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Reportajes y noticias de SEMlacdel 9 al 15 de octubre de 2006
Uruguay: Insatisfacciones con la fecundidadPor Cristina Canoura
Montevideo, octubre.- La fecundidad genera insatisfacciones en Uruguay: en un país donde cada vez nacen menos niños se evidencia la inconformidad entre la cantidad de hijos tenidos y los deseados.
Un estudio de los investigadores Ignacio Pardo y Andrés Peri, de la Facultad de Ciencias Sociales de la estatal Universidad de la República, destacó el fenómeno.
Más del 50 por ciento de los uruguayos quieren tener menos de tres hijos, madres de la clase media reconocen haber querido más de los procreados y mujeres de clase baja están inconformes con una prole mayor a la que identifican como ideal.
Lo cierto es que en Uruguay —de poco más de tres millones de habitantes— cada vez nacen menos niños. Al finalizar 2005, el número de nacimientos se equiparó a los registrados en 1953. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, en el primer quinquenio del siglo XXI se verificaron 47.600 nacimientos, 11.000 menos que una década atrás.
El informe de los especialistas, titulado Nueva evidencia sobre la hipótesis de la doble insatisfacción: ¿cuán lejos estamos de que toda la fecundidad sea deseada?, remarca que las diferencias en la insatisfacción varían, entre otras razones, de acuerdo con el nivel socioeconómico, los años de educación, las regiones geográficas y la edad.
El trabajo fue presentado a fines de agosto en Montevideo, como parte del programa de la V Jornada de Investigación Científica, y en la primera semana de septiembre en Guadalajara, México, en el transcurso del II Congreso de la Asociación Latinoamericana de Población.
Los autores de la pesquisa entienden que, en términos de políticas sociales “conocer dónde se encuentran los niveles más altos de nacimientos no deseados contribuye a diseñar mejores políticas de población”, en el entendido de que “se pretende una sociedad donde toda mujer tenga el número de hijos que desea”.
Para su análisis se basaron en la Encuesta sobre Reproducción Social y Biológica de la Población Uruguaya, efectuada en 2004. Se trata de un sondeo nacional a 6.500 hogares, a personas entre 15 y 79 años que respondieron a la pregunta: Si usted pudiera elegir exactamente el número de hijos para tener en toda su vida, ¿cuántos hijos tendría o hubiera tenido?
La familia idealJunto con Argentina, Uruguay fue de los países que más tempranamente comenzó el descenso de la fecundidad en América Latina. Se mantuvo constante (alrededor de tres hijos por mujer) entre 1950 y 1995, pero en la última década se registró una reducción significativa.
Y esto ha sido así, al punto que los dos últimos años muestran una fecundidad por debajo del reemplazo generacional (proceso de renovación por el cual una población sustituye con nacimientos las pérdidas debidas a fallecimientos). En 1995, el promedio se redujo a 2,5 hijos por mujer.
Según constata el estudio, a menor edad es menos frecuente el interés por constituir una familia grande. En la franja entre 55 y 59 años, las que consideran los tres hijos o más representan el 60 por ciento, mientras que las que desean esa fecundidad y tienen entre 15 y 19 no llegan a 30 por ciento.
En esta franja etaria, el 57,2 por ciento de las personas encuestadas entiende que dos es el número ideal de hijos. Esa preferencia comienza a descender con el aumento en la edad de los interrogados, hasta llegar al grupo de 55-59 años, en el que sólo el 25,8 por ciento ubica en dos la cifra apropiada y el 41,7 se inclina por cuatro o más niños.
Mientras el modelo de dos hijos se afianzó entre 1986 y 2004 en todos los grupos de edades, la preferencia por cuatro hijos y más decayó en todos los sectores etarios.
Por ejemplo, en la franja de 15 a 19 años, el 15,3 por ciento aspiraba a concebir esa prole en 1986; pero, en 2004, esa voluntad la expresaba sólo el 7,9. Entre los 45 y 49 años, el 37 por ciento hubiera querido tener cuatro hijos en la primera fecha, sin embargo, ese mismo deseo lo expresó en 2004 el 25,6 por ciento del grupo entrevistado.
La encuesta reveló que el 44 por ciento optó por tener dos hijos, 23 por tres, y 21 por cuatro y más. Se evidencia, asimismo, que si bien es minoritaria la elección de ningún hijo, empieza a tener cierta relevancia aquellos que declaran sólo un hijo como número ideal (13,8 por ciento del grupo 15-19 años y 7,1 del de 50-54 años).
Para los investigadores que efectuaron la pesquisa, los casos de insatisfacción por exceso, si bien no son aún predominantes en ningún nivel, se detectan claramente en los distintos sectores socioeconómicos, al pasar de 33,6 por ciento en los estratos más bajos a seis por ciento en los superiores.
“Por primera vez hay síntomas de que la fecundidad se reduce en los sectores sociales bajos, que habían mantenido el peso de la reproducción de la población uruguaya”, remarcan los especialistas.
