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Reportajes y noticias de SEMlacDel 10 al 16 de septiembre de 2007
Colombia: Mujeres contra la Guerra, 11 años de movilización sin treguaPor Ángela Castellanos
Bogotá, septiembre.- Desde hace cerca de 40 años, un conflicto armado desangra a Colombia, aunque con cada nuevo gobierno se han puesto en marcha fallidas estrategias para ponerle fin. Por eso, hace 11 años, las mujeres se mancomunaron para trabajar por la paz y la solución negociada de este enfrentamiento, mediante la resistencia pacífica.
En 1996, algunas organizaciones de colombianas se unieron para solidarizarse con las mujeres violentadas por los grupos en conflicto en la nororiental zona de Urabá. Llamaron a una marcha nacional, que congregó a cientos de ellas y culminó el 25 de noviembre, Día de la No violencia contra la Mujer, en Mutatá, un municipio ubicado en el corazón de los combates.
Con la Marcha a Mutatá nació la Ruta Pacífica de las Mujeres y se adoptó su lema: "No parimos hijos, ni hijas para la guerra”. Hoy cuenta con presencia en nueve regiones a través de 350 organizaciones, entre ellas, algunas de colombianas víctimas del conflicto armado y otras que trabajan por los derechos femeninos.
La ruta se ha mantenido gracias a la movilización activa y constante, Por lo general, cada año hace una marcha nacional a un lugar de Colombia especialmente álgido del conflicto y, mensualmente, se realizan demostraciones locales, denominadas Mujeres de Negro, en consonancia con el movimiento internacional del mismo nombre y encabezado por pacifistas de Europa Oriental y Medio Oriente.
Hoy día, el “plantón” o movilización callejera, que realizan los últimos martes de cada mes, se ha convertido en un mecanismo de referencia de la resistencia civil contra el conflicto armado colombiano.
“Entre los principales logros está el mantener un Movimiento de Mujeres contra la guerra, que es pacifista y feminista, y que está compuesto por integrantes que dialogan, a pesar de ser muy diferentes: las hay indígenas, afrodescendientes, campesinas, activistas, artistas, y académicas, entre otras”, declara a SEMlac Marina Gallego, coordinadora nacional de la Ruta Pacífica de las Mujeres.
En el conflicto armado colombiano, las mujeres no sólo son víctimas en la medida en que son madres, esposas o compañeras de hombres asesinados, secuestrados o desaparecidos.
Al igual que los hombres, ellas enfrentan ataques, amenazas y otros actos de intimidación. En julio pasado, las de las comunidades de la etnia Wayuú denunciaron amenazas contra varias de sus liderezas, quienes han revelado la presencia de grupos armados ilegales de extrema derecha en la norteña península de la Guajira, territorio donde habita este grupo aborigen.
Las mujeres también han sido blanco de asesinatos selectivos dirigidos a las activistas sociales y defensoras de derechos humanos. Uno de los casos más recientes, ocurrido el 23 de abril en la ciudad de Medellín, fue el homicidio de Judith Vergara Correa, presidenta de la junta de acción comunal (reunión de vecinos), de su barrio, y activista de varias organizaciones no gubernamentales dedicadas a la construcción de la paz.
Pero es en los pueblos y las zonas rurales donde las colombianas sufren anónimamente violaciones, mutilación y esclavitud sexual. Todos los grupos armados –las fuerzas militares, los grupos de extrema derecha y de las guerrillas de izquierda– han abusado y explotado sexualmente a las mujeres, tanto civiles como aquellas que hacen parte de sus huestes.
Así lo registró la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre violencia contra las mujeres, en el informe de su misión a Colombia, en noviembre de 2001:
“Raramente hay una confrontación directa entre los diferentes grupos armados, más bien esos grupos buscan ganar puntos atacando a los civiles sospechosos de apoyar al otro bando (...) la violencia contra las mujeres, particularmente la de tipo sexual, es una práctica común...”, dice Radhika Coomaraswamy en el mencionado documento.
Los cuerpos de las mujeres se han convertido en botín de guerra. Ellas son blanco militar de los grupos armados como estrategia para imponer el terror en las comunidades y, de este modo, facilitar el control militar. También para forzar el abandono de territorios de interés militar o económico. E incluso para cobrar venganza contra el enemigo militar.
Estos crímenes han sido ampliamente ignorados. “Otro de nuestros logros es el haber conseguido colocar públicamente, junto con otras coaliciones de mujeres, el tema de las que han sido víctimas del conflicto, no sólo en cuanto familiares, sino también en cuanto a sujetas de violencia en sus cuerpos y en sus vidas”, asegura Gallego.
