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Trabajadoras
sexuales no son responsables de propagación del Sida
Alicia Yolanda
Reyes
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Elena Reynaga |
México, agosto.- Alejandra Gil,
representante de un grupo de trabajadoras sexuales de la ciudad de
México, denuncia que las autoridades de salud de algunos de los
Estados del país las someten a exámenes humillantes para detectar si
viven con infecciones de transmisión sexual, lo mas grave, afirmó,
es que no son ginecólogos quienes las revisan, sino médicos
veterinarios.
Nos dan trato de bestias, asevera esta
mujer activista. Esa misma denuncia la realizó hace unos días en la
reunión que las organizaciones de la sociedad civil sostuvieron con
Felipe Calderón, presidente de México.
Por su parte Elena Reynaga, fundadora
de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) aseveró
que desaparecer o negar el trabajo sexual no contribuirá a frenar la
epidemia de VIH.
Ambas activistas, al igual que lo han
hecho otras trabajadoras sexuales a lo largo de esta Conferencia
Internacional, aseveran que son ellas quienes pueden contribuir al
control de esta epidemia, ya que existe un alto número de estas
mujeres que, además de ejercer su oficio, aprovechan para capacitar
a sus compañeras más jóvenes e incluso a los clientes, a quienes les
exigen usar condón.
Informaron que este grupo tiene bajas
tasas de infección del VIH, gracias a que reconocen su cuerpo como
herramienta de trabajo, y como tal lo protegen.
Por ejemplo, tanto en Jamaica como
Honduras, países donde la tasa entre mujeres que viven con el virus
es alta, solo el 9 por ciento de este sector de la población vive
con el VIH. En Brasil y México es del 0.5 y en Argentina el 2.5 por
ciento.
Por otro lado, es necesario tener en
cuenta que las trabajadoras sexuales que viven con el virus
pertenecen a clases sociales desprotegidas que, por lo general no
tienen acceso a los métodos de barrera como el condón femenino y
masculino.
En diversas ponencias de esta
conferencia se ha reconocido la relación entre pobreza, trabajo
sexual y prevalencia del virus.
Reynaga se congratuló de que por
primera vez en un evento internacional de tal magnitud existan
espacios específicos para debatir sobre la situación de quienes
ejercen trabajo sexual.
Relató que en Zambia las trabajadoras
sexuales son azotadas, en Camboya y Congo, detenidas por meses,
torturadas y violadas por la policía y militares que las liberan
tras pagar altas sumas de dinero. En 2007 se registraron 34
asesinatos de trabajadoras sexuales, que siguen sin resolverse,
afirmó.
También dijo que la ayuda económica
para detener la propagación del VIH que aportan las agencias
internacionales nunca llega a ellas, y cuando lo hace es mediante
programas creados desde el escritorio, por personas que no conocen
sus necesidades. Reynaga, al igual que lo han hecho otras
trabajadoras sexuales a lo largo de la conferencia, demandó tomarlas
en cuenta en la toma de decisiones.
Según ONUSIDA, una de cada tres
trabajadoras sexuales que vive con VIH no recibe tratamiento
antirretroviral, ni prevención contra el VIH. |