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Reportajes y Noticias de SEMlacdel 12 al 18 de febrero de 2007
Uruguay: Estereotipos de género predominan en hombres y mujeresPor Cristina Canoura
Montevideo, febrero.- Iniciado ya el siglo XXI y pese a los cambios sociales experimentados en las últimas tres décadas, en Uruguay los adultos, hombres y mujeres, siguen siendo tradicionalistas, conservadores y poco flexibles en la valoración del sexo opuesto.
Ellas tiene una percepción negativa de los hombres: los ven infieles, egoístas y machistas. Ellos, por su parte, suelen recurrir a estereotipos al reflexionar sobre la otra mitad: son princesas sensibles, emotivas y compañeras, o brujas cargadas de reacciones explosivas.
Al mismo tiempo, las mujeres tienen una percepción muy positiva de sí mismas y consideran la maternidad como el rol que las define. Los hombres, en cambio, y a pesar de la inserción femenina en el mercado laboral, siguen percibiéndose como los proveedores y protectores del hogar.
Así lo demuestra una investigación sobre la vida privada de los uruguayos, realizada por la empresa consultora Teresa Herrera & Asociados para la revista Galería, un magazín que acompaña todos los jueves al semanario Búsqueda, de amplia divulgación nacional. Galería publicó los resultados de la pesquisa en dos de sus números de enero.
Para obtener los datos, durante un mes, una docena de entrevistadores localizó a 133 ciudadanos de ambos sexos, con edades comprendidas entre los 25 y los 65 años, residentes en Montevideo, la capital del país, y en las ciudades de San José (oeste), Melo (norte, en el límite con Brasil), Salto (noroeste) y Maldonado (este), y les propuso conversar sobre su vida privada.
Si bien la elección de los entrevistados tuvo especial cuidado para que estuvieran representadas diferentes edades, niveles socioeconómicos, estado civil y lugares de residencia, la muestra no fue representativa estadísticamente del total de los habitantes del país, aclaró la empresa encuestadora.
Los temas de las conversaciones incluyeron salud, representación de género, sexualidad, ejercicio de la maternidad y paternidad, abuso sexual y violencia doméstica. Para facilitar la apertura en las respuestas, la consultora previó que fueran mujeres quienes interrogaran a sus pares e igual procedimiento se siguió con los varones.
Paradójicamente, concluye el estudio, los varones acostumbran a elegir atributos positivos al referirse a las mujeres, pero no sucede lo mismo a la inversa.
Ellas son más perceptivas en temas como los sentimientos y los estados de pareja, tienen mayor comprensión y poder de análisis, tienden a ser más previsoras que el hombre por instinto de superviviencia, son la parte principal del hogar y del matrimonio, las responsables del ahorro y la casa, fueron algunos de los comentarios de los varones entrevistados.
No obstante, ellos no ahorraron críticas bastante ácidas al calificar el comportamiento femenino: hablan mucho, no dan sin recibir a cambio, son más calculadoras que los hombres y no son sinceras, fueron algunos de los comentarios.
Las mujeres, por su parte, pusieron el énfasis en el autoritarismo, el egoísmo, el abuso patrimonial, el materialismo y la dificultad por decir lo que sienten los hombres.
Algunas de las expresiones recogidas fueron: “Tienen que decir la última palabra en todo y quieren que todos sigan las normas de ellos”; “En lo íntimo, quieren cuando ellos quieren y como a ellos les gusta, por más que una no lo necesita”; “Ellos tienen que definir esa parte. Siempre hay que estar de acuerdo en eso. Son egoístas”.
Al describir las relaciones en el campo laboral, agregaron que los hombres “son aprovechadores y avivados. Si ven que una mujer lucha y trabaja, se quedan”, afirmó en forma tajante una de las entrevistadas.
Del mismo modo, ellas perciben cómo los varones, pese a estar más actualizados, aún tienen tendencia a vivir ajenos a las tareas domésticas y a los hijos y siguen imposibilitados de visualizarlas a ellas como seres independientes, con los mismos derechos.
