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Reportajes y noticias de SEMlacdel 25 de junio al 1 de julio de 2007
Cuba: Vilma Espín: Las huellas de una mujerPor Sara Más
La Habana, junio.- Cuando el mundo vivía la amenaza de la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, Vilma Espín viajaba por las carreteras de Cuba e iba identificando a su paso las bases de cohetes soviéticos que, en cualquier momento, podían convertirse en blanco de un ataque estadounidense y desatar una guerra nuclear.
En sus brazos llevaba a su hija de tres meses de nacida y a su lado viajaba otra de dos años y medio. Tras dejar en orden su trabajo del día, al frente de la recién creada Federación de Mujeres Cubanas, iba a reunirse con su esposo que, en aquellos primeros años de la revolución, estaba encargado de la defensa de las provincias más orientales del país.
Tenía que atravesar la isla para unirse a Raúl Castro y ella lo hacía conociendo perfectamente los riesgos. “Momentos de tensión como esos vivimos más de una vez”, recordó Espín muchos años después, sin arrepentirse para nada de lo vivido y feliz de aquellos cuatro hijos que nacieron, uno tras otro, entre 1960 y 1965.
Un ingeniero, dos ingenieras y una pedagoga especializada en sexología son algunos de los frutos más importantes de aquella unión entre la líder del movimiento femenino cubano de los últimos 50 años y Raúl Castro, presidente en funciones de la isla caribeña desde hace casi un año y ministro de las Fuerzas Armadas.
La familia que crearon juntos, centro de sus alegrías y desvelos, le dio el último adiós la pasada semana a esta mujer que no quiso, para el día de su muerte, grandes honras fúnebres ni ceremonias públicas, sino que prefirió ser incinerada y devuelta a las montañas de la Sierra Maestra, donde se hizo guerrillera junto a los rebeldes, conoció el amor y escogió un rumbo nuevo para su vida.
Primero había pensado dedicarse por entero al mundo de la ciencia y en 1954 se convirtió en una de las dos cubanas graduadas como ingenieras en Química Industrial, en la Universidad de Oriente. La vida de María Curie, biografía escrita por la hija de la científica francesa, la había conmovido desde temprano.
“Aquel libro me apasionó, me hizo pensar mucho en la paciencia, en la tenacidad de dedicar la vida entera a descubrir soluciones para la humanidad”, declaró much9os años después a una periodista, en 1944.
Pero, después de graduada, no tuvo tiempo para ejercer su carrera. Sensibilizada con la situación del país bajo la dictadura del general Fulgencio Batista, ya se había sumado a las luchas sociales desde que era estudiante.
Y un paso la llevó a otro: de simpatizante a colaboradora, de activista a líder, de organizadora clandestina a guerrillera. Por ese camino llegó a convertirse en la coordinadora del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente y luego se alzó en las montañas. Entonces estaba lejos de imaginar que dedicaría el resto de sus ideas y sus días, entre otras cosas, a defender los derechos e intereses de las cubanas.
Alguna vez comentó que no tenía noción de lo discriminada que estaba la mujer hasta que, en 1959, comenzó a trabajar con ellas en la creación de la Federación de Mujeres Cubanas, actualmente la única organización femenina de la isla, que agrupa a cerca de cuatro millones de integrantes.
Sin embargo, “esa lucha suya por la igualdad empezó desde mucho antes, quizás sin darse cuenta, cuando ocupó puestos de toma de decisiones importantes en la guerra de liberación nacional”, comenta a SEMlac Isabel Moya, directora de la revista Mujeres, creada por Espín Guillois en 1961.
Bajo sus ideas, esa publicación le abrió espacios a los debates de salud, para ayudar a erradicar y disminuir las principales causas de muerte de las cubanas y luego ampliarse a temas más abarcadores, como la educación sexual en la familia, la igualdad de derechos y la equidad de géneros.
Personalmente estuvo al tanto de los programas para rescatar a las prostitutas de las calles y burdeles y brindarles trabajo y vida digna, junto al Ministerio de Bienestar Social, dirigido por Raquel Pérez. También impulsó los planes para que las campesinas, las domésticas y amas de casa, entre los sectores femeninos más atrasados del país, estudiaran o aprendieran un oficio.
De entonces acá, Vilma Espín se dedicó de lleno a las inquietudes femeninas y las luchas por el adelanto de las mujeres, junto a la defensa de los derechos de la infancia y “fue transgresora desde su propia vivencia y su pensamiento, con ideas adelantadas para su época“, opina Moya.
Su sello personal está en leyes y documentos legales que amparan estos temas, incluido el Código de la Familia aprobado en 1975, uno de los más avanzados en la región en su momento.
“Entonces ella insistió para que se reconocieran las uniones consensuales y los hijos concebidos durante esas relaciones, e incluso no hablaba de uniones entre un hombre y una mujer, sino entre dos personas, cuando pocos se atrevían a reconocer o plantear el matrimonio homosexual”, señala Moya.
