
Pero, como parte de la estrategia del proyecto HSH para el futuro
inmediato, también se incluye trabajar con los hombres que asisten a
barberías, gimnasios, lugares en general donde son mayoría, en busca
de impactar a aquellos HSH que no reconocen públicamente su
condición.
Para Pino, esa labor es muy necesaria porque “a veces esos hombres
que no se han reconocido como homosexuales tienen relaciones
estables o sin planificar; se infectan con el VIH, pero luego
también infectan a sus mujeres”.
“El resto es seguir trabajando con los medios de comunicación, sobre
todo los de alcance nacional, que a veces ponen muchas barreras por
el tipo de tema de que se trata”, precisa Hernández.
Indagaciones previas de SEMlac en varias provincias del país
confirman la visión de este sociólogo. A fines de 2008, el equipo de
promotores del proyecto HSH de la provincia de Sancti Spíritus ponía
el dedo en uno de los principales conflictos de la labor de los
medios.
“Necesitamos más el apoyo sistemático de los medios de comunicación.
Si se transmite información solo de mayo a mayo o de diciembre a
diciembre, no se interioriza, las personas se olvidan hasta que
llega la próxima campaña”, aseguraba Elizabeth Marín García, una de
las promotoras.
El papel de los medios, sobre todo en la promoción de la aceptación
a la diversidad sexual, es imprescindible. Investigaciones diversas
han probado que cuando un HSH es aceptado por su entorno comunitario
y social, es más sensible al impacto de las labores de prevención.
“A veces en los medios se hacen cosas sin buscar apoyo u orientación
institucional y lejos de tratar de romper estereotipos o normas
sociales lo que hacen es reafirmarlas. Todavía se visibiliza al
hombre homosexual o bisexual desde una connotación negativa. No
hemos logrado visibilizar a un hombre gay que no sea amanerado,
egocéntrico, que sea reservado, que cuide su salud”, concluye
Hernández. |
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