Las escasas oportunidades para lograr mejoras socieconómicas y las pocas posibilidades de ver concretarse proyectos personales pueden ser algunos de los factores que inciden en que la población de menores recursos quiera menos hijos.
Si efectivamente tienen más de los que desean, puede obedecer a que aún “existen problemas de acceso a métodos anticonceptivos eficaces”, según interpretan Pardo y Peri. Por otra parte, quienes se declaran satisfechos con el número de hijos concebidos “sólo son mayoría en el sector socioeconómico alto y entre los que tuvieron dos y tres hijos”.
El porcentaje de insatisfacción por exceso desciende a medida que aumentan los años de educación formal. A más años de educación, menor promedio de hijos y mayor grado de aceptación de la prole consolidada. En este sentido, el promedio varía de 2,78 para quienes tienen tres años de educación o menos hasta 2,16 para los que cursaron 13 años o más de educación formal
Uruguay: Tráfico de personas, un tema que exige atenciónPor Ángela Castellanos
Montevideo, octubre.- Pese a que las redes de tráfico de personas para fines de explotación sexual tienen en Uruguay una fuente de mujeres y menores, el gobierno sigue rezagado en normas de enjuiciamiento, protección y prevención de este fenómeno, de acuerdo con un reciente informe del Departamento de Estado norteamericano.
Según ese texto, que se elabora anualmente y contempla un capítulo sobre el caso uruguayo, la legislación no incluye el tráfico de personas adultas, ni alcanza los mínimos estándares para su eliminación. De hecho, las leyes existentes se limitan a la protección de menores, en lo referido a violencia sexual comercial o no comercial.
Uruguay es signatario de la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional, pero apenas en marzo de 2005 el país depositó el instrumento de ratificación del Protocolo de Parlermo.
Este documento, que data de 2005 y ha sido ratificado por 40 naciones, define la trata de seres humanos como "la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, así como al rapto, con fines de explotación”.
En el país fueron procesados y sancionados tres traficantes de personas para fines de explotación laboral (un caso descubierto en enero de 2005), pero en los últimos 12 meses son pocos los esfuerzos adicionales realizados para eliminar la impunidad, asegura el estudio del gobierno norteamericano.
“No hay denuncias, porque si las hubiera, al no existir el delito de trata en el país, los hechos se encubren en situaciones de violencia doméstica. Así, las cifras se mantienen invisibles”, dice a SEMlac Margarita Navarrete, directora Ejecutiva del Observatorio de Políticas Públicas de Derechos Humanos del MERCOSUR y autora de la investigación La trata de Personas en Uruguay.
“Se reconoce que los delitos de trata y tráfico están basados también en espacios de corrupción y de arbitrariedad en la toma de decisiones de funcionarios, en espacios como controles migratorios, fiscalización de lugares denunciados, puestos de frontera y aeropuertos”, indica.
Debido a que no existen datos oficiales, ni registros, ni información pública sobre este tema, las noticias al respecto apenas dejan ver la punta del iceberg.
Informaciones publicadas en mayo pasado por la prensa local, daban cuenta que la policía de Teramo (Italia) desarticuló una banda dedicada a la trata de uruguayas, durante la operación “Montevideo”. Los delincuentes compraban a las jóvenes por unos 2.000 euros en los alrededores de esta capital.
También en España los medios informativos reportaban que la policía detuvo en los últimos 12 meses a más de 250 personas en cerca de 100 operaciones contra traficantes de mujeres latinoamericanas, incluidas jóvenes uruguayas.
Los propios diarios nacionales reportaron, en el último año, casos de tráfico en el interior del país, relativos a prostitución infantil y venta de menores con fines de adopción.
No obstante estos hechos, tal como remarca el informe estadounidense, no existen programas gubernamentales para apoyar a las víctimas de tráfico. Los proyectos de asistencia social carecen de recursos y, aunque las autoridades apoyan a algunas organizaciones no gubernamentales que trabajan el tema, la mayor parte del país carece de servicios legales, médicos y psicológicos para mujeres y menores explotados, puntualiza.
Internacionalmente se reconoce que, sin un adecuado programa de protección, es difícil que las víctimas formulen la denuncia debido al terror que sienten, y porque pudo existir un consentimiento inicial de viajar, por ejemplo para ejercer la prostitución, lo que les genera un sentimiento de culpa.
Aún cuando el gobierno uruguayo emitió mensajes televisivos para prevenir el tráfico de personas, las uruguayas siguen siendo víctimas de bandas dedicadas a la “compra” de inmigrantes de este país con fines de prostitución forzosa.
Ante este panorama, la Cumbre Iberoamericana que sesionará en esta capital los primeros días de noviembre con el tema “Migraciones y Desarrollo” podría tener un impacto positivo en el avance de Uruguay en esta materia.
“El proceso, que culminará en Montevideo con la Cumbre presidencial e incluye reuniones de alto nivel en el ámbito de la ONU, significa que, en 2006, uno de los temas más discutidos en las agendas gubernamentales será el de la trata de personas”, pronosticó con optimismo Navarrete.