A instancias de Vilma Espín se crearon los círculos infantiles, para que las mujeres pudieran ir a trabajar con la seguridad de que sus hijos quedaban bien cuidados, pero también para introducir valores de equidad en la educación de niñas y niños.
Promovió además la creación de la Comisión Nacional Multidisciplinaria para el Estudio de la Transexualidad y la atención a transexuales, en la temprana fecha de 1979, y luego la apertura del Centro Nacional de Educación Sexual y del Grupo Nacional de Prevención y Atención a la Violencia Intrafamiliar.
“Habló de educación sexual, cuando pocos entendían bien el significado y valor que eso tenía. Se rodeó de expertos en la materia, como el doctor Celestino Álvarez Lajonchere y otros especialistas, para empezar a impulsar una mirada desprejuiciada a la sexualidad de hombres y mujeres”, precisa Moya, quien también dirige la Cátedra de Género y Comunicación “Mirta Aguirre” del Instituto Internacional de Periodismo, en La Habana.
“Todo le interesaba: el arte, el diseño, la alimentación, la ciencia, la política, las mujeres, la educación infantil, la juventud, la familia... Por eso digo que era una mujer renacentista”, añade.
La noticia del fallecimiento de Vilma Espín, en la tarde del martes 19 de junio, a los 77 años de edad, no fue del todo sorpresiva para los habitantes de esta isla caribeña. El comunicado oficial daba cuenta “del agravamiento, en las últimas semanas, de la larga enfermedad que le aquejaba”.
Se le había visto en un acto público, por última vez, en agosto de 2005. Sin muchos detalles sobre su salud ni el mal que padecía, se sabía que permanecía alejada de su trabajo al frente de la Federación de Mujeres Cubanas y de otras funciones parlamentarias y de Estado.
“Era, sobre todo, una persona muy humana”, asegura Ivette Vega, con 18 años de labor en la dirección nacional de la FMC. “Vilma era muy sensible y por eso, en medio de una conversación, iba del trabajo a preguntar por los hijos o la familia, pendiente de los detalles y tratando de ayudar, de aconsejar”, relata.
“Es una luchadora de excepcionales méritos y trayectoria, pero para nosotras es también la sonrisa franca y afable, la inteligencia amplia y culta, la sagacidad veloz”, suscribe Vega.
Entre otras de sus cualidades, la joven psicóloga menciona la ternura y la sensibilidad, pero también la inteligencia y exigencia, el rigor en lo que emprendía.
“Como toda mujer de vasta cultura, era sencilla. No por ello carecía de fuerza para emprender tareas aparentemente imposibles. Lo imposible, para ella, sólo le tomaba un poquito más de tiempo”, cuenta a SEMlac una habanera que compartió con Vilma tareas y ocasiones diversas.
Ella, sin embargo, trató de verse siempre como un ser común, sin tener real conciencia de sí misma. Así se describía, a la altura de los 64 años, en declaraciones a una periodista: “Yo creo que desde siempre, porque así me educaron, traté de cumplir mi deber lo mejor posible”.
RECUADRO Apuntes de una vida Vilma Espín Guillois nació el 7 de abril de 1930, en la oriental provincia cubana de Santiago de Cuba.
Graduada de Ingeniería Química, en 1954, hizo estudios de postgrado en el Instituto Politécnico de Massachussets (MIT), Boston, Estados Unidos. En la década del cincuenta alterna los estudios con las funciones de profesora universitaria y la participación en las luchas populares de los movimientos sociales y políticos, hasta integrarse finalmente a la guerrilla que, en 1959, derrocó la dictadura de Fulgencio Batista.
Desde su fundación, en 1960, presidió la Federación de Mujeres Cubanas, y tres años después de convertirse en la presidenta de la FMC, pasó a ocupar una de las vicepresidencias de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM). Como diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), presidió su Comisión Permanente de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer, desde 1976. También dirigió la Comisión de Atención y Prevención Social, del Consejo de Estado y actuó como orientadora y supervisora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y del Programa Nacional de Educación Sexual.
Mereció numerosas condecoraciones y reconocimientos, entre ellas el título de Heroína de la República de Cuba, en 2002.
1963: Ocupa una de las Vice Presidencias de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM).
1969-1976: Crea y preside el Instituto de la Infancia y dirige el área de Desarrollo Industrial del Ministerio de la Industria alimenticia.
Promueve y supervisa la creación de Hogares para Niñas y Niños sin Amparo Filial, así como las Cátedras especializadas en Estudios de Género en diferentes Universidades e Institutos Superiores Pedagógicos y de Ciencias Médicas: Cátedras de la Mujer, Cátedras de Sexología y Educación de la Sexualidad.
Funda y preside, desde 1972, la Comisión de Prevención y Atención Social y preside la Comisión de Trabajo que elabora la Tesis sobre el Pleno Ejercicio de la Igualdad de la Mujer.
Diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, desde su constitución en 1976, y presidenta de su Comisión de Atención a la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer.
Integró el Buró Político del Partido y del Consejo de Estado de la República de Cuba.
Presidió las delegaciones cubanas a las Conferencias Mundiales sobre la Mujer, convocadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU), en México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Beijing (1990).
