Reportajes y noticias de SEMlac

del 29 de octubre al 4 de noviembre de 2007

 

 

Mujeres mayas: Entre azotes y humillaciones

Por Alba Trejo

 

Guatemala, octubre.- Les cortan el cabello para humillarlas, las hincan sobre granos de maíz. y golpean sus rostros hasta sangrar. A las mujeres indígenas de Guatemala se les somete a crueles torturas, aplicadas en sus comunidades, cuando se les acusa de un delito.

 

Las prácticas indígenas en las que se lastima a la mujer por varias horas frente a niñas, niños, jóvenes y ancianos, buscan, además, enviar un mensaje al resto de mujeres para que no cometan la misma falta, como puede ser el robo, la infidelidad o la brujería, señalan los estudiosos del tema.

 

“Para nosotras, el cabello es un atributo de belleza que va mas allá de la figura femenina, y saben que cortarlo a tijeretazos golpea la dignidad de las indígenas, su pertenencia, su autoestima”, apunta la antropóloga K´iché Irma Alicia Velásquez Nimatuj.

 

En este país centroamericano, en donde el 60 por ciento de sus 13,5 millones de habitantes lo conforma la cultura maya, las indígenas suelen utilizar el pelo hasta la cintura desde niñas porque es parte de un ritual femenino.

 

Aunque es algo que se mantiene en reserva, Irma Alicia comenta que, a diferencia de otras culturas, para la mujer maya la belleza corporal no tiene el mismo significado que el cabello. “Es algo sagrado para nosotras y por eso les cortan el cabello y las golpean como una forma de someterlas”, apunta.

 

“Los tratos crueles que sufren las descendientes de los mayas terminan con su autoestima”, remarca la antropóloga, quien añade que no importa si se trata de menores de edad o de embarazadas.

 

Los azotes y torturas hacia las y los indígenas no es una acción reconocida oficialmente, y los líderes de las comunidades aseguran que constituye una tradición oral heredada de los abuelos, no escrita en ningún libro sagrado de sus antepasados.

 

Teresa Zapeta, directora de la gubernamental Defensoría de la Mujer Indígena, institución creada para fortalecer el Estado de Derecho a través del ejercicio del sistema jurídico maya, agrega que los golpes y humillaciones hacia la mujer maya se dan porque una buena parte desconoce sus derechos y piensan que “así ha sido y debe seguir siendo”.

 

Tanto es así, que el estudio más reciente sobre violencia intrafamiliar en las etnias realizado por la Defensoría de la Mujer Indígena y al cual tuvo acceso SEMlac, destaca que, de cada 10 mujeres indígenas, cinco son víctimas de la violencia en el hogar, y de 1.500 casos atendidos en esa institución, el 85 por ciento es por golpes recibido en el interior del hogar.

 

Las mujeres que pertenecen a los grupos étnicos existentes en Guatemala, K´ichés, K´akchiqueles, Tzutujiles, Mam, Poco Man, entre otros, son expuestas desde pequeñas a esos y otros abusos más que las predispone a aceptar esos golpes y humillaciones en la comunidad.

 

El documento “Mírame”, dado a conocer por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), explica que, desde niñas, las indígenas comienzan a tener limitaciones para su desarrollo integral porque viven en una estructura patriarcal, donde la mujer ocupa un segundo lugar.

 

El análisis de Situación de la Primera Infancia en Guatemala 2007 da cuenta, por ejemplo, que en este siglo las indígenas no logran concluir la educación primaria y sólo llegan a cursar 1,2 años de estudios, que equivale al primer año de primaria.

 

“Mírame” señala que, hasta hace poco tiempo, la comadrona (mujer que atiende partos en las comunidades) recibía doble paga por sus servicios si el recién nacido era varón. Y se estableció también que en las comunidades mayas los alimentos son ingeridos primero por el padre, después por los hijos, luego las niñas y por último la mamá.

 

Miriam de Celada, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Guatemala, apunta también que desde los cinco años de edad las descendientes mayas son predestinadas a participar en actividades de agricultura, elaboración de comida, artesanías y oficios domésticos, “lo que les veda el acceso a la educación y el desarrollo”.

