Reportajes y noticias de SEMlac

Del 17 al 22 de julio de 2006

 

 

Población: Escuchar y atender a los jóvenes

Por Sara Más

 

La Habana, julio.- Millones de jóvenes viven actualmente amenazados por la pobreza, el analfabetismo, los riesgos del embarazo y el parto y del VIH/SIDA, denunció el pasado 11 de julio la Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Thoraya Ahmed Obaid.

 

En su ya tradicional mensaje por el Día Mundial de Población, Ahmed Obaid precisó que más de 500 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años de edad viven con menos de dos dólares diarios.

 

En los países en desarrollo, señaló, hay 96 millones de jóvenes mujeres que no saben leer ni escribir y, cada año, 14 millones de niñas adolescentes, de entre 15 y 19 años de edad, dan a luz. Mientras, cada día 6.000 jóvenes se agregan a la lista de las personas infectadas con el VIH.

 

En su mensaje mundial, dado a conocer el mismo día en todo el planeta, la funcionaria dijo que esos problemas son aspectos medulares de los objetivos planteados por los líderes mundiales para reducir la pobreza y mejorar la salud y el bienestar.

 

Si embargo, se lamentó del panorama actual. Es evidente, dijo, que “no será posible alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio a menos que los jóvenes participen activamente en la formulación de políticas y la programación, a menos que se escuchen sus voces, a menos que se satisfagan sus necesidades y a menos que se respeten sus derechos humanos”.

 

La celebración del Día Mundial de la Población centró su atención en los jóvenes. Ellos son los que “poseen las ideas, la determinación y la energía necesarias para impulsar acciones eficaces a fin de reducir la pobreza y la desigualdad”, precisó en su mensaje la Directora Ejecutiva del UNFPA.

 

En todas las regiones, los jóvenes están pasando a la acción con respecto al VIH/SIDA y otras cuestiones que amenazan su salud, su educación y sus oportunidades para el futuro.

 

La funcionaria abundó acerca del interés de la población joven por mantenerse protegida y saludable, frente a males y situaciones como el avance del VIH/sida y la vida familiar. Para ello, “la juventud necesita esa información, pues conforma nuestras vidas y afecta nuestro futuro”, indica la funcionaria de la ONU en su mensaje.

 

Bajo la idea de que los jóvenes pueden impulsar el desarrollo, Ahmed Obaid propuso buscar nuevas maneras de colaborar como aliados en el desarrollo. “Si bien se suele afirmar que los jóvenes son el futuro, también es verdad que los jóvenes son el presente y que es preciso apoyar su liderazgo desde hoy”, manifestó.

 

 

Cuba: Sida, en la mira de la población joven

Por Sara Más

 

La Habana, julio.- El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del Sida, y sus fatales consecuencias, se cuenta entre las preocupaciones actuales de la población joven en Cuba, deseosa de encontrar una cura para quienes padecen la enfermedad o, al menos, prevenir el contagio.

 

Así lo señalan indagaciones realizadas por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, algunos de cuyos resultados acaba de publicar la revista Sexología y Sociedad, que edita el gubernamental Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

 

De actitudes que, a inicios de la década, no identificaban a los principales portadores ni el peligro de infección, en la actualidad se aprecia una mayor aceptación de las personas enfermas y algunos progresos referidos a la protección, señalan estudios comparativos de 2000 y 2004.

 

En entrevistas con 436 jóvenes de tres provincias, a inicios de la década, casi la totalidad consideró que la juventud no se protegía adecuadamente del Sida, lo que atribuyeron a razones como la inmadurez, la promiscuidad, el rechazo a usar preservativo, la falta de información y otros problemas, apuntan las autoras del artículo “Percepciones sociales de la juventud sobre el VIH/sida en Cuba”, en la mencionada revista.

 

Entonces también se comprobó que hay información sobre los métodos de protección, sin embargo, “en el plano personal muy pocos explicaron cómo se protegían. La mayor parte de ellos tenía una idea equivocada” al respecto, apuntan las autoras, María Isabel Domínguez y Deisy Domínguez.