Bolivia: El gran poder de las mujeresPor Helen Álvarez Virreira
La Paz, junio.- Baila cada año desde hace más de tres décadas y gasta a manos llenas cuando organiza la fiesta en honor del Señor Jesús del Gran Poder. La señora Pascuala Mercado, una de las mujeres más respetadas de la élite aymara, que levantó su emporio en la zona más populosa de La Paz, manifiesta así su religiosidad y su devoción, al igual que la señora Isabel, que apenas sobrevive con su salario de maestra de primaria.
Las lágrimas ruedan por las mejillas de doña Pascuala, como le dicen, cuando habla de las bendiciones que ella, sus hijos y sus “muchos nietos” recibieron: nunca les faltó trabajo y gozan de buena salud.
Vestida con el atuendo de la chola paceña —manta, amplia pollera, sombrero y zapatos planos—, recuerda cómo nació su fraternidad: la Morenada “Comercial Eloy Salmón de los Señores Maquineros”, hace 40 años, cuando pocas mujeres podían bailar en la Fastuosa Entrada Folclórica Jesús del Gran Poder, una de las expresiones culturales más importantes de Bolivia.
El nombre de la comparsa hace referencia a la calle donde se asentaron los comerciantes más grandes y prósperos del país, la mayoría importadores exclusivos de equipos de línea blanca y tecnología informática, aunque gran parte de contrabando. Ellos, que además siempre han eludido el pago de impuestos, no escatiman recursos para venerar al “Tata” (padre) de la zona de Gran Poder. Otra peculiaridad de la gente que pertenece a este gremio es que evita relaciones de afectividad, como el matrimonio, con personas ajenas a su círculo, porque se considera única.
De ese carácter elitista nació la fraternidad, porque no quisieron “juntarse” con otra, integrada por inmigrantes internos, que los invitó a bailar morenada en honor de una imagen de Jesús. “Nosotros hemos dicho ‘cómo nos vamos a rebajar con ellos, nosotros somos un gremio más superior’”, rememora “la mamá de la comparsa”, la única fundadora que aún vive.
La primera vez que el grupo participó de la Entrada Folclórica bailaron unos 40 “reyes morenos”. Las mujeres se ocuparon de preparar la fiesta y ayudar a los varones a cargar sus pesados disfraces. La Morenada evoca a la población africana que fue trasladada, durante la colonización, a la región que hoy ocupa Bolivia y que durante siglos conservó costumbres y tradiciones.
Cuatro años después, las mujeres se rebelaron y decidieron bailar; lo mismo ocurrió en otras fraternidades. Mercado se ríe cuando recuerda esos momentos y asegura que, desde entonces, nunca dejó de danzar. Ahora su comparsa tiene más de 600 integrantes e irónicamente los varones “sólo son unos 250”, señala Marisol Pérez de Cañaviri, “pasante” de la fiesta en 2004. “En la Entrada bailamos más mujeres, nosotras somos más alegres” y, como antes, sobre ellas recae todo el trabajo de la fiesta.
A ambas mujeres las une el hecho de haber sido “pasantes” de su fraternidad; es decir, quienes se hicieron cargo de organizar todas las actividades durante un año, y esa cualidad las convierte en “comadres”, una de las relaciones más fuertes en la cosmovisión aymara. Ser “pasante” marca jerarquías, es sobresalir, por eso las dos gozan de gran prestigio.
La señora Isabel (que prefiere no dar su apellido), en cambio, forma parte de un pequeño grupo de adultos mayores llamado Jacha Qantati (Gran Amanecer) que no pertenece al círculo. Ella, sin embargo, no termina de agradecer el momento en que se animó a bailar hace cinco años, poco después de la muerte de su esposo y cuando tres de sus cuatro hijas dejaron su hogar para casarse y su único hijo varón tenía serios problemas.
Historia de la EntradaA diferencia de la señora Mercado, que ya tenía al primero de sus tres hijos cuando comenzó a bailar, Marisol Pérez rebosa juventud, tiene dos niños y vende equipos de gimnasia en su tienda. Ella se volvió devota del Señor del Gran Poder cuando bailó por primera vez y está convencida de que todo lo que tiene se lo debe al “Tata”.
La Entrada, que este año se celebró el 2 de junio, consiste en danzar a lo largo de unos cinco kilómetros, por las calles más populosas de La Paz; unos 30.000 danzarines de 56 fraternidades, según cálculos del municipio, pasan delante del templo y de la imagen del Cristo que sacan a la calle para agradecerle por sus bendiciones.
Una semana antes, los “fraternos” también bailan, en un tramo más corto, en un ritual denominado “la promesa” que es cuando los nuevos se comprometen a danzar durante tres años y los antiguos reafirman su fe. Miles, sin embargo, lo hacen sólo porque gustan del folclor.
Este festejo fue declarado Patrimonio Cultural de Bolivia el 22 de mayo de 2002 y se está tramitando su declaratoria como Patrimonio Intangible de la Humanidad.