 

La mencionada investigación de la Defensoría Indígena dio a conocer que otros factores que permiten la aceptación de los latigazos, el corte de pelo y los golpes, son la dependencia económica de la mujer hacia el esposo y la ruptura de las relaciones armónicas después de la violencia externa que le tocó vivir al pueblo maya durante el conflicto armado interno de 32 años.

 

La guerra que vivió Guatemala, pero que afectó principalmente a las etnias indígenas, dejó secuelas psicológicas que aún no han sido subsanadas, indica Marco Antonio Garavito, de la no gubernamental Liga de Higiene Mental, una entidad dedicada a la búsqueda de los niños extraviados durante el conflicto armado.

 

De igual forma, muchas mujeres fueron violadas, y a las embarazadas se les extrajo a sus hijos del vientre, actos éstos presenciados por niñas y niños que hoy son adultos, apunta Garavito.

 

Sin embargo, a juicio de la antropóloga Irma Alicia, golpear y cortar el cabello a la mujer maya es una herencia de la época colonial, que comenzó en 1524.

 

Ella descubrió en investigaciones efectuadas que los finqueros (españoles) usaban chicotes o palos encebados para pegarles a las mujeres y hombres indígenas hasta sangrar y provocarles la muerte, castigos que fueron absorbidos por los descendientes mayas para hacer valer sus derechos dentro de la comunidad, agrega Irma Alicia.

 

Algunos analistas políticos ven en las prácticas contra las descendientes mayas un abuso, porque “el derecho maya trata de reparar el daño causado y si históricamente existieron penas severas como consecuencia de venganzas o guerras, los azotes y el corte de cabello a las mujeres tienen un origen colonial”.

 

En el derecho indígena se evalúa el comportamiento del infractor a lo largo de su vida. Según los ancianos mayas, es un sistema de justicia reparador que devuelve la armonía a la comunidad y no se aplica con violencia y represión.

 

Antonia Buch, coordinadora nacional de la Defensoría Maya, coincide con los ancianos de las comunidades al indicar que esas torturas no son propias del derecho maya, porque el sistema de justicia indígena repara la falta por medio de un servicio social a la comunidad.

 

Por ejemplo, si ocurre un asesinato de un hombre cometido por otro hombre del lugar, los ancianos mayas, que son la máxima autoridad, penalizan al asesino a que sostenga a la familia de la víctima hasta tanto los hijos cumplan la mayoría de edad. O si una persona es acusada de talar los bosques, se le condena a sembrar árboles y formar un vivero forestal. En el caso de robo, se aplican 20 azotes como reprimenda.

 

Guatemala cuenta con una población indígena que conforma el 70 por ciento de sus 13,5 millones de habitantes, y este gran grupo rige sus actuaciones en la vida, el trabajo, y la familia bajo los principios establecidos en el libro sagrado de los mayas, el Popol Vuh.

 

La Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas reconoce como un logro importante la creación de la Defensoría de la mujer indígena. Por su parte, la Corte Suprema de Justicia creó una Comisión de asuntos indígenas que vela por las políticas de los pueblos autóctonos. Además, se han nombrado operadores de justicia acorde a los idiomas mayas y, no obstante, el problema de los azotes, el corte de cabello y los golpes hacia las indígenas persiste.

 

Y poco o nada se ha hecho contra esa práctica no reconocida oficialmente, pero que los líderes mayas ejercen cuando ellos disponen que las leyes fueron violadas.

 

 

Feminicidio íntimo: El peor abuso del poder patriarcal

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, octubre.- “Patry, todos tus amigos seguimos rogando justicia por tu asesinato”, dice un cartel que cruza una de las calles de la ciudad de Añatuya en la provincia de Santiago del Estero, a 1.120 kilómetros de la Capital Federal. Patricia López fue asesinada en 2005, supuestamente por su ex marido y padre de sus dos hijos.

 

Este crimen se enmarca dentro de una de las peores formas de violencia contra la mujer: el feminicidio. De acuerdo con los datos, las causas de este delito son múltiples; sin embargo, una de las modalidades más observadas en la región es el feminicidio íntimo, referido a aquellos asesinatos cometidos por hombres con quien la víctima tenía o tuvo una relación intima, familiar o de convivencia.