 

La segunda indagación sobre el tema, realizada el pasado año en la capital cubana, identificó como conductas de riesgo la homosexualidad masculina −un tema apenas mencionado en el primer estudio−, el consumo de alcohol y otras drogas, así como conductas inadecuadas, como la prostitución.

 

Las entrevistas denotaron, a su juicio, la supervivencia de prejuicios machistas que siguen condicionando las percepciones y creencias respecto al contagio de la enfermedad.

 

Si bien las personas entrevistadas identifican a los jóvenes como los más afectados por el VIH, también se advierte una tendencia a responsabilizar a las mujeres con el contagio, posición que fue sustentada fundamentalmente por hombres de diferentes grupos sociales, en la provincia de Pinar del Río, en el extremo occidental de la isla.

 

“Hay mujeres inestables…y de ahí viene esa enfermedad”, comentó a las investigadoras un obrero del sector industrial, de 24 años y con noveno grado de escolaridad.

 

Además de falta de información e ignorancia respecto a quiénes son los portadores mayoritarios del virus, “en estas visiones no puede obviarse la influencia de cierta mentalidad machista que carga sobre la mujer el peso fundamental de estos fenómenos”, señalan las especialistas en Sexología y Sociedad.

 

Otro tanto ocurre cuando se menciona la prostitución femenina como una práctica de riesgo y no se hace referencia a la masculina, que sí ha estado aportando un elevado número de casos a las estadísticas. Estas, en general, siguen mostrando tasas de incidencia muy bajas del Sida en la población cubana, aunque el contagio de la enfermedad no se detiene.

 

 

Uruguay: Madres unidas contra venta de sustancias psicoactivas

Por Ángela Castellanos

 

Montevideo, julio.- “Vivo lo que vivimos todas las madres de hijos metidos en la droga”, dice a SEMlac, con los ojos aguados, Sonia González, una madre de dos hijos consumidores de estupefacientes.

 

“La inseguridad dentro de tu casa, los hijos que nos roban… Por ejemplo, anoche la hija más chica dejó plata en su campera (chaqueta) y hoy no estaba. Entonces, ella me dice que le debo pegar y yo tengo que contener la situación, para que no se llegue a más violencia de la que hay ya”, se lamenta.

 

Ella y su hija se unieron al grupo “Madres de la Plaza”, conformado por madres de hijos adictos a la pasta de coca, conocida en Uruguay como pasta base y en otros países como basuco. Este subproducto del proceso de elaboración de la cocaína es altamente adictivo y muy tóxico, debido a las impurezas y contaminantes que contiene, como ácidos y solventes.

 

Esta agrupación adoptó su nombre en remembranza de Madres de Plaza de Mayo, ya que estas, como las de Argentina, están peleando por recuperar a sus hijos, pero de la droga. Desde el primer sábado de julio, ellas salen con sus hijos, amigos y compañeros de causa y se dan cita, cada sábado, en la Plaza Fabini, o plaza del entrevero, del centro de Montevideo.

 

La idea surgió de un grupo de 14 mujeres que se conocieron en diferentes centros de rehabilitación, cuando visitaban a sus hijos. Ellas compartían las mismas angustias y frustraciones al verlos recaer y los mismos deseos de buscar soluciones al problema social, además del individual.

 

“Nos hemos unido las madres, porque generalmente somos las que andamos detrás de nuestros hijos, las que los contenemos y, por aquella tradición cultural, las que asistimos a reuniones de padres cuando se convoca en la escuela”, explicó a SEMlac Rocío Villamil, lideresa de las Madres de la Plaza.

 

“Entré al grupo porque tengo dos hijos, de 24 y 20 años, en esto de la droga, en el “porro” (marihuana), pero de eso a lo otro (pasta base) no hay sino un paso”, precisa Sonia.

 

“El mayor se separó de la droga, tiene dos hijos y está trabajando; pero el menor es el que está más sumido, no tiene empleo, trabaja con el padre en la construcción, pero ha perdido confianza para salir a buscar trabajo. Ahora como que ha perdido personalidad y se comporta como un chico de 15 años. Todo por la droga...”, cuenta.

