Reportajes y noticias de SEMlac

Del 17 al 23 de diciembre de 2007

 

 

México: Primer caso de feminicidio ante la Corte Interamericana

Por Sara Lovera

 

México, diciembre.- La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) resolvió presentar una demanda contra el Estado Mexicano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por los casos de tres víctimas del feminicidio en Ciudad Juárez, Chihuahua.

 

Se trata del primer caso ante la Corte Interamericana por la violación a los derechos humanos de las mujeres en Ciudad Juárez que se presenta ante este tribunal internacional, informó a SEMlac la abogada Karla Michel, quien desde hace cinco años promueve la justicia para una de las víctimas.

 

Michel explicó que, con esta demanda, las familias de tres asesinadas en el caso conocido como “Campo Algodonero” tendrán la posibilidad de acreditar, ante esta instancia internacional, las múltiples violaciones a los derechos humanos cometidas por el Gobierno Mexicano en relación con el feminicidio, por no cumplir sus recomendaciones.

 

La demanda contra México fue interpuesta el pasado 4 de noviembre ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, un organismo independiente de la Organización de Estados Americanos (OEA) con sede en San José, Costa Rica.

 

Será la primera ocasión en que esa instancia analice un caso de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, donde -según cifras oficiales- más de 352 mujeres fueron ultimas en los últimos 14 años y también, por vez primera, examinará un caso cuyo tema central es la violencia de género, explicó la abogada Michel, actual asesora en violencia de género del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, capital de la República Mexicana.

 

Precisó que la CIDH actúa y recurre a la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuando los Estados, como México, hacen caso omiso de las recomendaciones que ha establecido previamente en un informe de fondo. Hizo notar que México aceptó la competencia de la Corte Interamericana en 1998.

 

La demanda se refiere a casos que fueron presentados por separado, pero que están relacionados, por tratarse de la desaparición y el homicidio de tres mujeres en Ciudad Juárez, dos de ellas menores de edad, entre septiembre y noviembre de 2001.

 

La CIDH tomó en cuenta, de acuerdo con el documento de aceptación del que tiene copia SEMlac, que el caso se basa en la denegación de justicia por parte del Estado mexicano, la falta de políticas de prevención de la violencia contra las mujeres y el conocimiento de las autoridades estatales de la existencia en Chihuahua de un patrón de violencia contra mujeres y niñas.

 

En Ciudad Juárez, las primeras denuncias de feminicidio se formularon en 1993, por lo que la CIDH, que ha recibido múltiples informes y ha dado seguimiento al caso “Campo Algodonero”, sustanció la falta de respuesta de las autoridades frente a estos asesinatos y desapariciones, por lo que considera negligencia en la investigación de los homicidios.

 

El documento añade que tampoco se ha realizado la reparación adecuada en favor de sus familiares.

 

Al resumir los hechos, Michel señaló que, el 6 de marzo de 2002, la CIDH recibió tres denuncias por la responsabilidad internacional de México ante las irregularidades en la investigación de lo sucedido a Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monarrez, desaparecidas en 2001 y halladas asesinadas a principios de noviembre de ese año.

 

Esmeralda y Laura Berenice tenían 15 y 17 años, respectivamente, cuando ocurrieron los hechos.

 

Los peticionarios argumentan que las autoridades gubernamentales "no han hecho todo lo que podían hacer para esclarecer la muerte" de las tres jovencitas y "dar una explicación clara y verídica sobre esta violación" de derechos.

 

Indican, asimismo, que "la ineficacia en las investigaciones demuestra la poca voluntad del Gobierno para esclarecer estos crímenes y prevenirlos".

 

Tras declaraciones y la creación de instancias y programas en Ciudad Juárez, las autoridades alegan que han "redoblado esfuerzos" para agotar todas las hipótesis que conlleven “a localizar y comprobar la probable responsabilidad" de los autores, y consideran que las investigaciones "han sido eficientes" en la medida en que varias personas están cumpliendo penas.