 

En Argentina no existen cifras oficiales que puedan describir la magnitud del problema. Sin embargo, un estudio realizado por la ONG Centro de Encuentros Cultura y Mujer, denominado Femicidios e Impunidad, afirma que de 1997 a 2003, fueron víctimas del feminicidio 1.284 mujeres.

 

Este total sólo refleja los casos de la provincia de Buenos Aires. Casi el 70 por ciento fue cometido por una persona cercana a la víctima.

 

“La mayoría de los hechos contabilizados afectan a mujeres comprendidas entre los 18 a 35 años”, precisó a SEMlac Susana Cisneros, abogada y coautora de la investigación mencionada.

 

Cisneros advierte que “los medios de comunicación y muchos productos de la industria cultural –por ejemplo, la música– se empeñan en denominar a esta conducta como “crimen pasional”, cuando en realidad se debe a un abuso de poder, ya que un hombre mata a una mujer con la finalidad de seguir ejerciendo el control”.

 

El citado estudio describe el desarrollo del feminicidio íntimo de la siguiente manera: "una pareja se constituye y puede suceder que la violencia por parte del hombre hacia la mujer se instale de diversas maneras: verbal, física, sexual u económica. El hombre es el sujeto, quien domina y ejerce su poder; y la mujer es el objeto, quien obedece y se desdibuja”.

 

“Cuando la escalada de violencia es más intensa y creciente, la muerte puede ser el último peldaño de poder que tenga el hombre para poseer y controlar a la mujer”, refiere la investigación.

 

A criterio de Delia Zanlungo Ponce, psicóloga y directora de Políticas de Género de la Municipalidad de Morón de la Provincia de Buenos Aires, “los motivos por los cuales se perpetúa la falencia de la presencia del Estado respecto a los feminicidios, es porque no se cuestionan los modelos culturales de relación entre varones y mujeres”.

 

“Todas las personas somos producto de este modelo de sociedad y, en la medida en que no se cuestionen los parámetros y modos de relación entre los géneros, será muy difícil la presencia del Estado en acciones concretas para erradicar la violencia hacia las mujeres”, puntualizó a SEMlac Zanlungo Ponce.

 

“Los Estados locales, provinciales y/o nacionales, así como la comunidad en su conjunto, invisibilizan o minimizan la violencia hacia las mujeres. Sin embargo, son las organizaciones feministas y de mujeres las que denuncian y exigen la presencia del Estado a través de medidas y políticas públicas, tendientes a erradicar la violencia de género”, concluyó la funcionaria.

 

RECUADRO:

Feminicidio íntimo en la región

De acuerdo con estadísticas de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual en Chile, en 2006 fueron asesinadas 51 mujeres en contextos de violencia intrafamiliar.

 

Por su parte, un sondeo realizado por Carabineros de Chile, realizado en ese mismo año, “el mayor número de feminicidios respecto de la relación víctima-victimario ocurre en la categoría convivencia, y representa el 41 por ciento”.

 

Este mismo organismo interpreta que el varón conviviente, ante una decisión de abandono por parte de su pareja, se siente en situación de frustración e impotencia, que lo lleva a un final radical e inadecuado.

 

A su vez, en Guatemala, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, constató que durante los años 2001 a 2004 se registraron 1.188 asesinatos de mujeres. Sólo en 2004 se registraron 352 feminicidios, el 21 por ciento fueron precedidos por violencia intrafamiliar y las víctimas ,en su mayoría, pese a haber solicitado medidas de protección, no las obtuvieron.

 

En Perú, de acuerdo con el centro de documentación Flora Tristán, de 2003 a 2005, el 70, 68 y 56 por ciento de agresores, respectivamente, fueron los esposos, parejas sentimentales o convivientes de las víctimas. Más del 64 por ciento de ellas, al momento de la agresión, mantenía una relación sentimental-afectiva o íntima con su agresor. Datos de 2005 revelan que sólo el 20 por ciento de agresores se encuentra detenido.

 

También en México, según los últimos registros del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), fallecen por día 30 mujeres víctimas de la violencia, lo que se traduce en la quinta causa de muerte en ese sector de la población.

 

En el 22 por ciento de estos casos, los agresores son la pareja o esposo. Y otra vez el mismo dato: la mayoría de las víctimas ya había denunciado agresiones, pero no recibió protección por parte de parte de las autoridades.