 

Un estudio del Instituto de Investigación y Desarrollo de Uruguay reveló que el 70 por ciento de los adictos a las sustancias psicoactivas reconoce consumir pasta de coca, que el 80 por ciento de los consumidores son menores de 21 años y que siete de cada 10 son hombres.

 

“Creo que mis hijos llegaron a la droga porque vivimos en un barrio marginado, donde la juventud no tiene mucho en qué distraerse. Somos una familia de trabajadores, y mi marido y yo hemos intentado darles lo mejor; pero creo que el medio los absorbió y la televisión los bombardeó sin darse cuenta de que, aunque trabajen, no van a poder comprar cosas de marca”, puntualiza Sonia.

 

El consumo de pasta de coca comenzó en 2000 y aumentó dos años después, coincidiendo con la crisis económica que sufrió Uruguay. Desde entonces se convirtió en la droga de los sectores pobres, por ser mucho más barata que la cocaína y quitar el hambre. Mientras que medio gramo de cocaína cuesta cerca de seis dólares, con sólo un dólar y medio se consigue la misma cantidad de pasta de coca.

 

No es de extrañar, entonces, que la mayoría de los sitios de venta, llamados “bocas”, estén ubicados en los barrios deprimidos. Por eso, la principal demanda de las Madres de la Plaza es el cierre de estos lugares.

 

La pasta de coca, procedente de Bolivia vía Argentina o Paraguay, se distribuye en Uruguay bajo el sistema del micrográfico; es decir, por pequeños distribuidores que, en muchas ocasiones, son familias que encontraron en este comercio ilegal una manera de generar ingresos para sus empobrecidas familias.

 

Además, existe una creciente utilización de menores para repartir las dosis, lo cual les facilita declarar que es para consumo propio. En Uruguay, el consumo no está criminalizado, pero sí el tráfico. Sin embargo, cuando una persona es sorprendida con droga debe demostrar que es para consumo personal.

 

“Lo que nosotras queremos es que, masivamente, en un día se cierren todas las ‘bocas’, y si al otro día se abren otras, entonces que al día siguiente se haga exactamente lo mismo. Y así, hasta dar con el que distribuye. Nosotras estamos convencidas de que esto es una pirámide y, si movemos la base, cae la cabeza”, afirmó Rocío con vehemencia.

 

Las autoridades policiales aseguran que han cerrado puntos de venta, desarticulado tres grupos de narcotraficantes y aumentado los decomisos, al pasar de 29.543,55 gramos en 2004, a 34.362,71 en 2005. En lo que va del año se han incautado 23.137 gramos.

 

Sin embargo, el director de la Brigada Antinarcóticos, Julio Guarteche, dijo que “hay que combatir el narcotráfico, pero pensar que se resuelve con la represión es una ilusión”.

 

Las Madres de la Plaza fijaron el primero de agosto como plazo para que las autoridades trabajen en conjunto con ellas en el cierre de las “bocas”.

 

“Nosotras le estamos pidiendo a este gobierno de Tabaré Vásquez (del izquierdista Frente Amplio) que cumpla lo que ofreció, porque fue el único que prometió combatir la ‘pasta base’, y para eso debe combatir también la corrupción, que hay mucha, con mucha plata de por medio”, concluyó Rocío Villamil.

 

 

Cuba: Cuidadoras, ¿un trabajo sólo para mujeres?

Por Marta María Ramírez

 

La Habana, julio.- “Desde hace 12 años no tengo vida propia. Amo a mi hijo y por eso me he dedicado a cuidarlo. ¿Qué más puede hacer una madre?”, confiesa a SEMlac Evelín Sánchez.

 

Para Sánchez, de 40 años, las cosas cambiaron con el nacimiento de su único hijo, Yosi, quien por complicaciones en el parto vive con severos problemas motores y retraso mental. “Yosi no puede hacer nada solo y, aunque cuento con el apoyo de mi familia, es mi responsabilidad, sobre todo desde hace un año, cuando su padre se fue a Estados Unidos”, cuenta.