Infancia: El mayor porcentaje de los niños trabaja en el agroPor Zoraida Portillo
Lima, octubre.- Con frecuencia se habla de los niños trabajadores y de las pesadas labores que deben realizar en maquilas, minas y diversos trabajos urbanos, pero pocas veces se menciona a quienes laboran el área rural, pese a que el 70 por ciento del trabajo infantil en todo el mundo tiene lugar en la agricultura.
Y no sólo eso: la mayor parte de estas labores en el agro son extremadamente peligrosas y pueden afectar severamente el crecimiento y el desarrollo. Tal es el caso de los menores que cumplen tareas de fumigación y quedan expuestos a plaguicidas tóxicos y hasta venenosos.
Los niños en la agricultura no tienen horarios, a veces lo hacen de sol a sol, utilizan instrumentos afilados y peligrosos, incluso para los adultos, se ven obligados a cargar un peso excesivo para sus frágiles cuerpos aún en pleno desarrollo y hasta se ven forzados a operar maquinarias riesgosas para su integridad física.
El campanazo de alerta mundial lo ha dado una reunión de expertos de diversos organismos internacionales, convocados en Roma a mediados de septiembre por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con el único objetivo de reducir el trabajo infantil en el agro.
En esa cita se constató que la agricultura, junto con la minería y la construcción, son los tres sectores laborales más peligrosos por la cantidad de muertes y accidentes que provocan.
Y cuando esas estadísticas se aplican a menores de edad, arrojan un número de siniestros muy alto, debido a la vulnerabilidad de los pequeños por la falta de experiencia o capacitación y porque sus cuerpos todavía están desarrollándose, subrayaron los expertos.
De acuerdo con estudios dados a conocer en ese encuentro, el trabajo infantil en el sector agrario se incrementó en las áreas de poscosecha, procesamiento, transporte, comercialización y agroindustrias.
Asistieron a la reunión representantes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Programa Mundial de Alimentos, Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias, Federación Internacional de Productores Agrícolas y de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines.
Uno de los principales acuerdos fue la necesidad de crear conciencia en todo el mundo sobre esta realidad, pocas veces descrita. Por lo pronto, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil del 2007 estará dedicado a la agricultura.
“Algunas actividades agrícolas −como la preparación y aplicación de plaguicidas o el uso de algunos tipos de maquinarias− son tan peligrosas que se debería prohibir totalmente para los menores”, declaró Parviz Koohafkan, director de la División de Desarrollo Rural de la FAO, según una nota de prensa de ese organismo.
Por su parte, Jennie Dey DePryck, jefa del Servicio de Instituciones y Extensión Rurales de la FAO, admitió que “la mayoría de los niños que trabajan en el mundo están en fincas y plantaciones y no en las fábricas, maquiladoras o zonas urbanas”.
La peor parte la llevan los menores del continente africano, donde la agricultura es la actividad económica predominante. Allí, los agravantes de la pobreza e inseguridad alimentaria persistentes, la instrucción deficiente y el VIH/SIDA se suman al problema.
La OIT estima que en el África subsahariana existen más de 48 millones de niños trabajadores. También ostenta el triste privilegio de ser la única región en el mundo que ha incrementado el número de ellos entre el 2000 y el 2004.
La FAO viene probando una iniciativa para estos niños: las Escuelas de vida y de campo para agricultores jóvenes. Con esta fórmula, se trata de que los niños huérfanos del VIH/SIDA y otros que laboran en el agro obtengan conocimientos agrícolas y preparación para la vida.
La incidencia del VIH/SIDA entre la población africana es un factor que no puede soslayarse por ocasionar muchas muertes entre los adultos, a consecuencia de lo cual numerosos niños quedan huérfanos y al cuidado de sus hermanos o, en gran parte de los casos, obligados a asumir la responsabilidad de sus hogares y parientes menores y a trabajar, prescindiendo de la escuela.
¿No todo es malo…?En la reunión de Roma quedó claro que los expertos afrontan un gran desafío al encarar el trabajo infantil en el agro, pues a juicio de muchos, no todas las actividades que se realizan en este sector son nocivas.
“En la agricultura de subsistencia y doméstica, la participación de los niños en las actividades agrícolas de la familia les ayuda a obtener conocimientos valiosos, a adquirir autoestima y contribuir a la producción de ingresos para la familia, lo que repercute positivamente en sus propios medios de subsistencia”, aclaró Koohafkan en declaraciones enviadas vía Internet.
La OIT permite el trabajo de los niños a partir de los 12 años, siempre y cuando no interfiera con su escolarización, así como el trabajo de menores desde los 15 años, que no esté clasificado como peligroso.
Pero, en la práctica, no es tan fácil determinar los límites. Tal vez por ello, el propio funcionario de la FAO afirme: “Se trata de un tema muy complejo que es necesario tomar caso por caso, a fin de evitar generalizaciones”.
