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Cuba: La "magistra" cumplió cien años

Por Dixie Edith

 

La Habana, febrero.- Cuba celebró a fines de enero el centenario de Vicentina Antuña, feminista y pedagoga excepcional, vinculada a las luchas por los derechos de la mujer en la isla desde las primeras décadas del siglo XX.

 

"No hay mujer honrada que pueda sostener sin sonrojo que le es indiferente el porvenir de su país", afirmó esta cubana en 1939, en una época en que las damas solían reservarse sus opiniones y mantenerse bien guardadas, puertas adentro de sus hogares.

 

Entonces comenzaba la Segunda Guerra Mundial y se clausuraba el III Congreso de Mujeres en Cuba. Vicentina, una de sus organizadoras, abogaba por mantener la paz nacional, además de pronunciarse en contra de la guerra fuera de las fronteras.

 

Según el doctor Julio César Gonzáles Pagés, estudioso del feminismo en Cuba y coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades, el citado congreso fue una ruptura con el feminismo anterior, pues muchas demandas históricas de las mujeres como el divorcio, la patria potestad, el sufragio, las legislaciones obreras y de maternidad ya eran realidad.

 

Sin embargo, otros temas como las relaciones de la mujer con las leyes sociales, la paz, la familia, la educación o los hijos, e incluso la cuestión racial, fueron puestos sobre el tapete en este Congreso que Antuña ayudó a organizar.

 

Los orígenes de esta académica y su formación posterior ayudan a entender sus palabras y actos de ese momento de su vida.

 

Vicentina Antuña nació en Güines, en la actual provincia de La Habana, el 22 de noviembre de 1909. Con apenas 14 años, trabajó en un despalillo de tabaco y en una tomatera. El padre, asturiano, se destacó participando en actividades por el mejoramiento de la comunidad.

 

Según el investigador e historiador cubano ya fallecido, Jorge Le Riverend, "en ese ambiente familiar, de trabajo, que se identificaba con los problemas populares, empezó su formación".

 

Justo ese entorno, que podría calificarse como liberal, le permitió, con sólo 17 años, trasladarse a la capital a estudiar Pedagogía y Filosofía y Letras en la universidad, desde donde se incorporó a protestas sociales y luchas estudiantiles.

 

La joven Antuña también participó intensamente en la Asociación Protectora del Preso, de la Sección Cubana del Socorro Rojo Internacional, y en la campaña en favor de la república española, atacada por el fascismo.

 

A los 21 años ya se había graduado y tiempo después, sin cumplir aún los 30, ganó por oposición la cátedra auxiliar de Lengua y Literatura Latina de la Universidad, en la cual llegó, años más tarde, a dirigir la Escuela de Artes y Letras e integrar su Consejo Científico.

 

Pero no abandonó el pupitre y cursó estudios en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos; la de Roma, en Italia; y en el Instituto Dante Alighieri, también italiano, donde cursó latín, literatura latina y arte grecorromano.

 

"Lo que siempre y más poderosamente me llamó la atención, en la persona de Vicentina, fue su capacidad para, desde la posición de una profesora inclinada de manera muy especial por las lenguas clásicas, comprometerse con los asuntos más urgentes del país", dijo al diario Juventud Rebelde la directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso.

 

"A veces podría parecernos improbable que alguien que provenga de ese mundo académico, aparentemente más cerrado, tuviera la sensibilidad para no tan solo sumarse, sino entregarse por entero a las mejores causas", agregó.

 

Durante su magisterio en la Universidad de La Habana, Antuña coincidió con mujeres como Camila Henríquez Ureña, Rosario Novoa, Mirta Aguirre y Beatriz Maggi, que enriquecerían la historia de la pedagogía y el feminismo en Cuba.

 

Fueron los tiempos en que entabló polémicas con el insigne pedagogo Enrique José Varona acerca de la supuesta dicotomía entre mujer intelectual, de estudios, o mujer madre de familia; posiciones excluyentes según el pedagogo, con quien Antuña no concordaba.

 

"Esta reflexiva interpretación coloca a cada uno en su momento histórico, los mantiene y preserva como baluartes para la unificación del pensamiento educacional, constituido en hilo conductor, condicionante de nuestra identidad nacional", aseveró, en referencia a la citada polémica, la doctora María Dolores Ortiz, profesora de la Universidad de La Habana, durante un homenaje que la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) dedicó recientemente a la pedagoga.

 

Antuña fue fundadora del Movimiento Cubano por la Paz, después de 1945, y lo calificó como "serio y profundo".

 

"Iba desde el nivel de barrio. Fue vasto y popular. Allí hubo representantes de todo tipo de organizaciones estudiantiles y por supuesto, contamos con el apoyo de los obreros, los artistas, los profesionales y los líderes campesinos. Estaba también una campaña gansteril en contra de nosotros. Éramos muy reprimidos. No obstante, el Movimiento continuó", valoró ella misma años después.

 

El intelectual cubano Carlos Rafael Rodríguez la calificó como una de las mujeres más descollantes de la historia republicana. Los textos que ella dejó, tanto escritos como de oratoria, dan la razón al estudioso.

 

"En lo que respecta a la sociedad y el medio ambiente, su influencia no puede ser hoy más corrosiva para el logro de fines elevados de educación", afirmaba la profesora universitaria durante una conferencia radial, el 26 de junio de 1949.

 

"La admiración hacia el éxito económico, político y social, no importa las vías por las cuales se haya alcanzado; el respeto y la obediencia a los poderosos, no importa su inmoralidad o torpeza; la codicia y la preeminencia social como metas individuales, dan la tónica general de una sociedad en la que se educa al niño y al adolescente, señalándoseles tácita o expresamente como virtudes los que son en verdad los vicios más nocivos para el mejoramiento humano y social", agregaba.

 

Después de 1959, trabajó en el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de Cultura. También laboró con la FMC y presidió la Comisión Cubana de la UNESCO.

 

En 1981 le otorgaron la Orden Félix Varela y en 1989, la José Martí, considerada como la más alta condecoración que concede el Estado cubano a personalidades relevantes. También recibió el título de Profesora Emérita de la Universidad de La Habana. Murió el 8 de enero de 1992.

 

"No se sabe quién fue el primero en llamarla 'Magistra' (maestra, en latín), pero ese apelativo, sin dudas, poco tenía que ver con la materia de sus clases y mucho, muchísimo, con la vocación didáctica, con la aptitud y la disposición para la enseñanza, con el amor a la juventud y el interés por sus problemas que la caracterizaban", aseguró a la prensa local Luisa Campuzano, discípula de Vicentina, y actual directora de la revista Revolución y Cultura.

 

"Todo esto se conjugaba con la magnitud moral e intelectual que le reconocíamos y que constituía el fundamento de su conducta, la piedra de toque de sus valores personales y cívicos, la premisa de la que hay que derivar cualquier consideración en torno a su existencia, a sus tareas", precisó Campuzano.

 

En tiempos en que se calienta el debate por elevar la calidad de la educación en Cuba, resulta vital estudiar la impronta pedagógica de Vicentina, coincidieron varias de las personalidades que la han recordado en estos días.

 

Pero ese ejercicio de memoria también cobra especial valor para llenar otra zona de la todavía poco estudiada, y sobre todo poco conocida, historia del feminismo y de las feministas cubanas.