 

Historias similares se repiten entre un sinnúmero de mujeres, encargadas del cuidado de un hijo discapacitado. “Cuidador primario familiar o informal” es el término acuñado por los especialistas para definir a Sánchez y a todas aquellas personas que no reciben salario ni beneficios materiales por el cuidado de un pariente dependiente.

 

Sin embargo, la psicóloga Haydeé Otero, especialista de la facultad de Ciencias Médicas del Hospital “General Calixto García”, en La Habana, opina que quien realiza esta función es, por lo regular, una mujer.

 

¿Otra tarea femenina?

Esposas, hijas, hermanas o nueras asumen tácitamente el rol de cuidadoras, porque la sociedad las considera “mejor preparadas” que los hombres para esta tarea. Según se dice, ellas tienen mayor “capacidad de abnegación, de sufrimiento y de voluntad”.

 

De ahí que sexo, convivencia y parentesco sean variables importantes para decidir cuál persona del núcleo familiar asumirá ese papel. La respuesta hoy parece obvia porque, según las estadísticas mundiales, las mujeres son las responsables del cuidado de sus familiares, al menos, en el 70 por ciento de los casos.

 

Algunas investigaciones revelan el predominio de ellas en estas funciones. Representan el 60 por ciento entre las principales personas encargadas de la población anciana, el 75 en los casos de discapacitados y el 92 en los de personas necesitadas de atención por cualquier motivo.

 

En la década de los setenta nace el concepto de cuidado informal, muy influenciado por la ideología feminista. En los inicios, se trataba de demostrar que era un trabajo opresivo y se reclamaba su reconocimiento oficial.

 

Pero, para los ochenta, había que pensar en la repercusión de esta labor en la vida de las mujeres. Ya en los noventa empiezan a identificarse las relaciones de poder que condicionan el asunto y su repercusión en la ciudadanía, la política y la democracia.

 

En la actualidad, el cuidado informal se sigue basando, fundamentalmente, en el esfuerzo y el tiempo de las mujeres. Cuidar de los hijos, de los mayores o enfermos de la parentela es una función asignada a ellas, como parte de las funciones de género, en las que la sociedad las ha encasillado.

 

Con frecuencia, atender a otras personas entraña la ejecución de muchas tareas, incluso de forma paralela. Quienes lo hacen se convierten en enfermeras, abogadas, empleadas domésticas, madre-esposa-hija, ama de casa o trabajadora, en una jornada laboral que no tiene principio ni fin. Pese a todo, las cuidadoras han sido invisibles.

 

No todas las mujeres han desempeñado esta función de igual forma. Las de menor nivel educativo, sin empleo y de clases sociales inferiores, asumen con más frecuencia este papel; mientras las de mejores condiciones laborales y mayores ingresos pagan por la ayuda.

 

Si bien las diferencias de género son visibles con sólo detenerse en las cifras de hombres y mujeres que desempeñan estos papeles, hay características propias que distinguen el cuidado femenino y el masculino.

 

“Las mujeres dedican más tiempo a cuidar que los hombres, ofrecen formas más intensivas y complejas de cuidado, que logran equilibrar con otras responsabilidades familiares y laborales con más frecuencia que ellos”, afirma Otero, autora del estudio de casos múltiples La mujer, el estrés y el cuidado de un familiar dependiente.

 

La psicóloga concluye en su investigación cualitativa: “La sociedad otorga mayor reconocimiento a los hombres cuidadores… Además, parece que ellos piden más ayuda y reciben apoyo de tipo instrumental (material) y emocional”.

 

“¡Qué hombre tan maravilloso! Es una exclamación común en estos casos. Y no podemos perder de vista que el reconocimiento es un modulador del estrés”, reflexiona Otero.

 

La mujer y su estrés

Eusebia fue diagnosticada como maníaca depresiva dos años antes del nacimiento de Mariana Leal, su última hija, hace 43 años.

 

“En 1993 me fui a Italia con la intención de iniciar una nueva vida. Entonces vivía mi padre, pero mi mamá empeoró y regresé para ayudarlos”, cuenta Mariana, quien quedó sola con los padres, tras la salida del país de su único hermano, a inicios de los ochenta.