 

También afirman que "en ningún momento se ha minimizado la problemática que viven las mujeres en Ciudad Juárez".

 

Los hechos

Los días 6 y 7 de noviembre de 2001 fueron encontrados ocho cuerpos en el terreno conocido como “campo algodonero”, en Ciudad Juárez. La Procuraduría General de Justicia en Ciudad Juárez inició la investigación por los delitos de homicidio y violación.

 

Fueron detenidos Víctor J. García Uribe (El Cerillo) y Gustavo González Meza (La Foca), a partir de declaraciones autoinculpatorias y las de una supuesta testigo.

 

La identidad de las víctimas también fue establecida a partir de las “confesiones” y vestigios en el lugar. Una de ellas fue presentada como Esmeralda Herrera Monreal, reportada como desaparecida el 29 de octubre del mismo año.

 

Durante la investigación previa, los peritos oficiales solamente realizaron la necropsia de ley, que consistió en una descripción del estado del cuerpo de cada una de las víctimas, sin abundar en su identidad ni el modo y causa de las muertes.

 

En forma irregular, los dictámenes en antropología forense, criminalística y genética forense, destinados a corroborar la identidad de las víctimas y las causas de muerte, se fueron agregando a la causa penal, cuando cinco días después del hallazgo las autoridades ministeriales ya habían asignado una identidad a cada víctima.

 

Al comparecer por vez primera ante un juez, ambos inculpados denunciaron haber sido torturados física y psicológicamente por los policías judiciales y otros funcionarios de la Procuraduría, para firmar confesiones en las que reconocían a las víctimas. A Víctor y Gustavo les fueron tomadas fotografías poco después de la tortura, en las que aparecen las lesiones provocadas.

 

No obstante, el juicio siguió su curso. El 8 de febrero de 2002, Gustavo González murió en prisión después de una operación por hernia inguinal y en condiciones aún no aclaradas. Anteriormente, su abogado fue asesinado por agentes de la policía judicial, quienes “justificaron” los hechos, señalando que lo habían confundido con un delincuente fugitivo.

 

Los familiares de las víctimas en ningún momento fueron tomados en cuenta por las autoridades en las investigaciones, ni en el proceso penal. La madre de Esmeralda, como otras madres de víctimas, no vio el cuerpo de su hija.

 

El 13 de octubre 2004, después de cuatro años de proceso, Víctor Javier García Uribe fue condenado a 50 años de cárcel. El caso fue informado a diversos organismos nacionales e internacionales de derechos humanos, que documentaron y se pronunciaron en varias ocasiones sobre las múltiples irregularidades y violaciones cometidas.

 

Declaraciones públicas de fiscales y peritos que intervinieron en la investigación dan cuenta de que fueron obligados, por órdenes del Procurador, a “armar” el expediente y fabricar culpables, para evitar la presión social. De acuerdo con esos testimonios, los nombres fueron puestos en cada uno de los cuerpos encontrados, a partir de una lista de jóvenes recién desaparecidas, de manera que las fechas de desaparición coincidieran con el estado de los cuerpos, no por deducción científica.

 

El 14 de julio 2005, el tribunal de apelación decretó absolver a Víctor Javier García por falta de elementos en su contra, lo que implicó la reapertura de las investigaciones. Para la madre de Esmeralda (y otras madres en el caso), significó confirmar que los hechos siguen impunes, dudar nuevamente de la identidad de los cuerpos presentados y ratificar que la actuación de las autoridades había sido un montaje intencional e interesado.

 

 

Argentina: Cristina Fernández ya es presidenta

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, diciembre.- La postal fue atípica y, hasta pocos años atrás, impensada: una mujer asumiendo la presidencia de Argentina. Quizás, las normas del protocolo presidencial nunca habían contemplado el famoso bastón del poder en una mano femenina, pues ese símbolo parecía ser un elemento de uso exclusivamente masculino.