 

 

Guatemala: Buscan frenar las adopciones generalizadas de niñas y niños

Por Alba Trejo

 

Guatemala, octubre.- Que las mujeres ya no comercien con sus hijos, que el robo de niñas y niños se detenga y los abogados no tramiten adopciones irregulares, son tres de las razones por las cuales el Estado de Guatemala busca afanosamente que el Congreso de la República apruebe la Ley de Adopciones.

 

Actualmente, en este país, estos procesos son regidos por el Código Civil, la ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia y la Convención de los Derechos de la Niñez, pero no existe una normativa específica para que se garantice un buen futuro para la o el menor.

 

Lo anterior explica porqué sólo en 2006 esta nación entregó 4.300 niñas y niños a padres sustitutos, principalmente a familias originarias de los Estados Unidos de Norteamérica, según la gubernamental Procuraduría General de la Nación.

 

Estados Unidos es el país número uno en recibir bebés de origen guatemalteco, de acuerdo con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

 

Datos de la Procuraduría de los Derechos Humanos indican que la cantidad de menores dados en adopción el año pasado equivale a uno por cada 100 niñas y niños nacidos en ese período, si se toma en cuenta que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social reportó el nacimiento de 437.000 nuevos habitantes.

 

Todos esos procesos fueron autorizados por abogados que hicieron trámites sin supervisión del Estado, indica el procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales, y que cobraron y –cobran aún–de 35.000 a 45.000 dólares por un bebé y ofrecen al pequeño en un plazo de seis meses, cuando en otros países del mundo es común que ese periodo sea de 10 a 14 meses.

 

De ahí que las entidades defensoras de los derechos de la niñez como Save The Children, UNICEF y Casa Alianza, así como el Estado, busquen la aprobación de una legislación específica que contemple para quienes deseen adoptar un bebé en este país, la solicitud ante el Estado de su país para que éste, a su vez, haga las consultas a Guatemala. También sugiere suprimir la participación notarial en el proceso.

 

Paralelo a la carencia de la ley, han surgido más de 150 agencias de adopciones que han visto aquí la posibilidad de percibir jugosas ganancias por cada niño o niña entregada a familias sustitutas.

 

Las agencias se anuncian en la Web y ofrecen a los interesados adopciones a la carta. En Guatemala, garantizan la separación del bebé de los brazos de su madre apenas unos días después del nacimiento.

 

María Eugenia de Sierra, procuradora adjunta de los Derechos Humanos, estima que el costo de un recién nacido y el vacío legal posibilitan que haya madres que alquilen su vientre o vendan a su hijo.

 

Ella intenta dar un enfoque de Derechos Humanos al tema, al indicar que la pobreza induce a la mujer a entregar a su hija o hijo en adopción. En declaraciones a la radio Netherland de Holanda, De Sierra afirmó que “Guatemala no está invirtiendo en algo que es específico y vital para la mujer, como son sus derechos económicos”.

 

“Esos son los verdaderos temas, y no señalar y calificar que la mujer está dando en adopción a sus hijos porque ni siquiera tenemos atención para ella”, puntualizó la Procuradora adjunta.

 

En Guatemala, 6 de cada 10 mujeres indígenas mayores de 15 años no saben leer ni escribir; 121 mujeres mueren por cada 100.000 nacimientos, según las Naciones Unidas. Asimismo, el Instituto Nacional de Estadística indica que, de acuerdo con la encuesta del 2004, eran 500.393 las mujeres jefas de hogar que debían ocuparse en la fuerza laboral para sostener a dos o tres hijos.

 

A lo largo camino recorrido por las entidades de derechos de la niñez, se ha logrado que el Parlamento recientemente ratificara la Convención de la Haya para adopciones.

 

El Convenio de la Haya, que entrará en vigencia en 2008, fundamentará la creación de un Consejo Nacional de Adopciones que está propuesto en la iniciativa de ley, para que esta entidad rija tales procesos y evite transacciones sin tomar en cuenta el bienestar del o la menor de edad.