Jacinto, un niño campesino de Huancavelica, uno de los departamentos más pobres del Perú, podría ser un caso digno de estudio para los expertos. El tiene 12 años –aunque por su estatura y fragilidad aparenta ocho– y confiesa sin ambages que prefiere “trabajar en el campo”, en vez de ir a la escuela “a perder el tiempo”.
Según relató, trabaja desde “que se acuerda”, primero ayudando a su mamá a echar las semillas; después, poco a poco, en tareas más pesadas: voltear surcos junto a los hombres, abrir la tierra con la chakitajlla –instrumento ancestral de labranza andino– y, más recientemente, en labor de “machos”: fumigando los campos de papa.
En muchos caseríos andinos, las labores de fumigación son reservadas para “los más valientes”. Según refieren los campesinos, los débiles se marean, les pica el cuerpo y hasta vomitan. “Esos no sirven para el trabajo”, se dice con frecuencia.
Desafortunadamente, ignoran que tales síntomas no son signo de debilidad, sino del envenenamiento a que se ven sometidos al fumigar sin la debida protección.
Tal vez, al cabo de unos años –o meses–, también Jacinto comience a experimentar esos síntomas y sea retirado a otras labores… o decida volver a la escuela, pero mientras tanto, está feliz con su “ascenso”. “En la escuela pierdo el tiempo, no aprendo cosas útiles, acá sí soy útil”, remarca.
Cuando le preguntamos cuántas horas trabaja, se encoge de hombros. “Depende, a veces estoy todo el día, otras veces sólo en la mañana y en la tarde hago otras cosas o ayudo con los animales”, hace una pausa y añade: “pero como sea, ya no me quedan ganas de ir al colegio que, además, queda muy lejos de la chacra”.
El trabajo infantil, de acuerdo con los convenios de la OIT, es aquel que es nocivo para el bienestar de los niños y representa un obstáculo para su educación, desarrollo y medios de subsistencia futuros.
Según los expertos, los niños forzados a trabajar largas horas en el campo limitan su capacidad de asistir a la escuela o de recibir formación profesional, lo que frena sus posibilidades de progreso. En suma, perpetúan el círculo de la pobreza.
En este diagnóstico, las niñas llevan la peor parte: con frecuencia son retiradas de las escuelas en mayor proporción que los niños, tienen que asumir responsabilidades hogareñas impropias para su edad (preparar los alimentos, acarrear agua, cuidar a los hermanos más pequeños), todo lo cual atenta contra su desarrollo físico y emocional.
No trabajan porque quieren“Para eliminar las peores formas de trabajo infantil, es necesario un mayor esfuerzo contra el trabajo de menores en la agricultura”, señaló Jennie Dey DePryck, pero ¿cómo?, le preguntamos por correo electrónico.
En su opinión, la estrategia tiene que ser múltiple, pues de un lado se requiere el compromiso de los gobiernos de garantizar educación de calidad y acceso a ella para los niños trabajadores, pero de otro lado se requiere asegurar también mejores trabajos para los padres.
“Si los adultos tienen acceso a puestos de trabajo decentes, estables y productivos, la supervivencia de la familia no dependerá ya de los ingresos de sus hijos”, señaló.
“La instrucción es una condición esencial para reducir la pobreza, mejorar la agricultura y las condiciones de vida de la población rural, así como para crear un mundo en el que exista seguridad alimentaria”, precisa.
Sin embargo, agrega que “los niños rurales, por lo general, no tienen acceso a una instrucción de calidad, por falta de escuelas, ausencia de maestros o profesores con escasa formación, y programas de estudios que no se adaptan a su realidad, o bien porque sus familias no pueden permitirse el pago de las tasas escolares”.
Paralelamente, señala que deben darse otras condiciones relacionadas con la voluntad de los gobiernos de terminar con el abuso y explotación de los niños trabajadores.
Entre ellas, menciona una legislación laboral que regule claramente el trabajo infantil y sus condiciones; una amplia movilización social, que busque la participación de la comunidad y de los medios sobre este problema, y estrategias de reducción de la pobreza que incluyan la creación de redes de apoyo a la sobrevivencia.
Y recuerda que el progreso económico de un país, por sí solo, no resuelve el problema de los niños trabajadores.
El caso del Perú puede servir como ejemplo de ello, pues desde hace varios años el país goza de estabilidad económica y una de las mayores tasas de crecimiento de la región; sin embargo, vive en extrema pobreza casi la mitad de sus 28 millones de habitantes y los niños trabajadores forman parte del paisaje cotidiano.
Perú: Escolares demandan una educación de calidad, sin exclusiónPor Julia Vicuña
Lima, octubre.- Para demandar a las autoridades políticas el cumplimiento de los compromisos asumidos en relación con la educación en el Perú, niñas, niños y adolescentes de 16 regiones del país llegaron hasta el Congreso de la República para participar en el Tercer Cabildeo por la Educación Nacional.