Consultada por SEMlac respecto a estas visiones tan estereotipadas y tradicionalistas, la directora de la encuestadora, la socióloga Teresa Herrera, declaró no sentirse sorprendida por los resultados.
“Los cambios se han dado ‘a la fuerza’ y, fundamentalmente, en los roles productivos de las mujeres. Ese cambio ha generado mucha inseguridad en la conformación de las identidades como hombre y mujer. Todavía no hay un cambio realmente ‘desde adentro’, un cambio ideológico”, enfatizó.
En su opinión, el hecho de que cada uno de los géneros tenga una visión positiva de sí mismo, pero a la hora de valorar al otro abandonen esa perspectiva, obedece, sobre todo, “a un mecanismo de defensa, a la necesidad de una autoafirmación y a una gran desconfianza en el otro”.
Para Herrera, “hay mucha bronca (rabia) acumulada. Los hombres sienten que las mujeres hemos traicionado nuestro rol ancestral de cuidadoras del hogar y, lo que es aún peor, que les hemos sacado su papel de proveedor insustituible. Ellas, por su lado, sienten que hacen todo doble y que deben soportar todo el tiempo”.
En su opinión, en la sexualidad es donde más se visualiza la crisis. A su entender, “hay más liberalidad, pero aún prima la doble moral y la casi exclusiva tolerancia de la infidelidad masculina”.
La socióloga señaló, asimismo, que el esperado cambio cultural que modifique los estereotipados roles de género tan afincados a nivel social “es un proceso muy lento, que depende de varios aspectos, entre ellos la educación sexual y la formación en equidad de género desde la más tierna infancia”.
A modo de ejemplo, Herrera señaló que a muchas mujeres les cuesta romper con los moldes del lenguaje sexista y siguen usando el masculino como genérico, incluidas las profesiones, porque lo consideran carente de importancia. También recordó la gran cantidad que sigue educando en forma diferente a sus hijos varones y a sus hijas mujeres.
“Lo más difícil es cambiar la vida cotidiana de la gente. Es ahí donde se juega el partido del cambio social”, concluyó Herrera.
Cuba: Menstruación, leyendas y prejuiciosPor Marta María Ramírez
La Habana, febrero.-Cuenta la leyenda yoruba que la mujer y el hombre acudieron a Olófin, la máxima autoridad dentro de la religión afrocubana, para solucionar una guerra que, nacida en los reclamos por la igualdad femenina, limitaba las relaciones sexuales entre ellos y así, la reproducción de la especie.
Olófin sopló su àsé (segunda de tres energías espirituales que este otorga para que las cosas pueden ser posibles) en dos calabazas abiertas. Luego de cerrarlas se las entregó y les ordenó esperar a ser citados para que él las destapara, obteniendo cada uno lo suyo.
Mientras el hombre guardaba su calabaza, la mujer, curiosa, la abrió y se sintió mal físicamente por lo que lo convenció de ir a ver a Olófin, antes de la cita.
“Una de las calabazas contenía la inteligencia, el talento y todas las virtudes. La otra, la curiosidad, la envidia, la enfermedad y todos los defectos. A ti, mujer, te tocó lo último, por abrirla antes de tiempo”, explicó Olófin.
“Preocupada por su salud, la mujer preguntó si quedaría enferma, pero el Dios le dijo: ‘sube a mi diestra, que mi ego te curará’. En los escalones, ella empezó a sangrar por la vagina y al llegar a los pies de Olófin se le quitó”, narra a SEMlac el awo (sacerdote o babalawo) de Òrúnmílá, Orlando Vargas Castro, (sobre) el orígen místico del período menstrual.
Entonces, Olófin sentenció: “Tú, hombre, por tu comportamiento, serás el jefe de la familia, volverán a vivir juntos y tendrás muchos hijos, pero siempre que la veas con sangre, respetarás el contacto con ella”, según se recoge en el Odù menor Ògúndá Òsé (figura que representa los acontecimientos de la vida, basándose en fábulas y leyendas).
Pero los mitos que asocian a la menstruación con castigos o maleficios no son privativos de una religión o un país.