 

Los diputados al Congreso han detenido el proceso de aprobación de la Ley de Adopciones -presentada hace tres años por los organismos defensores de los derechos de la niñez- hasta después del 4 de noviembre, día en el que se celebrarán los comicios electorales para elegir al próximo presidente del país.

 

 

Venezuela: Los estereotipos de género también matan

Por Aline Castellanos

 

Caracas, octubre.- ¿De qué mueren las mujeres? ¿Y de qué los hombres? De parto o en accidente de tránsito, respectivamente. La diferencia quizás no esté sólo en quién se embaraza y quién conduce el auto, sino en cómo reacciona una persona ante los estímulos externos y en el control que puede tener sobre su cuerpo y su salud.

 

Mientras las mujeres siguen muriendo por causas asociadas a sus procesos reproductivos, los hombres pierden la vida en el auto, en riñas y por lesiones.

 

Los estereotipos de género, además de subordinación y violencia contra ellas, también provocan la muerte. Las causas de los fallecimientos parecen estar marcadas por las actitudes, roles y comportamientos que establecen los estereotipos de género.

 

En el caso de Venezuela, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud, mientras las mujeres pierden la vida principalmente por cáncer y durante el período perinatal (embarazo y parto), en los hombres sobresalen las causas violentas: homicidio, lesiones y accidentes de tránsito.

 

En un informe de mortalidad por sexo a nivel nacional durante 1997-2004 se consignan las seis primeras causas de muerte. Las dos primeras, para ambos sexos, son enfermedades cardiovasculares y cáncer.

 

Para las mujeres, el cérvico uterino y el mamario constituyen los dos primeros tipos de cáncer, ambos prevenibles y relacionados con el control sobre sus cuerpos, el acceso a información y servicios de salud. Unidos a otros cánceres, llevan la muerte a por lo menos 8.600 venezolanas al año.

 

En el caso de los hombres, el primer tipo de cáncer en causarles la muerte es del de próstata, también prevenible y asociado a la información y cuidado del cuerpo masculino.

 

Los procesos reproductivos en las mujeres y la violencia en los hombres determinan las siguientes causas de muerte: por homicidio –la tercera causa- mueren al año miles de venezolanos, 7.000 en 2004, de los cuales más de 5.000 eran jóvenes y adultos jóvenes entre 15 y 34 años. Por la cuarta causa, los accidentes de tránsito, cada año pierden la vida al menos 4.000 hombres, la mitad de ellos jóvenes.

 

De acuerdo con las cifras del Ministerio, las tres primeras causas de muerte en hombres de entre 15 y 34 años son homicidio, lesiones y accidentes de tránsito, en ese orden.

 

Por tales hechos perdieron la vida al menos 10.734 jóvenes venezolanos en 2004, y fueron hechos relacionados con la violencia masculina, comportamiento no sólo socialmente aceptado, sino incluso promovido como una actitud representativa de la “hombría”.

 

La tercera y cuarta causas de muerte en mujeres son las enfermedades cerebrovasculares y diabetes, seguidas por los fallecimientos de tipo perinatal, asociados a los procesos reproductivos. La muerte materna, considerada un grave problema de salud pública, tiene su origen en las graves desigualdades sociales de género, que derivan en fenómenos como el analfabetismo y desnutrición femenina, violencia contra las mujeres y falta de control de sus procesos reproductivos.

 

Según el reporte, el número de fallecidas durante el embarazo o el parto ha ido en descenso, pues de constituir el 5,6 por ciento del total en 1997, pasó a 4,8 en 2004. Sin embargo, representa el deceso de, al menos, 2.227 venezolanas al año, muertes que son catalogadas como prevenibles.

 

El informe no indica tampoco las variantes de la mortalidad materna (embarazo, parto, postparto y abortos mal practicados), ni por violencia contra las mujeres.

 

Las cifras pueden ser una muestra de las consecuencias de la relación basada en la desigualdad, la subordinación y la violencia entre mujeres y hombres. Mientras ellas pierden la vida durante el proceso de darla, los hombres la pierden en el afán de demostrar que son los más fuertes.

 

Aunque el movimiento feminista ha difundido durante años las consecuencias mortales de los modelos que imponen cómo ser mujer al estilo tradicional, con la subordinación y opresión que entraña el estereotipo dominante, así como la imposibilidad de decisión sobre su propia vida y su cuerpo; cada vez es más notorio que, para los hombres, el significado de “hombría” imperante también puede ser letal.