 

Desde el 10 de diciembre, Argentina emprende una nueva etapa con Cristina Fernández, la primera mujer electa presidenta de la nación, que promete instaurar una era de profundización al modelo económico, político y social que encabezó su marido, el gobernante saliente Néstor Kirchner.

 

Un modelo que se inició en 2003, sobre las bases de un país que renacía luego de una profunda crisis que generó desempleo, desnutrición, avasallamiento de los ahorros y una completa incertidumbre para toda la ciudadanía. Fue este el complicado escenario que la gestión que finaliza logró, en parte, revertir. Según las palabras de campaña, la actual presidenta profundizará ese modelo.

 

El día anterior a la asunción del mando presidencial, Fernández firmó un acuerdo con los presidentes de los países del Cono Sur para la conformación del Banco del Sur, una entidad crediticia regional.

 

En ese contexto, manifestó de manera distendida: “Quiero en este día tan especial para todos nosotros, para todos los argentinos, venir a contarles que ni en mis noches y días más fantasiosos, podría imaginar una situación como esta, nunca, aquí, un 9 de diciembre, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, acompañada por presidentes que, como siempre lo vengo diciendo, por primera vez se parecen a sus pueblos.”

 

Al día siguiente, la nueva presidenta se encaminó hacia el Parlamento, donde juró cumplir con su misión por Dios y la Patria. En todo momento, ella se mostró tranquila, como si le fuera una costumbre asumir el mayor mando de la República. Ocultó sus emociones, pero logró que los presentes se emocionaran.

 

Su discurso duró 45 minutos y quizás el escritor José Pablo Feinmann, en el diario Página 12, dio la mejor descripción a esta ceremonia: “Cristina Fernández no leyó. Miró a todos, a todos los que estaban en la sala del Congreso y empezó a hablar con una seguridad apabullante”.

 

“Sobre todo, para esos grandes machos que la habían precedido en el puesto, vacilantes, levantando apenas la mirada de los papeles, dando la clara muestra de estar diciendo ideas que les habían dictado”.

 

En ese discurso le habló a su madre, reivindicó la educación pública, se refirió al Ministerio de Ciencia y Técnica, recientemente creado, y homenajeó a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y a Eva Perón.

 

Sin embargo, uno de los momentos más tensos se vivió cuando, al referirse al presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, le dijo: “No va a tener de esta presidenta un solo gesto que profundice las diferencias que tenemos. Con la misma sinceridad, quiero decirle que esta situación que hoy atravesamos no nos es imputable porque, más allá de medidas que muchas veces podemos no compartir, lo cierto es que nosotros nos hemos presentado en la Corte Internacional de La Haya, porque se ha violado el Tratado del Río Uruguay al instalar las pasteras sin el consentimiento" argentino.

 

Continuó: "Este y no otro es el conflicto y volver a situarlo requiere también un ejercicio de sinceridad por parte de todos nosotros, que no significa ahondar la diferencia, simplemente saber cuál es la diferencia para darle gobernabilidad a esa conflictividad".

 

En su intervención, también dejó vislumbrar, una vez más, que es una mujer de confrontaciones. Acompañada por su familia y su marido, que en todo momento se ocupó de no robarle protagonismo, subieron al automóvil que los dirigió hasta la Casa Rosada (casa de gobierno). Allí realizó sus primeras firmas de decretos, en los cuales designaba a los ministros que la acompañarán en sus funciones.

 

RECUADRO 1:

Una mirada desde el feminismo y el género

La asunción de Cristina Fernández como jefa de Estado podría considerarse un gran logro. Al respecto, Bet Gerber, directora de proyectos de la Fundación Friedrich Ebert, capítulo chileno, manifestó a SEMlac: “el hecho de tener mujeres presidentas y/o en otros espacios de poder con alta resonancia pública tiene un enorme valor, para empezar, desde lo simbólico”.