En el año 60 a.c., el historiador romano Plinio expuso que una mujer menstruante provocaba que el vino se volviera rancio, que las semillas se esterilizaran, que la fruta cayera de las ramas de los árboles y las plantas de los jardines se marchitaran.
Estas creencias han variado con el desarrollo de la ciencia, en dependencia del conocimiento que sobre el cuerpo han alcanzado mujeres y hombres.
“La menstruación ocurre al final de un ciclo menstrual en el que no se produjo un embarazo”, reafirma la especialista en ginecología Ana Margarita Solares. Sin embargo, aún hoy es común que una mujer se refiera a su menstruación, conocida como regla o período, con la frase: “estoy mala”.
Rompiendo prejuicios“Mi primera menstruación fue a los 13 años. Ya sabía que algo así me podía suceder, pero me impresioné un poco por las limitaciones que me dijeron me traería”, recuerda Ana, estudiante universitaria de 24 años.
En Cuba no es usual que se relacione el llamado período a las propiedades demoníacas, aunque se mantienen a veces viejos preceptos, anclados en supuestas experiencias que se han ido transmitiendo de generación en generación.
“Desde la enseñanza primaria, niñas y niños reciben información sobre lo que ocurre en esas edades y durante el proceso de la menarquia o primera menstruación. Todos disponen del médico de la familia y de las consultas de ginecología infanto-juvenil”, asegura Solares a SEMlac.
No obstante, todavía no es muy bien visto que una mujer hable de la regla en un espacio público o familiar. Para Magda, ama de casa de 83 años, “este tabú se mantiene dada la educación recibida en nuestras casas. De eso no se hablaba abiertamente y eso no se cambia de la noche a la mañana”.
Entre tanto, Solares confiesa que “las adolescentes y mujeres jóvenes que vienen a mi consulta porque la menstruación les crea problema, me hablan sin reservas. Un poco más de trabajo le cuesta a la mujer menopáusica, quizá porque se siente inferior, al estar cerca de los 50 años”.
No obstante, a la especialista le preocupa que la población femenina con síntomas referidos al proceso menstrual no siempre acuda a una consulta especializada.
“Sé, por mis pacientes, que hay mujeres que tienen problemas con su menstruación y no acuden al médico, por vergüenza a la reacción del ginecólogo o a que el esposo piense que tiene algún tipo de disfunción sexual”, revela la especialista.
Con la sentencia de Olófin y otras creencias a cuestas, la cultura occidental impone restricciones a la relación sexual durante la menstruación o, al menos, manifiesta su desagrado hacia esta.
Sin embargo, desde los estudios sobre la sexualidad de Masters y Johnson, se conoce que el coito en este período podría aliviar las molestias femeninas.
“Las parejas deciden cómo y en qué momento tienen su relación sexual. La menstruación no es una limitante, aunque siempre recomendamos que, si hay penetración, se protejan porque aumentan las probabilidades de que la mujer sufra desgarros en la vagina y en el cuello del útero, laceraciones o micro-laceraciones, fisiológicamente normales en esta etapa, que la hacen más susceptible a alguna infección”, dice Solares.
Por si fuera poco, las mujeres son acusadas, habitualmente, por el presunto mal humor que acompaña a este proceso y al síndrome premenstrual.
“Esta es otra gran mentira histórica”, dice risueña la ginecóloga. Y argumenta que “es cierto que algunas mujeres tienen una influencia hormonal mayor, que pudiera ponerlas más ansiosas y aumentarles la frecuencia cardiaca, o que el dolor pélvico las angustie o limite, pero el humor no tiene una relación directa con este estado ni con el síndrome premenstrual”.
Frente a quienes prescriben el descanso femenino, Solares recomienda la práctica de ejercicio físico. “El ejercicio es vital para que mejore la circulación, la vascularización de todo el cuerpo y, en particular, de la pelvis. Además, aumenta el tono muscular de los genitales internos y la capacidad física para enfrentar las dismenorreas o dolores pélvicos”, observa.
Algunas entrevistadas por SEMlac también otorgan credibilidad al mito de que “mientras más rápido llegue la regla, más rápido se quita”.