La tradición nace a principios del siglo XX con la veneración a un lienzo que representaba a la Santísima Trinidad en un Cristo con tres rostros. La pintura era propiedad de una monja y fue sacada del convento de las Concepcionistas por dos mujeres. En 1932 se construyó su primera capilla.
Según Julia Elena Fortún, autora de un libro sobre estas tradiciones, el ritual público con bailes comenzó en 1923 y los devotos eran inmigrantes aymaras e indígenas aymaras. En 1930, el obispo Augusto Seiffert ordenó que se borraran los rostros laterales, en cumplimiento del Concilio de Trento de 1545-1563 que vetó esa forma de representar la unicidad de Dios. La gente solía pedir al rostro derecho algo bueno para otra persona, al del medio algo bueno para sí mismo y al izquierdo una venganza.
Danza de millones y de tradicionesDe haber sido una fiesta de los estratos más empobrecidos, la Entrada ha pasado a ser un espacio de ostentación del poder económico de la élite aymara que sólo se ocupa de sus negocios.
“Sería mal visto que mi comadre use joyas de fantasía”, dice Pérez; y por eso la señora Pascuala también es conocida por los delincuentes que merodean la zona y que, mientras bailaba, ya le robaron cinco veces su “rama”, un prendedor de 100 gramos de oro que sujeta su manta, valorado, cada uno, en unos 200 dólares.
Además, lleva otro prendedor en el sombrero, aretes largos y grandes anillos. Para mujeres como ella no es suficiente la seguridad privada que contrata la fraternidad, sino que además tienen al menos un guardaespaldas.
Tener dinero es una de las condiciones para ser “pasante”, pero también debe ser una pareja casada por la religión católica, vivir en la zona y mantener las costumbres. Pérez cumple todo, pero Mercado no tiene marido; sin embargo su prestigio es tan grande que ella puede recibir la fiesta sola y lo ha hecho en cuatro ocasiones y su hijo mayor en tres.
Con el “Señor no hay que mezquinarse”, dice Mercado, porque se cree que así se recibirá tres o cuatro veces más. Esto ha hecho que quienes organizan las fiestas “echen la casa por la ventana”, porque cuanto más vistosas sean, ganarán más prestigio y tendrán más retribución divina. Los gastos superan los 100.000 dólares, para una comparsa de unas 600 personas.
La comparsa de la señora Pascuala es una de las más exclusivas y la gente que participa siempre es invitada, pero hay otras que reciben a quien quiera bailar y, por supuesto, pagar, de manera que tienen miles de “fraternos”.
Sin embargo, la persona que dance, sin importar su procedencia social, debe ceñirse a los códigos aymaras, pues también se venera a la Pachamama, la Madre Tierra, aclara el secretario general de la Asociación de Conjuntos Folclóricos del Gran Poder, Javier Marca Franco, quien considera que la fiesta es una permanente construcción social que afianza la cultura.
La cuota mínima para participar es de 30 dólares por persona, aunque hay muchos casos en los que puede ser 150, lo que implica que sólo por este concepto se mueve casi un millón de dólares. Esto ha dado lugar a que muchos peleen por ser “pasantes”, porque en las grandes fraternidades, de 2.000 o más danzarines, se obtienen importantes ganancias.
Además, cada bailarín debe gastar, en promedio, unos 300 dólares para sus trajes, uno para la promesa y otro para la Entrada. Los de la Morenada, generalmente, son los más caros y lujosos y pueden exceder ese monto. Esta fiesta, como otras en Bolivia, tiene un gran efecto multiplicador en la economía.
La señora Isabel gastó en total 300 dólares, entre cuota, trajes y arreglo personal. Lo único que tiene es su sueldo de maestra de primaria, aproximadamente unos 150 dólares al mes, y ahorra con gusto una parte para el festejo.
Para Pérez, la parte más difícil de ser “pasante” es la entrega de las invitaciones, porque debe hacerse en forma personal, a entre 800 y 1.000 convidados que asisten a cada una de las cinco fiestas que se organizan en el transcurso de un año. Si están en el interior o el exterior del país, los “pasantes” deben viajar en señal de respeto.
Unidas por la feUn día antes de la “promesa”, la señora Pascuala, que también danza en otras dos fraternidades que veneran a la Virgen de Copacabana y de la Virgen del Carmen, estaba desanimada y no sabía si esta vez bailaría.
Pero el sábado, desde las siete de la mañana ya estaba lista para ingresar con su comparsa y reafirmar su fe; con movimientos lentos seguía a sus compañeras más jóvenes, pero sin perder el paso ni el ritmo. También hizo su “promesa” Marisol Pérez, quien pide bendiciones para que su hogar se mantenga unido.
La señora Isabel vestía pantalones y sombrero morados, blusa negra y mantilla blanca para hacer su “promesa”, ese traje lo utilizará también para bailar en el Carnaval de Oruro en 2008, en honor de la Virgen del Socavón. Para la Entrada, ya tenía listo su traje de chola paceña antigua.