Aunque las colombianas, en general, no están directamente involucradas en las operaciones militares, son las más afectadas por el drama del desplazamiento interno. Se estima que cerca de tres millones de personas han sido forzadas a dejar sus tierras y posesiones para buscar refugio en tugurios urbanos, donde ponen a salvo su vida pero pierden su identidad. La mayoría son mujeres.
La Organización Femenina Popular (OFP), un grupo de la ciudad petrolera de Barrancabermeja, creado hace tres décadas y ejemplo de resistencia pacífica, ha resuelto apoyar en los últimos años a las familias desplazadas de varias regiones del país.
“Hacemos parte del Movimiento de Mujeres contra la Guerra, porque somos defensoras de los derechos humanos integrales, nos asumimos como sujetas políticas de derecho y construimos proyectos de vida digna a partir de la resistencia frente a todas las formas de violencia: económica, social, cultural, civil y política”, explica Yolanda Becerra, directora de la OFP.
Ella ha sido amenazada en varias oportunidades, sin que tales intimidaciones hayan logrado menguar su ímpetu.
“Sí ha habido riesgos para algunas mujeres del Movimiento, especialmente de aquellas organizaciones que están en medio del conflicto. En varios casos, algunas han tenido que trasladarse a otra ciudad, pero el hecho de pertenecer a la Ruta Pacífica es un mecanismo de protección en sí mismo”, explica la coordinadora de la Ruta.
Uno de los temas de mayor atención por parte de la Ruta es el de trabajar contra el olvido y la impunidad. En tal sentido, realizaron un tribunal simbólico en 1998 para mostrar las violencias contra las mujeres, y el año pasado organizaron un seminario de reflexión con las mujeres víctimas del conflicto sobre lo que para ellas es la verdad, la justicia y la reparación de los daños.
También en 2006 se publicó la investigación de recuperación de la memoria sobre historias de vida de colombianas en varias regiones del país.
En 2000, la Ruta recibió el Premio Milenio de la Paz concedido por UNIFEM y Alerta Internacional.
Perú: Inicio sexual precoz y con comportamientos erróneosPor Zoraida Portillo
Lima, septiembre.- Los adolescentes peruanos inician su vida sexual a los 13 años como promedio, según demostró una encuesta realizada en seis ciudades del Perú, que también reveló aspectos inéditos sobre el comportamiento sexual de la población joven del país.
Así, los adolescentes y jóvenes están más interesados en tener sexo con sus parejas y se preocupan por los métodos de protección mientras que para las mujeres es prioritario el enamoramiento y la elección de la pareja. Y aunque ellas y ellos conocen métodos de protección, los usan sólo para evitar un embarazo no deseado y no como forma de protegerse contra una infección de transmisión sexual (ITS) o del VIH-SIDA.
Además, las mujeres consideran que el uso del condón es responsabilidad exclusiva del varón, porque no tienen poder de decisión sobre su uso y evitan tratar el tema con ellos por considerarlo “socialmente inapropiado”.
Otro hallazgo importante del estudio fue que los jóvenes consideran que el uso del condón reduce el placer sexual, respuesta mayoritaria entre los varones, y produce irritación vaginal (respuesta mayoritaria de las mujeres).
El inicio sexual de las mujeres ocurre, en promedio, entre los 12 y 15 años, aunque ellas consideran que la edad ideal para hacerlo es a los 18.
La encuesta fue aplicada en los primeros meses del año por el Ministerio de Salud y el Objetivo 1 VIH del Fondo Mundial, entre adolescentes y jóvenes de 11 a 24 años de las ciudades que presentan el índice más alto de ITS y VIH: Ica –en la costa sur–, Chimbote –en la norte–, Pucallpa e Iquitos –en la selva–, la capital, Lima, y el puerto de El Callao.
Es la primera encuesta de este tipo que se aplica en el país y algunos resultados fueron sorprendentes. Por ejemplo, en las zonas de la selva el inicio sexual se da a los 11 años; por lo general los adolescentes no usan ningún tipo de protección en su primera relación sexual, en parte porque la gran mayoría lo hace en forma no planificada o por la creencia errónea de que en la primera relación no hay riesgo de embarazo.
Estos resultados han motivado a las autoridades de salud a poner en marcha la campaña nacional “Tú preVIHenes, infórmate” que, a través de anuncios de radio y televisión, paneles, folletos y otros canales de información, se desarrollará a nivel nacional y estará dirigida a adolescentes y jóvenes de 11 a 24 años y mujeres entre 25 y 45 años de estratos socioeconómicos bajos.