“La menarquia ha comenzado a aparecer en edades cada vez más tempranas. Su aparición precoz nada tiene que ver con que se retire antes, que depende de un mecanismo neurovegetativo”, apunta la especialista.
Según estudios, en los últimos 20 años ha habido una tendencia al adelanto de la menarquia, a edades que oscilan entre los 9 y 10 años; así como un retardo de la menopausia de los 46 hacia pasados los 50 años, relacionado con el mayor desarrollo femenino que trae aparejado una mejor nutrición y una menor cantidad de partos.
Otros errores, escuchados con cierta frecuencia en boca de abuelas y madres cubanas, están ligados con el agua: “no puedes bañarte en la playa o en la piscina, no puedes lavarte la cabeza y no puedes ducharte, porque se interrumpe el flujo menstrual y aumentan los dolores”.
Expertos en educación sexual agregan que la comparación de la menstruación con la eyaculación es otro de los lastres del patriarcado.
“La menstruación tiene que ver con la capacidad del cuerpo femenino de acoger, engendrar y dar luz a una criatura humana. En cuanto a la eyaculación, si bien tiene relación con la fecundación humana, también la tiene con el placer y el orgasmo masculino. Si sólo hablamos de menstruación y eyaculación, ocultamos el placer y los orgasmos femeninos que poco tienen que ver con la menstruación”, escriben las españolas Graciela Hernández y Concepción Jaramillo en su guía La educación sexual de niñas y niños de 6 a 12 años.
Para Solares es vital “el constante desarrollo de las mujeres, que adquieran mayor educación porque, en la medida en que esto ocurra, será más fácil la comunicación sobre el tema y dejará de ser un problema”.
Reinterpretando mitosA Ramón Rodríguez, babalawo (sacerdote) por 16 años, le enseñaron que para que pueda entrar una mujer menstruante al lugar del culto, hay que preparar una cadena y ubicarla en la puerta de la casa, evitando así que “afloje a los santos”.
“Se dice que, si se le consulta, no se le puede entregar nada en sus manos y, en el caso de que haya que emplear algún implemento, posteriormente deberá ser lavado y habrá que volverle a ’dar de comer‘”, comenta a SEMlac Rodríguez, quien no pone reparos en atender a una mujer en este período.
“¡Eso es machismo! ¡Cómo un proceso natural va a debilitar a un santo o a un resguardo!”, exclama el babalawo Fulgencio Laffitte, que ostenta esta condición desde hace sólo cuatro años y es alumno del awo de Òrúnmílá, Vargas.
Laffitte piensa que el verdadero origen de la leyenda está en que “la mujer es más inteligente e intuitiva que el hombre, por eso no convenía darle tanto poder”.
Lo cierto es que los nuevos tiempos imponen repensar, aún más, las viejas leyendas, incluso entre los devotos de Olófin.
México: Papás que asumen el rol maternoPor Alicia Yolanda Reyes
Guadalajara, México, febrero.- Rodolfo tiene 40 años y acababa de cumplir los 17 cuando supo del embarazo de su novia. En ese momento, quedaron atrás sus sueños de ser futbolista profesional, para dedicarse a buscar un trabajo que le redituara ingresos económicos para hacerle frente a la responsabilidad de una esposa y el hijo por venir.
Las disputas conyugales acompañaron la relación en sus inicios y se fueron acrecentando con el tiempo, al punto que, en una ocasión, los propios hijos (tres para ese entonces) optaron por llamar a la policía para separar a la pareja. Ese mismo día, la mujer se fue del hogar y Rodolfo decidió hacerse cargo de sus chicos, que “no tenían la culpa de sus desavenencias”.
Año y medio después, la esposa regresó con el fin de que el hombre abandonara la casa donde vivía con sus hijos. Ante su negativa, impuso una demanda para que lo obligaran a venderla y obtener así la mitad del valor, pero el juez falló a favor de Rodolfo: él quedó con la casa por ser patrimonio de los hijos y recibiría además una pensión alimenticia.
