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República Dominicana: Las maestras no podrán pintarse las uñas de rojo

Por Mirta Rodríguez Calderón

 

Santo Domingo, febrero.- Una insólita normativa emanada de la Secretaría de Estado de Educación y defendida por su titular, Melanio Paredes, ha involucrado en fuertes contradicciones al magisterio de República Dominicana y, de hecho, a buena parte de la sociedad.

 

En concreto, se trata de prohibiciones encaminadas a la preservación de lo que se consideran las 'buenas costumbres' en cumplimiento del deber de velar por el desarrollo y fortalecimiento de los valores éticos y morales en toda la sociedad dominicana, según el ministro.

 

La disposición circular 03 del titular de Educación estatuye que las mujeres que forman el personal de esa Secretaría de Estado deben evitar peinados elaborados y mantener el pelo limpio o recogerlo en una cola o moño. Se les recomienda —dice el texto— evitar las uñas largas y pintadas con colores llamativos o con diseños de florecitas o estrellitas…

 

Eso no es todo. El ministro instruye a los guardianes impedir la entrada a personal que incumpla esas medidas que establecen no usar tacones muy altos, ni escotes pronunciados, ni pantalones ajustados, ni blusas de tirantes y las faldas nunca más cortas que cuatro centímetros por encima de las rodillas.

 

El personal masculino de esa Cartera tendrá que evitar la ropa deportiva y camisas estampadas, llevar el cabello corto y no mezclar prendas formales e informales. Se les recomienda usar tonalidades pasteles y llevar zapatos limpios.

 

Una parte de las maestras comparte el juicio de los segmentos poblacionales que consideran necesarias las restricciones en vestimentas y adornos que se impone al profesorado, particularmente femenino, y otros piensan que esto es retrotraer a la institución educacional a la época de Rafael Leónidas Trujillo, el gobernante que entre 1930 y 1961 mantuvo a este país bajo una férrea dictadura.

 

Para Belkis Genao, una maestra de experiencia que trabajó en los campos y en barrios populosos, esas son las medidas que tenía Trujillo. "Es inaceptable eso a estas alturas", dijo a SEMlac.

 

Otras personas consultadas por SEMlac también dejaron sentir su indignación. Tal es el caso de Virginia Rodríguez, una joven profesional que consideró el hecho como una barbaridad.

 

"En este país tenemos un problema cultural que creemos que todo es imagen. Le damos mucha importancia a la imagen sin importar el contenido: una imagen vacía. Y también hablamos de la formalidad como si la formalidad estuviera en la apariencia sin importar el trato o la disciplina", explicó.

 

Pero lo cierto es que no todo el mundo piensa igual: una directora de escuela primaria, Adelina Luciano, otra de un centro para adultos, Ana Luisa Monegro, y el secretario de un plantel de enseñanza media, Alejandro Ramos, todos consultados por esta agencia, opinaron que tales normativas están muy bien.

 

Según Ramos, esas disposiciones existen desde siempre en el reglamento de los centros de enseñanza. Además, opina que "hay maestras que llevan las uñas tan largas que no pueden ni sostener el lápiz". El también expresó que "quienes ofrecen un servicio deben tener una apariencia correcta".

 

Ana Luisa Monegro quiso modular su juicio y advirtió que lo de las uñas está muy exagerado, pero "la vestimenta sí debe ir más floja para que se pueda distinguir el profesor del alumnado porque, en escuelas de adultos, como ésta donde yo trabajo, a veces no se sabe. Y sí, los colores claros se ven mejor. En cuanto a los hombres y el pelo largo, los jóvenes están en su moda. Para mí deben de recortarse su pelo como ellos se sientan bien", consideró la maestra.

 

Como en la España de 1923

Este patrón de conducta que la normativa exige remeda disposiciones contenidas en los Contratos para las Maestras en Castilla-La Mancha, en 1923, por el cual se comprometían a no casarse o andar en compañía de hombres, estar en su casa entre las ocho de la noche y las seis de la mañana, no fumar cigarrillos, no beber cerveza, vino ni whisky, no andar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su padre o su hermano, o no vestir ropas de colores brillantes.

 

También estipulaba aquel contrato para las maestras españolas de hace más de ocho décadas que éstas no podrían teñirse el pelo, debían usar al menos dos enaguas, no llevar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos y no pasearse por heladerías de la ciudad.

 

Por si fuera poco, aquellas reprimidas maestras tenían la obligación contractual de "mantener limpia el aula, barrer el suelo al menos una vez al día, fregar el suelo del aula con agua caliente al menos una vez por semana, encender el fuego a las siete de la mañana de modo que la habitación esté caliente a las ocho cuando lleguen los niños".

 

Y todavía más: "no usar polvos faciales, ni maquillarse ni pintarse los labios".

 

Cabe decir que cualquier similitud no es pura coincidencia sino resultante de un mismo pensamiento filosófico.

 

Por eso, la organización Colectiva Mujer y Salud, por boca de su directora Sergia Galván, reaccionó de inmediato, consternada, para demandar del Secretario de Educación que se preocupe por la calidad de la enseñanza y no exhiba ni quiera imponer restricciones tan fuera de lugar.

 

Efectivamente, el Ministro debería empeñarse en resolver el problema de un índice de analfabetismo promedio del 10,7 que en las zonas rurales se eleva a 17, altas tasas de repitencia escolar y un presupuesto de educación que es el tercero más bajo de toda Latinoamérica, según datos revelados por un estudio de UNICEF.

 

Más preocupante aún: de un total de 134 países, entre los que se incluyen varias naciones emergentes del continente asiático y africano, la República Dominicana cuenta con la peor calificación global en lo que concierne a la calidad de la educación primaria.

 

Aunque la equidad de género figura en el discurso de esa Secretaría, en la práctica hay notables diferencias. El machismo de estas disposiciones es obviamente apreciable.

 

La profesora universitaria Elvira Lora mira el asunto con ojos muy realistas: "para mí es un episodio de relaciones públicas".

 

Y, ciertamente, el Ministro de Educación ha conseguido espacios en la prensa y en las conversaciones cotidianas a causa de estas disposiciones.