 

Con el deterioro de la salud del padre, Mariana se hizo cargo de ambos y, tras la muerte de este, en marzo de 2006, se dedicó a la atención de su madre de 84 años, agravada ahora por la avanzada edad y la viudez.

 

“Me siento bastante desanimada. Me deprimo con facilidad, aunque trato de ser fuerte para que no se dé cuenta, y estoy muy irritable. Mi mamá no puede entenderme. Estoy sola. Apenas duermo porque estoy al tanto de cualquier movimiento y ella deambula por la casa durante la madrugada”, confiesa Mariana.

 

Ella sufre, además, de un síndrome de mala absorción y, como consecuencia de la pérdida de peso y del esfuerzo de cargar en brazos a sus padres, padece de un desprendimiento del riñón derecho.

 

Según la doctora Haydeé Otero, estas son características comunes del estrés que experimentan las cuidadoras y agrega a esto una larga lista: “la sensación de que embrutece, la incertidumbre ante la muerte del familiar bajo su cuidado, la sensación de que no hay tregua, la convicción de que no existe nadie que la pueda sustituir o hacer mejor”.

 

Adiciona también “la renuncia a proyectos y motivaciones, el descuido de la apariencia física y la salud, la disminución de la autoestima, la incapacidad para relajarse y la ausencia o disminución considerable de actividades placenteras, incluidas las relaciones sexuales”.

 

Para otros autores, estos rasgos conforman lo que han denominado “síndrome del cuidador” o conjunto de alteraciones físicas, psíquicas, psicosomáticas, así como laborales, familiares y económicas que enfrentan estos individuos, aunque puedan distinguirse diferencias a partir del tipo de limitación de la persona cuidada.

 

Incluso se ha llegado a sugerir la relación entre este estrés mantenido y las demandas de cuidado, con la vulnerabilidad física de los cuidadores como factor de riesgo de mortalidad.

 

Un estudio realizado en Estados Unidos entre personas mayores de 65 años arrojó que quienes experimentaban sobrecarga mostraron un riesgo de mortalidad un 63 por ciento más elevado que los que no cuidaban.

 

¿El futuro?

Descentralizar responsabilidades, buscar soluciones a los problemas, conocer a fondo el estado de salud de su familiar, aceptar la situación y darse lugar y tiempo para sí mismos sin experimentar culpa por esto, podrían contribuir, entre otros factores, a controlar el estrés.

 

Pero no se trata sólo de voluntades individuales. Para Otero, se necesita implementar “acciones comunitarias en las que tanto el sistema de atención primaria de salud como los trabajadores sociales puedan satisfacer las necesidades de información sobre el cuidado del familiar”.

 

Además, habría que “propiciar la participación de las cuidadoras en grupos de autoayuda y utilizar en la psicoterapia los elementos que favorecen la satisfacción de estas personas”, recomienda la psicóloga.

 

El vertiginoso aumento de la demanda de cuidados está determinado, en parte, por la mayor supervivencia de personas con enfermedades crónicas y discapacidades y el progresivo envejecimiento poblacional. Esto hace pensar en la disponibilidad futura de cuidadoras informales mejor preparadas y en las reformas de los sistemas sanitarios y de atención social.

 

Mariana sueña: “me gustaría recomenzar mi vida, aprovechar lo poco que me queda de juventud para hacer lo que no he podido, como crear mi propia familia”.

 

Pero, hasta ahora, no ha conseguido sensibilizar a las autoridades de asistencia social de su zona para que le asignen una cuidadora institucional o formal, y sólo recibe una modesta ayuda económica.

 

Mientras, Evelín, que obtiene una pensión estatal, dice: “No pienso en el futuro. No quiero ni imaginar qué le pasaría a Yosi si yo le faltara. Desearía que apareciera una buena oportunidad para él en el sistema de enseñanza especial cubano, pero hasta ahora ninguna me da confianza”.

 

Pese al predominio femenino en estas faenas, los hombres participan cada vez más en la atención a los mayores, como cuidadores principales o ayudantes de ellas, lo que significa un cambio progresivo de la situación.