Irradiaba entusiasmo; ella dice que gracias al Señor se sanó de una dolencia nerviosa y su hijo, que 15 días antes se había casado, enderezó su vida. Pero lo más importante es que sus compañeras de baile, con las que se reúne cada primer jueves del mes para rezar y después más seguido cuando comienzan los ensayos, llenaron un vacío en su vida.
Bolivia: La fuerza de las pollerasPor Liliana Aguirre F.
La Paz, junio.- Cientos de mujeres que visten polleras (conjunto de faldas que representa un rasgo étnico en Bolivia), más conocidas como cholas, participaron el primer fin de semana del mes de junio en la fiesta del Gran Poder.
Esta festividad se caracteriza por bailes folclóricos, donde los participantes, al son de la música, danzan por más de seis horas ante los inesperados designios del clima, en honor al señor del Gran Poder.
En esta festividad de origen mestizo, donde se fusionan la religión católica y el sincretismo andino, un elemento muy importante es que las principales protagonistas son las mujeres y sus polleras, quienes con sus mejores galas se apoderan del festejo.
“En Bolivia, las cholas somos discriminadas, hay lugares donde no nos dejan ni entrar e incluso hay gente que cree que somos menos por llevar polleras, pero en El Gran Poder nosotras somos las que tomamos el control y mandamos”, cuenta a SEMlac María Colque, bailarina de la fraternidad Las Wacas.
Al igual que María, muchas cholas sienten que esta festividad es una reivindicación que les permite expresar su cultura, al ritmo de sus magníficas polleras de variados colores, sin ningún tipo de discriminación.
Ana María Gottret, catedrática de semántica, explica que el significado de los vocablos chola y cholo provienen de las palabras españolas chula y chulo.
“Estas palabras hacían referencia a los españoles de clases bajas y empobrecidas, y durante la colonia los indígenas aymaras y quechuas que vivían en las partes urbanas fueron obligados a cambiar sus atuendos y utilizar los de las Chulas y Chulos”, indica la catedrática.
Ella también añade que “cholo o chola es un resultado de que, fonológicamente, la diferencia entre la o/u no existe ni en quechua ni en aymara, lo cual determina la pronunciación y que se acuñe chola y cholo”.
Gottret afirma, de igual forma, que las polleras, tan discriminadas hoy día en muchos sectores de la sociedad boliviana, resultan un vivo reflejo del mestizaje cultural boliviano, ya que en ellas se fusionan los faldones hispanos con las faldas indígenas.
“Ningún elemento semiótico u étnico debe ser causa de discriminación y menos las polleras, porque en ellas está representada la historia de un pueblo”, concluye la académica.
Perú: Ya no será delito sexo entre adolescentesPor Julia Vicuña Yacarine
Lima, junio.-Sectores conservadores del gobierno han levantado su voz de protesta en contra de la reciente ley aprobada por el Congreso de la República que despenaliza las relaciones sexuales consentidas de la población adolescente mayor de 14 años.
Para la ministra de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES) Virginia Borra, "la norma aprobada en el Congreso es una "puerta abierta" para que las violaciones queden impunes" y aseguró que este dictamen lo abordarán en el Gabinete de Ministros.
Ante las declaraciones de la titular del MIMDES, la presidenta del Congreso, Mercedes Cabanillas, expreso su sorpresa porque mediante un oficio, firmado por Borra, se expresa el apoyo del ministerio a la propuesta de modificación.
También protestó por esta norma el ministro de la Producción Rafael Rey, partidario de que, a esa edad, los jóvenes no reflexionan sobre las implicancias y consecuencias de las relaciones sexuales. "¿Ustedes creen que, a los 14 años, un niño o una niña puede razonar sobre su vida sexual?”, se preguntó.
Mayda Ramos Bellido, responsable de la Adjuntía de la Niñez y Adolescencia de la Defensoria del Pueblo, sostuvo que es correcto y adecuado volver a establecer la indemnidad sexual de 14 años para abajo, “mucho más si tenemos en cuenta que el Código Civil reconoce determinadas capacidades como que una adolescente de 14 años puede reconocer a un hijo, o que a los 16 años pueden casarse, firmar contratos. Entonces tienen una capacidad relativa, con mayor razón ellos pueden asumir la responsabilidad sobre su sexualidad”.
Descartó que esta norma sea una puerta para que los violadores hagan lo que quieran. “En el caso de que una niña de 17 años sea violada, por ejemplo, ella va, presenta su denuncia y será juzgado; así era la ley y así ha estado funcionando” declara Ramos Bellido, de la Defensoria del Pueblo.
Para Jennie Dador, coordinadora del Proyecto de Fortalecimiento a la Labor Parlamentaria del Movimiento Manuela Ramos, esta ley regresa las cosas al estado anterior, en el que indemnidad sexual protegía a los menores de 14 años; y que la violación sexual (siempre que medie violencia o amenaza) de las y los adolescentes comprendidos entre los 14 y 18 años, se sanciona con una pena no menor de 25 ni mayor de 30 años.