Carlos vive una situación similar. Llevaba 20 años de casado cuando la esposa lo abandonó y quedó a cargo de sus tres hijos: una muchacha de 15 y dos varones de 12 y 10 años. La esposa formó otra pareja y se niega a apoyarlo en los gastos de los tres chicos.
Cuando ella inició los trámites de divorcio, Carlos la contrademandó y solicitó una pensión alimenticia para sus hijos. Él ganó, pero ella interpuso un amparo. Los abogados le han dicho que los derechos de los menores están por encima y que, tarde o temprano, la pensión le será otorgada a sus hijos, mientras sean menores o estén estudiando.
Ambos padres comentan que, en su ámbito social, conocen más casos de mujeres que dejan al esposo con los hijos, y a ellos les toca asumir el doble papel, que tradicionalmente se consideraba femenino.
Si bien es cierto que en la mayoría de las situaciones de desavenencia conyugal es la mujer quien queda a cargo de los hijos y recibe poco o ningún apoyo de su ex pareja, también está ocurriendo a la inversa, pues ella, cansada de atender casa e hijos, es quien opta por irse, ya sea a vivir sola o formar una nueva pareja.
Rosalina Márquez, abogada experta en derecho familiar, señala que en aproximadamente un cinco a 10 por ciento de sus casos de divorcio es la pareja masculina la que se hace cargo de los hijos menores. Un alto porcentaje decide regresar al hogar materno para que la abuela lo apoye en la crianza, pero algunos no tienen esa opción.
Márquez asevera que los varones rara vez solicitan la pensión alimenticia, sobre todo por las creencias machistas, según las cuales el hombre debe ser el proveedor.
Explica que el Código Civil del Estado de Jalisco, reformado en 1995, reconoce la igualdad de hombres y mujeres dentro del matrimonio y les confiere a ambos la obligación de velar por los derechos de los menores. En sus artículos del 432 al 435, la ley describe quiénes son las personas acreedoras alimentistas y quiénes los deudores, aunque sin distinción de sexo.
El tema ha resultado polémico en México, ya que se considera, por cuestiones culturales, que la mujer es la parte más débil de la relación y, por tanto, requiere de apoyo económico de la otra parte cuando ocurre la separación.
El acceso a la educación y a los empleos remunerados siempre ha beneficiado a los varones, pero en los últimos 20 años esto se ha ido modificando y la sociedad mexicana ha sido testigo de un nuevo estilo de relaciones entre hombres y mujeres.
Cecilia Álvarez, psicoterapeuta, señala que, en algunos casos, se está cayendo en que la mujer niega su parte femenina y quiere imitar algunas de las conductas masculinas.
Cuando ella se casa muy joven, tiene hijos y deja de hacer actividades propias de una adolescente, pero cuando éstos crecen y ella alcanza una posición económica más desahogada que le permite hacer frente a sus gastos, se suelen dar estos casos de abandono, comenta.
Esta modificación en la percepción que los mismos varones tienen sobre el ser padres y compartir más las tareas domésticas y la crianza de los hijos e hijas ha llevado a situaciones en las que “se cambian los papeles establecidos”.
Cada vez es más común ver en los parques, cines y lugares de recreo a padres solos cuidando de los hijos. En ocasiones se trata de hombres separados que comparten la custodia, pero en otras son varones que atienden a los chicos mientras su pareja trabaja. Incluso, la intensidad de la relación con el progenitor es tan fuerte que los pequeños a veces se niegan a irse con la madre cuando esta decide salir del hogar.
Lo terrible de todos estos casos es que siempre son los menores quienes llevan la peor parte, porque quedan en medio de estas rencillas conyugales.
México: Cuidar niños con Sida puede ser un gran negocioPor Alicia Yolanda Reyes
Guadalajara, Jalisco, febrero.- Carencias, sufrimientos y maltratos parece ser el común denominador del albergue Beata María de Jesús, del Programa de Apoyo Integral a la Persona Inmunosuprimida, conocido por PAIPID, a cargo de Sor Berta López Chávez, en la localidad mexicana de Tonalá, cercana a la ciudad de Guadalajara.