“Se requiere formación desde los hogares y no sólo en la escuela o centros especializados, por eso estamos incluyendo en la campaña a las mujeres líderes de las organizaciones sociales de base”, informó Nora Ojeda Celi, coordinadora técnica del Objetivo 1 VIH del Fondo Mundial. De momento, no se ha precisado en qué consistirá el trabajo con ellas.
Por su parte, el doctor José Luis Sebastián Mesones, coordinador nacional de la Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención y Control de Infecciones de Transmisión Sexual y VIH-SIDA del Ministerio de Salud, refirió que la encuesta confirma que los jóvenes y adolescentes peruanos son el grupo poblacional más vulnerable a la transmisión del VIH, debido a los comportamientos erróneos que asumen al iniciar su vida sexual.
Afirmó que en la mayor parte de casos de VIH, oficialmente reportados, la edad en que se contrajo el mal es entre los 15 y 19 años. El Perú ocupa el puesto 17 de prevalencia de infección por VIH entre los 15 y 49 años, según el informe mundial del Sida 2006.
El especialista señaló que las características de la epidemia han variado desde 1983, cuando la relación de casos entre hombres y mujeres era de 10 varones por una mujer, hasta la actualidad, cuando dicha relación es de tres por una.
“Estamos en presencia de una ‘epidemia concentrada’, con elevado número de casos en las poblaciones vulnerables y menos en la población general, pero su evolución a través de las redes de intercambio sexual apuntan a la generalización si no se consolidan las intervenciones sanitarias”, subrayó.
Cuba: Las mujeres y el camino al poderPor Dixie Edith
La Habana, septiembre.- A pocos meses de las elecciones generales en Cuba para designar los escaños en el Parlamento, el número de mujeres en esos espacios ha crecido alrededor del 14 por ciento, desde la primera legislatura de la época revolucionaria, en 1976.
Ese proceso eleccionario, fijado para el primer trimestre de 2008, será el primero que tendrá lugar en Cuba desde que, hace un año, una intervención quirúrgica alejara de la presidencia a Fidel Castro.
Datos de la Unión Interparlamentaria, con cierre del 31 de julio de este año, ubican a Cuba en el octavo lugar por países de acuerdo al número de mujeres en sus parlamentos, con 36 por ciento.
En la región latinoamericana, donde en promedio hay un 20 por ciento de mujeres parlamentarias, la isla ocupa el segundo puesto detrás de Costa Rica, que tiene 38,6 por ciento.
Sin embargo, las cifras cambian cuando se trata de las estructuras del Poder Popular, más cercanas a la base en la isla; y también cuando se trata de puestos de dirección directamente vinculados a la economía.
En las elecciones parciales de 2005, para proponer y elegir a quienes dirigen las circunscripciones –representantes del gobierno en barrios y comunidades--, un 28,19 por ciento resultaron mujeres.
En general, las que ocupan puestos de dirección suman sólo 37,4 por ciento, a pesar de ser femenina la mayor parte de la fuerza profesional y técnica ocupada en el país (65,9 por ciento) y también la más calificada: ellas representan más del 67 por ciento del total de graduados universitarios.
Camino con vallasEspecialistas en el tema, fundamentalmente fuera de Cuba, citan tres premisas primordiales como base para el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones: oportunidad de empleo, posibilidades de superación y calificación y atención a su salud reproductiva.
Paradójicamente, en la isla el 46 por ciento de los ocupados en el sector estatal civil son mujeres y ellas encabezan también la fuerza altamente calificada.
Las tasas de fecundidad y mortalidad infantil y materna, junto a la opción del aborto legal y gratuito, tampoco dejan muchas dudas acerca de sus derechos y posibilidades en materia de salud sexual y reproductiva.
¿Qué pasa entonces con el acceso al poder?María de las Nieves Blanco, maestra de quinto grado y vecina del capitalino municipio de Arroyo Naranjo, lleva una década de su vida negándose a aceptar cargos directivos.
En la escuela primaria donde trabaja, desde 2003 le han propuesto, curso tras curso, asumir la subdirección docente.
Ahora, a las puertas de la asamblea de nominación de candidatos para las elecciones del Poder Popular en los barios y comunidades, varios vecinos se le han acercado para proponerla como futura delegada (representante).
“Siempre he dicho que no, porque tengo tres hijos pequeños; me ocupo sola de casi todas las tareas domésticas, pues mi esposo maneja una rastra (camión de carga) y pasa mucho tiempo fuera de casa; y no creo que pueda compartir toda esa carga con una tarea de dirección”, contó Blanco a SEMlac.
