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Marcela, una mujer feliz y positiva
Por Sara Más
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Marcela Alsina
© SEMlac |
México, agosto.- Su nombre es Marcela
Alsina y es argentina. Es una mujer muy activa, que se mueve callada
de un lado a otro, se la ve sonriente y destilando buena energía
donde quiera que se pare.
“Debe ser porque, además de ser
positiva (dice, hablando del VIH), soy una mujer muy positiva”, y
sonríe, convencida. “Es mi temperamento, nací de esa manera, y
siempre trato de encontrarle el lado mejor a la situación”.
Marcela tiene 43 años
y hace 20 que es seropositiva. “No tengo la referencia de por qué me
infecté de VIH, pero lo más probable es que haya sido por una
relación sexual sin cuidado”, admite
La situación en que conoció su
diagnóstico fue la más común e inesperada: en un chequeo general,
incluyeron el análisis de VIH, por rutina. “Me llamaron después, con
muchos médicos, a una sala. Yo estaba un poco asustada, porque 20
años atrás el diagnóstico se entregaba de otra manera…”
Entonces Marcela trabajaba en un banco
y su primer impulso fue dejarlo todo y marcharse de Mar del Plata,
su ciudad. “Opté por una fuga geográfica. Dejé mi trabajo porque
pensé que tenía que reorganizar mi vida para la muerte,
urgentemente; que no podía perder tiempo trabajando, y me tenía que
ir de la ciudad para que mi familia no fuera a vivir alguna
situación triste que tuviera que ver conmigo”.
Marcela desandó 400 kilómetros hasta
la ciudad de Buenos Aires, con la idea de reiniciar su vida. “Fue un
proceso difícil. Como no soy millonaria, ni mucho menos, tuve que
empezar a trabajar y a replanearme. También debía empezar a
atenderme en algún centro de salud: no quería ver cómo la enfermedad
avanzaba sobre mi cuerpo”.
En esa fecha no había aún
antirretrovirales y recién empezaba a hablarse del AZT (Zidovudina).
En sus visitas al hospital, encontró un grupo de personas que ya se
unía para hablar de lo que les pasaba y hacer algo.
Empezaron por organizarse mejor,
juntar más gente y recolectar dinero para la compra de los
antirretrovirales. “Era un hospital muy grande y la mayor cantidad
de personas con VIH iban allí. Nos atendían en un sótano —para
cuidarnos, decían— y en ese rincón, cada vez que nos faltaba un
compañero, era porque había muerto. Fue duro. Ahí decidí que no me
iba quedar sentada, esperando la muerte.
“Muchas cosas me pasaron en lo
personal, que tenían que ver conmigo como mujer: pensaba que no iba
a poder casarme ni tener hijos, que mi vida iba a quedar truncada a
los 20 años”, relata.
El grupo fue una ayuda en todo sentido
y así empezaron a actuar: corte de calles, recolecta de un millón de
firmas para la vida, presiones en el congreso de la nación, impulsar
la ley de sida.
“Así encontré un nuevo rumbo y empecé
mi activismo. Es lo que me mantiene en pie de lucha, porque no han
faltado veces en que he querido largar la toalla...”, comenta.
Luego se creó la Red bonaerense de
personas viviendo con VIH, integrada por hombres y mujeres. “Pero
las mujeres tenemos nuestras particularidades y muchas ganas de
hablar entre nosotras sobre temas muy personales, como la
sexualidad, el embarazo, el derecho a la maternidad”. Así nació un
capítulo para ellas, que luego desembocó en el Movimiento
Latinoamericano y del Caribe de Mujeres Positivas.
“Apostamos por una organización que
fuera puramente latinoamericana, con nuestras creencias y culturas”,
explica Marcela a SEMlac. Ahora agrupa a integrantes de 35 países y
un capítulo africano de positivas de habla portuguesa, vinculadas a
Brasil.
Los derechos sexuales y reproductivos
de las mujeres con VIH-sida, su libre elección a tener hijos o no,
es uno de los temas de su agenda, “cuando todavía hay países donde,
al manifestar el deseo de tener un hijo, nos dicen que somos
egoístas y solo pensamos en nosotras, y no en ellos”, acota Marcela.
Es algo en lo que hay que trabajar muy fuerte, inclusive con las
propias mujeres.
“Es importante saber que podemos tomar
cualquier decisión sin tener que ser criminalizadas por eso. Cuando
las mujeres llegan a los grupos tienen culpa de todo tipo: si tienen
sida es su culpa, porque no se cuidaron; si los hijos son positivos,
ellas sienten culpa porque les trasmitieron VIH. A pesar de que ni
siquiera sabían que tenían el virus ni cómo podían evitarlo”.
Marcela, que hizo la elección personal
de no tener hijos, defiende que esa decisión sea adoptada
libremente, lo mismo para tenerlos, si se desea, que para el acceso
al aborto, en caso contrario.
“Tengo una vida feliz, un marido que
tiene dos hijos y seis nietos. Con 20 años de vivir con VIH jamás me
enfermé, nunca, he sido afortunada. Aparte de ser positiva, soy una
mujer muy positiva. Y creo que eso me ayuda. Siempre miro el mejor
lado de la vida, y cuando tenga que partir, lo haré sintiéndome bien
conmigo”, asegura Marcela a SEmlac con tranquilidad.
El Movimiento Latinoamericano y del
Caribe de Mujeres Positivas también busca el posicionamiento de
estos temas en las agendas políticas. “Pensemos en que la epidemia
ya se feminizó y todavía nos falta estar en las agendas nacionales e
internacionales, con todas nuestras problemáticas”.
“Las mujeres que vivimos con VIH bajo
la pobreza, sin hogares, con niños con VIH, no tenemos a veces ni
qué comer. Creen que si nos compran retrovirales el problema está
solucionado”, explica.
El casi nulo acceso a los condones
femeninos, cuyo costo aún es alto y “poco se ha hecho para
reducirlo”; la falta de acceso a medicamentos para muchas personas,
el derecho a una atención integral, incluido el problema de la
lipodistrofia, “las panza enormes y las jorobas que nos están
dejando los medicamentos”, son parte de las situaciones que las
afectan directamente.
En un grupo de discusión, una mesa que
muestra el trabajo del movimiento o un pasillo de la enorme y
diversa Aldea Global, Marcela ha trabajado sin descanso desde que
llegó a la Conferencia.
“Cuando tenemos acceso a estos
lugares, nos ves que vendemos alguna cosita para que alguna
compañera tenga un viático… pero igual debemos estar, porque si no,
no incidimos”, dice.
Para ella, “este, como muchos congresos, es una
fachada de los laboratorios. Se llenan de “guita” (dinero) con
nosotros, y de discursos, y luego las personas con VIH: hombres,
mujeres, niños, padres, madres…la estamos pasando muy mal. Esto está
como en el cielo, y nosotros en la tierra, padeciendo un montón de
cosas”. |