 

Recuadro

Una escuela cubana para cuidadores

Un equipo multidisciplinario de profesionales del Centro de Investigaciones sobre longevidad, envejecimiento y salud de Cuba imparte un programa psicoeducativo a grupos de familiares que asumen el cuidado primario o secundario de pacientes con demencia tipo Alzheimer y vascular.

 

Entre los objetivos de los expertos figuran brindar información acerca de la enfermedad, desarrollar habilidades para el manejo y cuidado del enfermo y ofrecer apoyo emocional al cuidador. El curso consta de nueve sesiones de trabajo, en las que también se brindan consejos para reducir el estrés.

Fuente: www.sld.cu/sitios/gericuba

 

 

Argentina: En el nombre de la madre

Por Norma Loto

 

Buenos Aires, julio.- Argentina es el único país latinoamericano en el que los hijos no llevan los apellidos de sus dos padres pues, aunque no está prohibido por ley, culturalmente es una práctica reservada para las familias de alta alcurnia.

 

Sin embargo, vienen soplando vientos de cambio: el Poder Ejecutivo Nacional ha propuesto que todo recién nacido lleve el nombre del padre y de la madre, una iniciativa con la cual el Estado pretende garantizar los derechos de los niños a su identidad.

 

En la actualidad, la Ley Nacional de Nombres sostiene que: “Los hijos matrimoniales llevarán el primer apellido del padre. A pedido de los progenitores, podrá inscribirse el apellido compuesto del padre o agregarse el de la madre”.

 

Y añade: “Si el interesado deseara llevar el apellido compuesto del padre o el materno, podrá solicitarlo ante el Registro del Estado Civil desde los 18 años. Una vez adicionado, el apellido no podrá suprimirse”.

 

La ley fue modificada en 1963 y en 1969, y se podría considerar atemporal, al no contemplar situaciones familiares que surgieron en los últimos 30 años, en especial, el paso de un modo de familia más paternalista y nuclear a otro en el que la mujer adquiere una posición de igualdad.

 

“Siempre me pregunté por qué llevaba solamente el apellido de mi padre, y dónde estaba el de mi vieja (madre), que en definitiva me parió y se desveló por mi bienestar”, manifestó a SEMlac Carolina Martínez, una joven estudiante.

 

“Tengo entendido que la actual ley me otorga el derecho de solicitar que me incorporen el apellido, pero hubiese sido bueno tenerlo desde mi nacimiento”, señaló.

 

En caso de aprobarse la propuesta del Ejecutivo, sería un avance para la ciudadanía y un derecho ganado por las mujeres. Sin embargo, expertas en temáticas de género cuestionan el proyecto, pues sigue prevaleciendo el apellido paterno, mientras el de la madre queda en segundo término, con lo cual, en la siguiente generación, se pierde.

 

“Si la reforma a la Ley del Nombre se aprueba tal como está por presentarla el Poder Ejecutivo, se habrá perdido una oportunidad valiosísima para erradicar una discriminación padecida por las mujeres”, indicó Sofía Harari, abogada del Equipo Latinoamericano Justicia y Género, quien presentó una de las más lúcidas críticas en este sentido.

 

En declaraciones al diario Página 12, la profesional apuntó que con el orden nominal impuesto paterno-materno “el cambio resulta sólo cosmético y en definitiva se mantiene el sistema patriarcal que existe hoy: las mujeres seguimos sin poder transmitir un apellido a las generaciones futuras”.

 

“Por eso, con este proyecto se pierde una oportunidad valiosísima, como es la de erradicar una de las discriminaciones que, respecto de la mujer, subsisten en la legislación”, agregó.

 

El mencionado proyecto también contempla la opción de cada cónyuge de añadir el apellido de su marido o mujer como segundo. Hasta hoy, la Ley establece como optativo para la mujer casada, añadir a su apellido el del esposo, precedido por la preposición “de”. La práctica social lo legitimó en su totalidad.

 

Culturalmente, en Argentina este tema no es una cuestión menor, y el hecho de identificarse con dos apellidos fue una cuestión reservada para familias de linaje patricios y un privilegio ostentado por los fundadores liberales pro europeos de estas pampas.