“Además, al menos tres veces a la semana tengo que visitar a mi mamá, que vive sola y ya tiene los achaques propios de los 73 años”.
Un sondeo realizado por SEMlac entre medio centenar de hombres y mujeres escogidos al azar aportó razones que coinciden con las de Blanco.
El 92,2 por ciento de las personas entrevistadas señaló, como principal limitante, que las mujeres están sobrecargadas por el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos.
Por su parte, 6,7 por ciento de las 25 mujeres que formaron parte del sondeo alegó que esposos e hijos no aprueban que asuman tareas al margen del hogar.
Un estudio realizado a fines del siglo XX por la psicóloga Mayda Álvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer, de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), y la también investigadora Perla Popowski, indicó argumentos similares como freno fundamental de las mujeres para acceder a puesto directivos.
La investigación citó a la maternidad y el cuidado de niños pequeños, y la existencia de una insuficiente valoración de las capacidades femeninas para dirigir.
Tales conclusiones no están desencaminadas. Según una investigación sobre el uso del tiempo de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), adscrita al Ministerio de Economía y Planificación, el mayor peso de las cargas domésticas en Cuba continúa recayendo sobre las mujeres.
Según esa exploración, los hombres dedican más horas que las mujeres al trabajo remunerado. Cuando se añaden las labores domésticas, sin embargo, ellas trabajan unas 120 horas promedio, por cada cien que laboran sus congéneres del sexo masculino.
Las estadísticas muestran, además, una tendencia hacia la jefatura femenina en los hogares cubanos. Si en el Censo de Población de 1981 las mujeres eran el 14 por ciento de los jefes de hogar, en 2002 ya alcanzaban el 40,6.
Otra investigación de la FMC, La igualdad de la mujer en el proceso revolucionario cubano: teoría y práctica, revela otras razones y prejuicios.
El 60 por ciento del total de los encuestados de uno y otro sexo respondió que les daba igual ser dirigido por una mujer o un hombre, pero más de la cuarta parte declaró que prefería al segundo.
Asimismo, el 30 por ciento que declaró que los hombres son mejores dirigentes, aseguró que se debía a razones genéticas. El machismo, sin embargo, casi nunca se manifiesta de forma tan descarnada y suele encubrirse tras prejuicios más sutiles hacia la mujer que dirige.
Es el caso de los hombres que ponen en duda la capacidad de sus compañeras para conjugar la delicadeza femenina con la firmeza de carácter, la rectitud y la decisión que presupone el trabajo de dirección.
Ellas tampoco escapan a los tabúes y prejuicios. Algunas de las mujeres entrevistadas ahora por SEMlac confirmaron, como Blanco, que no aceptaban cargos de dirección por no sentirse con la capacidad o el nivel necesarios, o porque no les gustaba mandar, aunque nunca lo habían hecho.
Estrategias en tiempos de crisisUna mirada a la evolución de la participación de las cubanas en escaños parlamentarios desde la primera legislatura, en 1976, muestra que durante los años del Período Especial –como se llamó a la crisis iniciada con los noventa-- el número de diputadas se contrajo, para luego volver a recuperarse.
En las elecciones de 1976, el 21,83 por ciento de los sitios del Parlamento fue ocupado por una mujer. Esta proporción creció gradualmente, hasta lograr el 34,31 por ciento en las elecciones de 1986.
Sin embargo, en 1992 la cifra disminuyó a 22,75 por ciento y, en 1998, sumó 27,62 por ciento.
Una indagación del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, realizada en Ciudad de La Habana por primera vez en 1996 y actualizada en 2000, , detectó, paralelamente, que durante los años más agudos de la crisis económica hubo un reacomodo de las funciones y prioridades al interior de la familia.
Mareléen Díaz Tenorio, jefa del departamento de estudios de la familia del CIPS, ha explicado que durante la década de los noventa se produjo un acomodamiento en la distribución de roles domésticos, que tenía mucho que ver con las entradas económicas.
En muchos hogares, donde el hombre tenía ingresos importantes, la mujer prefirió quedarse en casa para sortear con más holgura las consecuencias de apagones y carencias.
Otra investigación sobre estrategias cubanas para el empleo femenino en los noventa aporta otras aristas al análisis.
Un estudio de caso con 18 profesionales, realizado por la socióloga Marta Núñez Sarmiento, estableció que para otras profesionales la estrategia no fue abandonar la vida laboral, sino buscar una segunda fuente de ingresos; y que, en muchos casos, profesionales de alta calificación abandonaron su estatus laboral y social para emplearse en los llamados sectores emergentes, como el turismo y las empresas extranjeras.