El lugar es atendido por las misioneras del Corazón de Cristo Resucitado, una orden local creada por la propia López Chávez que carece de reconocimiento oficial, pero cuenta con el aval del cardenal Juan Sandoval Iñiguez. Sin embargo, médicos y organizaciones no gubernamentales del estado han alertado sobre las malas condiciones en que viven los enfermos que llegan a manos del grupo religioso.
Juan y Carlos tenían apenas uno y dos años cuando su padre, quien permanecía en ese albergue, falleció a causa del Sida. Sor Bertha convenció a la madre de que dejara a los dos pequeños a su cuidado, mientras ella buscaba trabajo de doméstica, pero cuando la mujer regresó por sus hijos, la monja se negó a dárselos.
Tras varios trámites legales, Sor Bertha regresó los pequeños semidesnudos a su progenitora. Su argumento fue que usaban ropa comprada por ella, cuando en realidad la habían recibido por donación de benefactores que se conmueven ante la situación de los infantes con Sida.
De acuerdo con Jesús Martínez Serna, quien encabeza el Comité de Atención Integral del Consejo Estatal para la Prevención del Sida en Jalisco (Coesida), Sor Bertha ha estado declarando que tiene más de un centenar de menores de edad portadores del VIH, virus causante del Sida, cuando en realidad no llega a una decena los menores allí con esa patología.
Días atrás, en rueda de prensa, la religiosa denunció el nulo respaldo que recibía del Coesida en Jalisco, por lo cual debía acudir a la caridad pública para atender a los 130 pequeños que tenía albergados, en cada uno de los cuales gastaba alrededor de 30.000 pesos mensuales (poco más de 3.000 dólares).
Sin embargo, la doctora Claudia Canobbio, de ese organismo, reveló que la propia Sor Bertha se negó a recibir ayuda de la entidad con el argumento de que “sus niños tenían padrinos” que les compraban medicamentos.
El albergue de PAIPID se construyó en 1994, en unos terrenos donados por el entonces presidente Municipal de Tonalá, Jorge Arana, y su esposa; por la religiosas del Corazón de Cristo Resucitado, orden fundada por la madre Sor Bertha López, quien había sido enfermera de un sanatorio privado y de la cruz verde.
Hasta donde se sabe no tienen reconocimiento del Vaticano, pero sí el apoyo del cardenal Juan Sandoval Iñiguez, conocido por sus intervenciones políticas, sobre todo por sus críticas hacía grupos de mujeres que luchan por los derechos sexuales y reproductivos; y hacia los hombres que tienen una orientación no heterosexual.
Cuando se fundó el albergue, lugares de este tipo cumplían una función importante por ser tiempos en que el Sida era una enfermedad mortal, y lo único que se podía hacer por los enfermos era ayudarlos a morir con el menor sufrimiento posible.
Para Sor Bertha, el Sida es una enfermedad que se adquiere por cometer pecados sexuales y si estos se realizan entre personas del mismo sexo resultan aún más graves, por lo que invita permanentemente a sus asilados a arrepentirse y purgar sus pecados.
Una de las quejas más frecuentes radica en el trato que da a las personas con orientación sexual diferente a la heterosexual, o a quienes no se ajustan a sus formas de pensar, entendidas por rígidos horarios, presiones de todo tipo y alimentación insuficiente.
Existen denuncias de que los alimentos de mejor calidad son consumidos por las religiosas. Otros son vendidos en una tienda que posee Sor Bertha a unas cuadras del albergue. Igualmente, la ropa donada también es llevada al Tianguis, un mercado que funciona en Tonalá jueves y viernes y al cual acuden cientos de personas de todas las clases sociales.
Tonalá es una zona marginada, donde las familias viven con muy pocos recursos, de lo cual se ha aprovechado la religiosa para, incluso, convencer a madres solteras pobres a dejar a sus hijos bajo su cuidado. Son pequeños que sufren desnutrición, pero que no están infectados con el virus que causa el Sida, aunque ante la opinión pública son presentados como tal.
Los niños con Sida son considerados víctimas inocentes, por lo cual resulta más fácil conseguir apoyo para ellos, ya sea con dinero en efectivo o con otros productos, aunque como ocurre con este caso, la mayoría de estos recursos no lleguen a las personas afectadas.
