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Zoraida Portillo

Perú: Alarmantes cifras oficiales de menores agredidos

Por Zoraida Portillo

 

En Perú los maltratos a menores aumentaron en 10% con relación al 2008.

Lima, septiembre (Especial de SEMlac).- En lo que va de año, los centros de emergencia del Ministerio de la Mujer han recibido 2.812 casos de niños maltratados psicológicamente y 1.716 violentados físicamente, de acuerdo a un documento al que SEMlac tuvo acceso.

 

Dichas cifras están indicando un aumento de casi 10 por ciento en los maltratos físicos y psicológicos, en relación con igual período del año pasado.

 

Las cifras de maltrato sexual y abandono moral se mantienen iguales, lo cual no es ningún consuelo, según los analistas, porque siguen siendo extremadamente altas: siete de cada 10 denuncias de maltratos contra infantes y adolescentes son de origen sexual.

 

El documento, de circulación interna, también señala que, desde que se crearon los centros de emergencia, hace ocho años, se han atendido a más de 39.000 niños y niñas agredidos físicamente.

 

En la actualidad, Perú posee una extensa red de servicios de atención a infantes y adolescentes maltratados, a cargo de los ministerios de la mujer y de salud, pero también de algunos gobiernos regionales y locales, así como servicios de emergencia telefónica. Ello ha propiciado que se conozcan más denuncias, pero no que disminuya el abuso en sus diversas formas.

 

En algunos casos, las lesiones propiciadas a niñas, niños y adolescentes menores de 18 años han comprometido seriamente su salud y puesto en riesgo, incluso, su vida, subraya el documento.

 

Así, recogiendo informaciones policiales, se afirma que hasta julio del presente año, 10 progenitores asesinaron a sus hijos y luego ellos también se quitaron la vida, y en otros 30 casos, el intento de homicidio no llegó a consumarse por diversas circunstancias.

 

El documento tiene un carácter informativo, para que los agentes que trabajan en dichos centros tengan un conocimiento real de esta problemática que, a decir de las propias autoridades, es alarmante porque en vez de disminuir, aumenta año a año.

 

Estas cifras coinciden con la de otros organismos, como el Instituto de Salud del Niño, donde anualmente se reciben unos 400 casos como promedio, de los cuales casi la mitad corresponde a niñas y niños violentados sexualmente.

 

El Instituto Nacional de Bienestar Familiar (INABIF) es otra entidad que también recibe a menores abusados física, sexual o emocionalmente, y a menores en abandono moral que son derivados por las fiscalías de familia.

 

Allí se estima que diariamente ingresan unas cinco niñas y niños, generalmente menores de 12 años, por lo que sus albergues están al máximo de su capacidad, lo que genera un nuevo problema para las autoridades e instituciones no gubernamentales que se dedican a la protección de los menores.

 

Lo más grave es que 95 por ciento de los niños y niñas agredidos físicamente lo son a manos de sus propios familiares y casi 75 por ciento en su propia casa. En los casos de abuso físico, la madre aparece como la principal agresora, mientras que en los de abuso sexual, el padrastro o algún familiar muy cercano a la niña o niño.

 

Tan solo en los últimos 15 días se han filtrado a la prensa dos abusos muy graves contra dos niños de 9 años, ocurridos en Lima. En ambos casos, las victimarias fueron las madres de los pequeños.

 

En uno, Nancy Peña quemó con una plancha caliente el brazo derecho de su hijo, por no haber hecho sus tareas escolares. Pese a que el delito fue cometido por ella, el padre también ha sido incluido en la investigación, pues no prestó auxilio al menor ni denunció el hecho.

 

En el otro caso, también fue la madre de un menor la que quemó las manos de su hijo por haber sacado malas notas en el colegio. En ambos casos, la fiscalía de familia intervino de oficio y, como primera medida, suspendió la patria potestad a los padres y los niños pasaron a albergues infantiles.

 

Sin embargo, esta decisión no es bien vista entre la población. En diversos foros electrónicos y entrevistas al paso, realizadas por algunos medios, hombres y mujeres (aunque los primeros en mayor proporción) opinaron que ello es contraproducente porque los menores se quedan sin su hogar.

 

En una rápida encuesta realizada por SEMlac entre madres de familia de un centro comercial de clase media, las opiniones estuvieron divididas. Sin embargo, aquellas que opinaron que "un hijo no debe ser separado de sus padres", se quedaron sin respuesta al preguntarles si la separación no es acaso mejor que el sometimiento a más abusos físicos o psicológicos.

 

"Desde el punto de vista de protección al menor, esta es una medida muy adecuada, pues así como un marido golpeador no puede seguir viviendo con la víctima bajo el mismo techo, tampoco un padre o una madre abusivos pueden seguir criando a sus hijos", dijo a SEMlac el abogado Luis Cornejo, especialista en familia.

 

"Con esa conducta se descalifican, y demuestran que no están en capacidad de criar a un menor en un ambiente adecuado para su crecimiento y realización como persona", añadió.

 

Por su parte, el psicólogo Andrés Valcárcel subrayó que los padres que maltratan regularmente a sus hijos, bajo la falsa premisa de que así los educan, en realidad están demostrando una falta total de control y una escasa tolerancia a situaciones adversas.

 

"Detrás de un padre o una madre golpeadores hay toda una historia de abusos, frustraciones y violencia que se arrastran a veces desde la niñez. Por ello se genera un círculo vicioso que es necesario romper, alejando al menor de la fuente de conflicto, pero brindando apoyo terapéutico a toda la familia", indicó.

 

Según el especialista, esta es la parte que más falla al encarar el abuso contra los menores, pues generalmente se le da solo un tratamiento policial, "dejando de lado el hecho de que se trata de una familia enferma", concluyó.

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