Por dos horas, el hemiciclo se llenó de esperanza, ideales, sueños, pero al mismo tiempo de energía y decisión de 100 niñas, niños y adolescentes que, tras recorrer muchos kilómetros, llegaron a la capital para hacer oír sus voces, expresar su descontento por las promesas incumplidas, y exigir maestros capacitados y descentralización de recursos.
A través de cuentos y relatos, lideresas y líderes estudiantiles expusieron las conclusiones del monitoreo realizado en cada una de sus jurisdicciones y que fueron debatidas durante dos días en talleres que, además, les dieron la oportunidad de intercambiar experiencias y expectativas.
“Esta historia es de chicas y chicos bien audaces que querían cambiar el rumbo del país, vinieron a la capital a darle un jalón de orejas a aquellos que poco o nada habían hecho por ellos y exigir a las autoridades menos promesas”, fueron las palabras iniciales de la intervención de Yasmín Rojas.
“Estamos sentados en curules de congresistas. Niñas y niños que hemos venido de muy lejos para luchar por una educación de calidad, sin exclusión”, indicó esta muchacha de 15 años, que está por terminar la secundaria y espera ser en el futuro una gran lideresa.
“Las personas con discapacidad, las que vivimos en zonas rurales, de frontera y alejadas de las grandes urbes somos las más excluidas. Quisiera preguntar cuándo vamos a cambiar la historia”, interrogó, por su parte, a congresistas y autoridades reunidas en la sede del Legislativo, Elizabeth Cachay, 14 años, procedente de La Libertad, departamento a 560 kilómetros al norte de Lima.
La demanda reiterada en casi todas las intervenciones, en su mayoría a cargo de muchachas, fue la de ser escuchadas, como ellas escuchan, y ser atendidas, no por compromiso, sino por convicción.
La necesidad de que los estudiantes conozcan sus derechos fue destacada por Giovanna Morales, de 15 años, quien por tres años consecutivos viene participando en la Asociación de alcaldes, regidores y líderes escolares de Ayacucho, departamento ubicado en la sierra centro sur del Perú.
“Sólo de esa manera se acabará con la indiferencia de las autoridades, siempre somos escuchados pero no atendidos”, precisó.
Los escolares participantes del Tercer Cabildeo, al tiempo de exigir una educación igualitaria, no excluyente y descentralizada, pidieron mayor presupuesto para la capacitación de sus profesores, mejorar la infraestructura escolar, la creación de bibliotecas y de aulas de cómputo.
Pero no todo fue demanda de parte de los estudiantes. “Gracias a este Cabildeo, tenemos la oportunidad de exponer las necesidades de nuestras comunidades para mejorarlas y, sobre todo, para comprometernos enfrentar la vida y no desfallecer, porque todo no es pedir y pedir”, dijo Miller Carrillo, de Lambayeque, departamento de la costa norte de peruana.
La sesión fue dirigida por Mercedes Cabanillas, presidenta del Congreso, y contó con la presencia de congresistas de diversas bancadas políticas. Horas después fueron recibidos por el presidente de la república, Alan García.
El objetivo de esta cruzada, que se impulsa en el marco de la Campaña Mundial por la Educación 2006, es incidir en las políticas públicas a favor del derecho de los menores en situación de vulnerabilidad a acceder a una educación gratuita de calidad y con una mejor y mayor inversión, que se refleje en un presupuesto participativo para los gobiernos central, regionales y locales.
En Perú, el Foro del Acuerdo Nacional aprobó en 2002 que la prioridad otorgada al sector Educación se exprese en el incremento del presupuesto respectivo, hasta llegar al seis por ciento del Producto Bruto Interno.
Tal aumento significa casi duplicar la partida; por lo cual se hará gradualmente, condicionado a que, cada año, la misma debería aumentar en 0,25 por ciento hasta alcanzar la meta prevista. Lamentablemente, hasta la fecha, el Estado no ha cumplido este compromiso.
Cuba: Abuso sexual infantil: reconocerlo para enfrentarloPor Marta María Ramírez
La Habana, octubre.- Cuantificar el abuso sexual infantil es una tarea imposible en la actualidad, cuando el mundo tiende a soportar, en silencio, esta forma de violencia intrafamiliar por prejuicios de índoles diversas.
Sin embargo, identificar las características comunes de víctimas y victimarios, así como reconocer los factores sociales y familiares que propician este delito, podría conducir a la creación de efectivos programas de prevención e intervención a diferentes niveles de la sociedad.
Con este precepto, la master en psicología social Iliana Rondón y el especialista en segundo grado en medicina legal, Aquilino Santiago, abordan el tema desde hace unos 15 años.
Aún cuando las cifras no sean definitivas, ambos investigadores coinciden en que “actualmente no es tan raro, en la isla, el delito de abuso sexual entre la población infantil y aunque exista una sola víctima, esta necesita atención”.