Hace algunos años la religiosa recibió una camioneta de lujo para el traslado de los pacientes a las consultas en el hospital o para recogerlos cuando fueran dados de alta. Sin embargo, rara vez los enfermos la utilizan, pues como parte de la penitencia que la monja les impone deben pedir limosna para su transporte público.
Y aunque estas situaciones han sido denunciadas públicamente, no se han logrado detener. Por el contrario, para el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, el PAIPID es la respuesta de la Iglesia ante el Sida.
Perú: Las sorpresas que guarda CaralPor Zoraida Portillo
Lima, enero.- Una de las tres civilizaciones más antiguas de la humanidad se ubica en el Perú. Precedida solamente por las de Mesopotamia y Egipto, a 180 kilómetros de Lima se alza la ciudad sagrada de Caral, cuya antigüedad se remonta a más de 5.000 años.
Además de ser la civilización más antigua de América y el primer Estado de esta parte del mundo, Caral guarda otras sorpresas: sus habitantes poseían conocimientos avanzados de astronomía –al punto de tener un observatorio espacial–, de geometría espacial, matemáticas e ingeniería.
Asimismo, tenían una relación amistosa con su medio ambiente, conservándolo, cuidándolo y usando la gran biodiversidad del valle; eran grandes comerciantes y disfrutaban de una intensa vida cultural que se expresa en anfiteatros e instrumentos musicales variados.
Ha sido una mujer, la arqueóloga Ruth Shady, quien descubrió la ciudadela hace una década y, a fuerza de tenacidad y paciencia, logró vencer con ideas innovadoras la reticencia de los burócratas a financiar las excavaciones.
Parte importante de sus investigaciones en Caral actualmente están dedicadas a desentrañar el rol que cumplió la mujer en una civilización tan avanzada.
“Hay fuertes evidencias de que, sin llegar a ser una sociedad matriarcal, desarrollaron relaciones mucho más igualitarias y de equidad entre hombres y mujeres que otras civilizaciones”, señaló a SEMlac.
“En todo caso, no se trató a la mujer en condiciones de inferioridad. Los hallazgos muestran que ella tuvo una participación activa en las actividades religiosas y en la vida cultural y no sólo en la cerámica o la artesanía”, añadió.
Ello, proviniendo de una sociedad con fuertes indicios teocráticos, es muy significativo. Las investigaciones que lleva adelante Shady, al mando de un grupo de expertos, sugieren que Caral fue mucho más que una “ciudad sagrada”, como la han bautizado en el argot popular.
“A mí no me gusta mucho llamarla ombligo de la civilización porque esa palabra se usa mucho en relación con el Cusco, pero lo cierto es que en Caral se sentaron las bases para la organización social de lo que muchísimos siglos después fue el Imperio Inca”, afirmó.
Esta apreciación se basa en los acueductos y terrazas encontrados en Caral, algunos con una antigüedad de 2.000 años Antes de Nuestra Era; la disposición de las ciudades y su interrelación con el medio ambiente, características que se alaban mucho en la civilización incaica, así como en el uso de quipus, un sistema matemático que durante siglos se atribuyó a los Incas.
“Hemos encontrado un quipu bastante más burdo en su diseño que el usado por los incas, pero que demuestra indubitablemente que se usó miles de años antes en esta zona”, dice Shady, mostrando una foto comparativa y sin ocultar su orgullo. Hasta antes de este descubrimiento, se atribuía a los quipus una antigüedad de 1.500 años.
Otro indicio para demostrar la influencia de Caral en las civilizaciones posteriores y, concretamente, en la incaica, es su forma de organización social, dividida en dos, la parte alta y la parte baja. “En mi opinión, es el antecedente de la división social incaica entre los Hurin Cusco y los Hanan Cusco”, señaló.
Esa denominación inca alude a los habitantes de las partes altas y las partes bajas del Imperio, pero era al mismo tiempo un eufemismo para diferenciar “a los de arriba” y “los de abajo”.