 

A la vez, el apellido es una de las herramientas de fortalecimiento cotidiano del machismo. Son conocidas las anécdotas familiares que relatan que por cada vez que nacía una mujer en las familias no eran tan valoradas puesto que con ellas no trascendería el apellido familiar (paterno).

 

Y en ese afán de lograr la trascendencia, hubo (y hay) familias que buscaron hasta el hartazgo el nacimiento de un varón.

 

Recuadro

¿Qué dice el Proyecto?

-      El Estado argentino registrará “de oficio” el nombre de los recién nacidos si pasado el plazo de 40 días que tienen los padres para hacerlo no se cumplió ese trámite.

-      Los recién nacidos reconocidos por ambos padres deberían llevar los dos apellidos de la pareja: el del padre y el de la madre, en ese orden.

-      Los recién nacidos reconocidos sólo por la madre deberían llevar los dos apellidos maternos (si los tuviera) o su apellido repetido.

-      Los hijos que posteriormente fueran también reconocidos por el padre, mantendrían como primer apellido el de la mamá y como segundo, el del papá.

-      Con la ley actual, la mujer puede llevar el apellido de su marido. En adelante, el hombre también tendría la oportunidad de sumar el apellido de su esposa, con el conecto “y” (por ejemplo: Musso y Pérez; y no Musso de Pérez)

-      Libre elección de nombres extranjeros para los hijos argentinos, salvo los de difícil fonética y grafía.

-      Se prevé, para los hermanos que nacieron antes de este proyecto, que los padres pueden agregar un segundo apellido y si quisieran unificar los apellidos de sus hijos, bastará con que decidan hacerlo.

 

 

Estados Unidos: Bodas gays limitadas

Por Mariana Ramírez-Corría

 

La Habana, julio.- Los tribunales de Nueva York y Georgia han rechazado los matrimonios homosexuales. La Constitución de Nueva York no obliga a reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo. El revés fue doble. El Supremo de Georgia decidió, por unanimidad, aprobar el decreto de prohibición de dichos matrimonios aceptado por el 75 por ciento del electorado en 2004.

 

En Nueva York, el tribunal justificó la decisión en "legítimos intereses sociales y el bienestar de los hijos", que se crían mejor "con un padre y una madre, que con una pareja gay o lesbiana".

 

La decisión ha sido considerada un insulto por Roberta Sklar, portavoz de la Coalición Nacional de Gays y Lesbianas. En declaración al corresponsal del rotativo El País en Washington, Sklar declaró que es un insulto inaceptable "porque nos dice que somos menos que el resto de la sociedad y que no somos apropiados para criar hijos. No hay base para sostener esto. Es un insulto, porque reduce el matrimonio a la procreación, cuando tiene que ver con el amor, el compromiso, con gente que comparte su vida".

 

Hace dos años, varias parejas gays creyeron que lograrían, en un bastión liberal como Nueva York, lo mismo que en el vecino Massachusetts (único Estado con matrimonios homosexuales, aunque en Vermont y Connecticut son legales las uniones con los mismos derechos).

 

El fallo sobre su demanda es un paso atrás, admite Roberta Sklar: "Claro, y hiere a nuestras familias. Yo soy lesbiana y tengo dos hijos: el mayor, de 30 años, me llamó para decirme lo que le había dolido (el fallo). Pero es un paso atrás a corto plazo: prohibir la igualdad es inmoral, discriminar es inmoral y fracasará. Quizás no sea mañana ni pasado, pero a la larga fracasará si tenemos en cuenta la historia de Estados Unidos y lo que pasó con otros grupos discriminados".

 

Harán falta años hasta que el Supremo lo resuelva. El debate que abrió Massachusetts movilizó a la derecha cristiana y distrajo de prioridades como la lucha contra el Sida, lamentan algunos gays.

 

Hay 45 estados que niegan los matrimonios homosexuales. En varios, el asunto está en los tribunales. La opinión pública es tolerante con las uniones, pero no con los matrimonios. En 2004 fue un factor que sirvió para sumar votos conservadores, algo que volverá a ocurrir en las elecciones del próximo otoño.