 

“Me parece sustantivo que haya mujeres en cargos políticos de altísimo nivel, primero, por el solo hecho de ser mujeres. Podría asociarse con un acto pedagógico para las sociedades todas: se trata de confirmar, en los hechos, que los espacios de poder político pueden y deben ser ocupados por mujeres y varones, desbaratando la ´natural´ titularidad masculina”.

 

Respecto a cómo serían las relaciones argentino-chilenas de ahora en adelante, teniendo dos mujeres como jefas de Estado, la experta respondió: “hay buena relación entre Cristina Kirchner y Michelle Bachelet desde hace algunos años, anterior incluso al triunfo electoral de Bachelet. Cristina Fernández ha demostrado más de una vez su interés (y conocimientos) por la política chilena y, en particular, por la experiencia de la Concertación”.

 

Sin embargo, Gerber agrega que “no siempre las relaciones entre mujeres son, per se, mejores que otras, pero en el caso de las dos presidentas imagino que sí podrían establecerse complicidades o sintonías particulares que, sumadas a lo dicho, permiten ilusionarse respecto de las relaciones entre dos países que comparten la segunda frontera más larga del mundo. El cuadro completo me lleva a suponer que las relaciones argentino-chilenas se verán muy beneficiadas”.

 

RECUADRO 2

Cristina, por los derechos de todos y todas

La nueva presidenta, en su gestión como legisladora, no ha mostrado mayor interés por garantizar los derechos humanos de las mujeres. Sin embargo, en sus discursos actuales sobresale una impronta esperanzadora en este sentido.

 

Sobre el tema, la socióloga Irene Castillo, presidenta de Grupo de Estudio Sociales, afirmó a SEMlac que “en los últimos días de su Campaña (la actual presidenta) fue haciendo aproximaciones sucesivas a esta categoría social en sus discursos”.

 

“Las militantes del Moviendo de Mujeres y de la Sociedad Civil comprometidas con los derechos femeninos hemos expresado reiteradamente que no alcanza con ser mujer para ocupar un cargo de decisión y gobernar para toda la población; es imprescindible tener claras las necesidades de las mujeres y varones para una sociedad con paridad, con inclusión y derechos humanos accesibles para todos y todas”, concluyó Castillo.

 

 

Venezuela: Mujeres después del referendo

Por Aline Castellanos

 

Caracas, diciembre.- Concluido el referendo nacional propuesto por el presidente Hugo Chávez, rechazado por un estrecho margen de apenas 200.000 votos, Venezuela se ha convertido en dos mundos: uno que llora y otro que festeja al mismo tiempo.

 

La jornada de tranquila participación electoral y luego la tensión hasta la madrugada quedó atrás, para dar paso al júbilo por un lado y a la pesadumbre por el otro.

 

Los llamados antichavistas celebraron su primera victoria luego de 12 derrotas electorales desde que Chávez asumió el poder. ¿Qué ganaron? Impidieron una reforma que proponía profundizar el modelo aquí llamado Socialismo Bolivariano y defendieron, en cambio, la Constitución que, en 1999, rechazaron con fuerza y que perdió, en referendo.

 

Los rojos-rojitos (chavistas) se dieron cita en las plazas públicas y principalmente alrededor de Miraflores –la casa de gobierno– a esperar los resultados de la contienda; pero, tras el anuncio del Consejo Nacional Electoral, guardaron silencio.

 

Después de ese impacto inicial, mujeres y hombres se reunieron nuevamente en las calles para compartir la frustración y analizar lo ocurrido. En este país típicamente caribeño, las caras largas no duran mucho. Se transforman lentamente en discusión pública en cuanto alguien lanza un comentario sobre el referendo. Se habla de qué falló, qué se perdió y, sobre todo, qué hay que hacer.

 

Las mujeres del proceso bolivariano, en su mayoría de barrio –asentamientos urbanos en pobreza y pobreza extrema, que aproximadamente abarcan 70 por ciento de Caracas–,, caracterizadas por su nivel de protagonismo en la organización social de base, hacen su interpretación de lo que este proceso ha sido, específicamente, para ellas, y de lo que representa la negativa de reformar la Constitución de Venezuela.