Por los indicios que van saliendo a la luz, la sociedad de Caral también tuvo esa división, pues en la parte alta se han encontrado las casas más grandes y lujosas, los templos más fastuosos y de formas rectangulares, mientras que en la parte baja las viviendas son más modestas, más pequeñas y los edificios religiosos tienen forma circular.
En muchos cimientos de esta parte se han encontrado restos momificados de niños, lo que aunado al descubrimiento del esqueleto de un hombre de unos 23 años, prácticamente “sembrado” entre las piedras de otro lado de la ciudadela, hace presumir la posibilidad de sacrificios humanos.
Sin embargo, la arqueóloga se resiste a aceptarlo y sugiere que podría tratarse de una costumbre cultural: la de enterrar a los niños en los cimientos de las edificaciones como señal de buena suerte, mito que aún hoy se puede escuchar en algunos poblados andinos.
Por el contrario, para Shady, los habitantes de Caral fueron bastante pacíficos, pues en la ciudadela no se ha encontrado hasta hoy ningún arma. En cambio, se han hallado hermosas flautas y quenas –instrumento musical andino– elaboradas con huesos de cóndor y pelícano.
Contrariamente a lo que pudiera pensarse, la ciudadela no es muy grande. Cubre 66 hectáreas diseminadas en 10 kilómetros muy bien estructurados y planificados.
Sin embargo, su influencia atravesó la costa peruana, llegó a los Andes y se difundió hasta la Amazonía. En diversos parajes de esas regiones se han encontrado indicios arqueológicos indudablemente vinculados a Caral, muchos de los cuales habían sido estudiados como culturas independientes antes de conocerse la existencia de esta civilización.
Según las mediciones del equipo de expertos, el área de influencia de Caral se extendió en un radio de miles de kilómetros, llegando incluso hasta territorios que actualmente pertenecen a Ecuador, desde donde hubo un intenso intercambio de productos marinos.
“La tecnología usada también fue muy avanzada. Por ejemplo, según los expertos que las han analizado, las redes usadas por los pescadores de Caral no tienen nada que envidiar a las que se usan hoy día”, subraya. Sólo que se trata de redes de 5.000 años de antigüedad.
“La población, además, tuvo una relación muy amistosa con su medio ambiente y un excelente manejo de cuencas, lo que le permitió aprovechar sabiamente el agua del mar y del río que cruza cerca, la biodiversidad del valle y realizar sus construcciones sin impactar en el entorno”, expresa.
“Definitivamente, fueron buenos planificadores, todo lo que hacían obedecía a un ordenamiento territorial”, resaltó.
Eso es precisamente lo que su equipo trata de retomar en la actualidad, pues Caral se ubica en una zona de desarrollo intermedio, con muchas barriadas y asentamientos humanos a su alrededor que incluso, en el pasado, amenazaron con invadir la ciudadela.
Ahora se trabaja mancomunadamente con la población para que se entienda la importancia del sitio arqueológico, la gente se integre a su conservación y se pueda promover un desarrollo sostenible de toda la zona, a fin de que no sea solamente una atracción turística, sino un polo de progreso.
Lo de convertir a Caral en una atracción turística fue un recurso al que tuvo que apelar el equipo de Shady para poder continuar con las tareas arqueológicas, pues aún queda mucho por descubrir y estudiar en la zona y se requieren ingentes recursos.
Hace algunos años, Shady amenazó con volver a cubrir todo el complejo arqueológico para que no se deteriorara, en vista de que no conseguía financiamiento para continuar los trabajos. Felizmente, los tecnócratas del Ministerio de Economía encontraron una salida: si se declaraba a Caral como un destino turístico, se podían conseguir inversiones.
Así fue y, ahora, Caral puede ser visitado por nacionales y extranjeros, pero sólo por las rutas prefijadas, de ningún modo se puede acceder a las zonas de trabajo, donde Shady, con 60 años y más de 40 dedicados a la arqueología, junto a su equipo multidisciplinario, trabaja febrilmente para desentrañar los misterios de los antiguos peruanos.
Pero ante cada nuevo descubrimiento, son más las nuevas preguntas que surgen que las respuestas. |