La punta del icebergPedrito era abusado sexualmente por un anciano vecino, a quien diariamente le llevaba el pan a la casa. Un día se negó a cumplir con su cotidiana tarea. Cuando la madre le insistió para que la realizara, el niño le contó lo que sucedía.
La mamá, indignada, preguntó por qué no le había dicho antes, a lo que el pequeño respondió: “es que todo el tiempo dices que las personas mayores siempre tienen la razón”.
A esta máxima errónea de la educación formal tradicional y a las creencias populares encontradas --como que “los niños nunca mienten” o “ellos nunca dicen la verdad”--, se enfrentan diariamente víctimas, familiares e investigadores del abuso sexual infantil.
“Te enteras de la niña o la adolescente victimizada. Entre los varones impera la cultura del silencio, porque temen ser estigmatizados por la sociedad como homosexuales, aunque este episodio no indique su futura inclinación sexual, porque ni siquiera hay un disfrute de la relación”, comenta a SEMLac Santiago.
El subregistro estadístico podría estar dado también por la desconfianza que los mecanismos policiales y legales generan en las víctimas y sus familiares, porque no funcionan o porque simplemente son más nocivos para el menor.
“Si la única vía de resolución para una familia en la que hubo un maltrato sexual es la penal, creas una división entre sus miembros: Montescos y Capuletos, como en el drama de Shakespeare”, opina Santiago, en alusión a la antológica disputa familiar de Romeo y Julieta.
Al no poder establecer un claro perfil del abusador, Rondón aclara que “muchas veces es una persona que tiene un reconocimiento social y el niño está desamparado. ¡Es un menor contra un profesorsazo o un funcionario!”.
Otro de los tabúes a los que se enfrentan cotidianamente como especialistas es la falsa creencia de que la víctima del sexo femenino provocó el hecho violento: “cuando la policía se ocupa de estos procesos tal parece que la delincuente es la niña. Para ellos, ella lo estimuló”, asegura Rondón a SEMLac.
Bajo la superficieRondón y Santiago establecieron los rasgos del abuso sexual a partir del análisis de los expedientes de 246 menores de 16 años, edad que marca la responsabilidad penal en Cuba, atendidos en 2001 por especialistas del Instituto de medicina legal, tras la denuncia de cualquier expresión de maltrato sexual.
Los autores de la tesis Perfil actual del abuso sexual contra menores de 16 años, en Ciudad de la Habana refrendaron sus resultados al compararlos con los de un estudio realizado en la década del noventa por un grupo de investigadores de este Instituto, titulado Niños víctimas de delitos sexuales.
Aunque el trabajo indaga sólo los casos denunciados y examinados por los médicos legistas y no tiene en cuenta la sentencia firme del tribunal, ha servido de apoyo científico para la labor de los entendidos en el tema, al revelar los aspectos comunes del abuso sexual infantil en ambos análisis.
La investigación sostiene el predominio del abuso lascivo en el 69,9 por ciento de la muestra analizada. “Este es de los llamados delitos en silencio. La violación deja huellas, el tocamiento no”, explica desde su experiencia cotidiana Rondón. A lo que Santiago añade: “creo que es un proceso escalonado. El abuso lascivo es el primer peldaño, justo cuando ocurre la denuncia”.
Este tipo de victimización sexual infantil ocurre frecuentemente en el entorno de la víctima y en los horarios en los que habitualmente realiza sus actividades por lo que, según el estudio, el 88,6 por ciento de las veces se trata de personas que conocen al menor y se aprovechan de la confianza de la familia.
La figura que prevalece con mayor porcentaje en el abuso sexual en la infancia es el padrastro, en un 50 por ciento de los expedientes analizados, dato que rompe con el viejo mito de que sólo hay que cuidarse de personas desconocidas.
Si bien no puede hacerse un perfil del abusador, la experiencia diaria de los especialistas indica que no se trata de pedófilos, o sea, no sienten placer sexual única y exclusivamente con los niños, y pocas veces se ve inmiscuida una mujer en este delito.
Las relaciones intrafamiliares disfuncionales, así como la convivencia de víctimas y victimarios en el mismo hogar, son también factores de riesgo detectados por los expertos.
El doctor Santiago señala que “las condiciones actuales de la familia cubana, funcional o no, a partir de la coexistencia de varias generaciones bajo el mismo techo y los altos índices de divorcios, propician que los pequeños carentes de afecto se acerquen a la persona equivocada, muchas veces dentro del propio núcleo familiar, y esa es quien los victimiza sexualmente”.
El abuso sexual infantil está estrechamente vinculado a otras formas de violencia intrafamiliar, incluso al maltrato psicológico, así como al consumo de alcohol y otras drogas, aunque estas últimas casi nunca se declaran por su carácter ilegal.
Según el estudio, puede establecerse que entre los 11 y 15 años de edad hay más riesgo de sufrir esta forma de violencia intrafamiliar, al concentrarse en estas edades el 52,4 por ciento de los casos revisados por los especialistas.