 

“Se perdió, por ahora, la posibilidad de profundizar un proceso que afianza nuestro poder, el poder del pueblo”, sentencia una mujer de barrio, mulata, con una voz segura, que deja un silencio tras de sí.

 

Irine, de cabello teñido de rubio y las uñas de rojo, añade: “tenemos que trabajar para terminar con la corrupción que hay dentro del gobierno, consolidar la formación política de cada mujer y cada hombre. Que todo el pueblo entienda que esto es lo que nos conviene a los pobres, nos conviene a todos”.

 

“Este proceso revolucionario ha abierto grandes puertas para mejorar la vida de todo el pueblo y, por supuesto, de las mujeres”, afirma Cecilia, joven madre soltera y vendedora ambulante.

 

“Que el No haya ganado representa que se detiene, por ahora, la posibilidad de seguir transformando esta sociedad, que ha estado tan polarizada durante tantos años. Por un lado, todos los ricos que se llevaban las ganancias del petróleo y, por otro, el resto de la gente, viviendo en los barrios sin servicios, sin que el gobierno atendiera las necesidades más urgentes, salud y educación, para empezar”, afirma.

 

Las historias de la vida a partir del inicio del proceso bolivariano se suceden. “Yo nunca hubiera podido estudiar en la universidad, ni tener a mi hijo en una escuela pública”, dice Sheila, estudiante de comunicación, madre soltera, a quien antes le fue negado el ingreso a la Universidad Central de Venezuela.

 

De carácter público, esta casa de altos estudios fue dando cabida, paulatinamente, a la clase media y media alta, mientas quedaban fuera las y los jóvenes en pobreza y pobreza extrema.

 

“Los procedimientos de admisión hacían que la mayoría de nosotros no pudiéramos entrar, y nunca íbamos a tener acceso a una universidad”, explica Sheila. “Con Chávez se creó la Universidad Bolivariana de Venezuela, ahora hay mucha gente que, como yo, tiene acceso a la educación universitaria.”

 

La política de apertura de medios de comunicación comunitaria ha generado cientos de radiodifusoras y una decena de televisoras públicas. “Las mujeres nos hemos ido incorporando también a los medios de comunicación”, afirma Yanahir, joven maestra popular y locutora en una radio comunitaria. “Las mujeres de barrio, las chamas (jóvenes), hemos tenido acceso a estos medios, eso es algo nuevo, de hace unos pocos de años solamente”.

 

Para las mujeres que se abstuvieron, en cambio, una de las razones de su decisión está en “las cantidades de dinero que han ido a la basura, o a los bolsillos de un poco de gente aprovechada, que se ha enriquecido con lo que es nuestro”, afirma Yusy, estudiante universitaria.

 

También cuestionan la forma de votación. “No se puso a consideración del pueblo cada artículo, para que cada quién votara sí o no a cada artículo que se proponía reformar. Votar sí o no en bloque no sirve”, señala Yosanna, dueña de un comedor en el centro de Caracas. “Yo así no voto, no quiero que me pongan en un solo bloque cosas con las que estoy de acuerdo y cosas que no comparto, mejor me abstuve”.

 

Un grupo considerable dentro del bloque del No tuvo su base en la población estudiantil. Estudiantes que dijeron no a la reforma argumentan la falta de libertad de expresión y un “afán centralizador” del presidente Chávez.

 

“Yo no quiero un país en el que sea el presidente quien nos diga qué hacer, cómo pensar, que imponga su criterio para toda la población”; “la libertad de expresión es básica en cualquier país, para que sea democrático, dije no a la reforma para que Venezuela no sea un lugar sin libertad de expresión”; “yo definitivamente no quiero seguir en el caos que es ahora Venezuela, en medio de la violencia y el miedo. La juventud aquí quiere vivir en paz, no en retroceso hacia la violencia”, señalan tres estudiantes universitarias que prefirieron omitir sus nombres.