 

 

Cuba: Familias y mujeres, entre cambios y retrocesos

Por Sara Más

 

La Habana, octubre.- Sostén de cubanas y cubanos, albergue de sus afectos y una red inestimable de apoyo en la vida cotidiana, la familia siempre ha sido, para los habitantes de esta isla caribeña, un espacio muy apreciado.

 

Sean apacibles o tempestuosos, casi gregarios o divididos y repartidos por los más distantes puntos del planeta, sus integrantes sienten alta estima por la vida en familia, según estudios sociológicos de diversas épocas.

 

Refugio también frente a las adversidades, fue el nicho de supervivencia para la población de la nación caribeña cuando empezaron los años más duros de la crisis económica, tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista europeo.

 

Entonces, en casa lo mismo se fabricaba un jabón que se inventaba, casi de la nada, el desayuno de cada día. Las carencias y necesidades llevaron a potenciar la función económica de la familia, de forma muy generalizada.

 

Ahora, sin embargo, otras circunstancias económicas, también complejas, le imprimen un sello diferente. “Al punto de que no puede hablarse, en singular y de modo general, de la familia cubana, sino de muchos tipos de familias”, precisa la psicóloga y profesora universitaria Patricia Arés.

 

Reconocida estudiosa del tema en Cuba y doctora en Ciencias Psicológicas, Arés conversó con SEMlac acerca de lo que sucede puertas adentro del hogar, donde la vida se ha visto atravesada, desde varios puntos de vista, por el complejo panorama económico.

 

SEMlac: ¿Cómo definiría a la familia cubana actual?

Estamos en un momento en que hay una gran diversidad de estructuras, arreglos familiares y heterogeneidad en relación con las formas de reinserción socioclasista.

 

Es difícil hablar de tendencias que representen a la mayoría de las familias cubanas y esa es una primera realidad que interfiere un poco en la manera en cómo hablábamos antes de la crisis.

 

Entonces muchas características apuntaban a ser homogeneizantes, en un contexto social donde las políticas trataban de representar a una gran mayoría. Posterior a la crisis, varios signos indican que hay configuraciones familiares cubanas que hasta cuesta trabajo clasificar.

 

SEMlac: ¿Cómo cuáles?

En la última caracterización, acorde a cómo se da la combinación entre el capital económico, el cultural y el social de las familias, encontramos diversidad de relaciones. Hay grupos de alto capital económico y bajo capital cultural y social; las de alto capital económico, cultural y social; las que poseen un alto compromiso social y capital cultural, pero escasos recursos económicos; y aquellas con bajo capital en todos los sentidos.

 

Los rasgos de identidad se generan según se van dando esas combinaciones y se aprecian entonces cambios en el papel de las mujeres al interior de estos grupos.

 

SEMlac: ¿Es el caso del incremento de las jefas de hogar?

Las de bajo nivel cultural, educacional y económico son las familias de la vulnerabilidad, que están en la franja de lo que podemos llamar “pobres o de la marginalidad”. Sí, hay muchas familias monoparentales al interior de este grupo, de mujeres solas a las que se les asigna entonces la jefatura. Pero ellas sostienen una realidad compleja, difícil económicamente, con pobre cobertura de las políticas sociales.

 

Es un tipo de liderazgo desde la precariedad, organizado en torno a mujeres -ya sean madres, tías o abuelas- que sostienen la presión doméstica, hacen pequeños trabajos por contrataciones o en la economía sumergida y, de alguna manera, están muy pegadas a la susbsistencia, a la función económica.

 

Aquí aparece mucho el embarazo adolescente, la reproducción intergeneracional de algunos patrones de género que parecían superados, como el abandono paterno; la pluripaternidad de mujeres solas, pero con dos o tres hijos de padres distintos; la maternidad soltera.

 

Desde un lugar son jefas, toman decisiones, pero no lo veo como conquista o avance social, porque están muy ligadas a la precariedad. Lamentablemente, muchas son de la raza negra o mestiza y su índice de dependencia es elevado, pues sus hijos apenas tienen pensiones y ellas tienen que trabajar, sin capital acumulado de ningún tipo.