“Es a los 11 años cuando el riesgo es mayor porque el niño tiene la apariencia física del adulto, pero no todos los recursos físicos ni psicológicos para defenderse, mientras los mayores constituyen importantes figuras de poder”, dice Rondón.
Algunas investigaciones sugieren una relación entre la edad, el empleo de la violencia física, el grado de conocimiento previo del victimario y el lugar donde ocurre el delito sexual: mientras más pequeña es la víctima, el abuso es menos violento físicamente, el abusador es conocido por el infante y ocurre cerca o en su propio hogar. A medida que aumenta la edad, es más violento, el victimario es desconocido y ocurre más lejos de la casa.
Los resultados demuestran que la población infantil es más victimizada sexualmente por personas mayores de 35 años y las mujeres por hombres menores de 35 años.
“Antes de los 35 años, el hombre está en mejor forma física y, para reducir a un niño, no la necesita. Al mismo tiempo, dejas a tu hijo más fácilmente bajo el cuidado de un adulto responsable que de un joven”, teoriza Rondón.
Para los autores es vital tener en cuenta el predominio en ambos estudios de las víctimas femeninas en cerca del 75 por ciento. De esta manera se identifican como otras de las causas la formación sexista y androcéntrica, así como el estatus de objeto sexual de la mujer desde edades tempranas.
“Los delitos en el sexo masculino se reportan menos, no sólo porque el objeto sexual de preferencia es la mujer, sino porque tienen miedo a la estigmatización”, insiste Rondón.
Denunciar o no ¿esa es la cuestión?“Hay que dejar el triunfalismo cuando, en realidad, tenemos los mismos conflictos que en otros países. Reconocer que existe el problema es la primera manera de enfrentarlo”, alerta Santiago, para quien la victimización sexual ocurre, en parte, por desconocimiento.
La complicada dinámica del abuso, así como los factores de riesgo exigen de prácticas concretas de vigilancia, control y prevención. Las acciones debían estar diseñadas para intervenir en los niveles primario, secundario y terciario, comenzando “por la educación afectivo-sexual en su más amplio espectro”, señalan los especialistas en las conclusiones de su estudio, vigentes en la actualidad.
“Generar una buena comunicación con los hijos es vital para que, cuando ocurra algo, inmediatamente nos lo digan”, sostiene Rondón.
En segundo lugar, los autores sugieren el trabajo con grupos de alto riesgo. Mientras que para un tercer paso, cuando el acto criminal se manifiesta, proponen el tratamiento a las víctimas para reducir la gravedad y duración del trastorno, sus recaídas y la revictimización.
“Tendremos que ampliar las vía de solución para que no sea sólo la penal. Podríamos tomar el ejemplo de otras naciones donde hay centros a los cuales la familia asiste con estos conflictos y encuentra una mediación. Todo se resuelve sin ir a la vía jurídica”, sueña Santiago con su ideal.
Para él, “si las casas de orientación a la mujer y la familia fueran un poquito más dinámicas, podrían ser más efectivas para detectar el abuso sexual infantil y para buscar las anheladas soluciones”.
Cuba cuenta con más de 100 servicios de atención a la población de la Federación de Mujeres Cubanas, organización femenina que tiene además las Casas de orientación a la Mujer y la Familia y coordina el Grupo nacional para la prevención y atención de la violencia intrafamiliar, centro multidisciplinario instituido en 1997.
Mientras, el paradigma de Rondón consiste en “la creación de una red social de apoyo de protección a la infancia, que funciona sólo a niveles formales. Y declara: “desde hace 15 años luchamos por la existencia de un centro de atención a víctimas que permita atenderlas, denuncien o no a su atacante”.
“El control penal tiene que existir, pero no debiera ser la única solución. Debemos valernos de otros medios de intervención formal con los que brindemos oportunidades para tratar sistemáticamente a víctimas y victimarios. Hay que enseñar a la familia a solucionar el problema y la prisión no educa”, reflexiona Rondón.
Los doctores advierten sobre la necesidad de mayores espacios para el tema en los medios de comunicación: “sin exacerbar el morbo, hay que decirle a la gente qué ocurre, qué hacer si se ven en una situación similar y qué sucede con los culpables de este tipo de hechos”, insta el médico.
Si la conducta moral y social ideal es denunciar estos abusos para que se investiguen y se adopten medidas, no es menos cierto que esta es una decisión familiar.
Ante este panorama, Rondón recomienda creerles siempre a las niñas y a los niños: “indagar y, sobre todo, apoyarlos y atenderlos desde el punto de vista psicológico”.
Cuba: Yadira ante el espejo mágicoPor Ilse Bulit
La Habana, octubre.- A pesar de compartir conocimientos, juegos y catarros con otros niños en la guardería del barrio, ahora, a sus siete habaneros años, Yadira comienza a probar el sabor de las diferencias, y le pregunta a su espejo mágico, recién adquirido a precio alto, el porqué.