 

Para mujeres del bloque del sí, en cambio, los logros “son muchos e indiscutibles”, tienen que ver con acceso a los servicios sociales básicos: salud, educación y guarderías; a recursos económicos, a los medios de comunicación; a una amplia red de programas sociales, a reformas legales y creación de instancias de gobierno como el Instituto Nacional de las Mujeres o la misión Madres del Barrio –encargada de atender a las que viven en extrema pobreza, casi todas madres solteras.

 

Pero también hablan de las necesidades que hace falta solucionar, de los errores del proceso bolivariano; de los temas pendientes, “si bien la reforma planteaba definitivamente fortalecer el poder del pueblo, el poder popular, y eso significaba acercarnos un poco más a la sociedad que queremos, a un proyecto socialista bolivariano”, señala Adriana, comunicadora e integrante de la dirección del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora.

 

“En la propuesta de reforma no se abre el debate sobre asuntos pendientes con las mujeres, sobre la equidad como tal. Eso se está trabajando en otros espacios, como los Consejos Comunales (espacios de organización comunitaria para el autogobierno) y en el PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela); eso es algo que creo que hay que impulsar muy fuerte, hace mucha falta”, opina.

 

“Si se puede armar una campaña para anunciar en cientos de paredes la Copa América –de fútbol–, ¿por qué no se puede hacer una campaña sobre sexualidad, sobre la violencia contra las mujeres?”, se pregunta una educadora infantil.

 

Si bien “el proceso bolivariano es lo más valioso que tenemos, lo mejor que hemos tenido en Venezuela, las mujeres tenemos que lograr también todos nuestros derechos, para que esta revolución esté completa. Y eso es lo que vamos a hacer de aquí para adelante”, afirma Cecilia.

 

Y concluye: “porque ahora hemos dado un ejemplo claro de democracia, debemos tener ánimo y seguir construyendo la revolución desde la diversidad y el amor”.

 

 

Cuba: Miradas femeninas en el 29 Festival de Cine

Por Dixie Edith

 

La Habana.- Las mujeres cineastas han recorrido un largo camino para ganar un espacio propio en la filmografía de América Latina, según demostró la recién concluida edición 29 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

 

Sólo en la categoría más cotizada del evento, la de los largometrajes de ficción, mujeres de Brasil, Argentina y Venezuela capitanearon interesantes proyectos.

 

Pero fue una cinta inscrita para competir como Ópera Prima, de las cinco dirigidas por mujeres en esta categoría, la que atrajo, sin dudas, mayor atención de la crítica y el público.

 

Coproducida entre Argentina, Francia y España, XXY, de Lucía Puenzo, hija del también director Luis Puenzo (La historia oficial), plantea los conflictos vividos por Alex, una adolescente con genitales femeninos y masculinos.

 

Interpretada muy convincentemente por Inés Efrón, Alex, consciente de su complejidad física, debe enfrentarse al mundo que la considera una extraña y tomar sus propias decisiones.

 

La realizadora llegó al Festival con notorias experiencias en la literatura y la televisión y con definiciones claras sobre las interrogantes que plantea su película.

 

“En la antigüedad clásica se representaba al intersexual como un plusválido: un todo, un conjunto que multiplicaba el goce y la atracción. Pero con el correr del tiempo se transformó paulatinamente en un minusválido”, declaró Puenzo a la prensa local.

 

“¿Por qué antes se les ponía en un lugar de riqueza y hoy se considera que deben ser castrados y enmarcados en un sistema binario de hombres y mujeres?”, se preguntó.

 

Argentina también aportó tres de los filmes dirigidos por mujeres que compitieron por el galardón más cotizado, el de largo de ficción: Anahí Berneri, con Encarnación; Sandra Gugliota, con Las vidas posibles y Ana Katz, con La novia errante.

