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Aborto: Carmen, 30 años despuésPor Alicia Yolanda Reyes
Jalisco, México, septiembre (Especial de SEMlac).- Carmen no es su nombre verdadero, sino el que utiliza para contar su historia y revelar su identidad. Ella es la segunda hija de un matrimonio conservador, se casó muy joven y procreó en total cinco hijos.
Educada en un colegio de monjas, siempre escuchó que una mujer solo estaba completa y feliz casada por las dos leyes y aceptando "los hijos que Dios le da".
A los 17 años se hizo novia de un compañero de la escuela de periodismo, tan conservador como ella, pero eso no impidió que, poco a poco, los escarceos amorosos se hicieran más íntimos.
Su familia la sobreprotegía: nunca le permitieron ir al cine o a una fiesta con sus amigas, solo a los encuentros familiares y al cine, con su mamá y hermanas.
Sin embargo, Carmen se las ingenió para tener relaciones sexuales con el novio y salió embarazada. "Cuando se lo informé a mi padre, me dijo que tenía que casarme. Pensé que era lo mejor que podía sucederme en la vida", relata a SEMlac.
Al primer embarazo le siguieron otros seis; el quinto terminó en aborto y ella sufrió mucho, porque de verdad deseaba ese hijo, o por lo menos así pensaba.
"Mi relación de pareja era cada vez más violenta", explica. Su esposo bebía mucho y había tenido varias relaciones extra matrimoniales que le habían roto a Carmen el esquema de lo que era una pareja que se amaba.
Cuando nació su quinto hijo supieron que algo no andaba bien, el pequeño lloraba mucho, tuvo problemas para mantenerse sentado, rehuía el contacto físico y parecía ausente.
Luego de varios estudios, el pediatra les informó que el pequeño tenía retraso mental, diagnóstico que agudizó aún más la crítica relación de pareja.
Carmen conoció, en ese tiempo, a un hombre 20 años mayor que ella, que parecía comprenderla mejor. Por cuestiones laborales empezaron a convivir más, hasta que un buen día aceptó tener relaciones sexuales con él.
"Él era casado y me dijo que no dejaría a su familia; sin embargo, pasaba mucho tiempo conmigo y los niños".
Ella nunca pensó que podía salir embarazada porque tenía colocado un DIU, que al parecer falló. Al comprobar que estaba embarazada, no quiso seguir adelante. "No tenía deseos ni fuerza para afrontar una situación de este tipo", confesó a SEMlac.
"Estaba viviendo una situación muy difícil con mi ex marido, que me había sido infiel, en varias ocasiones; temía que el niño por venir no naciera sano y el pequeño de dos años era en esos momentos una carga muy difícil de sobrellevar", recuerda.
"La idea del divorcio rondaba mi cabeza. Había regresado a trabajar de manera más organizada, después de casi 10 años dedicada casi totalmente a mis hijos y mi marido".
A ello se sumaba su nueva relación sentimental y sexual, con un hombre casado. "No sé qué me asustaba más: si tener un hijo con problemas, como el pequeño, o que el bebé por nacer se pareciera más a mi amante que a mi marido. Las dos cosas me asustaban y no podía seguir adelante", reconoce.
Carmen empezaba a sentir algunos efectos del embarazo, como sueño, decaimiento y otras molestias. Los resultados del laboratorio lo confirmaron. "Allí mismo me solté a llorar y una trabajadora social me aconsejó sentarme y calmarme. Al llegar a casa recordé que una amiga me había hablado de un médico que atendía esos casos. Esa misma noche lo llamé": El médico le contestó con voz afable y la citó al siguiente día: sus honorarios eran de 5.000 pesos (500 dólares estadounidenses). "Si bien era una cantidad muy alta para mí, tenía ahorrado algo y conseguí el resto con mi familia, diciéndoles que necesitaba una medicina para la artritis", explica Carmen.
El esposo la acompañó y el procedimiento fue sencillo, como le advirtió el especialista: rápida, una pequeña aspiración, solo se va a sentir un poco mareada. Recomendaciones; descansar el resto de la tarde y al siguiente día estaría bien.
"Así sucedió. Terminado el proceso, sentí alivio. Entre mi ex y yo jamás volvimos a tocar el tema".
A más de 30 años de ese evento, Carmen asegura que jamás ha sentido arrepentimiento "Si volviera a vivir una situación parecida, no lo pensaría dos veces, lo volvería a hacer", añade.
"Ahora que han pasado tantos años y que he platicado con varias amigas que vivieron una interrupción, creo que es falso eso de la culpa. Me considero una buena madre, buena abuela, buena hermana. Adoro a mis seis nietos", comenta.
Por cuestiones familiares, esta mujer se hizo cargo de la mayor de sus nietas. "La llevé desde muy joven a la ginecóloga; hablamos sobre anticonceptivos y la responsabilidad que significa una vida sexual activa. La relación es tan estrecha que me hace todo tipo de preguntas sobre sexualidad", agrega.
"Creo que todas las mujeres deben de tener el derecho de elegir cuándo ser madres, es algo que no les debe ser impuesto desde afuera. Cuando veo a jovencitas de 15 o 16 años siendo madres, truncando sus vidas, sus sueños y sus ilusiones, no me parece justo. Pero tampoco puedo, ni debo imponerle mi forma de pensar al resto de las personas", concluye. |
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