Sus padres, dos profesionales brillantes en sus especialidades, son retribuidos en moneda y agasajos, como bien merecen. Yadira es la única hija, la niña linda de un hogar, montado para suplir, mediante aditamentos eléctricos, el poco tiempo posible para las tareas hogareñas, aunque es justo aclarar que lo fuerte lo realiza una vecina contratada por horas.
Y, por supuesto, poco tiempo, además, para dedicarle a esta cabecita castaña, adornada con muñequitos, vestida con la última moda deportiva de las chicas mayores, con sus tenis (zapatillas o zapatos deportivos) de marca y su mochila, también de marca.
El dormitorio de Yadira es una especie de juguetería en escala, donde la computadora es la reina principal. Juegos y filmes son dominados por ella a la perfección. Sin comprensión total o por complejo de culpa, esta pareja ha empezado a trastocar valores. Sustituye el cariño por cosas.
Todavía, en este caso, la cultura almacenada por sus padres salva a esta niña de imágenes violentas en la pantalla y ropas indecorosas para su edad; pero, poco a poco, si el factor tiempo provechoso no es dominado, se les irá de las manos.
Ella exigirá más, pedirá más y, ya confundidas las ganas del cariño filial con los sustitutos con etiquetas de venta, podrá escaparse, por igual, el rasero entre el bien y el mal, para una Yadira crecida sin esa voz y ejemplos cotidianos que marcan los porqués de futuros procederes.
Dejemos a esta niña, todavía salvable, frente a su espejo mágico. Hay otras Yadiras con peor suerte. Sus padres, con instrucción, pero sin cultura, tienen plasmado en sus intereses una extraña concepción de la modernidad y del goce individual.
Para ellos, el sumun de la felicidad terráquea es poseer lo último, llámese producto de uso o de consumo, perecedero o imperecedero, siempre con etiqueta famosa, maestra en la confusión del valor y el precio.
Si a esto se une la obtención de dinero fácil, lindando o adentrándose en la corrupción mayor, la de no escatimar el daño al semejante, por encima de las apreciaciones indefinidas de lo legal o ilegal, las Yadiras recibirán, a pulso, ejemplos y palabras contra la modestia, el desinterés, la confraternidad y la igualdad entre las personas, sin mirar la calidad de los tenis o el tamaño de la mochila.
No por equivocación, sino comprados al efecto, se les exhibirán videos con juegos donde el fuerte, el rápido, el cruel, aplasta al otro sin conmiseración alguna.
A estas Yadiras les comprarán el espejo mágico. Ya altivas, orgullosas, se mirarán en él y la única pregunta surgida en su imaginación coartada, será: ¿Hay otro espejo más grande y con más colorines para pedirle a mis padres?
Abundan otras Yadiras. Marchan a las aulas con tenis remendados y permanecen calladas cuando las otras hablan de sus nuevos juguetes electrónicos. No les falta una alimentación que cumple los requisitos para su crecimiento, como tampoco la educación gratuita y la asistencia médica.
Mas desconocen las exquisiteces, narradas por sus amigas que todavía la aceptan dentro de su grupo. Esta Yadira pobre está en riesgo espiritual, pues los pobres sólo son perfectos en las novelas románticas. Ni siquiera esta Yadira tiene espejo mágico a quien preguntar.
Si, en el hogar, sus padres no estimulan el estudio como fuente futura de provecho financiero que aliviará carencias y, en cambio, incentivan el cultivo de resentimientos, rencores y envidias hacia los otros, ennegrecerán a esta criatura, crecida entonces con complejos y torpezas que mancharán su camino.
El sistema educacional cubano, con su igualdad de posibilidades y opciones para todo ciudadano, presupone la existencia de escuelas de educación primaria y secundaria erigidas en cada municipio. Los padres pueden matricular a sus hijos en el colegio de su predilección dentro de la zona de residencia, siempre que exista la capacidad para recibirlos.
Así, Yadiras iguales ante la computadora de su centro escolar, cuando marchan a sus viviendas, asisten a experiencias distintas, provocadas por el orden monetario de sus respectivos progenitores.
Aparte del bagaje ideológico de las diferentes especialidades científicas concentradas en el estudio del desarrollo integral de la infancia, todas coinciden en la suprema importancia de la familia en los primeros años de la vida.
Si entre cuatro paredes estrechas y sin pintura, si en el mal gusto de una sala criolla sembrada de alfombras extravagantes, si en la habitación infantil con dibujos de hadas y gnomos, una dulce voz les anuncia las palabras del cubano José Martí, cuando proclamaba que “no son inútiles la verdad y la ternura” y al, día siguiente, esa misma voz las ejecuta en ejemplos sencillos, las Yadiras podrán crecer en la tierra firme cultivada interiormente y que sirve para abonar el mejoramiento humano.
Bajo cualquier techo y, en medio de insólitas circunstancias, el bien merece defensa. Y defensa también merecen sus defensores, a veces estrangulados en familias que, sumidas en la obtención del pan cotidiano o en la ostentación de derrochar el pan cotidiano, tuercen o retuercen los eternos valores éticos y espirituales. |