 

Otra propuesta femenina de lujo fue el también largometraje de ficción Postales de Leningrado, de la venezolana Mariana Rondón, graduada de Animación, en París, y de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños.

 

Rondón ya había debutado con A la media noche y media, seleccionado para participar en 36 festivales (entre ellos el de La Habana) y ganó el Premio de Opera Prima en Providence.

 

Postales…, por su parte, ganadora del Gran Premio en el Festival de Biarritz y el Premio Revelación en la Mostra de San Pablo, es la candidata de Venezuela a las nominaciones para el Oscar y el Goya.

 

“Es importante que dos jurados distintos hayan elegido mi película, aunque soy consciente de que forma parte de una estructura de promoción que no tengo la posibilidad de pagar. Sé que no vamos a llegar allí por arte de magia”, declaró.

 

Fue también una mujer, la documentalista estadounidense Estela Bravo, la ganadora del Premio al Mejor Documental del Sur con su más reciente obra, ¿Quién soy yo?, que narra el rescate de la identidad por parte de niñas y niños desaparecidos en Argentina.

 

Este documental cuenta los esfuerzos de las madres y abuelas de Plaza de Mayo por devolver la identidad a hijos y nietos reencontrados.

 

Música y mujeres también fueron temas presentes en el Festival. La documentalista cubana Lourdes de los Santos entró en la competencia con Son para un sonero, que aborda la vida y obra del músico Adalberto Álvarez.

 

Mientras, la carrera artística de la excelente cantante Esther Borja llegó a la pantalla grande de la mano del joven realizador Pavel Giroud (La edad de la peseta) con Esther Borja, rapsodia de Cuba, segundo material de la serie biográfica Persona y Pensamiento.

 

El drama que enfrentan millones de indocumentados en Estados Unidos también cobró notoriedad en el 29 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, con la realización del panel Latinos más Latinos.

 

Y fue justamente una película hecha por una mujer quien trajo una de las miradas más desgarradoras a este fenómeno.

 

La joven directora mexicana Patricia Rigen, también competidora en la categoría de Ópera Prima, presentó La misma luna (The new moon, su título en inglés), la historia de un niño mexicano que intenta reunirse con su madre, quien vive al otro lado de la frontera, tras la muerte de su abuela.

 

Carlitos, con solo nueve años, identifica en la cinta los caminos que emprenden cada año miles de compatriotas suyos en el intento por buscar una vida mejor.

 

RECUADRO:

Mujeres premiadas en La Habana

Dos premios se llevó a casa la cinta XXY, de la realizadora argentina Lucía Puenzo: el especial de UNICEF, entregado por vez primera en el certamen y el Caminos, del Centro Memorial Martin Luther King.

 

El Primer Coral en la categoría documental, por su parte, se otorgó a El telón de azúcar, de la chilena Camila Guzmán y el Tercer Premio Coral en esa misma categoría lo obtuvo Sr. Presidente, de Eugenia Monti y Liliana Arraya (Argentina)

 

En Cortometrajes, el Primer Premio Coral fue para Ver llover, de Elsa Miller (México), mientras Siberia, de Renata Duque (Cuba), se alzó con una Mención Especial.

 

El Coral a la Mejor Actriz fue para Roxana Blanco, por su actuación en Matar a todos (Uruguay).

 

Entre los filmes no latinoamericanos sobre la región, el Coral este año recayó también sobre mujeres: lo compartieron los documentales de Estados Unidos El hombre de las dos habanas, de Vivien Lesnik; y ¿Quién soy yo? Los niños encontrados de Argentina, de Estela Bravo. Esta reconocida documentalista se alzó, además, con el Premio de la Televisora TeleSur y el Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de Cuba.

 

El Premio de cartel fue para 72 horas, de Giselle Monzón y Michel Miyares (Cuba) y en Guión inédito se entregó una mención a El hijo de puta, de Carla Guimaraes.