En abril de 2006, el gobierno de Alejandro Toledo promulgó la ley 28704 de Violencia Sexual y su modificatoria en el artículo 173 del Código Penal, que tipificaba como un delito de violación sexual a todo tipo de relaciones sexuales que se realice con menores de 18 años, sean estas consentidas o no por parte de los propios adolescentes. Estableció como castigo, además, una pena no menor de veinticinco ni mayor de treinta años de cárcel.
“Lo que debe quedar claro que el sexo no consentido, es decir, no voluntario o forzado, siempre será un delito, al margen de la edad que tenga la víctima. Bajo la intensión de proteger a los adolescentes, en realidad lo que se está haciendo es proscribir la posibilidad que ellos tengan relaciones sexuales, lo que hace la norma es reconocer que toda persona mayor de 14 años es sujeto de derecho y tiene libertad de ejercer su sexualidad”, señala Dador.
Según la Encuesta de Demográfica de Salud ENDES 2000, el 22,2 por ciento de las adolescentes peruanas ya se han iniciado sexualmente y el 56,7 por ciento de las mujeres entre 15 y 19 años usan algún método anticonceptivo.
Queda en manos del presidente Alan García promulgar la ley y aceptar que los jóvenes tienen sexo, u observarla, lo cual continuaría afectando a las madres adolescentes que son retenidas en centros hospitalarios porque se presume que su embarazo fue fruto de una violación.
RECUADRO “Me puse a llorar, quería que llamaran a mi mamá. Me decían que no podía salir, que me iban a mandar a otro lugar. Una amiga que también había tenido su bebe me dijo que no vaya a decir el nombre del papá de mi hijito porque lo iban a meter preso”. Para Rosa fue toda una odisea traer al mundo a su Josué a los 17 años, y más aún, asegurar que Giovanni (19) su pareja, no fuera preso.
Desde hacía tres años eran enamorados y un día el cálculo les falló, después de la noticia se conformaron y decidieron llevar adelante el embarazo. “Ya pues que íbamos hacer, tenerlo no más, mala suerte, ¿no? Quién iba a saber que había una nueva ley y que uno puede ir preso. No, no sabía”, dice.
Pero igual suerte no tuvo Ivetsi Lozano, quien a sus 19 años se enamoro de un muchacho de 16. No aparentaba esa edad así que el romance se inició hasta que los padres se opusieron y decidieron huir a Tacna, departamento ubicado al sur del Perú. Los amantes fueron ubicados y ella recluida en una prisión, tras ser acusada de violación. Podría pasar 30 años en la cárcel, de acuerdo a la ley vigente.
Comunicación: Combatir los estereotipos sigue a la orden del díaPor Ángela Castellanos
Bogotá, junio.- La necesidad de combatir estereotipos fue ratificada, una vez más, luego de intensos debates que tuvieron por escenario la ciudad colombiana de Catagena de Indias, durante el Seminario Internacional sobre Imagen de la Mujer en los Medios, efectuado del 11 al 15 de junio.
Con el fin de incidir en los medios tradicionales de comunicación, para que informen con perspectiva de género, el evento contó con la presencia de 25 participantes de ocho países de Sudamérica y España, entre delegadas de organismos públicos a cargo de políticas de género, organizaciones no gubernamentales que trabajan por la equidad, redes de periodistas, y agencias de información.
Entre estas últimas se destacó el Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y El Caribe (SEMlac), que participó con una ponencia sobre su historia y actual proyecto informativo, presentada por Ángela Castellanos, una de las corresponsales de SEMlac en Colombia.
Otras ponentes fueron Cristina Pérez, presidenta de la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación; Lucrecia Maldonado, representante de CIMAC (México); Rosa María Alfaro, de la Asociación de Comunicadores Sociales Calandria (Perú); Bernardita Cancino, de la consultora de comunicaciones C&GE (Chile); Irene León, vicepresidenta de la ALAI (Ecuador); y Montserrat Boix, Coordinadora de Mujeres en Red (España).
También fueron invitadas algunas académicas, mujeres en puestos directivos de medios de comunicación y delegadas de observatorios ciudadanos de comunicación.
El encuentro fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), liderado por el Instituto de la Mujer del mismo país ibérico y organizado por el Centro de Formación de la AECI de la legendaria ciudad caribeña.
“Produce un poco de angustia que después de una jornada de intenso trabajo a favor de la igualdad, al llegar a nuestras casas, nos encontremos con mensajes en la televisión que van en sentido contrario a nuestros esfuerzos”, dijo a SEMlac Rosa María Peris, directora del Instituto de la Mujer de España, al preguntársele sobre el origen de la idea de realizar el seminario.
Peris explicó que uno de los ejes de la AECI, cuyo presupuesto fue fortalecido, es la promoción de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, y que este seminario se repetirá próximamente para el área de Centroamérica en Ciudad de Guatemala.
En 2005, el Proyecto Global de Monitoreo de Medios, dirigido por la Asociación Mundial de Comunicación Cristiana (World Association for Christian Communication), demostró que “las mujeres –más de la mitad de la población- están prácticamente ausentes de los contenidos noticiosos”, en medios impresos, televisivos y radiales de los cinco continentes.