Razones similares podrían explicar el descenso, en esos años, de las cifras de mujeres diputadas al Parlamento Cubano.
En las elecciones de 2003, la cifra volvió a crecer y este nuevo proceso eleccionario, que ahora comienza, trae una interrogante: ¿aumentará el número de mujeres dirigentes en correspondencia con los datos que indican que la fuerza laboral femenina es la más calificada del país y tal tendencia no apunta a variar? (Por ejemplo, al cierre del pasado año, el 64,7 por ciento de matrículas universitarias correspondieron a mujeres).
La respuesta a esta interrogante todavía está por verse.
Uruguay: "Monólogos de la vagina" contra la violencia hacia la mujerPor Cristina Canoura
Montevideo, septiembre.- En 1996, la autora teatral y guionista estadounidense Eva Ensler escribió "Monólogos de la vagina" a partir de las entrevistas que durante cinco años hizo a más de 200 mujeres de diferentes países. Quería saber cómo pensaban sobre la vagina, qué les evocaba, cuáles temores o fantasías escondían.
En 1999, Ensler estrenó su obra en el Off-Broadway y desde entonces la pieza ha recorrido el mundo en la voz y presencia de actrices como Jane Fonda, Susan Sarandon, Glenn Glose o Meryl Streep y la argentina Cipe Lincovsky, que la representó en el 2001 en Uruguay.
Ahora, una inusual y sorprendente puesta en escena se reiteró en el Teatro Metro de Montevideo. No fue una actriz quien se sentó en un alto banco para recitar sus monólogos, sino 13 mujeres, sin relación con el medio actoral, de diferentes edades y profesiones y consideradas referentes en sus respectivas áreas.
Ellas fueron convocadas por la organización "V-Day", fundada por Ensler en 1999 como instrumento de lucha contra la violencia hacia las mujeres.
Cada año, esa agrupación cede los derechos de autor de dos funciones de "Monólogos de la vagina", a condición de que el dinero recaudado en la venta de entradas sea destinado, en su totalidad, a organizaciones locales que trabajen con mujeres víctimas de violencia.
El "Día-V" se conmemora en Estados Unidos cada 14 de febrero, Día de San Valentín, y la letra refiere tanto al santo de los enamorados como a las palabras vagina, violencia o victoria.
En Uruguay, la institución beneficiada fue la "Casa de la Mujer de la Unión ", fundada y dirigida desde 1987 por Mabel Simois, quien a mediados de los 80 regresó al país de su exilio en España.
Al escenario del Teatro Metro subieron la diputada Beatriz Argimón, las periodistas Mónica Bottero, Soledad Ortega, Fernanda Cabrera y Carolina García; la socióloga Teresa Herrera, y las cantantes Malena Muyala y Ana Prada.
También estuvieron Alda Novell, presidenta del Consejo de Fútbol Femenino; la abogada Fanny Puyeski, la edila Glenda Rondán, la siquiatra Natalia Trenchi, la profesora de Educación Física Carolina Cabrera, la enfermera Paola Penino y Lizette Uyterhoeve, víctima de violencia doméstica, allegada a la Casa de la Mujer de la Unión.
Todas fueron convocadas por la abogada y artista plástica Claudia Mera y dirigidas por la prestigiosa actriz y directora de teatro Beatriz Massons.
Vestidas de negro, con algún toque de color, cada una de ellas fue desgranando su parlamento. Con mucho humor y también con dramatismo extremo hablaron del sexo violento, de la ignorancia del propio cuerpo, del miedo a vivir libremente la sexualidad, de la aversión a los aparatos usados en las rutinas ginecológicas; del descubrimiento del placer, del horror a la violación en países en guerra, de la experiencia conmovedora de una abuela que vio parir a su propia hija.
Las dos funciones, realizadas los días 23 y 30 de agosto, agotaron las 1.000 localidades de la sala teatral. En el último monólogo, "Reconquistando la concha" (palabra con la que en el Río de la Plata se llama en forma vulgar a la vagina), la cantante Ana Prada convocó al público asistente a corear ese nombre en ritmo de candombe, música heredada de los esclavos africanos arribados al país.
En ese momento, desde los oscuros pasillos del teatro se escuchó el repiqueteo de la cuerda de tambores "La melaza", integrada totalmente por mujeres, que acompañó al coro dirigido por Prada en el cierre del espectáculo.
En Uruguay, muere una mujer cada cinco días a causa de la violencia doméstica. |