 

Estas familias son contratadas muchas veces por otros grupos de familias como sirvientas, empleadas domésticas, limpiando escaleras de edificios, planchando, cocinando. Las mujeres sirven así de mano de obra barata a otros grupos familiares.

 

Ha habido una realidad social que ha atado mucho a la mujer en este tipo de familias vulnerables. Estudios diversos dan cuenta que estas familias con bajos capitales pertenecen a asentamientos marginales, con condiciones socioeconómicas desfavorables. Las políticas no han podido favorecerlas y la movilidad social ha sido muy lenta, aun cuando en ese grupo hay estudiantes universitarias. Aunque no igual que en otras partes de Latinoamérica, es parte de la feminización de la pobreza.

 

Frente a ese hay otro grupo extremo, que es el de los nuevos ricos.

 

SEMlac: ¿Y qué sucede entonces con las mujeres de esas otras familias?

Ahí tampoco veo adelantos de la mujer. Se trata de grupos que, por determinadas razones laborales, han tenido una economía ascendente, no por la vía del desarrollo universitario o profesional, sino por el trabajo por cuenta propia (sector con pequeños negocios y servicios por iniciativa privada), desde sectores emergentes, los vinculados a las empresas mixtas, entre otros.

 

Es lo que hemos llamado la “mediocracia”: de repente tienen un poder económico considerable, con bajo potencial cultural. Estas familias contratan a las vulnerables, y así aparecen subordinaciones y hegemonías de poder al interior de estos grupos, de manera espontánea.

 

Hacen un uso diferente de la ciudad, son una clase naciente, sin un capital cultural elevado ni un compromiso social. Son las familias del mal gusto, una clase social muy chocante para la sociedad cubana.

 

Ahí se está dando una situación social muy delicada, son los que digo que se están exiliando al interior de Cuba, con muy poca implicación social. Hacen uso incluso de la cultura más kistch, de importación.

 

La posición de la mujer, en estos grupos, es la de tener un patriarca que la mantenga y represente, es el paradigma de la mujer de la familia tradicional burguesa.

 

Sin embargo, hay familias donde sí se observan rasgos de desarrollo.

 

SEMlac: ¿Cuáles serían esos grupos donde hay indicadores de progreso?

Hay un grupo de profesionales que tenían salarios oficialmente altos, que ahora tienen un capital económico bajo. Son las personas de los grupos de la llamada “generación del protagonismo”, muy vinculadas a los proyectos sociales. Como rasgo de identidad, a este grupo se les van los hijos -que emigran porque han visto la frustración de los padres- y ahí la posición de la mujer sí muestra rasgos de desarrollo, en cuanto a sus estrategias de conciliación de la familia y el trabajo.

 

Se apoya mucho en su madre y su propia familia para defender la profesión a toda costa, con cierta necesidad de mantener su protagonismo, incluso por encima de la relación de pareja. Por eso en ese grupo hay muchas mujeres divorciadas, dos, tres veces.

 

La nueva generación ha incorporado de forma diferente al esposo, que tiene otro lugar dentro de la pareja, y ha postergado la maternidad para defender su profesión. La generación anterior tuvo un costo grande en divorcio y la joven no: está incorporando a la pareja, hay otro nivel de diálogo y posicionamiento dentro de la pareja.

 

Pero ese sector profesional ha tenido un costo muy grande, sobre todo la generación que ronda los 50 años de edad, por el tema del desprendimiento de los hijos. Son mujeres que han estado entre dos emigraciones, la de sus padres y la de los hijos.

 

Pero cuando lees la valoración de la familia, la legitimización que va haciendo del desarrollo social, reconoces el avance de la mujer, con un tremendo compromiso social con su profesión, que va armando estrategias que van consolidando cada vez más su lugar dentro de la familia y de la sociedad.

 

Las profesionales jóvenes se van posicionando no desde la jefatura de la precariedad, sino del verdadero protagonismo. Si bien son familias que han vivido una frustración porque tenían salarios altos y descendieron económicamente, hay una continuidad generacional de compromiso y participación. Al igual que hay una reproducción de la precariedad, hay una reproducción del interés profesional y del espíritu de estudio y superación.