Esta evidencia sirvió de eje del debate que no dio pausa, y en el que se revelaron las diferentes estrategias utilizadas y las que están en espera de ser implementadas, a pesar de haber sido propuestas desde hace muchos años, como la de introducir la comunicación con perspectiva de género en los programas de estudios de las facultades de esta disciplina.
“Hay que llevar el tema de la perspectiva de género a las facultades comunicación y periodismo”, afirmó en su intervención Martha Lucía Vásquez, consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer, del actual gobierno de Colombia.
Tras el intenso intercambio de experiencias y puntos de vista, una evidencia era clara: la necesidad de dar una imagen realista de las mujeres y combatir los estereotipos sigue siendo una tarea pendiente, pese a que se han aplicado muchas estrategias, tales como antipremios a la publicidad sexista, información de agencias especializadas con perspectiva de género, autorregulación, y mecanismos ciudadanos de vigilancia.
Argentina: Mujeres en situación de prostitución, en plena rebeliónPor Norma Loto
Buenos Aires, junio.-“La Iglesia, el Estado, las ONG´s, los sindicatos, los periodistas, los abogados, las trabajadoras sociales, las psicólogas han sido mis parásitos. ¿Y los tuyos, cuáles son?”, preguntó a un auditorio Sonia Sánchez, una mujer que vive en estado de prostitución.
Sonia es argentina y Maria Galindo, boliviana. Ambas integran Mujeres Creando, una organización feminista autónoma que plantea la creatividad como instrumento de cambio. Ambas son autoras del libro Ninguna mujer nace para puta (La Vaca Editora), en el cual analizan, desde la óptica de la mujer en situación de prostitución, toda la maquinaria política, ideológica y filosófica que las ignoró a lo largo de la historia.
Ninguna mujer nace para puta invita a reflexionar sobre la existencia de un Estado proxeneta propio del sistema patriarcal. También define y denuncia a fiolos (el Estado, el patriarcado) y parásitos (sindicatos, iglesias y ONGs).
La presentación de este volumen tuvo dos instancias públicas. La primera se desarrolló en la Plaza Once, ubicada en el barrio porteño de Balvanera. Plaza Once es un espacio de multitudes urbanas y allí hay prostitutas que conviven las 24 horas junto a proxenetas y clientes.
Por esto, María y Sonia encabezaron la primera acción de rebelión del miércoles 6 de junio y, junto a un centenar de mujeres, decidieron rebautizar ese lugar como “Plaza de los Prostituyentes”. Pintaron graffitis que decían: ¡No son clientes, son prostituyentes!
El acto de rebelión continuó y se convirtió en una marcha muy colorida. María llevaba una banda que decía “Eva”, mientras Sonia se calzó otra que decía: “Miss Puta”. Caminaron por Avenida Corrientes y llegaron al Centro Cultural Ricardo Rojas, donde tuvo lugar la segunda etapa de esa jornada.
“Es un bello acto de rebeldía. He estado en las calles, en las esquinas, en las organizaciones sociales. Estuve repitiendo discursos y pensamientos prestados. Hoy, tomar las calles como un espacio liberador fue tremendamente fuerte. Es el momento de hacer otra política y manifestar que la prostitución no es un trabajo. En Plaza Once mandan los fiolos(proxenetas), es un lugar para el prostituyente”, manifestó Sonia en la sala de la casa de cultura.
En sus arengas, tanto ella como María enfatizaron estar en contra de la hipocresía de los sindicatos que llaman a la prostitución trabajo sexual. También apuntaron contra los profesionales y a las ONGs que se acercan a brindar soluciones a las mujeres en estado de prostitución.
En realidad, “ellos se acercan para ayudarme, para que siga siendo explotada sexualmente“, remarcó Sonia.
María Galindo manifestó a SEMlac que “es un absurdo plantearle a la mujer en situación de prostitución que realiza un trabajo y generarle mejores condiciones para que se prostituyan”.
Luego de la manifestación de la Plaza Once, manos anónimas borraron los graffiti. Pero fue en vano. Estas mujeres y sus seguidoras volvieron a escribir en las calles nuevas leyendas: “No era puta, mi padre, mi marido y mi hijo me entrenaron para serlo” o “Para la puta la culpa, para el cliente la disculpa”, entre muchas otras.
El pasado 11 de junio, la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina lanzó un comunicado sobre la acción realizada en la Plaza Once, en el cual señalaba: “¿Saben que hay en esa plaza compañeras que se ganan el día para sostener sus hogares? Entonces, ¿por qué siguen ensañándose contra las compañeras?”
Sobre este tema, María Galindo comentó a SEMlac: “Esta modalidad de acción la hemos desarrollado también en Bolivia. Estamos hartas que los sindicatos y los organismos internacionales que manejan los intereses de algunas mujeres en situación de prostitución –organizadas como trabajadoras sexuales– pretendan ser los dueños de este debate”.
“Esta discusión es urgente y debe darse dentro del movimiento feminista, dentro del mundo de la prostitución, dentro del sindicalismo y dentro de los movimientos sociales”, remarcó.
Los días de las mujeres: ¿Iguales o qué?Por Mirta Rodríguez Calderón
Santo Domingo, junio.- Una iniciativa del Museo Internacional de las Mujeres, desde California, está convocando a mujeres de todo el mundo a “contar su día”.
Es una invitación a la catarsis femenina que pretende pasar revista a las similitudes y diferencias en las vidas de quienes comienzan por despertar a la familia y, antes de salir al trabajo fuera de la casa, la limpian, ordenan todo y encaminan a quienes van a la escuela, después de prepararles un desayuno.
“Las mujeres de todo el mundo son maestras en multiplicidad de tareas. Pero ¿qué ocurre si, en adición a todo eso, deben luchar para sobrevivir sin tener confianza en que podrán proporcionar a su descendencia un hogar seguro y un futuro estable?”, explican en los motivos.
Las organizadoras del Museo Internacional de las Mujeres –un grupo de 12– lo plantean como “una conversación” sobre el día a día de cada una. Mencionan la situación de la nigeriana Ruth Natasha, quien devela sus pensamientos en tanto es una madre VIH positiva preocupada con qué pasaría a su hija y a las aspiraciones de ésta si ella muere.
Así, la joven madre africana siente que –además de las otras muchas responsabilidades– ella tiene la de vivir.
Las historias que les han contado a las promotoras de este museo sin paredes, las relatan en su página www.imow.org, que hace uso de las tecnologías del presente e incluye también videos. Tal es el caso de María Rezende, una actriz brasileña muy deseosa de ser madre, de sentir su vientre hinchado de una vida que será.
La creatividad de estas congéneres, empeñadas en preservar las historias del presente, va más allá. Hará unos tres años pidieron a las jóvenes que enviaran fotos y relatos sobre sus aspiraciones. A la larga, reunieron varios centenares de testimonios gráficos y narrativos, algunos con excelente calidad estética.
Una de sus colecciones está encaminada a recoger los testimonios de mujeres de muchas partes del mundo, actuantes en distintos espacios: “estas presentaciones proyectan los roles que ellas han jugado para demostrar que pueden y tienen que hacer la diferencia, tanto en los ámbitos nacionales como internacionales”.
Y, además, montan exposiciones, propician intercambios y trabajan para crear comunidades globales mediante el acceso y uso de Internet. Uno de sus éxitos notables fue en 2004, cuando tuvieron entre 30 000 y 40 000 visitantes al Festival on line para celebrar la feminidad, los derechos y la creatividad de las mujeres. Pero han llegado a reunir hasta 200 000 visitas.
En San Francisco, donde tienen su sede, ellas actúan también en contacto directo con las comunidades. Además de propósitos estéticos, ofrecen a maestras y otras interesadas programas y currículos sensibles a los diferentes procesos culturales en su apartado: educando on line.
La maternidad: ¿alegría o angustia?Esas iniciativas, sin embargo, no son las únicas. Ahora, y en vigencia hasta finales de junio, las museógrafas preguntaron si la maternidad es una dicha o una carga, con lo cual quisieron estimular la reflexión acerca de las diferencias individuales; y de que no es tan fácil asumir las decisiones de tener o no hijos o hijas:
“Mi Barbie nunca fue mamá”, es el relato de una mexicana, Charline Curiel, que no quiere siquiera imaginarse embarazada:
“En lo personal no me gusta la idea de tener algo adentro que crece sin control, no me gusta la idea de verme deformada por una panza y de ser impotente ante lo que ese algo pueda provocarme física, moral y espiritualmente. El parto me aterra, las escenas que conozco (de películas y documentales) y por lo que me han platicado, me inhiben toda gana de experimentar un dolor semejante…”
En el otro polo del espectro de criterios sobre este tema se ubica Osai Justina Ojigho, una nigeriana que considera la maternidad como una bendición:
“En mi cultura, las mujeres se casan e, inmediatamente, tienen hijos, preferiblemente antes del primer aniversario de casamiento. Creo que la maternidad es una bendición. La dicha de tener un hijo no puede describirse. Es indefinida e infinita. La responsabilidad que sientes hacia esa pequeña persona que depende totalmente de ti para lo que necesita es abrumadora. Estás dispuesta a hacer cualquier cosa para que sonrían, para que sean felices y estén cómodos”.
“En mi cultura, no tener hijos se considera mala suerte o, peor, una maldición. Algunas de estas mujeres soportan burlas, abuso e indiferencia”, reitera la joven africana.
“En países donde se practica la poligamia, la que no tiene hijos debe competir con otra que engendra hijos para su marido. Por lo tanto, estoy muy contenta de que la ciencia haya hecho tanto para ayudar en el área del tratamiento de fertilidad”, narra esta mujer, abogada de profesión.
Encontrar a mujeres de tantas partes del mundo es un paseíto que, quienes tienen acceso a Internet, no se deben perder. Por lo pronto, vale la pena celebrar la iniciativa de estas audaces congéneres que concibieron y batallaron para que nosotras dispongamos de un museo mundial sin paredes. |